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1.3. Clima escolar

1.3.2. Clima social escolar: concepto, importancia

Los patrones comunicacionales y relacionales entre los agentes educativos en los escenarios escolares han derivado en conductas desadaptadas y expresiones de agresión, cuya incidencia en los procesos de aprendizaje y de convivencia vienen siendo sustentadas a través de investigaciones en el campo de las ciencias sociales, por lo que el clima social escolar ha sido objeto de estudio de diversas disciplinas entre ellas, la sociología, la psicología, la pedagogía, dado que su complejidad abarca diferentes posturas y maneras de abordaje.

El concepto de clima es definido para el presente estudio como el ambiente social que se vive en un escenario educativo, cuya calidad depende de las características de las relaciones entre los agentes educativos, la organización de las instituciones, las escalas axiológicas el contexto socioeconómico y político donde se inserta (Prado V. y Ramírez L 2009).

El clima escolar se valora por la calidad de las relaciones entre sus miembros y los sentimientos de aceptación y de rechazo de los demás. Un buen clima escolar induce a una convivencia más fácil y permite abordar los conflictos en mejores condiciones. Es un factor que incide en la calidad de la enseñanza que imparte.

Por su parte, Moos, R. y Trickett, E. (1974) para definir el clima escolar se sirvieron de dos variables: los aspectos entre los individuos y las características del entorno donde se desarrollan, el clima surgido a partir de esta igualdad afecta el comportamiento de cada uno de los agentes educativos.

Los autores concuerdan que el clima social de aula es el ambiente social, los autores relacionan las características del entorno, no solamente refiriéndose al lugar sino, a las cosas que este implican.

El desarrollo del concepto de clima escolar tiene como precedente el concepto de “clima organizacional”, resultante del estudio de las organizaciones en el ámbito laboral, a partir de finales de la década del ‟60 (Tagiuri & Litwin, 1968; Schneider, 2005). Este concepto surge

personas en el contexto de las organizaciones, aplicando elementos de la Teoría General de Sistemas2. Provoca gran interés ya que abre una oportunidad para dar cuenta de fenómenos globales y colectivos desde una concepción holística e integradora (Rodríguez, 2008).

Juan Casassus:2010, señala que un clima escolar positivo se correlaciona con altos logros y motivación de los estudiantes, y la productividad y satisfacción de profesores. Este autor dice que el factor más gravitante de lo que ocurre en el aula es el “clima emocional”, vale

decir, la calidad de la relación alumno-profesor, lo que a su vez genera un espacio estimulante, tanto para los aprendizajes educativos, como para la convivencia social.

Vega y Cols. (2008) plantean que en las últimas décadas se ha desarrollado un creciente interés por el estudio del clima organizacional, asociado a su inclusión como indicador de la calidad de la gestión de las organizaciones y, como uno de los elementos básicos para potenciar procesos de mejoramiento al interior de éstas. Estos autores al estudiar el desarrollo del concepto, reconocen 22 definiciones, dando cuenta de las dificultades y discrepancias para precisar el significado de este constructo. Al analizarlas, reconocen cómo se enfatizan las estructuras v/s los procesos de la organización, revelando en distintos grados su carácter objetivo v/s subjetivo.

Por su parte, Cornejo & Redondo (2010), señalan que el clima social escolar se refiere a

“…la percepción que tienen los sujetos acerca de las relaciones interpersonales que establecen en el contexto escolar (a nivel de aula o de centro) y el contexto o marco en el

cual estas interacciones se dan”.

La importancia del clima escolar

Es importante señalar que el estudio del clima social escolar puede centrarse en la institución, y en este caso se puede hablar de clima de la institución; pero también dicho estudio puede centrarse en los procesos que ocurren como micro espacios al interior de las instituciones, como el aula de clases (Molina y Pérez, 2006).

El trabajo de aula en ambientes colaborativos, donde se proponen intenciones de desarrollo de una didáctica fundada en procesos grupales y de participación, implica generar condiciones para que la actividad se resuelva bajo la regulación de ciertos valores que guíen el desenvolvimiento de cada integrante durante la actividad, de manera de cautelar el desarrollo efectivo de: aspectos reguladores de la relación en el trabajo: la participación, la responsabilidad, la autonomía, la creatividad, la comunicación, etc.; la situación centrada en

el trabajo educativo, reconociendo en ello: los contenidos conceptuales, los procedimiento, entre ellos, el seguimiento de patrones de trabajo así como de procesos originales; el logro de competencias complejas frente al conocimiento: reflexionar colectivamente, resolver a partir de un proyecto, argumentar, proponer, etc. (Molina y Pérez, 2006).

Un buen clima escolar favorece la participación, la responsabilidad, la autonomía, la creatividad y la comunicación de los miembros de la escuela. También genera seguridad, garantiza la expresión y el debate, fomenta la confianza en las capacidades, el reconocimiento colectivo de la diversidad de puntos de vista y opiniones y las diferencias individuales, sociales o culturales. Además, contribuye al desarrolle de compromisos que nutren la calidad de la relación interpersonal y de actitudes que articulan y fortalecen las relaciones y la participación de todos como miembros activos del aula.

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