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cedes tu obra para ser publicada, nunca los derechos de autoría de esa obra

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Sin embargo hay concursos limpios. Ganar uno de ellos implica ganar en relevancia y prestigio, en proporción a su importancia. Por no mencionar el

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premio, ya sea en metálico o en especies… es decir: el compromiso de publicar la obra ganadora, promoción, distribución y reparto de ganancias. No sólo las obras ganadoras se benefician del premio. El simple hecho de llamar la atención de algún miembro del jurado puede reportarte sorpresas agradables. Quedar finalista para alguno de los premios sin llegar a ganar ninguno, ya es un caché que puedes adquirir.

Sin contar que por los motivos que sean, tu novela a concurso puede encajar en la línea editorial de quien la convoca o de la editorial donde presta servicios un miembro del jurado. En dicho jurado también puede haber un agente literario que se interese en representarte. Sea como sea, presentarse a concurso siempre es una buena opción. Incluso si quedas descartado puedes obtener algún beneficio de ello: como mínimo, sabrás que la obra presentada debe mejorar y pulirse un poco más antes de salir a la luz.

Otra consideración a tener en cuenta sobre los concursos: elige bien. No todas las convocatorias serán adecuadas para tu texto. Igual que no todas las editoriales son las idóneas y debes seleccionar, lo mismo pasa con los certámenes literarios. Si la lista de jurados es pública, investiga sobre sus miembros, qué preferencias y gustos tienen. No es descabellado escribir una obra ex profeso para un concurso concreto. Si consideras que es la convocatoria ideal para despegar, hazlo.

Mención aparte merece la figura del agente o las agencias literarias. El agente es un profesional del mundo de la edición y normalmente bien relacionado en él. Conoce las editoriales y su funcionamiento, conoce sus líneas de publicación y las colecciones donde tu obra puede encajar mejor. Así entonces, puede proponer la publicación de tu obra al editor de forma directa. Los editores confían en los agentes y agencias, pues les hacen gran parte de su trabajo —que además suele ser la parte ingrata—. Saben que las obras propuestas cumplen las exigencias de calidad y comercialidad necesarias. La decisión, claro está, recae en el editor pero tendrá en cuenta el criterio de un agente de su confianza.

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Un buen agente orienta, aconseja e incluso puede ayudarte a mejorar tu obra de cara a la publicación. No sólo eso sino que también asiste en el contrato con la editorial, vigilando las condiciones y la preservación de los derechos. Apoya y colabora en actividades de promoción e intenta vender tu obra en otros mercados.

Todo ello por una sencilla razón: cobra comisión por ventas de tu libro. Comisión que asumes tú y no la editorial, es decir que su beneficio lo obtiene del tuyo. Por eso procurará que tu libro se venda cuanto más mejor. Puedes verlo como un inconveniente o como una ventaja. A cambio de una parte proporcional de tus beneficios, tendrás una persona o empresa a tu servicio, realizando labores estratégicas que pueden redundar en mayores ventas. Considéralo una externalización de servicios, una inversión que tú decides si necesitas o no.

En muchos casos es aconsejable, si no imprescindible, la mediación de los agentes o agencias. Muchas editoriales, sobre todo las importantes, trabajan a través de agentes casi en exclusiva. Son el enlace entre autor y editor, ahorrándole a éste último quebraderos de cabeza respecto a la parte creativa. Por supuesto, también le hacen ahorrar mucho dinero.

No creas que es sencillo conseguir ser representado por un agente. Ellos seleccionan, igual que lo hace una editorial, las obras y autores que merecen su representación. Les va en ello su reputación frente a los editores. También les llegan multitud de solicitudes. Debes dirigirte a ellos igual que lo harías con una editorial de forma directa —carta de presentación, etc. como se indica al principio del presente Capítulo—. La diferencia es que el agente va a hacerte algo más de caso. Algunos incluso cobran una cantidad económica por leer tu propuesta. Tienes más posibilidades de ser tenido en cuenta.

Y si el agente ve posibilidades en tu obra, es probable que trabaje contigo para hacerla vendible. Una vez estás representado tus probabilidades de publicar aumentan exponencialmente; es casi como un paso previo a ver tu libro impreso.

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Peligros también los hay. Elige bien a tu representante igual que él te va a elegir a ti. Cuidado con los que te garantizan representación tras contratar con ellos correcciones, informes y sesiones de editing. La representación es algo delicado y un agente que se precie escogerá a quien merezca su tutela. En ello le va el prestigio y de su reputación depende que las editoriales confíen en él. Por lo general la «garantía de representación» es una excusa para exprimirte.

El prestigio, como digo, en este caso es fundamental. Busca información, ponte en contacto con autores representados por tu agente elegido y pregunta. A la hora de seleccionar —tanto agente como editorial— comienza por los grandes y desciende si recibes negativas.

debes ir a pescar primero al pez más grande… porque

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