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III. MARCO TEÓRICO E HIPÓTESIS

III.2. Ciudades y migración según edad

Las teorías dominantes en materia de la concentración de la población en grandes ciudades son de naturaleza homeostática, es decir suponen autorregulación sistémica, en la mayor parte de los casos en virtud de la acción de los mercados y las decisiones “racionales” de empresas y personas. Por ello, su conclusión casi inevitable es que la desconcentración sobrevendrá una vez alcanzados ciertos niveles de concentración que conllevan deseconomías, costos y problemas crecientes. Por otra parte, la mayor parte de la discusión sobre la desconcentración demográfica tiene como fundamento a la desconcentración industrial, de manera tal que los afectados por ella serán en primer lugar, los trabajadores de dicho sector y de los sectores encadenados a este. Por su parte, las teorías relativas al ciclo de vida de las ciudades suelen ser relativamente mecánicas y pronostican una fase de declinación final en la cual se expanden los denominados “problemas metropolitanos”. Todos estos enfoques anticipan una desconcentración económica y social inexorable, operada en el plano demográfico por el paso de las grandes ciudades desde la inmigración neta a la emigración neta.

Pero la relevancia de la pronosticada desconcentración industrial podría ser cuestionada como factor decisivo, en el marco de una economía que ha mutado significativamente y que ha transitado aceleradamente hacia el predominio del sector de servicios. Y las grandes ciudades, de acuerdos a los enfoques de la ciudad global (Sassen, 1991), de la ciudad creativa (Florida), la ciudad juvenil (Youthfil Cities, 2014) y de la cuarta revolución industrial (Sanahuja y Comini, 2018) podrían estar en una posición ventajosa para la economía de los servicios. Esto es particularmente relevante en América Latina, donde los servicios, aunque sean de baja productividad, están altamente sobre representados, en particular en las ciudades grandes (Prado, Jordán y Riffo, 2017).

Adicionalmente, la esperada fase declinante del ciclo de vida de las ciudades ha sido cuestionada por la experiencia de numerosas ciudades grandes que han logrado reponerse a una fase de decadencia para reposicionarse a escala global y nacional. Aunque este último fenómeno es más evidente en los países desarrollados, y desde luego no se limita a las 3 o 4 ciudades globales aceptadas por la literatura, también hay signos de recuperación de ciudades grandes en América Latina (Prado, Jordán y Riffo, 2017).

Debido a lo anterior, pueden estar ocurriendo procesos contradictorios simultáneamente. Por una parte, desconcentración de ciertas actividades y de la población asociada a ellas. Por otra parte, la continuidad o incluso la acentuación de la concentración de otras actividades económicas en las grandes ciudades con el consiguiente atractivo para la población vinculada a ellas.

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Habida cuenta de esta ambigüedad teórico-práctica, no es extraño que actualmente haya incertidumbre sobre las expectativas desconcentradoras abiertas en la región y que haya hipótesis en pugna, las que, en general, no se han cotejado con los datos disponibles, de una forma amplia, es decir considerando varias ciudades de diferentes países de la región.

En este sentido, la investigación reconoce esta ambigüedad teórica y no efectúa hipótesis sobre la evolución de la concentración demográfica y el atractivo migratorio de las grandes ciudades, aunque si anticipa que aportará con evidencia novedosa para el debate y la analizará, aunque de forma general.

En cambio, por el foco de la investigación en la migración según edad, la investigación tiene como primera hipótesis la existencia de patrones diferentes de atractivo migratorio de las grandes ciudades según edad, opuesta a las anticipaciones homogéneas de los enfoques hegemónicos. Así, la investigación acoge los enfoques que plantean la persistencia de los atractivos relevantes para los jóvenes (Florida, 2005) y, por ello, anticipan un creciente contraste entre los jóvenes y el resto de las edades. Más concretamente la hipótesis es que:

el atractivo migratorio general de las grandes ciudades se ha reducido de manera generalizada, debido a un aumento de la emigración, pero siguen siendo atractivas para los jóvenes, por una persistencia de altos índices de inmigración (1).

Los objetivos de la investigación apuntan a estimar los efectos de la migración sobre la estructura etaria. Para la escala más agregada, las ciudades enteras, este efecto dependerá de las tasas de migración neta extrametropolitana antes calculadas. En línea con lo anterior, la hipótesis es que:

la migración continúa contribuyendo a “rejuvener”20 las grandes ciudades y que este efecto, a

diferencia de la evolución del atractivo migratorio que caería para todas las edades, podría incluso estar acentuándose por una disparidad creciente entre las tasas de los jóvenes y las del resto de las edades (2). La segunda parte de la hipótesis se basa en las crecientes fuerzas expulsoras para los hogares en fase de crianza, que enfrentan dificultades y costos crecientes para realizar tal función, lo que genera un contrapunto respecto del pertinaz atractivo para los jóvenes. Cabe destacar que si bien hay ambigüedad teórica respecto del componente predominante de este efecto (inmigración o emigración), en las décadas de 1980 y 1990 la literatura sobre la contraurbanización (Champion, 1989) y la desconcentración (Frey, 1987) en países desarrollados, junto a la escuela del “Small is beautiful” (Schumacher, 2010), y a las múltiples evidencias de un grave deterioro de las condiciones de vida y de gobernabilidad en las grandes ciudades de América Latina, en el marco de la crisis económica estructural de la región (la década perdida de 1980), instaló una suerte de “sentido común” alineado con el planteamiento de que es la emigración es la fuerza clave (CEPAL, 1989 y 2012; Portes, 1989; Portes y Roberts, 2005). Por ello, la distinción entre el efecto de la inmigración y el de la emigración permitirá contar con evidencia para abordar esta ambigüedad teórica.

20 En el sentido sociológico y usual del término, es decir ensanchamiento del porcentaje de jóvenes, más que en el

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