CAPÍTULO 1: ESTADO DE LA CUESTIÓN
1.1. Estudios sobre el discurso digital
1.1.2. De la CMC al discurso digital: delimitación de un campo
A continuación, presentamos una serie de obras colectivas que permite delimitar los intereses principales del campo de estudio del discurso digital. En general, las obras de conjunto que se han editado presentan, por un lado, una introducción y/o epílogo que intenta aprehender la comunicación digital o discurso digital de manera integral y, por otro, una serie de artículos de investigación sobre diversos fenómenos lingüísticos en diferentes plataformas de interacción digital, adoleciendo de miradas de conjunto sobre los fenómenos. Estas contribuciones son estados de la cuestión de la relación entre usos lingüísticos, prácticas sociales y diferentes tipos discursivos digitales que, tal como se señaló, muchas veces desaparecen rápidamente. Por ejemplo, en el libro de Herring (1996a) se encuentran trabajos sobre Internet Relay Chat (IRC), computer conferencing, correo electrónico y comunidades virtuales. Los dos primeros ya han mutado en otras plataformas. Sin desmerecer el trabajo que supone la compilación de estos volúmenes, a nuestro entender, desde una mirada actual, la ausencia de estudios transversales se evidencia como una manifestación de la creencia en una relación demasiado estrecha entre plataforma y usos lingüísticos. Aquí postulamos que, en realidad, los usuarios utilizan estrategias y recursos similares en diferentes plataformas, lo que obliga a pensar cualquier objeto de estudio de la comunicación mediada en relación con el nivel macro del discurso digital.
Dentro de los volúmenes colectivos, entre los que predominan aquellos que se adscriben a la tradición de estudios anglosajona, el que inaugura la serie de las investigaciones empíricas con una orientación lingüística es el de Susan Herring:
Computer-mediated Communication: Linguistic, Social, and Cross-cultural perspectives (Herring, 1996a). Este libro define la CMC y establece una serie de objetos de interés –prácticas sociales en diferentes plataformas comunicativas– que serán atendidos hasta la actualidad (véase, por ejemplo, Mosquera Castro, 2014): entre ellos,
37 se señalan el correo electrónico –además de las listas de correo y los BBS (Bulletin Board Systems)–, mensajería instantánea –o chat– y los desaparecidos MUDs y MOOs. La forma en la que se denomina la variedad utilizada es electronic language, de manera congruente con otras formas de nombrar las unidades de la CMC: electronic message
(en especial, en el artículo de Herring, 1996b), electronic corpus, electronic conversations y electronicexchange, entre otros.
A medida que la relación entre usuarios, dispositivos e interfaces comienza a estabilizarse, surgen diversos trabajos de investigación que van abordando de manera específica cada uno de estos aspectos. A continuación, remitiremos a un conjunto de libros editados más tardíamente.
En 2007 se registra otro aporte en un volumen de conjunto, en este caso, compilado por Brenda Danet y Susan Herring (2007) The Multilingual Internet: Language, Culture and Communication Online, que continúa el trabajo colaborativo de un volumen temático de 2003 del Journal of Computer-Mediated Communication. Además de estos dos volúmenes de Herring, en las obras colectivas sobre la lengua inglesa, destaca
Language and New Media: Linguistic, Cultural, and Technological Evolutions, editada por Charley Rowe y Eva Wyss (2009), cuyo interés reside en describir la variación estilística y la transformación tanto de las prácticas culturales como de las normas en diferentes tipos de textos digitales.
Por su parte, el libro editado por Rotimi Taiwo (2010), Handbook of research on discourse behavior and digital communication, compuesto por dos volúmenes y cincuenta y seis capítulos, presenta un panorama mundial de investigaciones sobre comunicación digital en diversos países. Además de constituir un estado de la cuestión del tema, su objetivo es servir a los lingüistas en los estudios sobre cómo el comportamiento social afecta la comunicación y la estructura lingüística. En la perspectiva planteada se dan también discusiones de orden teórico y metodológico. De estas páginas, destacan para nuestra investigación dos grupos de trabajos: los capítulos sobre la comunicación por SMS y algunos otros relativos a nichos vacantes de la investigación sobre comunicación digital.
