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Las diferentes profesiones, etnias o territorios suelen definirse con límites precisos, determinando compartimientos específicos. Para conseguir préstamos recíprocos entre estas categorías, no puede entenderse la cultura como una esencia propia de cada grupo sino que es necesaria una definición permeable a intercambios, como la que García Canclini toma de Appadurai, entendiéndola como: "subconjunto de diferencias que fueron seleccionadas y movilizadas con el objetivo de articular las fronteras de la diferencia" (García Canclini 2007, p.39). Así, el concepto de cultura conduce a "los modos específicos en que los actores se enfrentan, se alían o negocian" (Grimson 2008, p.71).

En el período que nos ocupa, en las zonas de frontera de la provincia de Buenos Aires, las etnias eran presentadas fuera de los procesos históricos, "como unidades cultural y racialmente discretas y permanentes en el tiempo" (de Jong 2007, p.303). Sin embargo, las investigaciones más recientes han revelado relaciones dinámicas y complejas entre la población indígena y la blanca, construyendo espacios sociales donde se ponen en duda no sólo las fronteras nacionales sino también las intraétnicas (Delrío y Ramos 2006). La frontera en sí misma era concebida como un límite territorial que separaba dos grupos antagónicos, "blancos civilizados" e "indios salvajes", división que sostenida

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con argumentos raciales sólo admitía relaciones en términos de guerra y conflicto. Esta idea también fue replanteada, y este espacio comenzó a considerarse como una construcción histórica, donde se desarrollaban interacciones complejas que incluían tensiones, violencia, complementariedad y convivencia (Mandrini 2006). Boccara (2005) afirma que debe hablarse de "complejo fronterizo", como un espacio donde grupos indígenas pudieron sostener autonomía a partir de la combinación de diversas actividades (guerra, pillaje, diplomacia, comercio) y donde se organizaron redes que a través de la incorporación de diversas sociedades estructuraron regiones que incluían varias fronteras y su tierra adentro20. En estos espacios había soberanías imbricadas, donde distintos grupos se relacionaban produciendo efectos de etnogénesis, mestizaje, normalización y territorialización (Boccara 2005).

En este contexto, donde todo parecía ser mestizo (Ratto 2005a) hubo actores que facilitaron las relaciones entre los distintos grupos sociales, a los que se los denominó como "passeurs culturels" y que fueron definidos por Ares y Gruzinski (1997) como

[...] aquellos agentes sociales que, desde una posición a menudo liminal y a caballo entre culturas, favorecieron las transferencias y el diálogo entre universos aparentemente incompatibles, elaborando mediaciones muchas veces insólitas y contribuyendo así a su articulación y a la permeabilización de sus fronteras (p.10).

Este amplio conjunto de individuos incluyó a intérpretes, traductores, misioneros, cronistas, curanderos, comerciantes, cautivos, mestizos, negros, mulatos y vagabundos que desde muy diferentes lugares cumplieron el rol de mediadores culturales. La lista también incluye a caciques y médicos, que muchas veces facilitaron intercambios de saberes y prácticas vinculados con la salud-enfermedad-atención.

Hasta estas nuevas formas de abordaje, muchos trabajos consideraban que los sistemas médicos en la región pampeana, desde mediados del siglo XIX a las primeras décadas del siglo XX, eran tres compartimientos estancos: la medicina indígena, la medicina popular y la medicina académica. La visibilización de la interacción y las movilidades entre las distintas formas de atención a partir de la reconstrucción de los procesos históricos han permitido, por ejemplo, poder definir la enfermedad como:

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[...] esa elusiva identidad tanto biológica como social, que es también señal o marca política, nunca neutral ni natural. Como construcción científica, es definida y redefinida en la compleja integración identitaria individual y comunitaria; por lo tanto es histórica y permeable a las concepciones de género, sector social de pertenencia, etnia y nación (Hochman, Palmer y Di Liscia 2012, p.25)

El proceso de salud-enfermedad-atención está en constante modificación, y aunque habitualmente se considera que sólo es la biomedicina la que a través de cambios tecnológicos se encuentra en permanente expansión, a partir del aporte de distintas disciplinas puede advertirse que también los saberes populares presentan constantes cambios que sintetizan concepciones y prácticas provenientes de diversas fuentes, incluyendo a la medicina científica (Menéndez 1994).

