En la fase inicial, la información visual prevalece, mientras que posteriormente ésta revestirá cada vez menos importancia en beneficio de la información cinestética. El conjunto de la información elaborada por los analizadores nos permitirá desarrollar las capacidades de coordinación y según Blume (ver cuadro 5), muy en particular las capacidades de:
a) Combinación y aparejamiento de los movimientos. b) Orientación espacio-temporal.
c) Diferenciación cinestética. d) Equilibrio estático-dinámico. e) Reacción motora.
f) Transformación del movimiento. g) Ritmización.
a) La capacidad de combinación y aparejamiento de los movimientos.- Esta capacidad nos permite poder conectar habilidades motoras automatizadas, como por ejemplo, saltar y golpear, avanzar y golpear. En los deportes de combate esta capacidad es fundamental para poder amalgamar las situaciones técnicas, es decir, la combinación de ataques y defensas, sean estas reales (competición), o simuladas (entrenamiento), requieren estas una continuada mezcla de tácticas originales. La coordinación segmentaria forma parte de esta actividad, especialmente cuando hay que coordinar la acción de distintas partes del cuerpo, tales como tronco, piernas, brazos. El propio entrenamiento bilateral. o la formación ambidextra, es un componente de este tipo de coordinación.
b) La capacidad de orientación espacio-temporal.- Es la capacidad que nos permite modificar la posición y el movimiento del cuerpo en el tiempo y en el espacio, con referencia a un espacio de acción definido. Se pone la máxima atención en el movimiento del cuerpo en su conjunto respecto al ambiente externo más que en las partes del cuerpo relacionadas entre sí. En el mismo se distinguen dos formas fundamentales:
1ª.- Respecto a objetos en movimiento, en condiciones relativamente estáticas.
2ª.- Del cuerpo, con respecto a puntos de referencia fijos o móviles.
En el primer caso, la información visual es determinante y la elaboración de la velocidad y las profundidades, prevalecen sobre el resto.
En el segundo caso la información óptica se completa con la información vestibular y cinestética.
La importancia de esta capacidad es notable en los deportes de combate, donde el movimiento del deportista se adapta de manera continua y siempre en base a la situación de la propia competición, especialmente debido a que el espacio de acción es reducido.
En los deportes de combate es esencial y decisiva la orientación espacio-temporal, pero la automatización reduce notablemente el papel del analizador visual e incrementa el de otros analizadores.
c) La capacidad de diferenciación cinestética.- Esta nos permite poder controlar de manera sutilmente diferenciada los parámetros dinámicos, temporales y espaciales del movimiento. Es determinante a la hora de dosificar los impulsos en el suelo y de adaptarse a nuevos regímenes de tensión.
La misma capacidad de relajamiento muscular puede considerarse como una forma de expresión de esta capacidad.
Esa determinante en todos los deportes en los que hay que adoptar posturas o realizar técnicas de valoración táctica, como son por ejemplo las Artes Marciales, en su desarrollo técnico-táctico, fundamental (kata o Pumse).
Desempeña un notable papel en todos los aprendizajes de la técnica fundamental y en la ejecución motora de cualquier ejercicio, en cuanto es determinante para producir tensión, en la intensidad adecuada, modificación angular y en la aceleración de las partes del cuerpo.
d) La capacidad del equilibrio estático-dinámico.- Es la capacidad de mantener el cuerpo en posición de equilibrio, y de recuperarlo después de amplios movimientos. Es determinante en el caso de movimientos y variaciones repentinas de los punto de apoyo, aceleraciones y deslizamientos o desplazamientos.
En el caso del mantenimiento del equilibrio, desempeñan un papel muy importante las capacidades cinestéticas y de fuerza, además de las capacidades vestibulares, mientras que en las aceleraciones horizontales, angulares, rotatorias o verticales asume una importancia fundamental el analizador vestibular.
e) Las capacidades de reacción motora.- Estas nos permiten poder responder a estímulos, ejecutando acciones motoras adecuadas como respuestas a una señal. Pueden clasificarse en forma de tipo simple, es decir, de reacción a señales previstas y conocidas, con movimientos ya preparados y unívocos, y en forma de tipo complejo para estímulos, de todas las formas, así como no conocidos y no previstos, y con una amplia gama de respuestas posibles. La primera forma de capacidad de reacción es menos entrenable que la segunda, la cual depende en gran medida del aprendizaje, y por tanto de la experiencia.
f) La capacidad de transformación de los movimientos.- Esta hace posible adaptar o transformar el programa motor de la propia acción sobre la base de variaciones de situación repentinas y del todo inesperadas, de tal naturaleza que requieren una interrupción del movimiento, como ocurre en la practica del entrenamiento. Esta capacidad se encuentra estrechamente conectada con las capacidades de orientación y de reacción.
g) La capacidad rítmica.- Es la capacidad de organizar cronológicamente las prestaciones musculares en relación al tiempo y al espacio.
Forma asimismo parte de la capacidad de adaptación a un ritmo externo y de la posibilidad de cambiarlo.
Es fundamental en el aprendizaje de la gran mayoría de los movimiento técnicos y de las situaciones tácticas en las que es necesaria la variación del ritmo sin necesidad de mayor gasto de energía.
* RELACIÓN ENTRE CAPACIDADES MOTORAS, HABILIDADES
MOTORAS Y CAPACIDAD DE COORDINACIÓN.
La relación entre capacidades condicionales y de coordinación y habilidades motoras reviste un papel esencial en el planteamiento técnico-metodológico y nos permite comprender la relación existente entre rendimiento deportivo en un deporte o una disciplina y el desarrollo en sí, de las capacidades motoras.
Las habilidades motoras son formas de movimiento específico, las cuales dependen de la experiencia, y que asimismo se automatizan a través de las repeticiones. Sin embargo, las habilidades motoras se estructuran sobre la base de las capacidades motoras, sobre todo de las de tipo coordinativo y que condicionan ampliamente tanto el nivel de rendimiento como la finura de expresión de las mismas. Al mismo tiempo, sin embargo, las experiencias motoras y en particular las habilidades motoras, son el instrumento fundamental para el desarrollo de las capacidades motoras.
En general, el nivel de las capacidades de coordinación es proporcional al número de situaciones en las que el deportista se ha encontrado.
Las informaciones recogidas por los analizadores son esenciales, en el plano motor, para construir una habilidad a través de pruebas, repeticiones y correcciones, basadas principalmente en las instrucciones del entrenador o profesor, y a métodos de información objetiva y subjetiva de diversos tipos (audiovisuales, plataformas de fuerza, autoevaluaciones, espejos, etc.). Evidentemente, las capacidades de selección estricta de los analizadores es una premisa funcional para los niveles de producción de las capacidades de coordinación.
De hecho, si una habilidad motora, por ejemplo el desarrollo de una técnica en equilibrio, requiere para ello y en si misma una capacidad de equilibrio, es decir, una capacidad de coordinación, la misma habilidad se adquiere y desarrolla de forma más rápida, si esta capacidad la posee un deportista con un alto nivel de recepción coordinativa.
Las variaciones situacionales introducidas y posibles complicaciones progresivas, por ejemplo, el desarrollo de una técnica en equilibrio sobre un tapiz excesivamente blando o una superficie irregular, son por si mismas, muy positivas y estimulantes, debido principalmente a que se adquiere una mayor capacidad del citado equilibrio. De estos ejemplos, podemos deducir que las habilidades motoras desarrollan las capacidades de coordinación, pero estas últimas constituyen la premisa fundamental para adquirirlas, perfeccionarlas y combinarlas.