Figura 31 Porte de armas declaradas por estudiantes 2007 – 2009 Fuente: Tercera encuesta nacional de violencia en el ámbito escolar 2009 P 31.
3.4. El clima escolar
El clima escolar, “se define como un conjunto de valores y comportamientos que constituyen el “ethos” del centro” (Blaya, 2012, p. 40), así como la “experiencia de vida escolar que se manifiesta en percepciones, expectativas, actitudes de los estudiantes frente a todo lo que comprende el colegio” (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2013, p. 97), factor fundamental para percibir las relaciones que entre maestros/alumnos y alumnos/alumnos puedan presentarse, junto con la percepción de comportamientos violentos.
Las condiciones desfavorables y violentas que caracterizan el entorno, influyen en condiciones de victimización y clima escolar negativo, en la medida que “la escuela es también el espejo de lo que pasa afuera: la sensación de inseguridad y la violencia no hacen un alto a la entrada de las escuelas” (Blaya, 2012, p. 3), como lo evidencia la encuesta de Clima Escolar y Victimización en Bogotá para el año 2013, donde un factor para analizar el clima escolar es la percepción que de las agresiones se tenga al interior de la escuela, como lo expresa la gráfica, en la cual se comparan los resultados de las encuestas aplicadas en el 2006 y el 2011 respectivamente:
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Figura 32. Estudiantes que han visto dentro del colegio que otras personas ofendieran o le
pegaran, durante el mes pasado. Fuente: Clima escolar y victimización en Bogotá, 2013
Encuesta de convivencia escolar. 2013. P 47.
De igual forma, las garantías que al interior de las instituciones educativas se presentan para que los estudiantes expresen opiniones u orientaciones sexuales diversas, resulta significativo, en la medida que estas acciones no generen un ambiente escolar hostil e incómodo, y donde el clima que en ella se presente no atente contra la integridad personal o emocional; la encuesta de clima escolar desarrollada en Argentina y dirigida a jóvenes LGBT (2016), expuso al indagar sobre los niveles de incomodidad o inseguridad que los estudiantes expresaban al manifestar algún tipo de característica personal, los siguientes resultados:
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Figura 33. Porcentaje de Estudiantes LGBT que se sienten inseguros/as en la escuela
debido a las características personales reales o percibidas. Fuente: Encuesta de clima
escolar en Argentina dirigida a jóvenes LGBT. Argenina.2016. P 12.
Cuando los estudiantes se sienten inseguros o incómodos en la escuela pueden optar por evitar las áreas o actividades particulares donde se sienten más incómodos o pueden sentir que necesitan evitar ir a la escuela por completo. Por lo tanto, un ambiente escolar hostil puede afectar la capacidad de un estudiante LGBT a comprometerse y participar con la comunidad escolar en su totalidad. (Diversidad y derechos, 2016, p. 11)
En este sentido “la teoría del clima escolar supone que ciertas características del colegio determinan los parámetros de un comportamiento aceptable entre estudiantes, profesores y directivos y le asignan al establecimiento responsabilidad sobre las condiciones de seguridad a su interior. Cuatro dimensiones componen el clima escolar: cultura escolar, estructura organizacional, trasfondo de la comunidad escolar y entorno físico del colegio” (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2013, p. 33), un factor que también entra a determinar el clima escolar y su percepción, está caracterizado por el proceso enseñanza – aprendizaje y las prácticas sociales que puedan fomentar la violencia al interior de las aulas, debido a que “son los escolares que sufren violencia los que se sienten más inseguros en la escuela. Son los escolares victimas de sus compañeros los que tiene la percepción más negativa sobre todas las dimensiones del clima” (Blaya, Debarbieux, del Rey Alamillo, y Ortega, 2006: 110).
