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tenía entre sus causas principales

la búsqueda de un

cambio de gobierno o

de sistema

El 27% de los

conflictos armados

en 2018 fueron de

intensidad elevada:

Libia, Malí, Región

Lago Chad (Boko

Haram), Somalia,

Sudán del Sur,

Afganistán, Iraq,

Siria y Yemen (al-

Cuadro 1.1. Tendencias regionales en materia de conflictividad armada

ÁFRICA

• El continente albergó el mayor número de casos de conflictos armados a nivel mundial, con 16 de los 34 (equivalentes a un 47%). Esta cifra supone el incremento en dos casos respecto a 2017, dado que en 2018 el aumento de los niveles de violencia en Camerún y en la Región Sahel Occidental derivaron en que ambos casos pasaran a ser considerados como conflicto armado.

• Cerca de un tercio de conflictos en África fueron de alta intensidad (cinco de los 16 casos): Libia, Malí, Región Lago Chad (Boko Haram), Somalia y Sudán del Sur.

• Una cuarta parte de los conflictos armados en el continente registraron un deterioro en 2018 con respecto al año anterior, en cerca de un tercio (cinco casos) se produjo una reducción de las hostilidades, y en un 44% (siete casos) no se produjeron cambios significativos.

• Los conflictos armados africanos se caracterizaron por su alto nivel de internacionalización. El 88% de los casos fueron internos internacionalizados, con implicación de actores externos y/o extensión de las dinámicas bélicas a países vecinos. • Los conflictos armados en África tuvieron causas múltiples y simultáneas, entre las que destaca la aspiración a un cambio

de gobierno o de sistema, presente en un 75% de los casos. En un 56% había demandas identitarias y/o de autogobierno y en un 50% había factores relativos al control de recursos.

AMÉRICA

• El continente fue escenario de un único conflicto armado, el de Colombia. América concentró, por tanto, un 3% de los casos de conflicto armado en 2018 a nivel mundial.

• El único caso de conflicto armado en América (Colombia) afrontó un deterioro en 2018 como consecuencia de la fragilidad del proceso de paz y por la finalización del alto el fuego entre el Gobierno y el ELN.

ASIA

• La región ocupó el segundo lugar en número de conflictos armados después de África, con el 26% de los conflictos (nueve casos).

• Se redujo el número de casos de violencia de alta intensidad, pasando de cuatro en 2017 a un caso en 2018: Afganistán. El 33% de los casos afrontó una escalada de la violencia –Afganistán, Filipinas (NPA) e India (Jammu y Cachemira)–, un 56% se mantuvo sin cambios relevantes y en un 11% se redujeron los niveles de violencia.

• El 75% de los conflictos armados internos en el mundo se concentraban en Asia: Filipinas (NPA), India (CPI-M) y Tailandia (sur).

• En términos de causalidad, cinco casos tenían entre sus principales causas cuestiones relativas a demandas identitarias y de autogobierno, el mismo número de casos con causas relacionadas con disputas en torno al control del gobierno e intentos de cambio de sistema político, económico o social.

EUROPA

• El continente europeo albergó dos casos –Turquía (sudeste) y Ucrania (este)–, que representaron el 6% de los conflictos armados a nivel mundial.

• Los conflictos en Europa presentaron una intensidad de violencia media, con una reducción de la mortalidad en Turquía en 2018.

• Europa continuó caracterizándose por conflictos armados con prevalencia de los factores identitarios y de autogobierno. Asimismo, los dos conflictos en Europa eran de carácter interno internacionalizado.

ORIENTE MEDIO

• El 18% de los conflictos en el mundo tuvo lugar en Oriente Medio (seis contextos), el tercer continente en número de casos de conflicto armado.

• La región continuó siendo, proporcionalmente, la que concentró un mayor número de casos graves a nivel mundial. El 50% de los conflictos en Oriente Medio fueron de intensidad elevada: Iraq, Siria y Yemen (al-houthistas).

• Frente al predominio de pautas de escalada de la violencia en 2017 (50% de los casos), en 2018 un tercio de los conflictos sufrieron un deterioro de la situación –Israel-Palestina y Yemen (al-houthistas)–, mientras otro tercio se mantuvo en niveles de violencia similares al año anterior y el tercio restante experimentó cierta reducción en los niveles de violencia respecto al año anterior –Egipto (Sinaí) e Iraq.