En el primer grupo, resaltan las contribuciones sobre la construcción y expresión de la identidad a través del teléfono móvil (ring tones27, wallpaper28 y el aparato en sí) en
27 Por ring tone se conoce al sonido o tono que, en un teléfono móvil, anuncia una llamada entrante o un
38 Australia (Lloyd y Gillard, 2010), sobre la relación entre cuestiones de género y uso de abreviaciones y lengua estándar, cuyos resultados indican que las mujeres son más propensas al uso de formas económicas (Rafi, 2010), y, más específico aún en relación con nuestra investigación, un estudio sobre un corpus de SMS de 31288 palabras para identificar –a través de una herramienta de análisis– los verbos lexicalizados. Este estudio señala que, al ser muestras reales de lengua, las variaciones lingüísticas allí detectadas pueden resultar en un cambio lingüístico (Sotillo, 2010). Por su parte, el capítulo de Akande y Akinwale (2010) se ocupa de las estrategias que utilizan los estudiantes de Nigeria para producir SMS y destaca la importancia de enseñar el lenguaje de los SMS en las escuelas. Por último, la contribución de Odebunni y Alo (2010) aborda el modo en que las implicaturas y las creencias contextuales generan prácticas de SMS intragrupales específicas.
En el segundo grupo, dentro del libro compilado por Taiwo, se recortan contribuciones orientadas desde la pragmática. Por un lado, Ilona Vandergriff (2010) señala el desafío de estudiar el humor en la CMC, debido a que la ausencia de claves no verbales favorece su aparición al mismo tiempo que dificulta su interpretación. Por otro, el aporte de Francisco Yus (2010b), desde la pragmática cognitiva y la Teoría de la Relevancia, aborda el modo en que deberían diseñarse la páginas web, a partir de poner en foco de discusión la imposibilidad de que los diseñadores web puedan prever la multiplicidad de entornos cognitivos de quienes visitan sus sitios. La perspectiva pragmática y, en ese marco, las teorías neo-griceanas, son el andamiaje teórico de Christina Howell-Richardson (2010) para observar las estrategias discursivas que los estudiantes de posgrado implementan en tareas colaborativas, en tanto la teoría de la cortesía sirve a David Morand (2010) para proponer un modelo teórico acorde al estudio de la labor de imagen en contextos de CMC y que favorece el despliegue de emociones necesarias para la interacción.
Más cercano en el tiempo, el libro Digital Discourse. Language in the New Media
editado por Crispin Thurlow y Kristine Mroczec (2011), se destaca por dos motivos: por un lado, por nombrar el objeto como discurso digital29 -por lo que no solo se atiende a aspectos internamente lingüísticas sino también a cuestiones discursivas y de la esfera
28 Por wallpaper o fondo de pantalla se conoce a las imágenes que, en computadoras, teléfonos y tablets,
aparecen al fondo de la interfaz gráfica.
29 La herramienta N-Gram Viewer permite comparar este sintagma respecto de otros posibles como
DigitalCommunication o Digitallanguage. El primero de estos es más utilizado en la base de datos de
39 social- y, por otro, por presentar contribuciones que indagan diversas aristas de la relación entre el uso social del lenguaje y los llamados nuevos medios desde una perspectiva sociolingüística. En este enfoque, previamente, se inscribe el monográfico de la revista Journal of Sociolinguistics coordinado por Jannis Androutsopoulos (2006) dedicado a la sociolingüística y la CMC.
