Electo Urquizo anotó prolijamente desde el primer día las ventas de los solares, agregando algunos apuntes biográficos sobre los compradores y cuestiones vinculadas con el contexto histórico, estas anotaciones constituyen una notable secuencia de la
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La Ley 817 de 1876, "Ley Avellaneda", en su primera parte reglamentaba la inmigración y en una segunda sección regulaba la creación de colonias. Desarrollaba una grilla catastral para evitar la existencia de propiedades muy extensas, proponía parcelas de 10.000 hectáreas y que ningún propietario tuviera más de tres, sin embargo algunos llegaron a poseer más de 650.000 hectáreas (Gandolfi y Gentile 2013). Esta segunda parte de la ley se derogó en 1902.
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forma en la que se conformó el pueblo100. Urquizo vendió los lotes otorgando muchas facilidades, pero exigiendo que en tres meses se construyera una casa "de cinco metros de frente por cuatro de fondo, un pozo para provisión de agua y cercado con cuatro hilos de alambre, casa blanqueada por fuera y poblada en línea" (Urquizo [1914] 1992, p.19). El primer comprador, en diciembre de 1892, fue Saturnino Farías, “de sangre india, de oficio pocero”. Sin embargo, la mayor parte de quienes adquirieron solares durante los dieciséis años que fueron registrados por Urquizo eran habitantes de la zona e inmigrantes:
los primeros compradores fueron unos pobres paisanos. Pronto se llenó el campo de ranchos [...] el pobrerío del Bragado, del Nueve de Julio y de Junín acudió a comprarme lotes y quintas. Yo los hacía propietarios en un abrir y cerrar de ojos (Urquizo [1907] 1983, p.290).
Los compradores entre 1892 y 1908 fueron: 131 argentinos, 89 italianos, 51 españoles, siete alemanes, siete franceses, un belga, un uruguayo, un portugués, un inglés y un ruso, la mayor parte registrados como "jornaleros". Un importante número de mujeres aparecen como compradoras de terrenos.
Entre estos primeros pobladores, Urquizo registra algunas profesiones vinculadas con la salud, así encontramos médicos, curanderos y parteras. El 31 de diciembre de 1892 hizo la venta número nueve a Antonio Barberán, español, de oficio "curandero" (las comillas son del propio Urquizo). En anotaciones posteriores Barberán aparece como médico, incluso así figura en el Censo Nacional de 1895101, donde además se consignaba que tenía 72 años, era viudo y tenía seis hijos. Llama la atención que Urquizo no resaltara la temprana presencia de un médico en su naciente pueblo, por lo que es probable que inicialmente lo considerara un curandero. En este sentido González Leandri (1996) señala que en la segunda mitad del siglo XIX las diferencias entre médicos y curanderos no se planteaban como excluyentes, y menos aún en el interior provincial donde el Censo Nacional de 1869 registró más curanderos que médicos. Además, como en otros
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Las anotaciones que hizo Urquizo entre 1892 y 1908 fueron ordenadas y publicadas por el P. Meinrado Hux en 1992 con motivo del centenario de la fundación del pueblo con el título “Los Toldos, mi hijo”. 101
La población de Los Toldos estaba en el límite entre los partidos de Bragado y 9 de Julio. El límite coincidía con la calle San Martín que dividía al pueblo en dos, hacia el norte de esta calle correspondía al cuartel 10º de Bragado y al sur al cuartel 7º de 9 de Julio. La tribu de Coliqueo estaba incluida en este último cuartel. De esta forma, los datos censales, como veremos en otro capítulo, se encuentran dispersos en dos cuarteles y subdivididos a su vez en áreas rural y urbana. El partido de General Viamonte se creó en 1908.
