fúnebres y negarle el entierro.
Serapis se identificaba con el
toro momificado Apis, conside-
rado una manifestación de Ptah
y del dios egipcio Osiris. Para su
venganza, Artemisa demanda
que se le nieguen a este hombre
(cuyo nombre no está menciona-
do en el texto) los mismos ritos
fúnebres a él y a sus padres. Sus
palabras drásticas son un claro
ejemplo de la gran importancia
de los ritos fúnebres, tanto en la
tradición griega como en la
egipcia. Este documento en pa-
piro pertenece a la Colección de
papiros de la Biblioteca Nacio-
nal de Austria, que armó el ar-
chiduque Rainer en el siglo
XIX. En 1899 se la entregó al
emperador Francisco José I,
quien hizo que la colección for-
mara parte de la Hofbibliothek
(Biblioteca Imperial) de Viena.
La Colección de papiros (Colec-
ción Erzherzog Rainer) es una
de las mayores del mundo de su
tipo y se inscribió en el registro
«Memoria del Mundo» de la
UNESCO en 2001.
Foto del vídeo: EL MATRIMONIO EN TIEMPOS DE JESÚS https://www.youtube.com/watch?v=LtFMouLCXt8
12,5-6) Al padre de las niñas recién nacidas le estaba incluso permitido abandonarlas a su suerte fuera de los muros de la ciudad. Si tenían la suerte de no ser destrozadas durante la noche por las alimañas, podían ser recogidas bien temprano por al- guna caravana de comerciantes para venderlas pasados unos años como futuras prostitutas.
9. María pertenecía al género so- metido
En este contexto vio la luz la que fue madre del Galileo. Tendrá la mala fortuna de pertenecer al géne- ro sometido. Le pondrán un nombre de lo más común, María. Hará su vida en un sitio casi ignorado, en una aldea insignificante, de lo últi- mo que se despacha en aldeas. Se ignora todo sobre sus padres y cómo fueron sus primeros años. Los únicos datos al respecto recogi- dos por la tradición fueron inventa- dos varios cientos de años más tar- de.
Los nombres de las mujeres se es- criben normalmente asociados a los del hombre del que son dependien-
tes: padre, marido o hijos. Sin em- bargo, cuando en el NT se nombra a María, su nombre no aparece refe- renciado al de un hombre, ni siquie- ra al de Jesús. Nunca se dice: María la de José o la de Jesús.
Unirse y tener hijos era la opción obligada por prescripción divina
(“y les dijo Dios: Creced, multipli- caos…”; Gén 1,28). Quedar soltero era una rareza que marcaba a quién permanecía en esa situación. Ni en hebreo ni en griego hay un término que sirva para designar la unión en matrimonio. En el AT y en el NT se habla de un pacto. Tal pacto se si- tuaba al margen del ámbito religio- so. Ni siquiera se trataba de un asunto público. Era un hecho priva- do. El pacto se realizaba entre las dos familias. Los padres del novio buscaban novia para su hijo. Los padres del varón acordaban con los de la novia un precio para esta. Una vez pagado, el novio se convertía en dueño de la novia, aunque esta siguiera bajo el techo de su padre durante un año. Tan firme era dicho pacto que si la novia quedaba em- barazada de otro en ese período se consideraba adulterio y la novia era
castigada a pena de muerte por ape- dreamiento. Transcurrido este tiem- po, la novia era llevada a casa del novio y allí se celebraba la fiesta de la boda y se consumaba el pacto. La edad mínima para hacer dicho pacto era de doce años para la no- via y trece para el novio. Normal- mente el trato entre padres se hacía antes de que la novia cumpliera los doce años y medio, pues desde esa edad se requería su consentimiento. En caso del novio, la edad normal para celebrar el desposorio estaba en torno a los dieciocho años. A partir de estos datos resulta fácil deducir que Jesús vio la luz según lo acostumbrado. No nació de una mujer, ¡sino de una niña! María rondaría entonces los catorce años. Se impone descartar ya la imagen de una mujer hecha y derecha junto a un cuarentón con cara de hombre poco espabilado y un bebé entre ambos. Esa representación queda muy bien para los belenes, teatri- llos o películas de tinte religioso, pero nada tiene que ver con la reali- dad. (Continuará). R
ESTA ANTIGUA MALDICIÓN
es uno de los
documentos griegos más antiguos de
Egipto que se conservan en papiro. Data
del siglo IV a. C. y proviene de la comu-
nidad de griegos jónicos que se estable-
ció en esa época en Menfis, en el Bajo
Egipto. La cultura griega llegó a ser do-
minante en Menfis, especialmente des-
pués del 332 a. C., cuando Alejandro el
Grande fue coronado faraón en el tem-
plo del dios Ptah. En el documento, Ar-
temisa (sobre quien se conoce casi nada)
apela al dios greco-egipcio Serapis para
La maldición de
Artemisa
Fragmento Descripción
BIBLIOTECA DIGITAL MUNDIAL
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que castigue al padre de su hija
por privar a la niña de los ritos
fúnebres y negarle el entierro.