El clima escolar, el cual está determinado por aquellas condiciones que caracterizan a la escuela como un escenario de encuentro, donde acuerdos y desacuerdos están presentes, donde confluyen intereses individuales o colectivos que muchas veces provienen de condiciones externas a los centros educativos, pero que terminan afectando las dinámicas de los mismos, en esta medida, “el clima escolar es la variable que mayor influencia ejerce sobre el rendimiento de los estudiantes. Por tanto, la generación de un ambiente de respeto, acogedor y positivo es esencial para promover el aprendizaje entre los estudiantes” (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2013, p. 95); es así, como las condiciones al interior de la escuela, determinan el ambiente y la percepción que de ella se tenga, desarrollando de esta forma las dinámicas y acciones, bien sea para hacer parte de la misma o para excluirse.
158 3.5. Convivencia escolar
Hablar de la escuela como escenario de encuentro en el cual confluyen intereses y motivaciones expresas por los agentes que directa o indirectamente se relacionan con este espacio educativo, implica analizar las dinámicas generadas por la relaciones sociales presentes en la interacción cotidiana determinando conductas y pautas de comportamiento, de esta forma emerge la convivencia que en el ámbito escolar la podemos definir como la “coexistencia armónica de los miembros de la comunidad educativa, que supone una interrelación positiva entre ellos y permite el adecuado cumplimiento de los objetivos educativos en un clima que propicia el desarrollo integral de los estudiantes» (Ley sobre Violencia Escolar, 2011, párrafo 3, artículo 16); en este sentido, el aprender a vivir en comunidad y el establecer relaciones basadas en el respeto y el reconocimiento por el otro van a ser elementos importantes a la hora de hablar de convivencia en el contexto escolar, máxime si en el informe presentado a la Unesco en 1996 por parte de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, se exponía como pilar fundamental de la educación el de “Aprender a vivir juntos”, el cual se hacía expreso “desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia -realizar proyectos comunes y prepararse para tratar los conflictos- respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz” (p. 34).
El convivir implica reconocer que hay otros con los que se debe desarrollar este proceso, y que para ello es necesario acudir a un factor importante como lo es el respeto, en términos de reconocer la diferencia y la diversidad que en una comunidad se puede presentar, de esta forma “ la convivencia surge como la necesidad de que la vida en común, que acontece en todos los escenarios de la educación escolar y en el entramado de todos los sistemas de relación (profesorado/alumnado, relaciones entre los propios escolares, y relaciones familia/escuela), discurra con pautas de respeto de los unos sobre los otros” (Del rey, Ortega y Feria, 2009, p. 161); en aras de generar pautas de comportamiento basadas en la solidaridad y el reconocimiento de la diversidad como elemento importante en la potenciación de habilidades sociales que conlleven a la generación de una sana convivencia.
El desarrollo de habilidades cognitivas, sociales y emocionales resulta determinante en el momento de generar espacios de concertación y diálogo en situaciones que inmersas dentro de la cotidianidad educativa, tienden a desencadenar diversos conflictos que hacen parte del contexto escolar en el que terminan inmersos los diferentes agentes, es así como en la escuela “la participación, la capacidad de escuchar y compartir opiniones hacen de este espacio un lugar de
159 vivencia y de práctica democrática, donde «aprender a convivir» es un eje central. De allí que la responsabilidad por la convivencia escolar en el establecimiento educacional sea de todos quienes participan en ella. En la escuela los/las estudiantes aprenden sobre la vida y aprenden a convivir, siempre que este ambiente sea propicio para desarrollar sus capacidades, habilidades, competencias y talentos” (Sandoval, 2014, p. 168); de esta forma, el propender por el desarrollo de relaciones pacíficas es uno de los propósitos fundamentales que por medio de la convivencia en el espacio escolar se ha propendido en las últimas décadas, donde las relaciones que se establecen y las acciones que orientan dicho proceso no parten de un solo individuo, si no que tienen que representar las dinámica de una colectividad.