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lugares del interior provincial, la mayoría de los médicos que se radicaban en el naciente pueblo eran extranjeros, mientras que en las ciudades principales del país las primeras instituciones médicas buscaban fortalecer el proceso de profesionalización, lo que requería monopolizar la actividad: médicos extranjeros y curanderos empezaban a verse como obstáculos para alcanzar este objetivo. El Consejo de Higiene, la Facultad de Medicina y la reciente Asociación Médica Bonaerense impulsaron iniciativas para limitar la actividad de los médicos inmigrantes. Así se creó una Farmacopea Nacional para evitar que cada uno utilizara la farmacopea de su país de origen y se estableció un examen para revalidar el título pues se decía que muchos no eran médicos y otros tantos tenían diplomas falsos102. Es evidente que, más allá de la necesidad de la regulación de la actividad profesional, eran pocos los que se radicaban en el interior de la provincia. No llama la atención entonces que muchos de los médicos inmigrantes desempeñaran su actividad sin inconvenientes lejos de las grandes ciudades, favorecidos por los vínculos que desarrollaron entre sus connacionales y por pioneros como Urquizo que priorizaron la incorporación de inmigrantes en las nuevas poblaciones103. El Dr. Barberán constituye un buen ejemplo de esos primeros médicos que actuaron en el interior provincial: la condición de extranjero, una permanencia breve en el pueblo y las dudas sobre la legalidad del ejercicio de su profesión.
Otros profesionales que se radicaron tempranamente en el nuevo pueblo son los boticarios. En la primera década del siglo XX tres farmacéuticos estaban instalados en Los Toldos104. La temprana presencia de boticarios, previa incluso a la instalación permanente de médicos, es otra circunstancia frecuente en el interior provincial. Hemos mencionado la presencia de los medicamentos occidentales en la frontera, su venta en las pulperías tal como lo hacía el propio Urquizo mientras estuvo establecido en la Tribu de Coliqueo y también a través del pedido de remedios que hacían los caciques como parte de los intercambios con la sociedad blanca. Puede mencionarse al cacique ranquel Epugner Rosas (1814-1883) quien escribió numerosas cartas al fray Marcos Donati
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González Leandri (1996) menciona casos en los que médicos que no habían cumplido con estos requisitos fueron nombrados en cargos públicos y pone como ejemplo al Dr. Fuschini nombrado como médico de policía en Tandil.
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En 1893 Carlos J. Costa, caudillo político regional y hermano del gobernador de la provincia Julio Costa, mandó mensurar 150 solares al norte del trazado de Urquizo. Costa fracasa en la creación de un pueblo vecino tras lo que Urquizo escribe que sus pobladores hubieran sido "gauchos matreros, jugadores, borrachos y cuatreros que habrían sido una lacra para mi naciente pueblo, acarreando un desprestigio que habría ahuyentado sobre todo al elemento extranjero que yo buscaba atraer a este pueblo" (Urquizo [1914] 1992, p.36).
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desde Leubucó solicitando medicamentos durante la década de 1870. En sus cartas pide "remedios que sean buenos para la peste, [...] un poco de atinca crema almidon y algunos otros remedios que sean buenos para la tos" y también dando "ynfinitas gracias por los rremedios que le mandó porque gracias a Dios anayudado y le suplico le haga fabor de mandarle de los mismos rremedios" (Pávez Ojeda 2008, pp.522-621-697). Era frecuente que los boticarios se desempeñaran como médicos, incluso con el amparo de las instituciones sanitarias. Un ejemplo es el caso de Francisco Cestino, que en 1869 instaló una botica en Ensenada (Provincia de Buenos Aires), considerado el primer médico de la región. Aunque no había completado sus estudios, ejerció la medicina autorizado por el Consejo de Higiene provincial hasta 1881, año en el que se radicó allí un médico diplomado (Grau 1954, Tóffoli 1982). La importancia de los farmacéuticos no sólo se manifestó a través de su presencia en las poblaciones del interior sino que además desarrollaron una fuerte organización corporativa que precedió a la de los médicos, permitiéndoles cuestionar la hegemonía de estos últimos y disputar el control del Consejo de Higiene, a pesar de que la farmacia era considerada una rama auxiliar de la medicina105.
Los boticarios eran en buena parte extranjeros, como los médicos y una importante proporción de la sociedad toldense. Esto dio origen a que asociaciones de inmigrantes se organizaran tempranamente, la primera de ellas fue la Sociedad Española de Socorros Mutuos.