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LA CLASIFICACIÓN DE LAS CAPACIDADES DE RESISTENCIA.

In document ENTRENAMIENTO (página 151-153)

La clasificación de la resistencia puede hacerse según distintos criterios; en base a la metodología, al tipo de trabajo, la duración, la intensidad, el tiempo de recuperación, y sus modalidades. A continuación examinaremos, las diferentes hipótesis a aplicar.

La clasificación basada en criterios de tipo biológico es de notable utilidad en la metodología del entrenamiento, por cuanto aquellos figuran entre los mas estudiados y constituyen una significativa ayuda en la práctica. Otras clasificaciones se fundamentan en criterios topográficos, distinguiendo la resistencia general o local en relación a las zonas musculares implicadas en el ejercicio de especificidad, de manera que se tiene una resistencia general o especial con respecto a los objetivos y al deporte practicado, según predominen mas o menos los diferentes mecanismos metabólicos implicados (aeróbico y anaeróbico), o en base a la duración (breve, media y larga) y al nivel de relación con las demás capacidades motoras, (resistencia a la fuerza, resistencia a la velocidad, fuerza veloz-resistente).

En la clasificación basada en criterios topográficos, para determinar la resistencia local se hace referencia a un trabajo motor en el que interviene una cantidad de músculos inferior a 1/7 de la masa muscular total (téngase en cuenta que la masa muscular de una extremidad inferior equivale aproximadamente a 1/6 de la masa muscular total). La utilidad de esta clasificación estriba en que facilita el dato de en que medida se ve implicado el sistema cardiocirculatório, que es proporcional a ó cantidad de músculos vinculados a la actividad y, al propio tiempo, apunta la existencia de un problema prevalentemente local, lo cual es de cierta utilidad a la hora de individualizarse criterios de propedéutica en el entrenamiento. Por otra parte, la resistencia se ve limitada tanto por factores centrales tales como el sistema cardiovascular y el respiratorio, como por la utilización periférica del oxígeno. Por lo demás, es este uno de los puntos centrales del debate en multitud de países, acerca de

la interpretación de los factores que limitan la resistencia. Esto conduce también a atribuir un valor distinto a datos científicos o a tests de evaluación que midan parámetros muy generales como, por ejemplo, el ritmo cardíaco. En esta capacidad motora, el papel de los mecanismos energéticos aparece como netamente dominante y en relación a la duración del ejercicio o a las distancias recorridas en las distintas disciplinas, se puede fijar la importancia relativa de los distintos mecanismos de suministro de la energía (aeróbico-anaeróbico, lactoácido y alactoácido) a efectos del rendimiento. Por lo demás, las reservas de energía son diferentes, como también lo son las cantidades de energía para cubrir las distintas distancias.

El mecanismo anaeróbico, que no requiere la utilización de oxígeno para ser activado, puede dividirse en dos procesos distintos: alactoácido (es decir, que no comporta la producción de ácido láctico) y lactoácido (que se basa en la escisión glicolífica de la glucosa obtenida a partir de la destrucción de la glucosa acumulada). Los "fosfágenos" de reserva, (ATP y CP) los cuales permiten el mecanismo lactoácido existen en cantidades muy limitadas, tanto, que estos se encuentran presentes en los músculos en cantidad suficiente para recorrer una distancia máxima de 105 m.

No obstante la potencia suministrada utilizando al máximo el mecanismo alactácido es la máxima que puede alcanzar el músculo y corresponde a unos 2'5 kw. El mecanismo lactoácido resulta ser mucho más capaz que el mecanismo basado en los fosfágenos, pero con todo, es menos potente y queda limitado, no porque se haya agotado el substrato (glicógeno) sino mas bien por la acumulación del producto (ácido láctico). El glicógeno puede utilizarse, sin embargo, si el suministro de la potencia requerida es limitado, mediante la vía de oxidación para producir energía con el mecanismo aeróbico; de esta forma el glicógeno proporciona una notable cantidad de energía de más con respecto al mecanismo lactoácido (en una proporción aproximada al 16:1) y se ha calculado que el glicógeno disponible normalmente en los músculos puede ser suficiente para recorrer una distancia de 25 km. (hipotizando una utilización energética exclusivamente de los carbohidratos). En individuos entrenados, y sometidos a dietas especiales, la cantidad de glicógeno acumulado puede incluso aumentar al doble. Sin embargo, el glicógeno resulta ser de fundamental importancia, no sólo para el aprovisionamiento energético muscular, sino también para la hemostasis glícida del organismo. Mantener un grado de glicemia lo suficiente alto como para garantizar plenamente la eficiencia de las funciones cerebrales (y, por tanto, de las capacidades tácticas, de coordinación y precisión) depende de la cantidad corporal de glicógeno y, en especial, del hepático. La disminución de glicemia que conlleva el ejercicio es uno de los factores que condicionan la resistencia prolongada. El mecanismo aeróbico puede, con todo, utilizar además del glicógeno también las grasas. Estas constituyen la mayor reserva de substratos del organismo pero la movilización de las mismas desde el tejido adiposo hacia el músculo se encuentra regulada de manera compleja y requiere adaptaciones específicas por parte del deportista. En cualquier caso, la utilización de las grasas requiere un cierto grado de activación del metabolismo de los azúcares; las fibras blancas los usan de modo escaso, mientras que las rojas son capaces de utilizarlos con un ritmo 2 ó 3 veces superior.

Individuos bien entrenados utilizan mejor las grasas, con todo, el empleo de estas últimas requiere más oxígeno, con la consiguiente mayor implicación del sistema cardiocirculatório y respiratorio; a medida que el trabajo prosigue, en una prestación

muy prolongada y de poca intensidad, el papel energético de las grasas aumenta porque el glicógeno se ha agotado.

Incluso las proteínas parecen tener un papel energético, aunque marginal, además del fundamental de estructura; sin embargo, en virtud de su función fundamentalmente plástica, si bien representan más del 20% del peso corporal, no se producen verdaderas acumulaciones con finalidades energéticas. Las proteínas, con todo, desempeñan un papel fundamental en relación al continuo desgaste y reconstrucción de las estructuras que trabajan.

El gasto energético en las distintas disciplinas resulta relativamente elevado sobre todo en aquellas que requieren un elevado suministro de potencia en momentos muy concretos y disminuyen lógicamente de manera progresiva en los que necesitan potencias poco importantes.

En relación a la complejidad del mecanismo de control de producción energética, se puede resaltar que el papel de los tres mecanismos distintos puede, aunque sea en una sustancial continuidad, adquirir diversas características de prevalencia. En las pruebas de breve duración y gran intensidad, tienen gran importancia los fosfágenos; a medida que disminuye la intensidad y aumenta la duración se produce una implicación del proceso aeróbico.

* BREVE ANÁLISIS DE ALGUNOS FACTORES FISIOLÓGICOS

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