• En relación a las causas de los conflictos, prevalecieron las disputas en torno al control del Gobierno y los intentos de cambio de sistema, presentes en un 83% de los casos. En un 67% de los contextos las demandas identitarias/autogobierno fueron también un factor principal.

según OCHA; o RCA, donde 2,9 de los 4,5 millones de habitantes del país, incluyendo 1,5 millones de menores, necesitaban ayuda humanitaria. Por otra parte, la intensificación de la violencia en el este de RDC obstruyó las labores de emergencia sanitaria para contener el brote de ébola en la zona. En el caso de Sudán (Kordofán Sur y Nilo Azul), el acceso humanitario a las Dos Áreas permaneció bloqueado, si bien a finales de año el Gobierno aceptó una propuesta de la ONU para abrir el acceso. El asedio a Derna, en Libia, tuvo graves consecuencias humanitarias. En Ucrania, 3,5 millones de personas necesitaban asistencia humanitaria y protección, según datos de OCHA de finales de año. La operación “Sinaí 2018” de las fuerzas de seguridad egipcias contra ISIS tuvo graves impactos humanitarios en la población. Además, personas trabajadoras humanitarias fueron también objetivo de la violencia durante 2018, como en Nigeria, donde Boko Haram mató y secuestró a

diversos trabajadores humanitarios, o en Afganistán, con ataques de ISIS contra la ONG Save the Children, causando varias muertes. Asimismo, en RCA se produjo un incremento de los ataques contra instalaciones y personal humanitario, lo que obligó a algunas a interrumpir sus actividades.

Paralelamente, los conflictos armados en todo el

mundo siguieron teniendo un impacto especialmente

grave en niños y niñas. En su informe sobre menores y conflictos, publicado en 2018 y que analiza el año 2017, el secretario general de la ONU identificó un nuevo incremento de graves violaciones de los derechos humanos contra niños y niñas. Entre las tendencias, señaló una intensificación del reclutamiento de niños y niñas en conflictos como RCA –donde se cuadruplicó– y en RDC –doblándose el número–, mientras en otros casos siguió en niveles graves, como en Somalia, Sudán del Sur, Siria y Yemen. Otros impactos sobre

los menores incluyeron las consecuencias derivadas de los ataques a escuelas y hospitales, los secuestros y la denegación de acceso a ayuda humanitaria, entre otros. El análisis sobre los conflictos armados en 2018 mostró nuevos impactos. En Nigeria, Boko Haram secuestró en febrero de 2018 a 110 niñas estudiantes, en su mayoría liberadas un mes después tras negociaciones. En el marco del conflicto que enfrenta en Camerún a las fuerzas estatales y a milicias secesionistas, al menos 70 colegios habían sido incendiados en el país desde el inicio de la crisis en 2016, con nuevos ataques en 2018 contra escuelas. En Burkina Faso al menos 250 escuelas fueron cerradas en los dos últimos años. Por otra parte, actores armados en numerosos conflictos continuaron perpetrando violencia sexual y de género contra población civil, mujeres y niñas de manera significativa. Según denunció la ONU en 2018, en 2017 la violencia sexual siguió usándose como táctica de guerra, terrorismo, tortura y represión, así como una táctica vinculada a la economía de las guerras. Además, se siguió utilizando en muchos casos como una estrategia de violencia para castigar a personas de determinado origen étnico, afiliación política y creencia religiosa, entre otros. En ese sentido, casos como Iraq, Malí, Myanmar, Nigeria, RCA, RDC, Somalia y Sudán del Sur fueron escenario de esa tendencia de forma alarmante, tal como subrayó el informe anual del secretario general

sobre la violencia sexual relacionada con los conflictos. Según la ONU, la mayoría de las víctimas eran mujeres y niñas en situación de marginación política y económica, en áreas rurales. Entre los impactos, cabe señalar el trauma, estigma, pobreza, graves impactos en la salud, embarazos no deseados. La violencia sexual continuó siendo un elemento generador de desplazamiento forzado de población, así como producía también efectos de limitación de la libertad de circulación. Cabe señalar que en 2017 se había identificado un incremento en el número de violaciones y otras formas de violencia sexual contra menores, según señaló la ONU en 2018. El análisis sobre la dinámica de los conflictos en 2018 mostró de nuevo el uso de la violencia sexual por actores armados en conflicto. Entre otros casos, soldados de Nigeria y miembros de la milicia aliada del Gobierno Civilian Task Force llevaron a cabo violencia sexual y de género contra mujeres en campos de desplazamiento, según denunció Amnistía Internacional en mayo. También en RCA siguió perpetrándose violencia sexual como arma de guerra. Sudán del Sur fue otro de los escenarios con denuncias de graves niveles de violencia sexual y de género, pese a la firma del acuerdo de paz. En Myanmar se documentó la violación de 300 mujeres y menores en 17 localidades del estado Rakhine con total impunidad, vinculada a los masivos desplazamientos de población de la comunidad rohingya por parte de las Fuerzas Armadas. En Libia se denunció de nuevo