En el volumen de Thurlow y Mroczec, precisamente, la propuesta de Androutsopoulos (2011), centra su atención en la variación lingüística. Tras un exhaustivo estado de la cuestión de otras investigaciones sobre la variación, señala que la motivación de ésta en la comunicación digital está dada por variables sociales y de género discursivo pero que hay cinco limitaciones al estudio de la variación del lenguaje digital, a saber: el foco monomodal y monolingüe, la dependencia en la variable lingüística, las variables independientes predefinidas y la premisa de la cuantificación. Según la autora, todas críticas que se le pueden hacer al análisis sociolingüístico por fuera del estudio del discurso digital. Androutsopoulos propone incorporar, a este tipo de interacción, la noción de heteroglosia, propuesta por Bajtín, en relación con la convivencia de diferentes tipos de signos y formas. Este concepto le interesa porque, a diferencia de la variación (que se estudia como algo que ocurre), la heteroglosia es
producida por los hablantes como actores sociales (Androutsopoulos, 2011: 283). Su análisis –orientado hacia la página web de una artista musical llamada Marie- Antoniette– concluye con cuatro puntos diferentes sobre la heteroglosia de la web 2.0. Por un lado, el concepto de heteroglosia sirve para estudiar diferentes códigos semióticos dentro de las páginas web, pero esta posibilidad no debe estar atravesada por el determinismo tecnológico: la condición heteroglósica está dada por prácticas de los usuarios30, donde se pueden evidenciar conflictos no solo de índole social, sino también
en términos de global/nacional y global/local. Sin embargo, el segundo y cuarto aspectos presentados son más relevantes para nuestra investigación. La autora propone entender la heteroglosia en la web 2.0 desde su condición dual: como intencional y como emergente (Androutsopoulos, 2011: 294) y comprender, en estos términos, la variación lingüística y el uso creativo de la lengua como una forma de solventar la falta de visual cues de la interacción cara-a-cara.
30 Señala Androutsopoulos: “Web 2.0 enviroments open a range of possibilities for heteroglossic “hot
spots”, but their exploitation ultimately depends on institutional and situational context and discourse dynamics” (Androutsopoulos, 2011: 294).
40 Por último, en el ámbito anglosajón, destaca el libro Pragmatics of Computer- Mediated Communication, compilado por Herring, Stein y Virtanen (2013), con contribuciones de destacados investigadores que, por las temáticas abordadas, requieren particular atención (Androutsopoulos, 2013; Bieswanger, 2013; Paolillo y Zelenkauskaite, 2013; Thurlow y Poff, 2013, entre otros). Organizado en cinco secciones, la primera dedica cada contribución a diferentes tipos discursivos del discurso digital (correo electrónico, lista de distribución, blogging, chat, MI, SMS, comunicación por teléfono móvil, comunicación sincrónica de voz). La segunda sección presenta aspectos clásicos de los estudios pragmáticos orientados a la CMC: entre ellos, destacan la relevancia, la performatividad, la apelación, las disculpas, los consejos y la decepción. La tercera y cuarta sección abordan, en primer lugar, aspectos micro- lingüísticos y, luego, cuestiones relativas a la interacción mediada: la coherencia conversacional, la presencia de respuesta, la descortesía y el flaming31. Por último, la quinta sección presenta tres contribuciones con una perspectiva más amplia sobre cambio de código, narración y aspectos de los géneros discursivos de internet.
En lengua española, se han compilado pocos volúmenes temáticos sobre discurso digital, aunque un número importante de textos se recogen, tempranamente, en el
Observatorio de la Cibersociedad. En ese contexto, se destacan las aportaciones de Joan Mayans i Planells (1999; 2000; 2002) quien, desde una perspectiva etnográfica, ofrece un análisis sobre la dificultad de definir el género del chat. Esta preocupación inicial por definir y clasificar las producciones textuales conlleva, aún hoy, discusiones sobre la pertinencia de categorías preexistentes que den cuenta de la complejidad discursiva de estas nuevas producciones.
