• No se han encontrado resultados

La enfermedad que impidió que el cacique estuviera presente en Pavón no está descripta en ninguno de los documentos disponibles, aunque es posible advertir, a través de las cartas que intercambió con autoridades militares y del relato de Manuel Baigorria que demandó una prolongada recuperación. Como hemos mencionado, Coliqueo marchó enfermo desde El Cuero, en el sur del actual territorio cordobés, hacia la provincia de Buenos Aires para incorporarse a las filas de Mitre. El padecimiento lo retrasaba, por lo que Baigorria, que marchaba un día más adelante, decidió volver a buscarlo en un carro para trasladarlo al Hospital de Rojas (Baigorria 2006).

En enero de 1862 Coliqueo escribió a Mitre desde Rojas. Le cuenta de su estado de salud, que había venido a Rojas para ser tratado por un buen médico porque en Junín no había progresado a pesar de haber gastado 700 pesos en facultativos. Mitre le contesta:

Me es muy sensible que se encuentre Ud. todavía enfermo y espero que se restablecerá pronto. Al efecto había dado, hace tiempo, todas las órdenes necesarias al Ministro de

Página | 58 Guerra, porque sea Ud. atendido del mejor modo posible, recomendando al médico que lo asiste que lo considere como el mejor de nuestros amigos (citado por Hux 1999, p.94).

El médico designado era Caupolicán Molina37, que había nacido en Tucumán en 1833 e iniciado su carrera en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires en 1851. Después de la Batalla de Cepeda fue promovido a Cirujano Mayor y se desempeñó en la frontera durante nueve años. Mansilla, que fue secretario del general Emilio Mitre en Rojas y amigo de ambos, lo recordaría años después: "el médico de la división era Caupolicán Molina, médico de poca ciencia pero de gran talento; tenía eso que sus afines llaman ojo médico y curaba, ¿cómo? no sé; pero casi siempre curaba" (Mansilla 1889 [2003], p.89).

Tras su desempeño en la frontera, Molina participó en la Guerra del Paraguay (Guerrino 1984). A su regreso estuvo al frente del Hospital Militar del Retiro durante la epidemia de cólera de Buenos Aires (1867). Desde este hospital, junto a los doctores Carlos Durand y Eduardo Wilde, y como presidente de la Comisión de Higiene de San Nicolás, actúo en la epidemia de fiebre amarilla que desoló Buenos Aires entre febrero y junio de 187138. Falleció como consecuencia de esta enfermedad el 24 de abril de 1871, sus restos fueron despedidos por Bartolomé Mitre, quien en su extenso discurso recordará sus años en la frontera:

Apenas recibido su grado de doctor, abandonó la molicie de las ciudades y fue a la lejana frontera a compartir los trabajos y aliviar los dolores de los que en el linde del desierto sostenían con sus armas la línea de la civilización, conquistada por el sudor y la sangre de las generaciones.

En las expediciones al desierto contra los indios salvajes, él marchó a la cabeza de las columnas, y allí, en medio del hambre y de la sed, cuando se pasaban hasta tres días sin encontrar una gota de agua que beber en la solitaria pampa, él era el consuelo de los enfermos, y el ejemplo de los que desmayaban en la fatiga.

37

Es una rara coincidencia que el nombre del médico sea el del legendario cacique araucano del cual, según la tradición familiar, descendían los Coliqueo (Hux 1999).

38

Las Comisiones Parroquiales de Higiene hacían cumplir las disposiciones municipales y del Consejo de Higiene Pública. Exigía, por ejemplo, que los propietarios de los inquilinatos no alquilaran cuartos a quienes no presentaran los certificados sanitarios que eran expedidos por la propia parroquia. Durante la epidemia fallecieron 13.761 personas, entre ellos doce médicos: Ventura Bosch, Aurelio French, José Pereyra Lucena, Francisco Javier Muñiz, Francisco Riva, Adolfo Señorans, Adolfo Argerich, Sinforoso Amoedo, Gil José Méndez, Guillermo Zapiola, Vicente Ruiz Moreno y Caupolicán Molina; dos estudiantes de medicina: Darío Albariño y Párides Pietranera; cuatro boticarios: Zenón del Arca, Emilio Furque, Tomás Pina y Hermenegildo Pina, y el químico Weiss (Berruti 1971).

Página | 59 En las campañas de Cepeda y Pavón en que el pueblo de Buenos Aires marchó armado al campo de batalla a combatir y morir por sus principios, el marchó como cirujano del ejército siguiendo nuestra bandera para combatir a su vez contra la destrucción, restañando sobre el campo de batalla la sangre de amigos y enemigos durante la lucha, y que al amparo de sus cuidados se sentían doblemente hermanos al sobrevivir a la matanza (Mitre 1902, p.127).

