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CAPÍTULO IV. INDUSTRIA NAVAL Y MARINA MERCANTE DESAFÍOS EN EL

4.3 Claudio López Brú (1853-1925), segundo marqués de Comillas

Claudio López Brú nació el 14 de mayo de 1853 en Barcelona y falleció el 18 de abril de 1925 en Madrid. Era el menor de los cuatro hijos de Antonio López y López, primer marqués de Comillas y de su esposa Luisa Brú Lassús; cuando aún no había cumplido cuatro años de edad, su padre había fundado la naviera Antonio López y Cía., germen de la futura Compañía Trasatlántica.

Como corresponde a su posición social, recibió una selecta educación en la que estudió Derecho en la Universidad de Barcelona y a su término viajó por Francia y Gran Bretaña para completar los estudios empresariales, lo que habría de permitirle una preparación adecuada cuando llegó el momento de asumir la dirección de los negocios familiares agrupados en el poderoso grupo empresarial. Ese papel estaba reservado inicialmente para su hermano Antonio, pero fallecido éste muy joven, le correspondió al joven Claudio asumir dicho destino por indicación expresa de su padre.

El 28 de mayo de 1881 contrajo matrimonio en Barcelona con María Gayón Barrié, una joven que entonces tenía 17 años, con quien no tuvo descendencia debido a su voto de castidad y fidelidad a la

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Iglesia. En enero de 1883, al producirse el fallecimiento repentino de su padre26, heredó el título

nobiliario que le convirtió en grande de España y se puso al frente del imperio económico gestado en el transcurso de las tres últimas décadas y que le habían situado en primera posición del panorama nacional de la época. A pesar de su salud débil, supo fortalecer la trayectoria empresarial con la creación de nuevas empresas, como hemos detallado en el transcurso del epígrafe dedicado a Trasatlántica. Estuvo muy ligado al sacerdote y poeta catalán Jacinto Verdaguer, quien había sido contratado en 1876 como capellán de la naviera y era el encargado de distribuir las cuantiosas limosnas de su mentor. En

agradecimiento a su mecenazgo éste le dedicaría La Atlántida, considerada su obra capital.

Todas las fuentes consultadas le señalan como un claro ejemplo del paternalismo empresarial en la España de finales del siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX, además de un ferviente defensor del cristianismo social, abanderado de la acción social de la Iglesia católica de la época. En el último cuarto del siglo XIX, la iniciativa de los marqueses de Comillas posibilitó el nacimiento y consolidación de un grupo empresarial formado por empresas financieras, navieras, ferroviarias, aseguradoras, comerciales, agrarias, industriales y mineras. Además de Compañía Trasatlántica, destacan el Banco Hispano Colonial, Banco de Crédito Mercantil, Compañía General de Tabacos de Filipinas, el astillero de Matagorda, el arsenal civil de Barcelona, la Refinería Colonial de Badalona y

un variado número de sociedades mercantiles27, entre las que figuran actividades mineras y la posesión

de inmensos territorios que sumaban en total unas 23.000 hectáreas.

En 1891 el papa León XIII (1878-1903) publicó la encíclica Rerum novarum (Acerca de las nuevas

cosas), que servirá de guía espiritual a Claudio López Brú y se convertirá en el fundamento de las

relaciones laborales de su grupo empresarial. Esta visión de las relaciones entre patronos y trabajadores colisionaría frontalmente con los planteamientos del incipiente socialismo revolucionario español. En 1895, Claudio López fundó la Asociación General para el Estudio y a Defensa de los Intereses de la Clase Obrera y posteriormente el Consejo Nacional de Corporaciones Católicas. Las ideas paternalistas de Claudio López le llevarán a crear un modelo empresarial en el que tendrá cabida las mutualidades, cooperativas, economatos, escuelas para los hijos de sus obreros, retiros, casas baratas y pensiones. En 1864, durante el transcurso del Congreso Católico celebrado en Tarragona, López diseñó el Plan de Acción Católica y la redacción de su reglamento. A partir de entonces, la implicación del marqués en la evolución del movimiento apostólico laico será plena, formando parte activa de sus órganos directivos.