En 2014, la revista Discurso y Sociedad presentó un número especial coordinado por María Elena Placencia y Catalina Fuentes Rodríguez (2014). Su interés central es la construcción (y gestión) de la identidad en el ciberespacio, problematizado por diferentes especialistas del ámbito hispánico. Además del artículo de Yus que mencionaremos, los análisis son en torno a redes sociales de carácter público (Twitter, Facebook y foros). En esa línea van el estudio de Ana Pano y Ana Mancera Rueda (2014) sobre identidades falsas en Twitter y el de Víctor Pérez Béjar (2014) que diferencia entre identidad personal e identidad grupal al cotejar cuentas de Twitter de
31 Actividad hostil de un usuario a través de la producción de mensajes insultantes, muchas veces en redes
41 usuarios individuales, usuarios representantes de un grupo y cuentas grupales. Otro grupo de trabajos se centra en la identidad latinoamericana en las redes sociales, por un lado, desde una perspectiva racial a través del análisis de comentarios a videos en YouTube sobre un caso policial resonante de Estados Unidos (Garcés-Conejos Blitvich y Bou-Franch, 2014), y, por otro, a través el estudio de un blog de inmigrantes colombianas que residen en España (Hernández-Flores, 2014). Completan el número especial la contribución de Carla Prestigiacomo (2014) sobre las múltiples identidades discursivas (identidadesversátiles) de los usuarios de un foro de debate anónimo. Desde la perspectiva teórica del posicionamiento (o footing), un artículo precedente en esa misma revista se ocupa de la construcción de la identidad inmigrante en un foro de argentinos en España (Del-Teso-Craviotto, 2008).
En resumen, esta edición de Discurso y Sociedad revisa la construcción de la identidad en plataformas de carácter (semi)público, algunas anónimas y otras cuyo carácter está dado por la gestión de cada perfil, por lo que expone solo un aspecto de la identidad en la red.
Por otra parte, en diferentes compilaciones, Mabel Giammatteo y Alejandro Parini (Parini y Giammatteo, 2014, 2016; Giammatteo, Gubitosi y Parini, 2018) han logrado reunir un vasto número de contribuciones sobre aspectos relativos al español, e incluso, al español de Argentina, en diferentes tipos textuales del discurso digital.
El primer libro de esta serie, Lenguaje, discurso e interacción en los espacios virtuales, resulta de los trabajos presentados en diferentes ejes temáticos del XIII Congreso de la Sociedad Argentina de Lingüística cuyo objeto de atención era la comunicación digital o cuestiones relativas a las TIC. En este libro, Damián Alvarado (2014) analiza diferentes recursos semióticos de las fotos de Facebook, en un corpus no especificado de interacciones de jóvenes de 21 años, y, entre otros resultados, concluye que este grupo etario es capaz de adecuar su registro y estilo en función del interlocutor. En el marco de la lingüística computacional, Fernando Balbachán (2014a) se interesa por el análisis automatizado de sentimientos en textos breves de Twitter. El autor presenta una genealogía de los estudios de este tipo y propone un método más complejo para realizarlo de manera efectiva basado en reglas y recursos léxicos, además de las opciones más superficiales como el hashtag y los emoticones. Sobre el lenguaje juvenil, Gabriela Palazzo (2014a) y Lucía Cantamutto (2014a) dedican su atención a las prácticas comunicativas de jóvenes y adolescente. La primera investigación hace un recorrido transversal por diferentes géneros del ciberespacio desde el 2001 a la fecha,
42 con especial atención al chat, señalando la adecuación lingüística, la competencia comunicativa y la nueva oralidad, entre otras cuestiones. La segunda son los avances parciales respecto a la variación morfosintáctica relevada en usos de adolescentes en las primeras etapas de análisis del corpus SMS-CEBo. María Valentina Noblía (2014) también dedica su atención a describir el género chat como una conversación escrita mientras que Julio Sal Paz (2014) presenta los rasgos constitutivos y las estrategias inherentes a los comentarios de periódicos digitales, a partir del análisis de un conjunto de notas comentadas de diarios España y de Argentina. En cambio, Carolina Tramatillo (2014) analiza las estrategias argumentativas, la temática, estructuración textual y marcas estilísticas de los comentarios digitales sobre servicios hoteleros en la comunidad de TripAdvisor para definirlos como género discursivo.