Caupolicán Molina fue uno de los muchos médicos y practicantes que actuaron como médicos militares en las fronteras. En el Hospital de Rojas se desempeñaron otros conocidos profesionales entre los que se encontraban Hilario Almeida, Manuel Fluguerto, Ramón Videla y Tomás Perón39 (Oger 2010).

El Hospital de Rojas fue el primer establecimiento sanitario estatal de la provincia de Buenos Aires. Había sido creado por el municipio y funcionó desde 1861 hasta 1911. Rojas sólo tenía 1.500 habitantes, por lo que la creación del hospital, que llegó a tener 40 camas, se vinculó con la presencia del campamento militar, punto de defensa de la frontera que cobró importancia en vísperas de la batalla de Pavón (Grau 1954). Durante los años siguientes fue un importante centro de referencia en la región. En la sesión del 2 de agosto de 1867 el Concejal Francisco Roca40 propuso:

Quiero hablar de parte de nuestra población, sujeta siempre a todas las cargas y sin que nadie se acuerde de mejorar su situación. Hablo de los Guardias Nacionales, esos infelices paisanos, sujetos por toda la vida a los campamentos [...] Qué si se enfermaban, no tenían cómo llamar un médico y se morían por falta de asistencia. Que ya que la Municipalidad no podía hacer otra cosa por ellos, era de opinión se subvencionase a un médico, con la obligación de asistir gratuitamente a las familias de los Guardias Nacionales en campaña (Fernández 1924, p.252).

39

Todos se graduaron en la Universidad de Buenos Aires. Hilario Almeyra (o Almeida) (1799-1885) nació en Buenos Aires, se graduó como médico en 1827, fue cirujano militar y luego legislador (Cutolo 1968). Manuel Fluguerto (1833-1900) nació en Buenos Aires, se graduó en 1858, fue médico del ejército. Ramón Videla se graduó en 1864 (junto a Pedro Mallo), fue médico del ejército y luego legislador. Tomás Liberato Perón (1839-1889) se graduó en 1867, fue legislador, colaborador de la Revista Médico Quirúrgica, se desempeñó en el campo de la farmacia y como docente de Medicina Legal (Sánchez 2007).

40

Página | 60

En la misma sesión se propuso, y se aprobó por unanimidad, que la atención se extienda a todos los pobres en general. Inmediatamente después se contrató al médico italiano Abdón Viglierri para desempeñar estas funciones41.

El Hospital de Rojas, cuyo nacimiento se vincula con la presencia la Guardia Nacional, será por casi una década el único hospital de la provincia de Buenos Aires. Le siguieron el Asilo de Caridad de Mercedes (1870), el Hospital San José de Pergamino (1872) y el San Roque de Dolores (1873). Grau (1954, p.40) sostiene que hasta las primeras décadas del siglo XX a los hospitales de caridad sólo concurrían "los muy necesitados o indigentes" pues había un mal concepto de la atención que se prestaba en estos establecimientos y la mayoría de los enfermos consultaba en los hospitales de la ciudad de Buenos Aires.

Otros hospitales de la provincia también fueron creados por la necesidad de atender a miembros del ejército, atención que luego se extendió a los pobres42. Este origen se diferencia de los hospitales de beneficencia que surgían en el país -y en toda América Latina- que eran en esencia asilo-custodiales43, en continuidad con las instituciones de la colonia y de los inicios de la independencia, y que no se correspondían con el concepto actual de centros de atención médica (García 1994). El financiamiento del Hospital de Rojas a través del presupuesto municipal, incluyendo el contrato de un médico, constituyó un modelo novedoso que recién fue adoptado por otros hospitales provinciales en las primeras décadas del siglo XX.

Ignacio Coliqueo, uno de los primeros pacientes del hospital, permaneció internado durante más de seis meses. Recién en julio de 1862 emprendió el viaje para reencontrarse con su tribu. Durante el trayecto le escribió al general Emilio Mitre

41

La epidemia de cólera que azotó Buenos Aires en 1867 alcanzó Rojas al año siguiente. El Dr. Viglierri fue designado al frente de la Comisión de Higiene encargada de organizar la prevención y la atención de los enfermos. Viglierri fue una de las primeras víctimas fatales de la enfermedad y fue reemplazado por el Dr. Leonardo Apolidoro, también italiano (Fernández 1924). En octubre de 1868 el cólera llegó a la Tribu de Coliqueo ocasionando un número no determinado de víctimas, sólo hay registro de cuatro capitanejos fallecidos como consecuencia de la epidemia (Rinque, Huancamil, Nahuel y Sangre Grande) (Hux 1999).

42

En 1880 la municipalidad de Junín alquiló una quinta con la finalidad de establecer un hospital para "los enfermos del Regimiento Guardia Provincial y para los pobres de solemnidad" (Cabral 2010, p.20).

