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VIDA COMO VOLUNTAD DE PODER EN ALSO SPRACH ZARATHUSTRA

3. La transmutación de la Vida en el azar.

Algunas consideraciones fundamentales que se desprenden del desarrollo precedente son las siguientes. La vida en tanto voluntad de poder, en tanto configuración de su ser voluntad en el instante de la repetición, es una vida del ultrahombre en 24.  F. Nietzsche, Also sprach Zarathustra, pp. 201-202.

su “eterno” retornar. Nietzsche abandona así toda metafísica de la trascendencia para explicar la vida del hombre en el mun- do. Es decir, para el pensador alemán no existe una instancia transmetafísica donde logremos una plena sustanciación, esta instancia es imposible porque se carece de una determinación metafísica u ontologica última a ser alcanzada. Sin embargo, hay una doble idea de trascendencia aplicada a la vida, en tan- to, ésta es, por un lado, concebida como superación del hombre tradicional –o, empleando palabras del propio Nietzsche, del último hombre –, y, por otro lado, en la misma concepción de la vida está implícita la concepción de “superación de sí (Selbst- Ueberwindung)” permanente. Es decir, la vida en tanto es con- cebida por el autor de Zarathustra como voluntad de poder, es un conjunto de fuerzas que permanentemente tienden a su propio traspasamiento. Por esto, para Nietzsche, ya no puede continuar utilizándose la antigüa categoría de sujeto y deba, en cambio, sustituirse ésta por la de vida porque es la que mejor da cuenta de dicho proceso constante de resignificación de la propia mismidad. Este estado de cosas, por su parte, permite entender a la vida como creación, es decir, como una entidad que constantemente se supera o se trasciende a sí misma, lo que supone, para el filósofo alemán, el gobierno de la vida por medio de la voluntad de poder. Y aquí debemos reparar, siguiendo la interpretación previamente dada de la filosofía de Nietzsche, no sólo en la importancia que tiene éste último concepto para la comprensión de la vida ultrahumana sino también en el pensamiento del eterno retorno de lo mismo. Éste pensamiento junto con la idea de la voluntad de poder es el que permite comprender la tendencia de ésta última a la permanente superación de sí misma. Es decir, el constante so- brepasamiento de lo alcanzado sólo es posible en el tiempo de lo eternamente retornable, porque éste tiempo así caracteriza- do actúa como el horizonte de sentido donde tiene su sustento la voluntad de poder. Ahora bien, la voluntad de poder puede relacionarse con un tiempo que no sea el eterno retorno de lo mismo, en cuyo caso al relacionarse con un tiempo lineal, uni-

direccional y sistemático hereda también sus notas distintivas. En ese sentido señala Klossowski:

La voluntad proyecta su impotencia en el tiempo y así le da su carácter irreversible: la voluntad no puede remontar el curso del tiempo – lo no querido que el tiempo consagra como hecho consumado: de ahí, en la voluntad, el espíri- tu de venganza con respecto a lo irreductible, y el aspecto

punitivo de la existencia25.

Tenemos así una indisoluble relación entre voluntad de poder y tiempo que ofrece dos perspectivas de interpretación. O bien una relación de la voluntad con el tiempo cotidiano o bien su relación con el tiempo en el instante del eterno retorno de lo mismo. En el caso específico de la relación de la voluntad con el tiempo cotidiánico tríadico (pasado, presente y futuro) esta se expresa como irreversibilidad del tiempo, lo cual le da a la existencia de la vida su carácter trágico, pues ella solo puede darse forma en un camino unidireccional. Ahora bien, si el eterno retorno es el horizonte temporal específico de la volun- tad de poder, entonces hay que especificar en qué sentido la voluntad se repite y cual es la consecuencia de dicha repetición diferenciándola de su relación con el tiempo cotidiano, lineal y tríadico. Señala Klossowski: “El remedio de Zaratustra: volver a querer lo no querido por el afán de asumir el hecho consu- mado –convertirlo en no consumado, volviendo a pretenderlo innumerables veces”26.

“Querer lo no querido” conforma una suerte de remedio, en tanto hace que la vida se asuma en su imposibilidad de acaba- miento, en lo que dimos en llamar, su permanente superación y traspasamiento. En ese sentido, la relación entre la voluntad de poder que se expresa en la vida y el eterno retorno como su condición de posibilidad toma una cariz específico ya que “Zaratustra busca un cambio, no del individuo, sino de su 25.  P. Klossowski, Nietzsche y el Círculo Vicioso, La Plata, Caronte Filosofía, 1986, p. 73.

voluntad: volver a querer lo consumado no querido, en esto consistiría la voluntad de poder”27. En este sentido la volun- tad de poder que se configura como vida no está simplemente ante un tiempo irreversible que la condena al fatalismo, por el contrario:

... no se trata de una voluntad frente al Tiempo irreversi- ble, la cual, curada de esa representación de la existencia punitiva, en adelante rompe las cadenas de su cautiverio volviéndose a querer lo no querido y se reconoce en la re- versibilidad del tiempo como voluntad de poder, es decir voluntad creadora.//

Por el contrario, esos fragmentos atestiguan una trans- figuración de la existencia que, siendo desde siempre el Círculo, se pretende reversible al punto de alivianar al individuo del peso de sus actos de una vez para siempre. De buenas a primeras, la anunciación abrumadora del reco-

mienzo ad infinitum de los mismos actos, de los mismos sufri- mientos, aparece en adelante como la redención misma, a

partir de que el alma sabe que ya recorrió y está destinada a recorrer aún otras individualidades, otras experiencias que profundizarán y enriquecerán la única que ella cono- ce hic et nunc, a través de éstas que la han preparado y que la preparan para otras, insospechadas por la conciencia28.

