III. MARCO TEÓRICO E HIPÓTESIS
III.3. Migración según edad y grandes zonas de las ciudades
La revisión de antecedentes ofrece un conjunto de anticipaciones respecto de los patrones migratorios por edad según diferentes zonas de las grandes ciudades. Casi todas corresponden a previsiones para el modelo dicotómico centro-periferia. Y normalmente no engloban ni distinguen a la migración extrametropolitana y la intrametropolitana.
Como los antecedentes mostraron que la distinción centro-periferia mantenía cierta vigencia en la región, pero ya no el modelo dicotómico cetro-periferia por la emergencia de nuevas zonas, entonces la primera decisión teórica clave es operar con este nuevo modelo, para lo cual se usará la segmentación territorial usada en CEPAL, 2014, que recoge con total vigencia el debate sobre las mutaciones metropolitanas descrito en los antecedentes.
Por su parte, respecto de la distinción entre migración intra y extrametropolitana, el grueso de la elaboración teórica relativa a la migración extrametropolitana anticipa una preferencia de los inmigrantes por las zonas centrales, y plantea que esta sería más marcada entre los jóvenes, pero no sugiere patrones por edad para la inmigración hacia otras zonas de la ciudad, ni tampoco para la emigración extrametropolitana de ellas. Pero a partir de la discusión de la hipótesis de Turner desde la década de 1970, predomina la visión de una creciente dispersión territorial de la migración intrametropolitana, por lo cual la concentración de la llegada de inmigrantes de todas las edades, incluyendo los jóvenes, en el centro debiera haberse reducido.
Por otra parte, el perfil socioeconómico así como el origen de los inmigrantes extrametropolitanos ha cambiado significativamente, con un aumento de su nivel socioeconómico y de su origen urbano. Esto amplía su horizonte de posibilidades, porque su mejor nivel socioeconómico no los “condena” a localizaciones centrales tugurizadas o a una periferia precaria. En particular, la periferia elitizada se abre como opción, así como zonas centrales acomodadas.
Si a lo anterior se le suma la anticipación de una recuperación residencial de las zonas centrales ˗como lo sugieren las teorías del ciclo barrial con fase de renovación, en algunos casos vía gentrificación, pero en otros, mediante procesos más amplios de redensificación˗, basada en un aumento de la oferta inmobiliaria propia de las mismas (unidades pequeñas, en particular), la hipótesis de más firme fundamentación atañe justamente al centro, la cual es que:
la migración neta de las zonas centrales es mayor en el caso de los jóvenes (o es menos negativa en caso de emigración neta de la zona central), básicamente por su mayor tasa de migración extrametropolitana; en virtud de lo anterior, la migración contribuiría al rejuvenecimiento de las zonas centrales (3)
Respecto de las otras zonas, los fundamentos conceptuales son más firmes en el caso de la migración intrametropolitana. Pero, de cualquier manera, se espera que la extrametropolitana tenga un menor impacto rejuvenecedor, justamente por la fuerte atracción que ejerce el centro para los inmigrantes jóvenes de fuera de ciudad. Por ende, la hipótesis es que:
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la periferia, tanto la tradicional como la elitizada, debiera registrar tasas de migración neta menos sobresalientes de jóvenes, y por ello la migración debiera tener un efecto rejuvenecedor menor, pudiendo incluso no tener dicho efecto (4).
En el caso de la migración intrametropolitana hay una literatura mucho más abundante, como se expuso en la sección de antecedentes. Esto obedece a que la movilidad residencial tiene, en comparación con la migración extrametropolitana, vínculos más precisos con el ciclo de vida del hogar y el curso de vida de las personas, en términos de preferencias de localización dentro de la ciudad. Cosacov, Di Virgilio y Najman (2018), plantean, por ejemplo, que las experiencias de movilidad son diferenciales según las características de los hogares e individuos, entre ellas la etapa del ciclo de vida. Tan o más importante que lo anterior, es que el propio territorio es otro factor que hace de la movilidad un proceso selectivo, en tanto localizaciones particulares configuran patrones diferentes y desiguales de movilidad espacial.