Por su parte, en este mismo volumen, Guadalupe Álvarez y Teresita Matienzo (2014), Marta Lescano (2014) y Alejandra Márquez (2014) abordan la relación entre educación y TIC. Las primeras autoras con el comentario de unas actividades realizadas en entornos virtuales para la reformulación de textos explicativos. La segunda contribución es sobre secuencias didácticas que aprovechan las TIC. La última respecto a las prácticas letradas contemporáneas y el modo en que la escritura electrónica de ficción puede articularse en el aula. El trabajo de Mabel Giammatteo (2014) continúa con la línea propuesta por esta investigadora sobre la descripción de cuestiones lingüísticas del lenguaje en internet. En este caso, presenta los resultados del análisis de dos corpus, uno sobre Fotolog y otro sobre Facebook en el español de Buenos Aires. Señala la autora la hibridez entre oralidad y escritura de estos textos que explota los recursos de la lengua escrita e incorpora recursos gráficos. Por último, la contribución de Alejandro Parini (2014) problematiza el contexto (a partir de tres tipos generales de contextos) que se articulan y presentan en los espacios de interacción de la CMC, revelando su complejidad semiótica.
El segundo de los libros editados por Alejandro Parini y Mabel Giammatteo (2016),
El lenguaje en la comunicación digital, presenta ocho capítulos. En este caso, si bien la mayoría son, nuevamente, sobre el español de Argentina, hay contribuciones sobre el español en Estados Unidos. Este volumen surge en el marco de dos proyectos de investigación y reúne ocho trabajos sobre diversas temáticas relativas a la comunicación digital.
El primer capítulo, escrito por Julio Sal Paz (2016), tiene por objeto de atención los comentarios digitales de la versión online del periódico La Gaceta (de Tucumán), sobre
43 temas de la agenda mediática de los años 2013-2015. La selección de la muestra se realizó utilizando el buscador del periódico para seleccionar diferentes géneros digitales del discurso periodístico sobre el que luego se seleccionaron dos artículos del 2013. Luego de definir los conceptos operativos para su análisis (comunidad, práctica discursiva, género discursivo, comentario digital, interacción, cibermedio, estrategia y
representaciones sociales) se presenta un exhaustivo estudio de casos sobre los comentarios de estas dos noticias en torno a los ejes seguridad ciudadana y violencia de género. Además de lo relativo al modo en que operan la agenda mediática y los problemas sociales constituyen manifestaciones discursivas, el autor concluye que el comentario digital es de interés para analizar un discurso polifónico del discurso digital. Este capítulo resulta de relevancia para nuestra investigación debido a la presentación de estrategias que el autor realiza.
En línea con la perspectiva sistémico-funcional, dos capítulos se dedican a analizar el discurso de Facebook. Por un lado, Damián Alvarado (2016) aborda los modos particulares en que cada género, en este caso de esta red social, se organiza la experiencia a través de diferentes recursos semánticos. Su interés son las modalizaciones, los procesos y los elementos cohesivos. El autor describe los diferentes modos que participan en los géneros de Facebook: estados, publicaciones y comentarios, chat, fotografías y videos. Tras identificar algunas propiedades semánticas y la combinación de diferentes modos semióticos, Alvarado concluye que por el dinamismo propio de los mecanismos de cohesión de Facebook, los sentidos permanecen abiertos. El tercer capítulo, de Carolina Beatriz Barandiarán (2016), dedica su atención a la comunidad de seguidores de Facebook de una serie de televisión argentina (Farsantes). A través de la teoría de la valoración, la autora presenta ejemplos de valoración negativa sobre cambios ocurridos en la tira y realiza un análisis cuantitativo de los modos de intensificación que utilizaron los seguidores ante un determinado evento del programa.
Otro capítulo que merece atención es el de Gabriela Palazzo (2016), sobre las prácticas discursivas juveniles y las creencias y representaciones sociales en torno a un hecho acontecido en la Universidad Nacional de Tucumán (“La Toma UNT”). Este sintagma sirvió de nombre a un blog, objeto del presente análisis, y a una cuenta de Facebook y otra de Twitter. En este trabajo, la autora retoma su definición del ciberdiscurso juvenil (en relación con las condiciones de producción y recepción, los usuarios y los cibergéneros relacionados). Palazzo visibiliza el modo en que las
44 prácticas discursivas de los jóvenes tucumanos fueron legitimadas en el ecosistema de medios. Por otra parte, la contribución de Patricia Gubitosi (2016) sobre SMS y bilingüismo que se presenta en este libro será comentada en la sección relativa a la