En este orden de ideas, la convivencia escolar es una construcción colectiva, caracterizada por “valores y reglas comunes” (Magendzo, Toledo y Gutiérrez, 2012), donde todos los agentes educativos están involucrados en su ejecución, quienes mediante el uso de la comunicación asertiva, aportaran a la consolidación de escenarios acordes para expresar discrepancias y diferencias, de una forma racional, sin el uso de múltiples formas de violencia, “… se requiere de una relación profesor – estudiante fundada en el diálogo, donde la argumentación se utilice para convencer razonadamente al otro o para persuadir a los otros sobre la validez de alguna posición sustentada” (Magendzo et al, 2012, p. 386 – 387); cobra vital importancia en este sentido los procesos interpersonales e intrapersonales que al interior de la escuela se desarrollen, en la medida de verse reflejados en el accionar de la comunidad educativa en los diferentes escenarios sociales con los que interactúa cotidianamente, competencias ciudadanas que son definidas como las “competencias básicas que se definen como el conjunto de conocimientos y habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas que, articuladas entre sí, hacen posible que los ciudadanos y ciudadanas actúen de manera constructiva en una sociedad democrática” (Ley de Convivencia Escolar 1620, 2013, artículo 2).
Diversos enfoques van a estar presentes en el momento de comprender y analizar la convivencia en escenarios escolares, en aras de la propensión por la construcción de espacios inclusivos, en los que la participación sea un elemento fundamental en la elaboración de acuerdos sociales direccionados a la búsqueda de estrategias y acciones tendientes a propender por el respeto y la inclusión del otro.
Los enfoques son los prismas por los que se hace necesario comprender y gestionar la Convivencia Escolar, entendiéndolos como los énfasis que importa posicionar en cada una
160 de las acciones que promuevan la formación en Convivencia Escolar. Estos enfoques se potencian entre sí, entregando una lectura más amplia e integradora de los procesos de construcción de la Convivencia Escolar, que entran en juego los énfasis desde donde observamos, comprendemos e intencionamos el quehacer de la Convivencia Escolar. (Ministerio de Educación, 2015, p. 28)
El enfoque formativo “busca empoderar a las escuelas y a las comunidades que las rodean con información y mecanismos para que puedan participar en resolución de temáticas de violencia escolar” (López, 2015, p. 10), pero no solo quedarse en el conocimiento de determinadas situaciones, ya que también “implica comprender y relevar que se puede aprender y enseñar a convivir con los demás, a través de la propia experiencia de vínculo con otras personas” (Ministerio de Educación, 2015, p. 28), donde la formación ciudadana y la búsqueda de desarrollar en los estudiantes una educación integral, serian insumos importantes a la hora de brindar herramientas académicas y vivenciales frente a la respuesta a situaciones que no estén enmarcadas dentro de una sana convivencia; es así como el caso de Colombia es visibilizado por López (2015) en un informe para la UNESCO como uno de los países en la región que por medio del desarrollo de las competencias ciudadanas ha logrado por medio del enfoque formativo llevar un análisis más profundo sobre el nivel de convivencia en las escuelas, al respecto nos dice el informe:
Un caso excepcional es el de Colombia, país que en esta última década desarrolló estándares para la formación ciudadana, a través de la modalidad de competencias ciudadanas. Las competencias son formas de saber y saber hacer en la vida cotidiana. Las competencias ciudadanas prescritas en el currículo colombiano orientan la formación – indican un “norte” a seguir– con énfasis hacia el ejercicio civil más que en los conocimientos cívicos. Así, se entiende que competencias como el manejo de la ira, la empatía, la toma de perspectiva, la generación creativa de opciones, la consideración de las consecuencias, el pensamiento crítico, la escucha activa y el asertividad, son relevantes para “blindar a la escuela” de agresiones escolares y otras formas de violencia escolar, a la vez que permiten “formarse” como ciudadano(a) (Chaux, 2012). (López, 2015, p. 6-7)
Se evidencia que la convivencia ciudadana hace parte también de la organización temática presente en las escuelas y debe tener la misma importancia que los demás contenidos curriculares que niños y niñas reciben a diario, esta “es un aprendizaje comprendido en el currículum y, en tal categoría, posee una intencionalidad pedagógica que está asociada a los objetivos de aprendizajes
161 que se deben identificar, planificar y evaluar como cualquier otro aprendizaje indicado en el currículum nacional” (Ministerio de Educación, 2015, p. 28).