En esta línea, está bien documentado que las parejas jóvenes son un grupo de particular de atención porque tienen requerimientos inmediatos de vivienda, lo que las hace especialmente sensibles a desplazamientos por causas residenciales intrametropolitanas. El principal eje de las búsquedas residenciales de este grupo es una vivienda ajustada a sus necesidades. Si tienen hijos o piensan tenerlos en el corto plazo entonces la vivienda se piensa como espacio para la crianza y eso abona a una decisión de compra, que además constituye una inversión de largo plazo de las parejas. La diversidad de gustos y preferencias genera requerimientos heterogéneos y la restricción presupuestaria específica de cada hogar limita las posibilidades de materializar los deseos. Con todo, la crianza y la demanda de vivienda propia son factores comunes que tienden a generar una preferencia por lugares con mayor oferta de vivienda nueva, con espacios amplios, más seguros, amigables y en los cuales la familia pueda socializar. Todas estas características suelen ser más comunes en la periferia. Por ello, este grupo tiende a trasladarse y vivir en la periferia. En síntesis, las parejas jóvenes, sobre todo con hijos en fase de crianza, debieran tener preferencia migratoria intrametropolitana por la periferia, lo que debiera reforzar su estructura etaria juvenil. En este sentido, una quinta hipótesis es que:
la migración intrametropolitana hacia la periferia es diferencial por edad y la población infantil junto con sus padres en edades adultas jóvenes están sobrerrepresentados en dicho flujo, implicando un efecto sobre la composición etaria de la periferia aumentador de los grupos de edad asociados a hijos/as y padres (menores de 15 en el caso de los niños y adultos entre 30 y 59 en el caso de los padres) (5).
Respecto del centro, es claro que son más afines para los jóvenes. Los jóvenes tienen requerimientos específicos asociados al acceso a educación, lugares de encuentro, espacios culturales, de diversión y también de trabajo. Cuando se independizan, no tienen como prioridad la compra de un inmueble, por lo cual son más propensos a alquilar en zonas que cumplen con las características anteriores, es decir las zonas centrales (López y Recaño-Valverde, 2009). Como contrapartida, las zonas centrales son poco acogedoras para las familias con hijos, justamente por las condiciones residenciales y habitacionales que atraen a los jóvenes. Viviendas pequeñas y relativamente caras para su extensión, contaminación, ruido, falta de servicios clave (como plaza y jardines infantiles), y sobre todo las mucho menores opciones de acceso a vivienda propia son fuerzas expulsivas poderosas de población en edad infantil y sus
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progenitores en edades adultas jóvenes. En cambio, con las personas mayores hay ambigüedad teórica. Si bien las zonas centrales no parecen las más amigables, tienen a su haber características que pueden ser funcionales para las personas mayores, como su conectividad y su disponibilidad de viviendas pequeñas. Adicionalmente, las personas mayores son más reticentes a emigrar. Si a lo anterior se le añade la mayor probabilidad de que sean propietarias, entonces el pronóstico es a una tasa de migración neta mayor (o menos negativa) que la de familias en fase de crianza; dependiendo de esta diferencia, la migración podría incluso aumentar la proporción de personas mayores en el centro. Así las cosas, la sexta hipótesis es que:
la migración intrametropolitana tiende a rejuvenecer el centro, aunque también podría elevar su proporción de población mayor (6).
En el caso del pericentro, aplican condiciones parecidas al centro, pero sin un componente clave: la atracción de jóvenes. Por ende, la hipótesis para esta zona es que:
la migración intrametropolitana tiende a envejecer el pericentro, porque su principal efecto es elevar la proporción de personas mayores (7).
Finalmente, en el caso de la “periferia elitizada” la migración intrametropolitana de población de nivel socioeconómico alto y medio podría asociarse, en principio a una sobrerrepresentación de población de edades intermedias y mayores, habida cuenta la estructura etaria más envejecida de este grupo. Sin embargo, por los motivos residenciales que están detrás de esta migración, el grueso de la misma debiera corresponder a familias en fase de crianza, como varios autores sugieren de acuerdo a lo presentado en la sección de antecedentes (Dureau y otros, 2002 y 2014). Por ello, pese a las significativas diferencias entre esta periferia y las otras periferias, lo que incluye disparidades socioeconómicas de sus flujos migratorios (CEPAL, 2014), la hipótesis ya expuesta para la periferia tradicional se extiende a ella, vale decir:
la migración intrametropolitana hacia la “periferia elitizada” es diferencial por edad y la población infantil junto con sus padres en edades adultas jóvenes están sobrerrepresentados, implicando un efecto sobre la composición etaria de la periferia aumentador de ambos grupos de edad (8).