2. Marco teórico
2.7 Algunos con cep tos noved osos de Green
2.7.1 El con cept o fr onter izo de Green
Afirma Green que en los pacientes fronterizos “el movimiento que va de la fusión a la separación del objeto y que genera diferenciaciones adentro y afuera, somático y psíquico, fantasía y realidad, bueno y malo”, se convierte en escisión radical, con exclusión de una de las partes de los pares opuestos. (p.108-109). Lo cual puede llevar a
que “representaciones pulsionales destructivas” y “partes importantes del yo” sean
segregadas. Lo anterior puede conducir a que la fusión con el pecho no sea sino un
encuentro con un “pecho en blanco” o su contrario un exceso de fusión niño-pecho que
impide el crecimiento del hijo. De esta fusión se excluye al tercero, el padre, y se
establece una nueva polaridad “pérdida-intrusión”. Escisión que además puede darse
entre soma y psique, entre sensaciones corporales y afectos, entre la acción motora y lo psíquico, entre paso al acto y la simbolización, generando dos situaciones opuestas: de un lado soma, sensaciones corporales, acción motora, paso al acto y del otro lado psique,
afectos, lo psíquico, y la simbolización. En la primera situación lo que se da es “mera descarga, ciego el paciente para su posible significado”, lo cual lleva a que “las
reacciones somáticas (o psicosomáticas) y pasajes al acto tengan la misma función de descarga defensiva frente a la realidad psíquica”. Bajo este tipo de escisión “el regreso de los elementos segregados” se acompaña de sensaciones de grave amenaza, de
„desvalimiento‟, de “aniquilación” (Klein, 1946) de “terror sin nombre” (Bion, 1970) de
„desintegración‟ o „agonías‟ (Winnicott, 1958) o desde Green por “lo blanco” como “amenazas a las investiduras narcisistas”.
Afirma enseguida que esa escisión en los fronterizos puede ser entre lo psíquico y lo no psíquico (soma y mundo exterior), o una escisión entre el adentro y el afuera
determinada por la constitución de un contenedor yoico, sostén o envoltura del yo que no funciona como capa protectora, cuyo límite se expande o se retrae para enfrentar la
“angustia de separación (de pérdida), la angustia de intrusión (de implosión) o ambas”, lo
que hace que surjan los “archipiélagos del yo”, o núcleos del yo, desconectados entre sí, “con la coexistencia de pensamientos, afectos, fantasías contradictorios” y con “productos contradictorios del principio del placer, del principio de realidad y o de
ambos”. Situación que produce la “sensación de frialdad, de carencia de vitalidad, como
si esas islas de yoes separados (relaciones self-objeto) no llegaran a formar un ser
individual”, por cuanto lo que predomina entre ellos es un entorno vacío. (p.112-113)
La gran separación entre lo somático y lo psíquico, determina que los fronterizos se mueven entre los dos espacios de manera no coherente sino contradictoria, y pueden quedarse solo del lado de lo no psíquico, del lado de la urgencia inaplazable de las acciones relativas del mundo de afuera en búsqueda de satisfacción sin tener en cuenta ningún elemento de realidad. Esta situación lleva al dominio del ello que ocupa un núcleo del yo y determina que el resto de los elementos del yo queden escindidos, como queda escindido el superyó. Y el ello envuelto finalmente en un vacío psíquico.
Ese vacío psíquico en los fronterizos hace que tengan sensación de “futilidad”, no se
percatan de la presencia de los objetos y establecen un contacto limitado con ellos. El discurso, dice Green, es como un collar de perlas sin cuerda: palabras, representaciones y
afectos contiguos en el tiempo y el espacio pero no en su sentido”, el observador tiene
que encontrar los nexos faltantes. Se ha establecido la escisión del yo y la desinvestidura
radical con “estados anímicos en blanco sin componentes afectivos, sin dolor, sin
representación mental, mala concentración, imposibilidad de pensar”, tal y como se da en la psicosis blanca (Donnet y Green, 1973) Se dan sensaciones de no existencia e irrealidad las imágenes del self y el objeto. La depresión primaria amenaza y produce relaciones de objeto precipitadas y prematuras, con prolongación de la adolescencia. No poder hacer duelos ni tolerar el sentimiento de culpa es característico de las actuaciones psicopáticas o de conductas de la personalidad como sí, de perversiones poliformas, drogadicción y alcoholismo. La escisión y la depresión primaria se producen en el interior del self, con una frontera yoica elástica frente a la pérdida, la separación o la intrusión.
En el funcionamiento mental del fronterizo la escisión y la confusión están
siempre presentes. No hay distinción “entre pensamientos, representaciones y afectos”, el
pensamiento racional está masivamente cargado de afecto y no se separa de las pulsiones sino por una “escisión intensa acompañada de creencias mágicas y una omnipotencia de
investidura narcisista” (p.117) Las representaciones mentales del fronterizo, son de
aglomeración de afectos que actúan como representación y estas, como afectos. La actuación se dirige hacia adentro como síntomas psicosomáticos o hacia afuera como pasaje al acto. La actuación no se circunscribe a acciones; fantasías, sueños, palabras, toman la función de la acción. La actuación llena el espacio y no permite la suspensión de la experiencia. La razón de esta intolerancia a la suspensión de la experiencia es la creencia de que de ella no pueden emerger creación ni conocimiento alguno. La suspensión es igual a inercia a dependencia irremediable. La confianza básica es fundamental para aceptar la pasividad y, en estos casos, la pasividad es percibida siempre
como la amenaza suprema, abierta a toda clase de peligros en manos del objeto „malo‟ omnipotente” (p.118).