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Estadística y variable étnica: sumar y restar, marcar y desmarcar

Durante el período que nos ocupa se realizaron tres censos nacionales de población: en 1869, 1895 y 1914, en ninguno de ellos se incluyeron preguntas sobre “etnia”. En los tres se sostuvo la exclusión de las categorías étnicas (llamadas entonces raciales) con argumentos similares. Otero (2010) los resume en los siguientes: 1) La poca cantidad de población indígena y negra; 2) los principios republicanos que consideraban discriminatorias las distinciones socio-étnicas coloniales; 3) la convicción evolucionista que sostenía que los grupos inferiores estaban condenados a desaparecer; y 4) la dificultad, basada en lo anterior, de cuantificar a estos pobladores.

Sin embargo, en el Primer Censo Nacional se registraron los pobladores de las tribus amigas que estaban instalados en las zonas de frontera y se calcularon, a partir de informes de los jefes militares, aquellos indígenas que estaban tierra adentro. En el censo de 1895, se volvieron a calcular los indios que habitaban en territorios mal controlados por el estado (Chaco, Tierra del Fuego y parte del territorio patagónico). Por último, en el Tercer Censo Nacional de 1914, nuevamente se estimó el número de

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pobladores indígenas a los que los censistas, por diversas dificultades, no pudieron empadronar de forma efectiva. Aunque la metodología utilizada en estos registros pretendió demostrar con cifras el éxito del "crisol de razas", en ninguno de los censos fue posible ocultar totalmente la existencia de pueblos indígenas en el territorio nacional.

Los censos también homogeneizaron, a través de las categorías "nativos y extranjeros", la complejidad del proceso poblacional de este período. De esta forma las culturas regionales y locales de la población inmigrante fueron desconocidas en las cifras censales: piamonteses, sicilianos, calabreses, gallegos, vascos, bávaros y prusianos se transformaron en "europeos". Menéndez (2010) advierte que de esta forma los procesos multiculturales han sido olvidados o escasamente reconocidos, reproduciendo "la interpretación y la política homogeneizante del colonizador" (p.211), sólo recientemente a partir de la inclusión de categorías como "pueblos indios" se han cuestionado las visiones uniformadoras.

La etnización de la estadística continúa en debate. García Canclini (2012) sostiene que esta discusión permanece irresuelta, tanto en la forma en que deben hacerse las preguntas utilizadas para registrar la población indígena como en el sentido que tiene nombrar como indígenas a miembros de etnias diversas.

En los últimos años se han producido muchas investigaciones que han recorrido la historia de los registros estadísticos sanitarios en nuestro país. Di Liscia (2009) da cuenta de cómo la información demográfica y los registros de morbi-mortalidad fueron un insumo esencial para el proyecto higienista en las regiones más desarrolladas del país. También destaca que en otras regiones, específicamente en los territorios nacionales, esta información era parcialmente conocida aún hacia la década de 1930- 1940. Sin embargo, la ignorancia de datos precisos no impidió que se planificaran políticas y se desarrollaran instituciones sanitarias que expandieron el proceso de medicalización a todo el territorio nacional.

Daniel (2012) analiza el proceso de generación y recopilación de datos demográficos y sanitarios a partir de 1880, año de creación del Departamento Nacional de Higiene. Destaca la trascendencia del valor que comenzó a darse a esta información en el proceso de conformación del Estado y de su expansión territorial. La estadística consiguió ser valorada positivamente por médicos que representaban un espectro ideológico muy amplio, que incluía a conservadores, socialistas y anarquistas. La autora también cita

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algunas opiniones críticas, entre las que se encuentra la de la Revista del Círculo Médico Argentino, que en 1925 editorializaba sobre los riesgos de limitarse a la cuantificación: "Yo le reprocho contar demasiado, contar siempre, no querer poner espíritu en las cosas”28

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Este comentario coincide con algunas miradas actuales que señalan la pérdida de los métodos cualitativos, específicamente de la etnografía, como una herramienta para el conocimiento médico, sobre todo a partir de los cambios en la educación médica propiciados por el Flexner Report en la década de 1920 (Allué, Mascarella y Bernal 2006). Los instrumentos para obtener la información y que más tarde son las fuentes que dan lugar a indicadores sanitarios no consideran lógicas locales ni el contexto sociocultural del enfermo. Este déficit de los instrumentos de recolección que es evidente en la actualidad fue advertido hace muchas décadas por los censistas de 1895. Nacach (2013) analizó los registros del Segundo Censo Nacional que correspondían al Chaco y a Tierra del Fuego. Los formularios no incluían la categoría raza o etnia y sin embargo los censistas, que contaron con cierta autonomía para la aplicación de los cuestionarios, agregaron por su cuenta marcaciones étnicas. Anotaron en muchos casos la condición de indígena, otorgando una identidad distinta a las propuestas en la grilla censal que únicamente consideraba nativos o extranjeros.