43

Foucault (1996) sostiene que los hospitales cumplieron inicialmente una función de asistencia a pobres basada en el aislamiento y la exclusión de los enfermos mentales y de los portadores de enfermedades contagiosas. La modificación de estas formas de organización fue resultado de la necesidad de anular sus efectos negativos que los convirtieron en "lugares donde ir a morir". Fueron los hospitales de origen militar los que iniciaron las reformas de la organización hospitalaria y lo hicieron a partir de la disciplina, permitiendo así su posterior medicalización.

Página | 61

transmitiéndole las preocupaciones de las autoridades de la frontera sobre su salud y sus proyectos para completar su recuperación:

Ayer he estado con mi hijo el Coronel Vedia; me vino a visitar y me dijo que mi enfermedad no me permite subsistir en este punto; que me vaya para el Bragado. Mi enfermedad es muy poca; ya he mejorado mucho. Yo pienso hacer una casa en este lugar para vivir más abrigado (Archivo del Gral. Emilio Mitre, carta del 20/07/62, en Hux 1999, p.98).

Tras la batalla de Pavón (17/09/1861) la Tribu de Coliqueo se había dirigido a la laguna Mar Chiquita, cerca de Junín, para luego instalarse en un paraje denominado "Tapera de Díaz", un sitio con médanos ubicado entre dos lagunas que pertenecía al Partido de Bragado (hoy Cuartel II del Partido de General Viamonte)44. El cacique, incluso mientras estuvo internado, no había dejado de hacer gestiones diplomáticas para que se le otorgaran tierras en esta zona “para reunir la indiada y formar a forma de un fuerte" (Carta al Gral. Mitre 22/07/62 Archivo del Ejército, Legajo personal de Ignacio Coliqueo, en Hux 1999, p.98). En cuanto Bartolomé Mitre asumió la presidencia tras el triunfo en las elecciones del 4 de septiembre de 1862, Coliqueo y su hijo Simón viajaron a Buenos Aires para hacer la solicitud en forma personal. El cacique, aún convaleciente, no pudo llegar a caballo hasta la ciudad y completó su viaje tomando el tren en Moreno. Fueron recibidos por el Ministro de Guerra Juan Gelly y Obes quien les concedió verbalmente las tierras de la Tapera de Díaz (Hux 1999).

Allí se radicaron en forma definitiva, el cacique se construyó una casa de azotea45 tal cual lo había proyectado. En diciembre se reincorporó plenamente a sus funciones militares participando junto con Baigorria de la expedición a los ranqueles al mando del coronel Julio de Vedia. Aunque la campaña fue un fracaso militar generó como

44

La denominación se debe a que esos campos habían sido habitados en 1852 por el teniente Adriano Díaz que las había solicitado en enfiteusis y que en 1862 estaban abandonados. El agrimensor Pico describe la Tapera como una azotea "sin ninguna puerta ni ventanas, escalada en un costado y todo el altillo destruido" (Hux 1999, p.146 y p.158).

45

La denominada "casa de azotea" fue difundida en España por los musulmanes y luego adaptada y simplificada en casi toda Latinoamérica. A mediados del siglo XIX en la pampa coexistían los ranchos de barro junto con construcciones similares pero de otros materiales. Las casas de las estancias incorporaron con fines de defensa azoteas, miradores, rejas, sótanos y fosos perimetrales. Sarmiento escribió en 1879: "habrá que esperar la década Mitre para que el arquitecto sustituya al albañil y desaparezcan las casas de azotea, indignas de un pueblo libre, ya que al igual que el toldo y el rancho, son formas plásticas del salvaje, del árabe” (Schávelzon y Ramos 1988, pps.30-33). En el Censo Nacional de 1895 las viviendas se categorizan según el material con que están techadas: 1) de azotea, 2) de teja y 3) de paja, zinc o madera.

Página | 62

represalia un ataque a la Tribu de Coliqueo en abril de 1863. Dos años más tarde, los ranqueles terminaron firmando un tratado de paz con la mediación de Baigorria. Mansilla reproduce el comentario que le hizo el cacique ranquel Ramón:

Yo soy amigo de los cristianos, porque me gusta el trabajo; yo deseo vivir en paz, porque tengo qué perder; yo quiero saber si esta paz durará y si me podré ir con mi indiada al Cuero, que es mejor campo que éste. [...] Yo conozco la razón ¿usted cree que no me gustaría a mí vivir como Coliqueo? (Mansilla 1967 Tomo II, p.176).

Baigorria ya se había alejado definitivamente de la tribu de Coliqueo para establecerse en el sur de Córdoba y San Luis, sin embargo regresará varias veces a visitar al cacique. Coliqueo y el coronel habían establecido un vínculo que iba más allá de las acciones militares.