Para amplificar su acción dispondría de un periódico, El Universo, cuyo coste sería sufragado

íntegramente por la hacienda particular del marqués de Comillas. En esa línea de actuación, en 1893 promovió una peregrinación de obispos a Roma, a su costa, haciendo el viaje a bordo de los vapores

Menorquín y Bellver. Otra oportunidad que refleja el compromiso se advierte cuando con motivo de un

terremoto ocurrido en el sur de Italia, Claudio López puso el buque Cataluña a disposición del Vaticano,

para el traslado de los heridos a Civitavecchia.

Claudio López se mostró incansable en su aliento y propósito cristiano y siguió con la labor que le había encomendado el papa, que él asumió como una cuestión personal, para lo que sostuvo económicamente las actividades del padre Vicent, apóstol del catolicismo social en España, en proyectos como la creación de las Corporaciones Católicas Obreras y el Banco de León XIII.

26 El fallecimiento de Antonio López sorprendió a su hijo Claudio recuperándose de una tuberculosis en Caldetas, al parecer contraída en una cacería con el monarca Alfonso XIII; la dolencia se agravaría de tal modo que el doctor Robert le pronosticaría apenas dos meses de vida, aunque la débil salud del segundo marqués de Comillas se recuperaría con frecuentes altibajos hasta su fallecimiento en 1925.

27 Entre las que cabe citar las siguientes: Olalde y Cía., J. Puigdollers y Cía. Sociedad en Comandita y Pedro Pladellorens y Cía.

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Unos meses antes de la publicación de la encíclica de León XIII habían terminado las obras del seminario de Comillas, germen de la futura Universidad Pontificia, que habían sido sufragadas por Claudio López. El proyecto del seminario había sido iniciado por Antonio López en 1881, a instancias del jesuita Tomás Gómez Carral, quien le animó a la fundación de un seminario de pobres, cuyas obras dieron comienzo en 1882. Tras el fallecimiento de su mentor, el proyecto sería continuado y terminado por su hijo

Claudio. El seminario adquirió naturaleza jurídica a través del Sempternam Dominici Gregis, expedido

el 16 de diciembre de 1890 por el papa León XIII.28 El 10 de julio de 1891, Claudio López firmó el acta

de fundación y su donación a la Santa Sede y en enero de 1892 abriría sus puertas. Sería en 1904 cuando el papa Pío X lo elevó a Universidad Pontificia con capacidad para otorgar los grados académicos en las

Facultades de Filosofía, Teología y Derecho Canónico.29

Similar actuación se produciría en 1893, cuando se produjo la explosión del buque Cabo Machichaco

en el puerto de Santander. El 3de noviembre del citado año se encontraba atracado en el puerto de la

capital cántabra con una carga variada y 43 toneladas de dinamita en 1.720 cajas que no habían sido declaradas. A mediodía, una explosión accidental de una bombona de ácido sulfúrico provocó un incendio a bordo que se propagaría con rapidez y sin posible control. Las tripulaciones de otros buques

atracados en el puerto acudieron en su ayuda y entre ellos personal del buque Alfonso XIII, de

Trasatlántica, liderados por el capitán Francisco Jaureguizar Cagigal y el inspector de la compañía en el puerto cántabro, Francisco Cimiano. El incendio atrajo a numerosos curiosos para seguir el curso de los acontecimientos cuando se produjo una violenta explosión en la bodega de proa donde se encontraba la dinamita. La onda expansiva fue de tal importancia que causó daños gravísimos en unos sesenta

edificios, la muerte de 575 personas y unos cuatro mil heridos de diversa consideración.30

Desde el momento en el que Claudio López conoció la noticia, gestionó la salida de un tren especial desde Barcelona para desplazarse hasta Santander y dirigió personalmente los servicios de Trasatlántica a las labores de las autoridades locales y del Gobierno. El saldo de la tragedia sería igualmente doloroso para la compañía: 36 muertos, incluidos el capitán Jaureguizar y el inspector Cimiano y la pérdida del

buque Alfonso XIII. El apoyo dado por Claudio López sería ampliamente reconocido por la ciudadanía

santanderina y la prensa de la época, que promovieron nuevos reconocimientos nobiliarios que el interesado declinaría.