La categoría “etnia” se incluyó por primera vez en los censos nacionales de población en el año 2001. En la actualidad existe el reclamo por parte de agrupaciones de pueblos originarios, específicamente mapuches en nuestro caso, de ampliar la incorporación de la variable étnica a los registros que se generan en el sector salud.

Diversos organismos internacionales han elaborado documentos sobre las formas de incorporar la etnia en los registros sanitarios. Uno de los argumentos para sostener esta necesidad es el alto grado de heterogeneidad entre los países y dentro de ellos, muy evidente al analizar la transición epidemiológica en América Latina29. En muchas poblaciones, y especialmente en las indígenas, se ha descripto la existencia simultánea de enfermedades propias de las etapas previas a dicha transición con otras posteriores,

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Editorial que llevaba el título de "El método" (Revista del Círculo Médico Argentino y Centro de estudiantes de medicina 25, pp.1082-1086. 1925, citado por Daniel (2012, p. 104). Como curiosidad podemos mencionar que Ramón Carrillo fue redactor en esta publicación a partir de 1927.

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La transición epidemiológica se expresa por el reemplazo de las enfermedades transmisibles por el de las enfermedades no transmisibles, la modificación de la morbi-mortalidad desde las personas más jóvenes hacia las de mayor edad y al predominio de la morbilidad sobre la mortalidad (CELADE 2014).

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lo que conduce a una situación de morbilidad mixta que hace más evidentes las desigualdades históricas entre países y regiones. Existe dificultad para demostrar esta situación en la medida que la información con la que se cuenta está desactualizada y sin identificarse a los pobladores indígenas en los sistemas estadísticos de salud.

En general existe la coincidencia de que esta identificación se realice a partir del auto- reconocimiento, aunque destacando la necesidad de tener en cuenta "el contexto local y regional de subordinación sociopolítica que experimentan las comunidades, que se traduce en casos de discriminación en los centros de salud" (Cuyul, Rovetto y Specogna 2011, p.18). También se han utilizado otros métodos, de forma aislada o combinándolos. Pueden mencionarse la utilización estadísticas construidas a partir de los apellidos, de las unidades territoriales del pueblo mapuche y del conocimiento del mapudungun (Oyarce 2008).

Las propuestas más recientes enfatizan la necesidad de que la información producida tenga el control social de las comunidades y que puedan construirse indicadores propios basados en el concepto de salud de los pueblos originarios, incluyendo medio ambiente, territorio y participación comunitaria. En este sentido, se ha planteado incluso generar un Índice de Desarrollo Humano que incorpore -más allá de la salud, la educación y los ingresos- dimensiones socioculturales como el vínculo con la naturaleza y la relación entre los individuos (Padilla et al. 2015).

Cualquiera sea la metodología utilizada en los registros y los indicadores que se adopten, existe un amplio consenso en la necesidad de generar procesos de sensibilización y capacitación dirigidos a los actores sociales involucrados en la producción de la información (CELADE 2013, 2014).

Nos parecen pertinentes las advertencias que resultan de las profundas investigaciones de Boccara sobre los programas de salud intercultural en Chile (2007). Este autor concluye que la información sobre condiciones de vida, hábitos y salud-enfermedad- cuidado da lugar a un conocimiento que denomina "etnoadministrativo". Con estos saberes pueden establecerse mecanismos de control que permitan reconocer algunos derechos aunque desde una concepción de los indígenas como grupos que se ubican en los márgenes del mercado. De esta forma, Boccara asevera que si en el siglo XIX las categorías eran civilizado-bárbaro y en el siglo XX moderno-atrasado, las del siglo XXI pueden resumirse en la dicotomía cliente exótico-fundamentalista.

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Creemos que las metodologías cualitativas constituyen la mejor alternativa para obtener información precisa sobre el proceso salud-enfermedad atención en contextos interculturales30. La aproximación histórica a los registros, las formas en los que fueron construidos y las ideologías utilizadas en su interpretación echan luz al debate actual sobre la incorporación de la variable étnica en el ámbito sanitario.