De esta forma la compleja relación entre la voluntad de poder y el tiempo del eterno retorno le dan a la vida su carácter dinámi- co, trasmutador, configurador y redentorio. La voluntad de po- der en el horizonte del tiempo cotidiano implica solamente una irreversibilidad del mismo ya que esta sometida a una y otra vez a experimentar el mismo querer, la vida en este caso se en- cuentra fuera del pórtico del instante, pero esta irreversibilidad del tiempo es solo aparente. En tanto y en cuanto la voluntad es un querer una y otra vez la misma vida el tiempo se vuel- ve reversible ya que lo querido nuevamente, esto es, repetido, 27.  P. Klossowski, Nietzsche y el Círculo Vicioso, p. 74.

nunca es igual a sí mismo. La vida se enriquece y amplia en dicha repetición, su voluntad se afirma de modo positivo, pues su querer instantaneo y fugaz nunca es, stricto sensu, el mis- mo. Una vida así redimida implica, siguiendo a Klossowski: “Volver a querer, adhesión pura al Círculo vicioso: volver a pretender toda la serie una vez más –todas las experiencias, todos sus actos no como míos: ese posesivo precisamente ya no tiene sentido, ni representa un fin. El sentido y el fin son li- quidados por el Círculo”29. La vida se transfigura y trasnsmuta en tanto se despoja de sí misma. La voluntad de poder en su eterna repetición enseña lo más alto: la vida ha de des-poseerse a sí misma. El eterno retorno como Círculo vicioso logra esa desposesión de la vida que no debe entenderse como pérdida de vitalidad sino como el alcance de la vitalidad más alta, es un querer ser siempre esta existencia que soy, para al mismo tiempo no serla y devenir otra intensidad y otro sentido, la re- petición eterna revela la intensidad de sentido de la vida30.

El Eterno Retorno, necesidad que hay que querer: solo el que soy ahora puede anhelar esa necesidad de mi retorno y de todos los acontecimientos que desembocaron en lo que soy –por eso aquí la voluntad supone un sujeto; ahora bien, ese sujeto no puede ya querer ser el mismo que el que fue hasta ahora, pero quiere que estén dadas todas las condiciones para eso; ya que, abarcando con una sola mirada la necesidad el retorno como ley universal, des- 29.  P. Klossowski, Nietzsche y el Círculo Vicioso, p. 75

30.  “El Círculo no dice nada por sí mismo, excepto que el único sentido de la existencia es ser existencia; excepto que la significación no es nada más que una intesidad. Por eso se revela en una alta tonalidad del alma. ¿Cómo atentar contra la actualidad del yo: de eso yo que, sin embargo, exalta esa tonalidad superior? Liberando las fluctuaciones que lo significaban en tanto yo de manera que lo pasado y repercute de nuevo en su presente. No es el hecho de ser ahí lo que fascina a Nietzsche en ese instante, sino el hecho de volver en lo que deviene: esa necesidad revivida y por reviver es un desafío para la voluntad y la creación de un sentido”. P. Klossowski, Nietzsche y el Círculo Vicioso, p. 71.

actualizo mi yo actual para pretenderme en todos los otros

yoes cuya serie debe ser recorrida con el fin de que, al seguir

el movimiento circular, vuelva a ser lo que soy en el instante

de descubrir la ley del Eterno Retorno31.

Es decir, querer ser siempre el que soy, querer ser siempre el que fui hasta ahora, implica una consideración de todas las condiciones que me hacen ser el que soy lo cual inevitablemen- te lleva a una multipliciación de mi si mismo, es decir, a una desactualización de mi sí mismo. En el momento en que me descubro como este que soy en el instante del eterno retorno, descubro la ley que este conlleva que para lograr ser siempre esta vida que soy y que se afirma tengo que recorrer la to- talidad de la serie en la cual se desactualiza este que soy. Se produce así un olvido vital para la existencia que posibilita la superación de sí misma en el desarrollo de la serie, es decir, en el olvido de sí misma la vida realize su querer.

En el instante en que se me revela el Eterno Retorno dejo de ser yo mismo hic et nunc y soy susceptible de devenir en innumerable otros sabiendo que voy a olvidar esa re- velación una vez fuera de la memoria de mi mismo; este olvido constituye el objeto de mi voluntad presente; ya que semejante olvido equivaldría a una memoria fuera de mis propios límites: y mi conciencia actual solo podrá es- tablecerse en el olvido de mis otras identidades posibles32.

La posibilidad de olvidar resulta así constitutiva de la vida, el eterno retorno entrega a la vida a un olvido de si de quien es ella y de cual es su identidad, para que esta pueda afirmarse en su voluntad y en su querer33. Solo olvidando quien soy puedo

31.  P. Klossowski, Nietzsche y el Círculo Vicioso, p. 65 32.  P. Klossowski, Nietzsche y el Círculo Vicioso, p. 65

33.  Klossowski señala: “¿Cuál es la función del olvido en esa revelación? En particular, ¿no es el olvido el origen al mismo tiempo que la condición indispensable para que el Eterno Retorno se revele y transforme de una vez hasta la identidad de aquel a quien revela? // El olvido oculta el eterno devenir

afirmarme como un querer ser lo que soy. En ese instante en que la vida se encuentra a si misma no lo hace como el final de un proceso, como un resultado esperado a ser alcanzado, como una redefinición de sí misma o como la culminación del desarrollo de su sí mismo, “sino como un momento fortuito cuyo azar implica la necesidad del retorno integral de toda la serie”34.

La vida es así afirmación circular de su voluntad de poder de su querer y en esa afirmación predomina el instante ya que la vida al afirmarse lo que logra es consolidar el carácter azaro- so de su existencia.