Serapis se identificaba con el
toro momificado Apis, conside-
rado una manifestación de Ptah
y del dios egipcio Osiris. Para su
venganza, Artemisa demanda
que se le nieguen a este hombre
(cuyo nombre no está menciona-
do en el texto) los mismos ritos
fúnebres a él y a sus padres. Sus
palabras drásticas son un claro
ejemplo de la gran importancia
de los ritos fúnebres, tanto en la
tradición griega como en la
egipcia. Este documento en pa-
piro pertenece a la Colección de
papiros de la Biblioteca Nacio-
nal de Austria, que armó el ar-
chiduque Rainer en el siglo
XIX. En 1899 se la entregó al
emperador Francisco José I,
quien hizo que la colección for-
mara parte de la Hofbibliothek
(Biblioteca Imperial) de Viena.
La Colección de papiros (Colec-
ción Erzherzog Rainer) es una
de las mayores del mundo de su
tipo y se inscribió en el registro
«Memoria del Mundo» de la
UNESCO en 2001.
Foto del vídeo: EL MATRIMONIO EN TIEMPOS DE JESÚS https://www.youtube.com/watch?v=LtFMouLCXt8
Los Rabinos Hillel, Shammai, Gamliel y Akiva se destacan por su contribución a las discusiones in- cluidas en los tratados del Talmud. La Parte I del Talmud es la Mishná constituida por 6 secciones dividi- das en 63 tratados. Las ideas de Hi- llel florecieron entre los años 10 y 20 de la E.C. Existían antes de Hi- llel, pero Hillel fue el primero que las escribió y Hillel y Shamai fue- ron unas figuras competitivas en el judaísmo de la época del joven Yeshua. Hillel fue conocido por en- señar el Espíritu de la Ley y Sha- mai fue conocido por enseñar la le- tra de la ley. Muchos libros han sido escritos acerca de las similitu- des entre las enseñanzas de Yeshua y las de Hillel, las enseñanzas de Yeshua siguen claramente la escue- la de Hillel mucho más que la de la escuela de Shamai. Por ejemplo, la famosa regla de oro de Yeshua: “Así que, todas las cosas que que- ráis que los hombres hagan con vo- sotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la Tora y
los Profetas (Mateo 7:12). La ante- rior lectura está íntimamente rela- cionada con la famosa declaración de Hillel: “Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo, este es el todo de la Torá...” (Shabat 31a). Después de la muerte de Hillel, el manto de la escuela de Hillel fue pasado a su hijo Simeón. A la muerte de Simeón, el manto de la escuela de Hillel pasó a Gamaliel, éste fue el que habló en defensa de los antiguos nazarenos (Hechos 5:34-39), fue el maestro de Shaul (Pablo) (Hechos 22:3). En 2 Timo- teo 2:15, Pablo habla de “dividir correctamente la palabra de la ver- dad” –versión nazarena. ¿Qué quie- re decir Pablo con esto?, ¿estaba di- ciendo que había modos erróneos y modos correctos de interpretar la escritura?, ¿creía Pablo que habían