El enfoque basado en derechos “considera a cada uno de los actores de la comunidad educativa como sujetos de derechos, que pueden y deben ejercerse de acuerdo a la legalidad vigente. Este enfoque considera a cada sujeto como un ser humano único y valioso, con derecho no solo a la vida y a la supervivencia, sino también a desarrollar en plenitud todo su potencial; reconoce también que cada ser humano tiene experiencias esenciales que ofrecer y que requiere que sus intereses sean considerados” (Ministerio de Educación, 2015, p. 29), en esta medida entra a jugar un papel determinante la legislación que a nivel internacional se ha estipulado (ONU, 1948; CDN, 1989) en cuanto al reconocimiento de los derechos individuales y colectivos, frente al uso de los mismos en determinados escenarios sociales; de esta forma, la escuela como institución social propende por la potenciación de “los procesos cognitivos, afectivos, emocionales y sociales que se desarrollan en las aulas y fuera de ella, son los que van articulando el conjunto de hábitos, conductas, actitudes y valores que componen la personalidad de los niños y jóvenes y cuyo desarrollo óptimo favorece la construcción de personalidades críticas, sanas y equilibradas moralmente” (Sandoval, 2014, p. 166), capaces de ofrecer ambientes tolerantes e inclusivos en aras del respeto por el otro y del reconocimiento de sus derechos.
Remitirse a la convivencia escolar, implica pensar o diseñar estrategias que acordes con el contexto social y educativo busquen prevenir posibles o futuras situaciones que puedan atentar contra ella, en esta medida el enfoque preventivo “se entiende como la preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo” (Ministerio de Educación Nacional, 2013, p. 89), buscando preparar a los estudiantes en cuanto a la toma de decisiones asertivas y al desarrollo de una convivencia pacífica, en donde el diálogo y el reconocimiento la diversidad sean pilares fundamentales; en el marco jurídico de la Ley de convivencia escolar estipulada en Colombia para el año 2013:
… se considera que la prevención busca intervenir oportunamente en dinámicas y comportamientos que podrían afectar el ejercicio de los DDHH, DHSR y la convivencia escolar. Es decir, usted adelantará acciones de prevención identificando e interviniendo sobre factores que motivan la ocurrencia de sucesos o que pueden facilitar su repetición. Es así como las acciones de prevención intervienen sobre factores o situaciones que amenazan el ejercicio de los DDHH, de manera que los episodios de vulneración (violencia, discriminación, inequidad, acoso, agresión, censura, autoritarismo, etc.) no escalen y se
162 repitan hasta convertirse en dinámicas relacionales dentro de la comunidad educativa. Lo anterior, para evitar que lleguen a configurar la identidad de las personas que conforman la comunidad educativa o ser parte de la caracterización del contexto. (Ministerio de Educación Nacional, 2013, p. 89)
Este enfoque, propende por el desarrollo del pensamiento autónomo de los estudiantes y de su pensamiento crítico, para que en esta medida tengan la capacidad de discernir las acciones que dirigidas contra otros, pueden llegar a incurrir en situaciones que atenten contra su integridad física o emocional, en esta medida “lo que funciona en materia de convivencia escolar son estrategias sistémicas a nivel de escuela completa, que contemplan acciones en los tres niveles que indica la Organización Mundial de la Salud para las intervenciones psicosociales: un nivel de promoción o prevención primaria, un nivel de prevención secundaria, y un nivel de prevención terciaria” (López, 2015, p. 5).