En 1894 tuvo ocasión de demostrar ante León XIII la potencia de la actividad que realizaba en su entorno. Aceptó la sugerencia del arzobispo de Valencia y asumió la organización, que financió en su mayor parte, de la gran peregrinación de obreros españoles a Roma, verdadera prueba de la vitalidad de la Acción Social española y del movimiento obrero católico frente a liberalismos, anarquismos y socialismos. Unas fuentes dicen que en sus barcos viajaron 18.000 obreros peregrinos, tres años después

de la Rerum Novarum, para agradecer al Papa su preocupación por la “cuestión social” y las soluciones

ofrecidas por la más alta autoridad católica, y felicitar a León XIII en el cincuentenario de su ordenación sacerdotal. El “Papa de los obreros” aprovechó la peregrinación española para beatificar a los apóstoles de Andalucía, el padre maestro Ávila y fray Diego de Cádiz.

Ese mismo año, después de la celebración en octubre del IV Congreso Católico Nacional Español,

celebrado en Tarragona, la Junta Central de los Congresos Católicos, creada en 1888, se transformó en

28 Claudio López mantuvo una excelente relación con el Papado, no sólo con León XIII sino también con Pio X, Benedicto XV y Pío XI. PAPASOGLI, ibídem, p. 137.

29 Desde entonces y hasta 1956, la obra del marqués de Comillas aportó un cardenal, seis arzobispos, veinte obispos, doce jueves diocesanos, tres jueces de la Rota, veinte catedráticos, 287 canónigos, 311 prelados y un director general de las Obras Pontificias Misionales.

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Junta Central de Acción Católica, de la que Claudio López fue nombrado vicepresidente, cargo que el

marqués de Comillas desempeñó durante treinta y un años, hasta su fallecimiento.31

La autoridad del marqués de Comillas era suprema e incuestionable y existen multitud de testimonios abrumadores, como se puede apreciar en la numerosa correspondencia que se conserva en diversos archivos. Entre 1883 y 1925 Claudio López ejerció un control absoluto sobre cada una de las empresas del conglomerado Comillas, a quienes en Barcelona conocían como “los trasatlánticos”, con lo cual estaba informado de todo y le correspondía dar el visto bueno e incluso, la toma de decisión final, lo que ponía de manifiesto la escasa capacidad de delegación, en todo circunscrita a su círculo más íntimo. En el caso de Compañía Trasatlántica, Claudio López resolvía las sanciones a trabajadores y pensionistas y, al mismo tiempo, cuando visitaba cualquiera de sus empresas, hacía gala de su magnanimidad recibiendo todo tipo de peticiones, dispensando favores más como un señor feudal que como un empresario capitalista del siglo XIX.32

En reconocimiento a su destacada labor social, Claudio López fue “uno de los hombres más condecorados del mundo”, pues estaba en posesión, entre otras, de las cruces de Beneficencia, Mérito Militar y Carlos III. Su militante papel en beneficio de la acción social católica, hicieron que Claudio López recibiera las dos más altas condecoraciones pontificias: la Orden de la Milicia Áurea, Espuela de Oro, Encomienda de San Gregorio Magno y la Orden Suprema de Cristo. En 1913 fue condecorado por

el rey Alfonso XIII con el Gran Collar de la Orden del Toisón de Oro.33 Poseía, además, Grandeza de

España de primera clase con cargo de Gentilhombre de Cámara; Orden de Carlos III, Gran Cruz de Isabel la Católica y otras condecoraciones militares. En 1925 López desempeñó el cargo honorífico de comisario regio de la Exposición Universal de Barcelona. Fallecido el 18 de abril del citado año en Madrid, dos días después sería enterrado con gran pompa en la capilla panteón del palacio de Comillas, siendo trasladado el 19 de abril de 1953 a la iglesia de la Universidad Pontifica de Comillas.

Paradigma de un paternalismo social muy concreto, en noviembre de 1948 la Iglesia católica le abrió causa de beatificación, que fue secundada por el general Franco y a partir de 1952 intensificada desde

la Universidad Pontificia de Comillas34, aunque no se ha resuelto por la autoridad eclesiástica. Al morir

sin descendencia, el título y el control de los negocios pasó a su sobrino Juan Antonio Güell y López, hijo de Eusebio Güell.