Mapa 1.2. Número de personas desplazadas internas al finalizar 2017

Fuente: IDMC, GRID 2018: Global Report on Internal Displacement, mayo de 2018. Sudán 2.072.000 Abyei Area 31.000 Sudán de sur 1.899.000 México 345.000 Guatemala 242.000 Honduras 190.000 Colombia 6.509.000 Perú 59.000 Senegal 22.000 Nigeria 1.707.000 RCA 689.000 RDC 4.480.000 Burundi 57.000 Uganda 53.000 Kenya 159.000 Somalia 825.000 Etiopía 1.078.000 Congo 108.000 Iraq 2.648.000 Siria 6.784.000 Turquía 1.113.000 Palestina231.000 Ucrania 800.000 Chipre 217.000 Bosnia y Herzegovina99.000 Malí 38.000 Georgia 289.000 Azerbaiyán393.000 Afganistán 1.286.000 Pakistán 249.000 India 806.000 Sri Lanka 42.000 Myanmar 635.000 Bangladesh 432.000 Filipinas 445.000 Níger 144.000 Yemen 2.014.000 Tailandia 41.000 Libia 197.000 Chad 158.000 Egipto 82.000 Camerún 239.000

violencia y explotación sexual. El Grupo de Expertos sobre Yemen señaló en 2018 la comisión de violencia sexual por las partes en conflicto. En estos y otros contextos, la impunidad en torno a la violencia sexual y de género fue prevalente. 8

Los conflictos armados continuaron causando niveles muy elevados de desplazamiento forzado de población. Según el informe anual de ACNUR publicado a mediados de 2018, y que ofrece un balance de la situación hasta finales de 2017, la población desplazada forzosamente en el mundo a finales de ese año era de 68,5 millones. Supone 2,9 millones más que el año anterior (en 2016 el incremento con respecto a 2015 fue de 300.000 personas más). Del total de 68,5, la población refugiada ascendía a 25,4 millones (19,9 bajo mandato de ACNUR y 5,4 palestinos y palestinas bajo mandato de la UNRWA), mientras 40 millones de personas se habían desplazado dentro de las fronteras de sus países. Otros 3,1 millones eran solicitantes de asilo. En 2017 ACNUR estima que hubo 16,2 millones de nuevos desplazados (11,8 millones dentro de sus fronteras y 4,4 millones de nuevas personas refugiadas y solicitantes de asilo). Según las cifras de finales de 2017 de International Displacement Monitoring Centre, entre los países con niveles más elevados de desplazamiento interno sobresalen Siria (6,7 millones), RDC (4,4), Iraq (2,6), Sudán del Sur (1,8) y Etiopía (un millón). Según datos de ACNUR, más de dos tercios de la población global refugiada procedía de cinco países: Siria (6,3 millones de personas), Afganistán (2,6), Sudán del Sur (2,4), Myanmar (1,2) y Somalia (986.400 personas). Además, el 52% eran menores de 18 años, lo que supone un incremento de un punto porcentual con respecto a 2016. Asimismo, el 85% de la población refugiada era acogida en países considerados en desarrollo por la ONU. Líbano fue un año más el país con mayor número de población refugiada en relación a su población total (una persona refugiada por cada seis habitantes), seguido de Jordania (1/14) y Turquía (1/28), sin incluir la población refugiada bajo mandato de la UNRWA, también presente de manera destacada en Líbano y Jordania. En términos totales, los principales países de acogida fueron Turquía (3,5 millones), Pakistán (1,4), Uganda (1,4), Líbano (998.900), Irán (979.400), Alemania (970.400), Bangladesh (932.200) y Sudán (906.600).

A lo largo de 2018, los conflictos armados siguieron generando desplazamiento. Sobresale Siria, país que en 2018 alcanzó las mayores cifras de desplazamiento forzado desde el inicio de la guerra, con más de un millón de personas forzadas a huir de sus hogares. La escalada de la violencia en Camerún –escenario de un nuevo conflicto armado en 2018– provocó el desplazamiento forzado interno de 436.000 personas, según balances de la OHCHR de noviembre. Si bien hubo llamamientos al diálogo, las perspectivas futuras no eran alentadoras.

8. Véase el capítulo 3 (Género, paz y seguridad).

En RCA, 642.000 personas permanecían desplazadas internas a finales de 2018, incluyendo más de la mitad menores, y otras 574.000 personas habían huido del país y accedido al estatus de refugio. Otros elementos de preocupación en 2018 fueron cuestiones relativas al retorno forzado de población, con casos como Camerún o Angola –que expulsó a 362.000 congoleños refugiados en el país tras el estallido de la violencia en la región de Kasai. En paralelo, en muchos casos la continuación de la violencia hizo imposible el retorno voluntario a los lugares de origen, como en el estado de Rakhine en Myanmar, escenario de una grave escalada de la violencia en 2017. Pese a que los niveles de violencia se redujeron en 2018, la continuación de la inseguridad hizo imposible el retorno de las 750.000 personas refugiadas rohingya en Bangladesh. Además, choques armados a finales de año generaron nuevo desplazamiento en Myanmar. En Iraq, dos millones de personas continuaban desplazadas, a pesar de que cuatro millones sí habían vuelto a sus lugares de origen.

1.3. Conflictos armados: