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El Oficio de Escritor VP.pdf

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De todas formas, si eres un piratilla y vas a distribuir este ebook de forma gratuita, apóyame al menos en las redes sociales que no te cuesta nada y deja mi enlace para que la gente me pueda localizar. Gracias.

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© Alejandro Quintana Tomás, 2013

DERECHOS RESERVADOS: ninguna parte de este informe puede ser reproducida o transmitida en ningún tipo de formato electrónico, mecánico o impreso, incluyendo fotocopias, grabaciones o cualquier soporte de información sin la expresa autorización por escrito del autor. No obstante para los piratillas me remito a lo dicho más arriba.

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Alejandro Quintana Tomás

Barcelona, 1971. Cuenta que, de niño, prefería leer y escribir en la hora del recreo a jugar a fútbol. Cuenta también que el mejor regalo de su vida fue una máquina de escribir Olivetti. Cuenta que abandonó su sueño de ser escritor por el sueño de hacer cine. Y cuenta que abandonó el sueño del cine por un trabajo estable.

Un buen día, durante una mudanza, apareció una caja de zapatos que acumulaba polvo en un rincón. La abrió para ver si podía deshacerse del contenido y aparecieron aquellos cuentos que escribía en el recreo, aquellos primeros cuentos pasados a máquina. La nostalgia despertó algo dormido durante mucho tiempo. Demasiado tiempo. Se preguntó dónde había quedado su pasión por inventar historias. Dónde habían ido a parar sus sueños.

Miró a su alrededor y vio un trabajo estable. Una vida cómoda. Un mundo sin sueños. Y comenzó a soñar de nuevo. Pero, esta vez, decidió que nunca más dejaría de soñar. Así que abandonó su empleo fijo y se adentró a fondo en el mundo de la creación de historias.

Se matriculó en una academia de escritores y aprendió todo lo que se puede aprender por cuenta ajena: relato, novela, ensayo, lectura analítica, redacción de informes, corrección de textos… aprendió también por cuenta propia lo que en las escuelas no enseñan.

Ganó un par de certámenes pequeños de relato y le publicaron otro en una antología (“Cucarachas”: Leyendo entre líneas, Ed. Hijos del Hule, 2010)

Al mismo tiempo trabajó en los empleos más dispares: fotógrafo en la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones), montador de vídeos en la misma BBC, llevó por todo el país un camión, hizo algunos trabajos editoriales corrigiendo textos y realizando informes… hasta que se metió a comercial y, con el tiempo, montó su propia empresa.

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Aprendió entonces gestión empresarial, técnicas de venta y motivación, marketing, publicidad… pero ya nunca más dejó de escribir y corregir textos para otros. Una pasión es una pasión y recordaba la promesa que se había hecho a sí mismo. Abandonó la empresa a manos de sus socios y emprendió la gran aventura de su vida: ésta que tienes ante ti.

Persiguiendo sus sueños decidió unificar todos los conocimientos y experiencia adquiridos para ayudar a otros escritores, a otros soñadores, a cumplir el deseo de escribir, publicar y poder vivir de su obra.

En la actualidad se dedica a formar escritores, guiarles en su aventura editorial y apoyarles en sus labores de promoción y ventas. Compagina esta actividad, cómo no, con la de terminar su segunda novela y escribir todo lo que ronda por esa cabeza siempre inquieta. Siempre soñadora.

Estás leyendo su primer ensayo-práctico publicado, una condensación en ciento y pico de páginas de todas las claves que debe conocer un escritor. Es la Biblia que todo creador de historias, publicado o inédito, debería leer: contiene la más valiosa información para convertirse en un autor de éxito, en un completo escritor del Siglo XXI.

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ÍNDICE

Descarga de extras y disposicio n legal Pa g. 1

Semblanza biogra fica Pa g. 2

Í ndice Pa g. 4

Íntroduccio n a modo de advertencia Pa g. 6

Pro logo Pa g. 11

Parte I: El escritor profesional

Capí tulo 1: Compromiso con un estilo de vida Pa g. 15

Capí tulo 2: La hoja de ruta Pa g. 20

Capí tulo 3: La creatividad y co mo darle alas Pa g. 23 Capí tulo 4: Los peores enemigos del escritor Pa g. 26 Capí tulo 5: Co mo se cuenta una historia Pa g. 31

Primera Clave Pa g. 44

Parte II: El viaje de tu libro

Capí tulo 1: Por que publicar Pa g. 46

Capí tulo 2: Do nde publicar Pa g. 48

Capí tulo 3: Acceder a las editoriales convencionales Pa g. 58 Capí tulo 4: Diferencia entre coeditar y auto publicar Pa g. 65 Capí tulo 5: El futuro del libro digital Pa g. 69

Segunda Clave Pa g. 76

Parte III: Técnicas de visibilidad, marketing y ventas online Capí tulo 1: El reto de ser visible Pa g. 78 Capí tulo 2: Presencia en la red de redes Pa g. 83

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Capí tulo 3: Co mo funciona un blog para

atraer lectores y vender tu producto Pa g. 88 Capí tulo 4: Campan a de marketing Pa g. 95 Capí tulo 5: Campan a de lanzamiento Pa g. 99

Tercera Clave Pa g. 106

Valoraciones finales Pa g. 107

Co mo puedo ayudarte en tu carrera Pa g. 111

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INTRODUCCIÓN A MODO DE ADVERTENCIA

El título de este libro tiene truco. En primer lugar, el oficio de escritor no es ya exactamente un oficio en el sentido tradicional de la palabra. Es más bien el dominio de varios factores, que permiten el correcto desarrollo y finalidad de la creación literaria, su publicación, distribución y venta. Ser escritor ya no es lo que era, ni mucho menos. Es mucho mejor. Hoy en día el escritor puede gozar de un control sobre la propia obra nunca conocido hasta ahora. Para ello, eso sí, tiene que estar pendiente de aspectos que antes no le concernían.

El subtítulo «La Biblia para convertirte en un autor de éxito» es así, tal cual: este libro contiene todo lo necesario para alcanzar tu sueño de convertirte en escritor profesional. Son tres partes diferenciadas, en las cuales se exponen los factores clave que debe dominar un escritor del Siglo XXI. Cada una de estas partes es la condensación de una serie de detalles, trucos, consejos, puntos de vista, técnicas, tácticas, estrategias e información general de alto, de altísimo valor.

He dudado mucho a la hora de explicar ciertos conceptos. El comunicar algunos de ellos supone la revelación de secretos celosamente guardados por maestros de varias disciplinas. Secretos que muchos profesionales cobran por desvelar en talleres, cursos y seminarios. Pero he decidido compartir los más útiles a la hora de iniciarse y comenzar una carrera. Tengo la intención y la esperanza de que te conviertas, al terminar el libro, no en un principiante sino en un iniciado.

Como aprendiz que fui y sigo siendo, no sólo de escritor sino de algún que otro oficio más, he aprendido que cuantos más secretos revela un maestro, más valor adquiere su enseñanza. Aquellos que se guardan «ases en la manga» lo hacen porque se sienten inseguros. Poco tiene que enseñar un maestro que teme ser superado por su discípulo.

Y como profesor he aprendido que cuanto más se enseña, más se aprende. Es una maravillosa manera que tiene la vida de enseñarnos, de

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mostrarnos cómo aquello que damos se nos devuelve ampliado. Lo he comprobado muchas veces. Una de ellas ha sido escribiendo este libro.

¿Es este libro la clave definitiva? ¿Es la garantía absoluta de que sí o sí vas a triunfar como escritor? No. Y aunque no me creas todavía, depende en exclusiva de ti. Lo que sí sé con una certeza absoluta es que si no pones en marcha lo aquí explicado, toda relación con el éxito será pura coincidencia.

Aquí te explico las claves que debes llevar a la práctica. Te enseño las primeras escalas para tocar el piano. Llegar a ser concertista ya depende de tu actitud respecto al oficio de escritor y dichas claves.

A quién sí y a quién no va dirigido:

Este libro está dirigido a escritores que desean publicar su obra y vivir de ella; específicamente a novelistas de ficción, aunque también puede serle muy útil a escritores de no-ficción: contar en una historia bien estructurada unos conocimientos prácticos sigue siendo la mejor táctica para captar la atención de los lectores.

Está dirigido a escritores que desean ser leídos y pagar sus facturas dedicándose a escribir y sus «efectos colaterales» tales como ofrecer talleres, charlas y conferencias. Si tu intención es escribir por placer, para tus amigos y familiares, estoy seguro que al menos la primera parte te será de utilidad; pero quizá debas centrarte más en cursos, libros y talleres enfocados en exclusiva a la creación literaria. Lo que aquí ofrezco es el desarrollo integral del escritor en el contexto del Siglo XXI.

Asimismo pueden beneficiarse los autores ya publicados, en medios físicos o virtuales, que deseen mejorar la técnica narrativa, difundir su obra y encontrar lectores, ya sea su intención vender ejemplares o crearse un público fiel para conducirlo hacia otras actividades.

Me dirijo a mujeres y hombres de toda edad y condición. Si utilizo de forma genérica el masculino al dirigirme al lector es por convención cultural y por pertenecer yo mismo al género masculino. Ojalá alguien dé con una

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forma eficaz para dirigirse a las personas sin distinción de género. En ningún momento quiero parecer sexista.

En ciertos pasajes utilizo expresiones de tipo «sobre el papel», «lápiz y papel», etc. Es la costumbre aceptada para describir el acto de la escritura, casi una metáfora ya porque hoy en día se usan más otro tipo de soportes. Y aparte de eso es porque me gusta más así; lo considero romántico. Así que no me lo tengas en cuenta.

Estructura y contenido:

He dividido este manual en tres partes, cada una de ellas dedicada a una disciplina del nuevo oficio de escritor.

En la primera parte, tal vez la más «tradicional», explico la técnica elemental para contar historias y enganchar a los lectores.

Porque no basta con tener una buena idea, debes saber transmitirla de la forma más amena y entretenida posible, en un mundo de distracciones y bombardeo constante de contenidos. Tu competencia es mucha y poderosa: tu libro debe competir con el cine, la televisión, los videojuegos, Internet y muchos otros libros respaldados por marketing, publicidad y autores mediáticos. ¿A cuántos lectores quieres llegar? ¿Cuántos libros quieres vender? Destaca, pues, de la competencia.

Tampoco basta con el talento. El verdadero talento es una mezcla entre don natural, aprendizaje, técnica, experiencia, preparación y planificación. Con talento para escribir conseguirás textos muy bonitos pero ¿sigues una línea narrativa sin desviarte, están bien hilvanadas las tramas secundarias, bien dosificada la información, bien definidos los personajes…? Una novela es un mundo complejo y tener talento narrativo no asegura la calidad del resultado final. El talento por sí solo nunca es garantía de nada, en ninguna disciplina.

He querido unificar esta clave con otra que podría haber sido una parte más: actitud. Si no lo he hecho es porque considero que una y otra son indivisibles, van de la mano y no tienen sentido por separado: de nada sirve

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la técnica sin la actitud óptima para aplicarla y de poco sirve la buena voluntad si no se conoce la técnica.

Por mucho que yo te enseñe a narrar, no conseguirás nada sin el compromiso necesario, sin la implicación emocional y de todo tu ser con el oficio. Para ser más claro: no es necesario que escribas como un poseso muchas horas o páginas al día, vive como un escritor las veinticuatro horas y con veinticuatro minutos de escritura tendrás suficiente. Veremos cómo hacerlo; veremos también cómo identificar a tus peores enemigos… y dominarlos.

En la segunda parte trato el espinoso tema del sector editorial. Un mundo peculiar, muy diferente a lo que se ve desde fuera y que, además, está ahora sumido en una profunda transformación. Valoro y contrasto los cambios de la edición convencional hacia la edición digital.

Publicar un libro en edición impresa sigue siendo una muy buena opción por muchos motivos, además de los románticos de todo escritor. De hecho debería ser siempre la primera opción. Pero aunque duela reconocerlo, el libro tal como lo conocemos tiende a desaparecer, así como la librería tradicional. Todavía les queda un largo camino por delante y una fatigosa transformación, pero nuevas formas de llegar al lector se imponen. Intento en esta parte dar una visión alternativa a la edición clásica y a los retos del autor inédito.

También le será útil al escritor ya publicado que quiera explorar nuevos caminos para su obra.

Por último,en la tercera parte me centro en una labor secundaria en el oficio de escritor hace unos años y que ha pasado a ser un eje central de su trabajo: el marketing. En el nuevo paradigma digital, y esto es duro pero es así, si no te conocen no existes y mucho menos te leen, y menos aún alguien compra tu obra. Las editoriales de siempre ya apenas promocionan a los nuevos autores y la lucha por estar en la mesa de las novedades es encarnizada. Los distribuidores mandan en este mercado y sólo entienden

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de números. Dales la posibilidad de aumentar esos números y ellos mismos te encumbrarán.

Aparte de competir con infinidad de contenidos de todo tipo y formato, debes hacerlo con otros libros ampliamente publicitados de autores reconocidos; muchos de ellos ni siquiera escritores, sino personajes mediáticos que publican libros con su firma. En esta parte te mostraré las características básicas de un marketing efectivo, algunas tácticas de venta, de marca personal y visibilidad.

Al final del libro encontrarás una valoración personal sobre el oficio de escritor a modo de apéndice resumen, una bibliografía recomendada con enlaces interesantes y una guía sobre cómo puedo ayudarte.

Instrucciones de lectura:

Te advierto no obstante que no es un libro de lectura pasiva. Si bien no he querido incluir ejercicios prácticos, es un tratado que exige una condición. Cualquiera que decida leer este libro, teniendo en cuenta las recomendaciones anteriores, debe adquirir un compromiso: el de interiorizar su contenido y llevarlo a la práctica. De nada sirve un conocimiento —y los conocimientos aquí revelados son de muy alto valor— si no se pone en funcionamiento de una forma efectiva.

Por favor, si no te propones de manera fehaciente cumplir este requisito, te ruego abandones la lectura del libro y te borres de mi lista de correo si ya te has suscrito a ella. Ni me gusta perder el tiempo ni quiero hacértelo perder a ti. Mi objetivo es ayudar a escritores a perfeccionar su técnica, publicar y vender el máximo número posible de ejemplares para que puedan vivir de su oficio. Todo junto o por separado. Es imposible conseguirlo sin la colaboración activa del interesado.

Muchas gracias.

Y ahora, si consideras que este libro es apropiado para ti, vamos a comenzar la aventura. Vamos a perseguir tu sueño.

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PRÓLOGO

Tienes un sueño. Tienes una idea. Tienes algo que compartir, algo que decir. Eres escritor sin saber por qué. Algo te impulsa a trasladar tus sueños, ideas, conocimientos y pensamientos más íntimos al papel impreso. La imaginación para crear historias de la nada y la capacidad para ver historias donde otros sólo ven datos, te hace sentir que eres algo diferente al resto. Tomar bolígrafo y papel y apuntar ideas en la primera hoja en blanco que tienes al alcance, no hace más que confirmar esa «rareza». Además, el hecho de sentarte a escribir durante horas, enfrascado en un mundo particular y único, te hace sentir bien. Liberas tensiones, despejas la cabeza; incluso, a menudo, notas punzadas de felicidad. Una frase bien encontrada, un párrafo especialmente cautivador; un relato terminado que expresa justo aquello que querías expresar, ni más ni menos. Y todo esto ¿por qué? No hay más: eres escritor. Es la vocación de la literatura. O bien naces con ella o te llega por algún hecho puntual. A lo largo de la vida de toda persona se le presentan multitud de posibilidades de elección. Tú te quedaste con la opción de escribir. A muchos niños les regalaban una máquina de escribir el día de su primera comunión. Sólo unos cuantos vieron en ella algo más que un juguete, más que un objeto útil. Se convirtieron en escritores desde el momento que teclear sus ocurrencias resultaba divertido, liberador… mágico.

Tú, quizá, fuiste uno de esos niños.

Quiero pensar que en la actualidad la máquina de escribir en el día de la comunión tiene su equivalente. Quiero pensar que existen niños y adolescentes que prefieren imaginar su propio mundo a sentarse frente a una consola de videojuegos. Que cuando se sientan frente a la pantalla del ordenador eligen escribir un relato antes que navegar por la red. Sí, es lo que quiero pensar porque no puedo concebir un mundo sin literatura fresca; la visión de las nuevas generaciones sobre el mundo, la vida.

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Sería decepcionante perder esa visión. Estamos viviendo una nueva era apasionante, sin precedentes en la historia de la humanidad. La aparición de Internet ha supuesto, sobre todo en los últimos años, un momento disruptivo en la historia del hombre.1

¿Exagero? La red es una innovación tecnológica que ya ha producido profundos cambios sociales. Nos comunicamos y aprendemos de forma muy diferente a como lo hacíamos hace tan sólo unos pocos, poquísimos años. La información y la comunicación están ahora al alcance de millones de personas… ya no desde el salón de su casa, sino desde cualquier lugar gracias a la movilidad de esta tecnología, a la conexión sin cables.

Y más: cualquiera que cuente con un terminal, basta con un teléfono móvil conectado a Internet, puede publicar y distribuir contenido. Algo que antes estaba al alcance de unos pocos se ha convertido en un hecho cotidiano y accesible. Esto ha cambiado, cambia y seguirá cambiando muchos procesos productivos y muchos canales de distribución tradicionales.

Lo cual, como autor, te afecta directamente.

No hace tantos años el escritor escribía y poco más. Sí, debía preocuparse de publicar su obra. Sí, debía preocuparse de ser reconocido para hacerla llegar al público. Pero existían canales muy diferentes a los actuales. Los editores asumían gran parte del trabajo, de manera que el autor podía dedicarse casi en exclusiva a la producción de textos.

Con Internet y el acceso a la red del gran público, tanto para obtener información como para generarla, los nuevos soportes publicitarios y la distribución de libros en formato digital, aparece un nuevo concepto: el escritor del Siglo XXI. O de la era digital, como prefieras. El autor que no sólo produce textos, sino que los publica, los distribuye y los vende. Como si de un monopolio unipersonal se tratara, el éxito de una obra literaria

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depende en gran parte de lo bien que ese autor sepa gestionar su micro empresa, su marca personal.

Ya no son imprescindibles las editoriales, ni las imprentas, ni las distribuidoras, ni siquiera las librerías. Con unos cien Euros y tiempo disponible, puedes hacer todo ese trabajo tú solo. ¿Aún crees que exagero cuando digo que Internet es una tecnología disruptiva en la historia de la humanidad?

Nunca, ningún avance, ha supuesto la conjunción de tres factores tan determinantes: los cambios en los modelos productivos, los cambios en la transmisión del conocimiento y el acceso a esos contenidos por casi cualquiera desde casi cualquier lugar. Un nuevo paradigma. Un antes y un después.

Así entonces, en resumen, ya no puedes dedicarte a escribir y esperar sentado a que algún editor avispado te descubra. De hecho nunca ha sido así, pero ahora es imprescindible moverse por y para uno mismo. Debes tomar parte en todos los procesos de tu obra, ya no basta solamente con el proceso creativo. Hay que extender esa creatividad a otras áreas.

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PARTE I

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1- COMPROMISO CON UN ESTILO DE VIDA

Muy pocos comienzan su carrera de escritor como escritores. La mayoría de autores reconocidos han escrito su obra durante el tiempo libre. ¿Sabías que Paul Auster pasó hambre? ¿Que Stephen King escribía agotado tras duras jornadas de trabajos inmundos en la caravana donde malvivía? ¿Que Chuck Palahniuk hizo de todo antes de tener éxito con «El Club de la Lucha»? La lista es larga.

Sin embargo ser escritor es un trabajo, un oficio, un estilo de vida. No encares tu carrera como un sprint, sino como una maratón. No pretendas ganar mucho dinero. Si esto llega, bienvenido sea. Pero que no sea tu objetivo principal. Escribe porque eres escritor. Gánate la vida de otra forma y atesora experiencias que te sirvan para tu obra. Tan sólo es necesario que adquieras un compromiso con ella, que vivas como un escritor, que seas novelista profesional. Sí, aunque no recibas remuneración por ello. Busca tu público, tu club de fans, tu lista de seguidores ávidos de tus textos, deseosos de asistir a tus cursos o conferencias. El dinero llegará en algún momento. Lo importante es el compromiso que debes adquirir con tu vocación auténtica.

Y éste es todo el compromiso que debes adquirir: a partir de hoy, cuando te pregunten a qué te dedicas, di sin complejos ni asomo de duda lo que eres, no cómo te ganas la vida. Di «Soy escritor». Te preguntarán, cómo no, si te ganas la vida con ello a lo que deberías responder «Aún no, de

momento vivo de…» lo que sea. Pero tú no eres camarero, ni comercial, ni

transportista. Eres escritor, narrador, novelista, prosista, literato, contador de historias, creador, autor.

Eres un profesional de la palabra escrita y debes ser

consecuente con ello.

Si tienes un negocio propio u ofreces algún tipo de servicio, ya sea online o físico, también deberías plantearte cómo puede un libro atraer clientes. Como imagino que ya sabes la respuesta, pregúntate ahora cómo diferenciarte de tu competencia, de otros libros que tus rivales utilizan para

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su promoción. ¿Cuántos de ellos cuentan historias basadas en casos prácticos? ¿Cuántos de ellos utilizan personajes y situaciones para describir procesos, pasos, trucos, claves…?

Tanto si escribes ficción como si escribes libros prácticos, considérate desde ya mismo escritor profesional. Porque vas a dominar las técnicas del oficio.

Por lo tanto y ante todo, adquiere este

¡¡COMPROMISO!!

Y este compromiso no es sencillo ni gratis. Para ser consecuente con él, debes asumirlo e interiorizarlo porque lleva asociadas unas condiciones. En primer lugar debes escribir todos los días.

Y por escribir todos los días no me refiero a que debes encerrarte en una habitación y darle vueltas a la cabeza. No. Ni mucho menos. Escribe todos los días aunque sea una frase, una idea, un pensamiento… desde el punto de vista del escritor. Vive como un escritor. Observa con los ojos de un escritor. Lleva siempre encima una libreta para tomar anotaciones.

En cualquier lugar, en cualquier situación que te encuentres analiza todo a tu alrededor para integrarlo en tus textos. Convierte a las personas de tu entorno en personajes, dales una segunda vida en tus apuntes. Convierte los sinsabores y alegrías del entorno laboral en aventuras apasionantes. Observa y analiza con la máxima atención y te darás cuenta de que todos vivimos inmersos en una gran historia.

Ser escritor consiste en saber contarla. Se puede aprender a contarla. Sé escritor a tiempo completo y a la hora de escribir tan sólo necesitarás unos minutos.

Vive veinticuatro horas como escritor y te bastarán

veinticuatro minutos para crear literatura

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Cuando consigas integrar esa nueva mirada en tu entorno te garantizo que, aunque te baste con veinticuatro minutos al día, querrás más, mucho más.

Aviso: escribir es adictivo.

¿Crees que si sigues este consejo volverá a asaltarte el «bloqueo del escritor»? ¿Crees que volverás a la temida «página en blanco»?

Búscate un rato diario para fomentar tu disciplina como autor. Hazlo antes de empezar tu jornada laboral o cuando la termines o a la hora de la comida. Diez minutos, media hora, dos horas. Lo que sea, pero hazlo cada día. En realidad —ya te lo he dicho—, te basta con una simple frase. Necesitarás de vez en cuando organizar tus notas, pulirlas, darles forma y desarrollarlas. Procura tomar ciertas medidas cuando vayas a dedicar un rato largo a crear tu libro. Es bueno reservar este espacio íntimo para estar a solas con tus historias.

Desconecta Internet, pero hazlo físicamente: desenchufa el router. Silencia o apaga el teléfono y, si tienes ocasión, el timbre de la puerta. Pide a tu familia que respete ese espacio íntimo, que no te interrumpan cuando estés en ello. Desconectar del mundo exterior es la forma de conectar con el interior. Es imprescindible reconocer esa parte de uno mismo para ser un escritor creíble, sincero, verosímil. Cuanto más vivas como escritor, menos te costará conectar con ella y más tiempo querrás dedicarte a escribir.

Ésta es una de las muchas peculiaridades del oficio: el contraste entre la necesidad de permanecer alerta, activo y receptivo para absorber las experiencias del día a día, y la soledad e introspección necesarias para plasmarlas por escrito. Bienvenido a las paradojas del escritor.

Algunas veces puede que no te apetezca, que estés cansado, agobiado, deprimido. No importa. Escribe una breve nota expresando ese agobio, esa depresión, ese cansancio. Ve a reposar y vuelve a la carga al día siguiente. Busca el momento adecuado pero mantén la disciplina, al menos, de buscar ese espacio.

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Y si tu excusa para posponerlo —la palabra de moda es procrastinar— es que no tienes tiempo, déjame decirte algo: nadie tiene tiempo. Se trata de tener prioridades.

Haz de escribir una prioridad en tu vida y verás cómo

encuentras tiempo

Un truco que suele funcionar muy bien para la motivación: diseña la portada de tu novela, imprímela y ponla a la vista cuando escribas. Hazlo en plan chapucero, es igual. Tendrás tiempo de diseñar una cubierta profesional cuando termines tu obra, esto es para no perder de vista tu meta. Busca una foto en Internet que encaje con tu libro, pégala en el programa de edición y diseña el título, pon tu nombre, incrusta el logo de una editorial… visualiza cómo te gustaría «empaquetar» tu novela y

materialízalo

Piensa en la satisfacción de ver tu obra terminada. Utiliza todos los medios a tu alcance. Visualiza, vive como si ya fueras un autor consagrado. Estás en una presentación de tu libro, firmando ejemplares. Observa cómo te sientes, percibe el tacto de tu libro en las manos, el olor a tinta reciente sobre papel, el murmullo de la gente a tu alrededor, la calidez de sus sonrisas agradecidas. ¡Vívelo, siéntelo!

Está de moda utilizar la ley de la atracción. Si crees en ella es el momento de aplicarla; si no crees, daño no te hará… pero sí te ayudará a mantener la motivación.

Y si no tienes en la actualidad un trabajo remunerado tendrás mucho más tiempo y motivos para llevar adelante tu carrera vocacional. Considéralo una inversión de futuro, una forma de buscarte la vida que dará, tarde o temprano, sus frutos. Puedes ganar algo de dinero, si estás necesitado de él, durante el proceso de promocionar la novela, mucho antes de tenerla incluso terminada. No esperes enriquecerte con ello, pero sí podrás sufragar algunos gastos. Te explicaré cómo hacerlo en la tercera parte.

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Observación, constancia y disciplina son las herramientas básicas de la actitud de un escritor. Aunque seas un escritor caótico y desorganizado que escribe sin planificar su obra, necesitas esa clase de control. Sentarse cada día a escribir una frase, una idea o pensamiento, una página, una sinopsis…

Escribe, escribe y escribe.

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2- LA HOJA DE RUTA

Decía que es posible ser un autor caótico y desorganizado, escribir sin planificar. Sin embargo, lo mejor es llevar un esquema de organización para tu novela. Créeme, quizá no le des importancia al principio cuando los personajes y las situaciones son incipientes. Más adelante, cuando la trama se complique, echarás de menos tener un plan, una hoja de ruta.

Debes tener clara tu novela en la mente. Saber de qué vas a hablar, qué temas tocarás, qué situaciones vas a resolver. Necesitas conocer a tus personajes y saber cómo reaccionarán a esas situaciones. Es muy posible que la novela que tienes al principio en tu cabeza termine siendo algo muy diferente en el papel. Esto es bueno si a lo largo del proceso has madurado mejor tu idea inicial o tus personajes te han llevado por caminos inesperados. Señal de que has creado unos buenos personajes: reaccionan según su propia personalidad, no según la tuya.

Pero es posible que termines escribiendo algo que no querías, algo que se te ha ido de las manos. Eso no es buena señal y puedes evitarlo con una buena organización. Hay muchas maneras de hacerlo, desde fichas de colores a diagramas. Lo más sencillo es crear un resumen de todo, como una vista de pájaro de tu novela.

Organiza todo en actos, los actos en partes, las partes en capítulos, los capítulos en escenas. Para ello puedes valerte de una escaleta. No es más que un documento —Excel es perfecto para ello— en el cual organizar por capítulos tu novela, describiendo las escenas que lo componen y citando los personajes que intervienen. Cuando revises la obra podrás reordenarlo todo si así lo necesitas, conservando esa «vista de pájaro» tan práctica.

Crea también fichas para tus personajes, inventa su vida. Quiénes son y a dónde van. Qué papel juegan en tu historia. Escribe en las fichas rasgos de su personalidad, aunque no vayas a utilizarlos en tu relato. Costumbres, datos relevantes de su biografía, anécdotas, traumas… todo lo que imagines sobre ellos te dará una perspectiva global de su esencia. Un buen truco para «sentir» mejor a tus personajes: identifícalos con actores conocidos, baja

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sus mejores fotos de la red y añádelas a la ficha correspondiente. No estás infringiendo ninguna ley de copyright o de imagen, esto para uso privado y particular.

Lo mismo con las situaciones: cómo o quién las desencadena y por qué; en qué momento y con qué finalidad. Sus consecuencias, ramificaciones, efectos en el entorno, en los personajes. Puedes utilizar una escaleta aparte o hacer un diagrama. Tener presente lo que sucede y tenerlo a mano te ayudará a no dejar cabos sueltos o cometer un error de continuidad —la ley de causa y efecto—.2

Se trata, en resumidas cuentas, de trazar una ruta. Quieres llegar a un puerto determinado, pero si no cuentas con una carta de navegación terminarás en otro diferente. De acuerdo, es posible que ese puerto sea incluso mejor… pero no has elegido tu propio destino. Es mejor ir a dónde quieres ir y si terminas en un destino diferente, que sea porque a medio camino has decidido cambiar el rumbo.

Y ahora un pequeño paréntesis. No hay una regla infalible ni un método cien por cien eficaz. Cada autor es un mundo en sí mismo y funciona a su manera. Si eres una persona que se desenvuelve mejor en el caos, ni caso de lo anterior. La creatividad es libre y ni yo ni nadie debe decirte por dónde debes transitar tu propio camino. Toma sólo aquellos consejos que creas útiles. Incluso dales la vuelta y haz todo lo contrario si así lo prefieres. Nadie es quién para decirte ni el qué, el cómo o el cuándo de tu obra personal. La presente guía está hecha para ser cuestionada:

¡¡PERSONALIZA ESTE MANUAL!!

Está basado en técnicas de eficiencia probada y demostrada… con otros. Lo más probable es que funcionen con la gran mayoría de personas, aunque si tú funcionas de manera diferente ¡arriésgate!; no pierdes nada siendo arriesgado, siempre puedes volver a las fórmulas de siempre. Si algo te sirve

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me alegraré mucho, pero por nada del mundo querría coartar la creatividad de nadie.

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3- LA CREATIVIDAD Y CÓMO DARLE ALAS

Se atribuye la frase al inventor Thomas A. Edison, pero también a Mark Twain: «el genio es uno por ciento de inspiración y noventa y nueve por

ciento de transpiración». Bien, quizá se necesite en alguna ocasión un

porcentaje más alto de inspiración, pero en general creo en este aforismo. Y tú ¿eres defensor de la inspiración o de la transpiración? Déjame adivinar: una mezcla de las dos. Yo también.

En los dos capítulos anteriores hemos visto la parte de la «sangre, sudor y lágrimas», vamos a ver ahora cómo intervienen las musas.

El cerebro, en realidad, es incapaz de crear de la nada. Lo que hace nuestro cerebro es almacenar información y asociarla. La inspiración, las ideas, son una asociación de información que deriva en un concepto nuevo. ¿Decepcionado? Tanto que se ha escrito sobre el genio, las musas, la inspiración divina… en mi opinión, conocer cómo funcionan las ideas no excluye nada de lo anterior. Puedes creer en aquello que te resulte más útil. La parte buena de conocer este concepto, la asociación de información almacenada, es que se puede estimular. La creatividad es un músculo que se puede entrenar. Si eres escritor vocacional, la imaginación ya ronda por ahí, es posible que la hayas olvidado en algún cajón entre hipotecas, contratos de trabajo basura, recibos por pagar…

¡¡RESCÁTALA!!

Una buena forma de estimular la creatividad es realizar actividades culturales. Visita museos, visiona buen cine —he dicho buen cine, por favor—, lee buenos libros —he dicho buenos libros, por favor—, ve buenas obras de teatro, asiste a conciertos… viaja. Viaja a lugares plagados de cultura milenaria, ábrete a otras sociedades y enfoques vitales. Mantén buenas conversaciones con personas interesantes; me refiero a conversaciones cara a cara con personas de carne y hueso que puedan aportar algo nuevo o hacerte recordar algo olvidado. Y también a chatear, por qué no, con personas interesantes de otros países que de otra forma no conocerías.

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Apúntate a un club excursionista, a realizar salidas por tu ciudad, a una asociación fotográfica, a un club de lectura, a un taller presencial de creación literaria.

Relaciónate con otros escritores, esto es vital.

Recuerda que debes llevar bolígrafo y una libreta siempre a mano3. Anota todo lo que se te ocurra al momento. No confíes que lo recordarás luego, no será así. Sobre todo presta especial atención a esos momentos en los que te conmueve algo concreto: una luz mortecina al atardecer, una hoja que cae y es arrastrada por el viento, una cara triste tras un ventanal en un día de lluvia… da igual. Son esas cosas insignificantes y sin interés aparente, que sin embargo remueven alguna emoción, donde está escondida tu creatividad, donde está la llave de tu imaginación. Sin tú ser consciente de ello, tu cerebro está gritando que allí está la información con la que más tarde creará la asociación debida. Dará a luz una idea.

Eso es vivir, mirar la vida con los ojos de un escritor.

Hasta aquí la parte dedicada a la inspiración, ahora te hablaré de la transpiración. ¿Adivinas qué voy a sugerir? Premio. Escribe, escribe y escribe.

Y cuando escribas hazlo sin complejos.

Por complejos me refiero al «¿qué pensaran mis amigos cuando lean esto, no será demasiado íntimo/fuerte/atrevido?» O al «¿lo entenderá alguien? ¿Es demasiado coloquial? ¿Demasiado formal?» No importa. No te autocensures. Ya tendrás tiempo de corregir en las revisiones posteriores si te arrepientes de algo.

Si te paras a pensar en cada uno de los lectores para contentar a todos, jamás, repito, jamás harás nada que valga la pena. Sé tú mismo, desnúdate, muéstrate al mundo tal y como eres. Sin miedo. Escribe desde el corazón,

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mejor todavía, escribe desde las tripas. Tus lectores te encontrarán. Sin duda. En la tercera parte verás cómo facilitarles el encuentro.

Escribe mucho, escribe sin complejos y escribe sin pausa. No mires hacia atrás, avanza siempre. No me cansaré de repetirlo, ya tendrás tiempo de corregir más adelante. Deja fluir tus ideas y pensamientos con el ritmo de la escritura. Márcate un destino y ve hacia él sin detenerte apenas. No hagas caso de tus enemigos. Porque los tienes y son numerosos. Reconoce a tus enemigos y enfréntate a ellos.

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4- LOS PEORES ENEMIGOS DEL ESCRITOR

Escribir es un ejercicio de introspección, un examen a fondo de uno mismo. Debes preguntarte, antes de escribir, qué quieres decir con tu historia. Un escritor es alguien que desea transmitir algo al mundo. Una idea, un concepto, una filosofía, un modo particular y único de ver la vida, de darle sentido. Cada uno tiene sus propios motivos. Lo importante es conocerlos y enfocar la obra de manera que ésta exprese esos motivos.

Sí, es cierto, también puedes escribir una novela sin más pretensiones que la de entretener. Y puede que lo hagas bien. Pero para enganchar de verdad al lector debe haber un trasfondo, aunque éste sea muy superficial. Sin anhelos ni intenciones no hay nada más que movimiento. Y el movimiento sin destino, sin objetivos, aburre. Debes tener una intención de decir algo, por simple que sea; de encaminar a personajes y situaciones hacia un desenlace con sentido.

Como ves, debes plantear muy bien qué es lo que quieres decir. Todo esto, como decía, obliga a un autoexamen de conciencia. Asumes tu condición de escritor vocacional y te preguntas por esa vocación. ¿De dónde nace? ¿A dónde va? Bucea en ti mismo y pregúntate qué pretendes realmente al escribir. Transmitir, expresarte, justificarte, comunicar. Comunicar una idea, una teoría, un hecho; expresar un sentimiento, una forma de pensar, una forma de vivir, una peculiar manera de ver el mundo. Da un poquito de miedo desnudarse así frente al gran público ¿cierto? Ese miedo o vergüenza puede paralizar. El crítico interno que todos llevamos dentro, ese crítico nacido y cuidado con mimo por nosotros desde la tierna infancia. Ese crítico alimentado de fracasos, frustraciones, complejos y obsesiones, engordará y se envalentonará cuando te pongas a escribir. Prepárate para escucharle, porque le vas a oír a menudo.

He aquí a tu peor enemigo: tú mismo.

Escucha a ese crítico, no le evites ni le rechaces. Hazte su amigo. Presta atención a lo que te dice y toma buena nota. «No tienes buenas ideas, ni imaginación suficiente para ser realmente bueno» «Es posible que te sientas

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escritor, pero tú y yo sabemos la verdad: eres mediocre» «En serio ¿piensas que alguien va a publicar esa bazofia? No me hagas reír». Y lindezas semejantes. Cuanto más intentes no escucharle, más se hará oír. Reclama tu atención como un niño malcriado. A los niños malcriados se les escucha… pero no se les conceden los caprichos. Así, poco a poco, los niños malcriados se dan cuenta que no van a conseguir nada llamando la atención y ¡oh sorpresa! ¡Se ponen de tu parte! Es la vieja máxima: «si no puedes con tu enemigo, únete a él».

De hecho ya está de tu parte cuando te dice todas esas cosas crueles. Toma nota de lo que dice.

Son buenas pistas para conocer tus puntos débiles.

«No tienes buenas ideas, ni imaginación suficiente para ser realmente bueno», puede significar que debes potenciar tu imaginación. Haz algo para estimularla y que las ideas te ronden por la cabeza. ¿Recuerdas el capítulo dedicado a la creatividad? Ponlo en práctica. ¿Te consideras mediocre? Refuerza tu técnica y tu estilo. ¿Crees que nadie te publicará? Lee sobre autores de Best Seller, clásicos de la literatura, escritores de culto. Cuenta las veces que rechazaron sus obras.

A ese crítico no puedes destruirle. Forma parte de ti. Asimílalo. Siempre te va a acompañar. Pero llegará un día que apenas le oirás. Aprenderás a ignorarle, a verle tal cual es: una parte de ti que no quiere los cambios, que quiere amoldarse a lo que hay, aunque lo que hay sea negativo. A eso se le llama la zona de confort y tu psique va a luchar con todas sus fuerzas para no salir de esa zona. Pregúntate: ¿quién decide? ¿Quién tiene más fuerza? ¿Tu voluntad o tu pasividad?

Hay un íntimo amigo del crítico interior, los tres formáis un trio de lo más divertido.

Ese colega que se une a la fiesta cuando intentas escribir se llama Indolente. Es el que te dice que estás cansado, que no tienes tiempo, que mejor sería llamar a tal o cual amigo y salir a tomar unas cañas; «mejor entra al Facebook un ratito antes de escribir, o juega una partidita con la Play

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Station… ya escribirás mañana, con el día tan duro de trabajo que has tenido…»

Es curioso, con Indolente sucede algo parecido que con aquel supuesto amigo que sólo te llama cuando necesita de ti un favor: sólo aparece cuando vas a ponerte a escribir. De acuerdo, es posible que algún día sea cierto; pero cuidado si se convierte en una costumbre recurrente. Dispara tus alarmas si te vence la pereza demasiado a menudo.

Para solventar este punto te remito a que repases tu compromiso. Sí, aquel que te pedí al principio de esta primera parte:

“¿Eres escritor? Demuéstralo de la única manera posible:

escribe, escribe y escribe”

Constancia y disciplina, repito, son tus herramientas más potentes. No desfallezcas. El desánimo es otro gran enemigo. Escribes sin parar y no terminas de ver el fruto de tu obra. Pues bien: en primer lugar, tú no escribes para obtener un fruto. Escribes porque una necesidad vital te impulsa a ello. Que llegue el fruto o no, no debe importarte. Yo te digo que llegará, pero no tienes por qué creerme si no quieres.

Hazlo y compruébalo por ti mismo.

En segundo lugar, como dice el dicho, «Roma no se hizo en un día». Tampoco esperes que tu primera novela sea una obra maestra, que los editores se peleen por ella o conseguir miles de lectores cuando la hagas pública. Es posible que suceda, pero no cuentes con ello. En realidad cuando termines tu primera novela ni siquiera deberías moverla. Déjala aparcada en un cajón y comienza a escribir tu segunda novela. Cuando termines esta otra, saca del cajón la primera y ríete de ti mismo. Entonces es posible que, corrigiéndola o reescribiéndola entera, consigas algo decente con ella.

Esto debería servirte para todos tus textos. Tanto si te quedas atascado como si terminas algo, déjalo madurar unos días. Una o dos semanas. No

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mucho más o acabarás por perder el hilo del todo. Revisa, corrige, cambia y verás cómo mejora bastante o te desbloqueas.4

Hemos entrado en el fascinante apartado de las revisiones. Porque debes saber que gran parte del oficio de escritor recae en la reescritura, las revisiones. Aquí es donde entran dos nuevos enemigos en juego: el tedio y el perfeccionismo.

Por norma general un autor lee su propia obra entre cinco y diez veces antes de darla por terminada. Y la da por terminada porque ya no puede más. Llega un momento en el cual un escritor se da cuenta de que su obra jamás estará perfecta, jamás será exactamente como es en su cabeza. Pero debe reconocer cuándo ya no merece la pena seguir perfeccionándola o nunca verá la luz.

Buscar la perfección es imprescindible; encontrarla es

imposible

Cuanto antes te des cuenta de ello, mucho mejor. Revisa tu novela las veces que haga falta, sin desfallecer ni agobiarte en el proceso. No te dé miedo cambiar capítulos enteros, no te duela suprimir párrafos repetitivos o superficiales, no te dé apuro eliminar personajes irrelevantes. La revisión es a una novela lo que el cincel es a la escultura. Tu primera versión debe ser el mármol sobre el cual aplicar dicho cincel.

Los buenos escritores los son porque saben mejor qué

eliminar, no qué incluir

En cuanto al tedio es relativo. Puedes ver el proceso de revisión como un trabajo o puedes verlo como un arte. El trabajo es muchas veces sinónimo de monotonía, obligación y tarea pesada. Por mucho que te guste tu trabajo, siempre hay partes menos agradecidas, tareas aburridas aunque necesarias. El arte es creatividad, es estimulante. Considérate ese escultor que se limita a quitar de la escultura el mármol sobrante para poder descubrirla.

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Pero aún queda otro enemigo más: la falta de perspectiva. Cuando uno se sumerge tanto en el proceso creativo, pierde la noción de distancia. Es sencillo enamorarse de la propia obra y, como es sabido, el amor es ciego. En este punto debería tocar el tema del apoyo externo, el factor distanciamiento. Aunque de esto hablaremos en profundidad en la segunda parte de este manual, así que lo veremos en su capítulo correspondiente.

Ahora necesito hablarte de contar historias. Porque sabes contar historias ¿verdad?

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5- CÓMO SE CUENTA UNA HISTORIA

No importa qué historia cuentes, ni cómo la cuentes. Mientras seas capaz de atrapar al lector ya sea con tu estilo, tu argumento, tus personajes; de expresar una idea o sentimiento y transmitirlos con eficacia; de conseguir que el lector desee leerte de nuevo. Si eres capaz de todo esto no necesitas ningún manual como éste.

Pero todo escritor, consciente o inconscientemente, debe usar recursos para que el lector no abandone su lectura a las primeras de cambio. Estos recursos se llevan utilizando desde que el ser humano se reúne a contar historias alrededor de un fuego.

Tal vez seas el genio que la humanidad lleva esperando tanto tiempo. Y lo digo sin ironía. Tal vez sí lo seas, tengo claro que yo no… a día de hoy.

Tal vez tu forma de narrar y los anhelos que seas capaz de transmitir revolucionen la literatura, la historia ¿por qué no? En ese caso sigue este único consejo: no leas a nadie, no te dejes influenciar por nada. Cree en ello y jamás desfallezcas aunque mueras en el intento.

Aunque si lo que deseas es, simplemente, escribir una buena historia, necesitas lo siguiente. Ten en cuenta que ésta es la estructura clásica. Es el método usado por novelistas, cineastas y cuentacuentos, incluso publicistas. Hay más métodos para relatar, tantos métodos como personas hay en el mundo. El que a continuación describo es el más efectivo para crear adicción a tu historia.

El Inicio:

Toda historia tiene un inicio. Tu historia debe iniciarse con el planteamiento. En el planteamiento debes situar en el espacio-tiempo al lector. Dónde y en qué época se desarrolla la historia. Presentar a tu personaje principal. Quién es, a qué se dedica, qué pinta en tu relato. Cuáles son sus deseos, sus objetivos, sus limitaciones y dificultades. Debes

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presentarle un conflicto que puede ser un acontecimiento externo o una dificultad interior, una incapacidad que le impida a acercarse a su objetivo.

En pocas palabras, con el planteamiento debes sentar las bases en las que se desarrollará la acción. Y debes hacerlo de forma que el lector se sienta impulsado a seguir leyendo, a que desee saber más. ¿Conseguirá el personaje a ese/a chico/a que ama con tanta pasión? ¿Conseguirá descubrir al asesino de su hermano gemelo? Ponle en serias dificultades.

Plantea al lector un reto auténtico y siembra la duda en

él. Sorpréndele.

Cuidado con un error típico en esta parte: el planteamiento es el inicio del relato, pero no tiene por qué ser el principio de la historia. Puedes empezar por el final en esta fase del relato. Sólo te pido una cosa y te la pido como lector. Por favor, cuando vuelvas atrás para contar cómo empezó toda esa situación, no digas «todo empezó cuando…» Huye del tópico como de la peste negra.

Una vez el lector esté situado en un contexto concreto —el antiguo Egipto, una colonia de marte o una ciudad en la época contemporánea—, conozca al personaje principal —un asesino psicópata, un policía del futuro, una violinista enamorada—, debe aparecer un conflicto. Un hecho que lo cambia todo y pone del revés los esquemas del personaje principal. Es el desencadenante, el suceso que va a poner en marcha la historia. A partir de ese momento ya nada volverá a ser lo mismo.

Pero deben surgir las dudas. Cuando a un personaje le sucede algo que da la vuelta a sus esquemas como un calcetín, tiene elección. El camino se bifurca ante él. Le invade la duda. ¿Seguir la vida de forma normal, aceptar el suceso, resignarse? ¿O salir de lo conocido, lo estable, lo cómodo para poner las cosas en su sitio? Sentir la llamada no es plato de gusto.

En este punto se produce otro tipo de desencadenante. El personaje es empujado por algún suceso más o por alguien. Por lo general es un amigo, un mentor, una pareja sentimental… Puede ser incluso un personaje casual, alguien que le dice una frase al protagonista y le hace ponerse en marcha.

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Una vez se traspase el umbral, se tome la decisión de actuar, ya no hay vuelta atrás. Se abandona un mundo para penetrar en la aventura, el peligro. Y ahí sí, ahí es cuando comienza la odisea.

El núcleo:

El desarrollo o núcleo de la historia es la parte en la que suceden los acontecimientos, ni más ni menos. En ella tus personajes se desenvuelven, encuentran sus dificultades, triunfan y fracasan, evolucionan o involucionan. Se les presentan retos que a primera vista son imposibles de superar. Pon a tu protagonista en verdaderos apuros, no seas remilgado en eso. Hazle vivir un auténtico calvario en el cual puede perder la vida, la razón, la capacidad de amar… en cada paso tu personaje aprende, avanza tanto en la historia como en su evolución personal.

Conoce a una serie de personajes con los que interactúa, tanto ayudantes como antagonistas. Se relaciona también con objetos. Es más, un objeto puede ser el objetivo a alcanzar para devolver la normalidad a su mundo: el anillo mágico, la espada sagrada, los documentos perdidos, la fotografía reveladora…

El relato puede dar un giro sorpresa en cualquier momento.

La violinista enamorada, por ejemplo, descubre que el amado no es como esperaba. La historia se transforma y lo que el lector creía iba a ser la misión a realizar —conquistar al objeto de su deseo—, tan sólo era la excusa para que la protagonista se diera cuenta de que idealiza a las personas. Que se enamora siempre del hombre equivocado. Entonces abandona su conquista y se centra en solucionar sus errores.

Uno de los aspectos más importantes del desarrollo es mantener el nivel del planteamiento. No puedes —o no debes— defraudar al lector. Si tu inicio es potente y engancha, durante el desarrollo estás obligado a ser potente y continuar enganchando. Aún te digo más: debes subir la intensidad paulatinamente. A cada paso, a cada aprendizaje, se adquieren nuevas herramientas para superar dificultades todavía más grandes.

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Observa cómo se desarrollan los videojuegos. Los primeros niveles son sencillos, casi una práctica para que el jugador se familiarice con el desarrollo del juego. El avatar adquiere nuevas armas o habilidades para enfrentarse a mayor cantidad de enemigos o a jefes de nivel más poderosos, hasta llegar al jefe final.

Si acompañas estos cambios de intensidad con el ritmo de las palabras, realizando sutiles variaciones en tu estilo narrativo, tienes garantizada la adicción a la historia que estás contando.

Dosifica la información que les das a tus lectores. Respétales. Te diriges a personas inteligentes capaces de comprender entre líneas. No se lo des todo mascado y deja que piensen por sí mismos. Muchas veces un silencio dice más que mil palabras. Juega con el misterio: haz que el lector sepa cosas que tus personajes no saben —suspense—. Haz que el personaje sepa cosas que el lector desconoce —secreto—. Plantea situaciones desconocidas tanto para el lector como para los personajes —intriga—. 5

Siguiendo el ejemplo de la violinista enamorada, he aquí una situación de cada:

Suspense: en una escena, el lector sabe que su objeto de pasión la ha engañado con una compañera de su orquesta. Pero ella no lo sabe, con lo cual el lector sufrirá por ella. ¿Lo averiguará? ¿Qué hará cuando lo sepa? En las escenas donde la violinista esté con su amado y crea en sus pablaras de conquistador ¿cómo crees que se sienten tus lectores?

Secreto: la violinista recibe la visita de una mujer de su pasado y cenan juntas. Pasamos a otra escena sin ser testigos de la conversación y cuando volvemos a la protagonista han pasado tres días. Nuestro personaje reflexiona sobre las verdades que pronunció su amiga durante la cena pero no se precisan. ¿Qué ocurrió en su pasado? ¿Cómo le afecta en el presente? Ten por seguro que el lector se morderá las uñas, deseará saber de qué hablaron en esa cena y leer la historia hasta que el secreto sea revelado.

Intriga: todos los miércoles, el amado desaparece. Nunca queda con ella, ni responde sus llamadas. Él evade las respuestas cuando ella le

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pregunta… siempre tiene una reunión importante, un viaje de negocios… pero está claro que guarda un secreto. ¿Una amante? ¿Una afición de la que se avergüenza, como cantar en un karaoke? El lector se identificará con tu protagonista, pues ni uno ni otro saben la respuesta. Querrán acompañar a la violinista hasta que se desvele la intriga.

Añade, además, ese giro inesperado a tu historia y sorprenderás. El lector quiere ser sorprendido, engañado, quiere ser llevado por caminos tortuosos que desembocan en lugares inesperados. Haz que esas situaciones previsibles den un giro de ciento ochenta grados. Juega con la perspicacia del lector, anticípate a sus conclusiones, condúcele por una situación cuyo desenlace pueda prever y dale la vuelta.

Puedes engañarle, siempre y cuando no le mientas. Da la información justa y necesaria, ni más ni menos. Cuidado con despistar demasiado: no debes transformar tu novela, tan sólo conducirla por un camino inesperado. Que no se vea afectado tu hilo conductor, ni el género, ni el tono.

Si eres hábil manejando estos recursos mantendrás a tus lectores en vilo hasta el momento del clímax. Éste es un suceso donde convergen los acontecimientos. El protagonista debe afrontarlo y salir victorioso o derrotado. Es el enfrentamiento con el enemigo, con la realidad, con los propios temores. El punto culminante que decidirá el destino de los personajes. La hora de la verdad. Este momento puede estar precedido de otros falsos clímax; es decir, puntos culminantes de la acción que parecen el último eslabón para el desenlace… pero en realidad no lo son.

Recuerda que, al igual que tu protagonista tiene ayudantes, su antagonista también los tiene. Incluso es posible hacer que el enemigo final no sea tal; que sea una mascarada para mantener en la sombra al que mueve los hilos, el antagonista auténtico. Y este enemigo oculto puede ser… incluso uno de los ayudantes del personaje principal. La traición es un poderoso motivador. Tus lectores pueden llegar a odiar tanto la traición de un personaje clave que les provocarás a ellos mismos un clímax emocional. De hecho,

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¡se trata de conseguir precisamente eso durante todo el

relato!

Y cuando por fin llegues al clímax auténtico y definitivo, lleva al lector a lo más alto, resuelve tras una dura lucha a vida o muerte. O algo peor. La derrota del héroe puede significar la muerte de todo su mundo, la pérdida de la razón, la capacidad de amar para siempre. Tras la resolución del conflicto final, la tensión baja y el lector siente las emociones desatadas con todo su peso. Euforia por la victoria, alivio por salvar la vida, esperanza en el amor…. es el momento en el cual se decide nuestro mejor final o finales.

El desenlace:

Porque, en ese momento, ya debes haber puesto todos los puntos sobre la íes: personajes bien definidos, situaciones a punto de resolverse, conflictos bien planteados e intenciones claras de los personajes. Has dejado algunos enigmas abiertos, al menos los principales. La resolución de uno de esos misterios te ha llevado al clímax o, al menos, superar este punto álgido ha resuelto una gran incógnita—no tiene por qué ser la principal—. La resolución del clímax no debería ser el final del relato, tan sólo la resolución de una situación límite. El desencadenante del final. Comienza a cerrar lo que aún esté abierto.

No dejes cabos sueltos, cuidado con eso. Asegúrate de tratar todo lo abierto hasta este punto, resuelvas o no. Puedes dejar secretos sin revelar, misterios por desentrañar, pero deja buena constancia de ello: justifícalo.

Tus personajes han evolucionado a lo largo de la historia. Ya no son los mismos que en el planteamiento. Resuelve sus conflictos de manera favorable. Hazles triunfar y haz su triunfo aplastante. Porque es la hora del regreso a casa. El retorno al hogar. El protagonista debe volver donde todo comenzó, exhibir su cambio y compartir su enseñanza. Devolver el objeto sagrado al lugar que le corresponde.

Ahora está por encima de sus coetáneos y es visto como un semi-dios. Es decir, un ser corriente que ha sufrido un revés, ha seguido la llamada, ha superado las pruebas, ha derrotado al enemigo y ha regresado al hogar

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transformado para proteger, guiar y compartir su aprendizaje. Transformado en un héroe.

Todo buen final, igual que todo buen inicio, debería dejar huella. Condensa en los últimos párrafos aquello que deseas decir bien clarito a tus lectores, sin caer en discursos ni moralejas. Hazlo sutilmente y recurriendo a la propia historia, no a una perorata que te incluya como personaje en el último momento. Haz que las palabras finales de tu relato dejen un poso de alguna emoción en el lector. Que cierre las tapas del libro y reflexione, aunque sea un minuto, sobre lo leído. Y que lo haga con una punzada de melancolía, esperanza, tristeza, euforia, lo que prefieras. Pero algo. Porque si lo consigues querrá volver a leer algo tuyo.

Un consejo final.

No te precipites al aproximarte al fin.

Es fácil dejarse llevar por la impaciencia al atisbar la conclusión y atolondrarse. Mantén el tono usado en el resto de la historia aunque tu ritmo suba de intensidad. Que el final llegue de manera natural y coherente, como parte de un todo.

Y así es como se cuentan historias desde tiempos inmemoriales. Es decir:

Érase una vez…

…una violinista tímida y solterona. Los hombres no reparaban en ella y se había resignado a vivir sola el resto de su vida. Hasta que un día un director de orquesta le dirigió una sonrisa y la invitó a cenar. Ella rechazó su ofrecimiento, pero su mejor amiga, su única amiga, la animó a que lo pensara mejor. Así que se dejó maquillar por ella, se fueron a comprar un vestido y un nuevo perfume y telefoneó al apuesto director para aceptar su cita. Se enamoró al instante. A partir de ese momento, su vida cambió.

Pero no como ella esperaba. Su amado era un hombre famoso, atractivo, muchas mujeres reclamaban su atención. Descubrió sentimientos anexos al

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amor en los que no había reparado nunca: los celos, la incertidumbre, la inseguridad en sí misma. El director de orquesta jugaba con sus sentimientos, pero ella no se daba cuenta. Le perseguía sin obtener la atención merecida. Dejaba que él la utilizara sexualmente para satisfacerle y conseguir así su aprobación. Él desaparecía a menudo por varios días de su vida. A ella le llegaban rumores de otras aventuras, pero no quería hacerles caso. Eran eso, rumores propiciados por la envidia.

Hasta que un día sorprendió a su amiga, su única amistad en este mundo, aquella que la animó a salir con él, besando a su amado. Se encaró con los dos, ofreciendo un espectáculo en mitad de la calle. Para su propia sorpresa, al descubrir la mentira que había estado viviendo, se dio cuenta que el dolor que sentía no provenía del engaño. No conseguía el verdadero respeto ni el verdadero amor de los demás. El verdadero problema, aquello por lo que siempre le había faltado amor, estaba dentro de ella. No podía sentirse amada con plenitud si primero no se amaba, no se respetaba a sí misma.

Comenzó entonces a investigar el porqué de esta carencia. Descubrió que siempre había sido una persona retraída, con dificultad para hacer amigos. Tenía una gran inteligencia y una sensibilidad tal vez excesiva. En la escuela se reían de ella y por eso se refugiaba en la música. Llegó a ser una buena intérprete de violín gracias al impulso de la rabia, por demostrar a los demás que era mucho más que una niña tímida y llorona. Necesitaba la aprobación ajena, su motor era la rabia que sentía cuando la rechazaban, porque en el fondo de su ser sabía que merecía ese amor y ese respeto.

Y gracias a esa rabia redescubierta, se enfrentó a sus propios temores. Dejó la orquesta donde se sentía infravalorada e inició una nueva carrera como concertista. Hizo nuevos amigos. Conoció a un hombre que la admiraba por su talento y poco a poco surgió un sentimiento. Pero a ella le costaba abrir de nuevo su corazón. No podía considerarle más que un buen amigo. Él aceptó esta condición de amistad con la esperanza de ser amado alguna vez.

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Un día cualquiera, su antigua pasión se vio puesta a prueba. Apareció de nuevo el director de su anterior orquesta, arrepentido, pidiéndole perdón y diciéndole que la amaba. Una tormenta de emociones la invadió, entre la ternura, el odio más profundo, la pasión más arrebatadora. Sintió un poderoso impulso de perdonarle. Ya se había abrazado a él y casi estaba a punto de dejarse besar cuando olió el perfume de su antigua amiga.

Aquello, lejos de enfurecerla, le hizo reír. Nunca se había reído tanto se sí misma en toda la vida. Por fin tenía claro su lugar en el mundo y el lugar de aquel hombrecillo patético del cual se compadecía. Se compadecía porque era incapaz de amar. No como ella. Se había dado cuenta de que estaba enamorada perdidamente de un hombre, un buen amigo que la admiraba y respetaba y… amaba. Se había dado cuenta de que tenía buenos amigos, que la apreciaban por cómo era en realidad: una buena persona capaz de albergar los mejores sentimientos, apasionada, vital, una excepcional concertista de violín.

Con el tiempo aquella violinista tímida y solterona se casó con su gran amigo. Reunió a su alrededor a un grupo de buena gente, amistades fuertes, leales e intensas. Se convirtió en una reputada solista cuyas grabaciones se vendían bien. La reclamaban en todo tipo de conciertos, las orquestas más prestigiosas se disputaban su participación en galas como invitada de lujo… incluso su antigua orquesta le ofreció dar un recital.

Aceptó. Su antigua amiga había pasado a ser primer violín. A pesar de haberla perdonado hacía tiempo, no pudo evitar una ligera punzada de satisfacción al ver su protagonismo desplazado por una noche. Del antiguo director poco se sabía. Decían que daba clases de música en un instituto de secundaria, no se había casado y sufría episodios de depresión. Se compadeció, una vez más, de él.

Ofreció el mejor recital de toda su carrera. Tras el concierto todo el mundo la felicitó, incluso la que fue su única amiga en un tiempo ya lejano se abrazó a ella llorando, arrepentida, pidiéndole perdón. Por supuesto, lo hizo sin sombra de duda ni rencor. También la compadecía. En el cóctel en su honor, pudo comprobar como sus ex colegas buscaban su compañía, su

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