La enfermedad y sus formas de atención constituyen hechos estructurales en las diferentes sociedades, su análisis requiere incluir relaciones que suelen dejarse de lado cuando la descripción se reduce a la mirada médica (Menéndez 2005). Un ejemplo de este tipo de simplificación es el que hicieron los jesuitas al traducir el término mapuche kuxan como enfermedad, despojándolo así de su profundidad conceptual original, que refería a un estado en el cual una persona no puede vincularse adecuadamente con las demás, ni desarrollar sus tareas, resultado de transgresiones espirituales, con el territorio o con la comunidad (Citarella 2000). Al mismo tiempo, este término no es definido en la actualidad de la misma manera por todas las comunidades mapuches (Caniullán 2000), ejemplificando que significados, representaciones y prácticas son resultado del sistema relacional en el que se desarrollan, lo que muchas veces pasa inadvertido en los análisis de la medicina tradicional (Menéndez 1994).

Las transformaciones en los significados y prácticas referidos a la salud-enfermedad fueron más notables en aquellos momentos históricos en los cuales fue mayor la intensidad de los intercambios y de las tensiones entre grupos sociales.

Durante la segunda mitad del siglo XIX se dieron los pasos para consolidar el estado- nación (Oszlak 2012). En nuestro análisis hay dos aspectos de este proceso que han sido abordados por diferentes autores y desde distintas disciplinas que nos parece necesario vincular. Por un lado las formas en las que las comunidades indígenas se incorporaron a la naciente organización estatal, tema que profundizan las investigaciones de Briones

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(1998), Quijada (1999), Lenton (1997) y de Jong ([2003] 2014, 2007), entre otros. También, durante este mismo período, la élite médica realizó esfuerzos para consolidar la profesión, aspecto estudiado por autores como Armus (2010), Di Liscia (2002a) y González Leandri (1996, 2013).

El proceso de incorporación de las poblaciones indígenas al estado-nación con posterioridad a la "Conquista del Desierto" ha sido abordado desde dos esquemas interpretativos: uno de ellos, propone el concepto de "aboriginalidad", que implica la necesidad de constituir un "otro" señalado o marcado como "indígena" (Briones 1998). El otro considera que las poblaciones indígenas fueron asimiladas y homogeneizadas a través de diferentes políticas nacionales que las incorporaban a la sociedad nacional tras despojarlas de su identidad (Quijada 2002). Estas dos miradas pueden considerarse complementarias y formaron parte de un mismo proceso, que sin embargo tuvo particularidades determinadas por los diferentes contextos regionales. La particular conformación de la identidad indígena de la comunidad mapuche de Los Toldos ha sido abordada en profundidad por de Jong ([2003] 2014). En su tesis se evidencia lo inacabado y permanente de estos procesos de construcción identitaria, que no pueden desligarse de las condiciones sociohistóricas atravesadas por la comunidad y que resultan recursos para la organización social21. En esta dirección, Quijada (2002) sostiene que la identidad étnica es más una forma de organización social que una expresión cultural, y que a partir de la "Conquista del Desierto" es la pérdida de la organización indígena la que destruye ese ámbito de articulaciones y confrontaciones que caracterizaba a las zonas de frontera. La nueva organización social subordinó diferencias culturales y étnicas, conduciendo a que muchos saberes fueran transformados en folklore como requisito para ser reconocidos. Por este camino la medicina indígena fue categorizada como etnomedicina, medicina popular, medicina ancestral, medicina tradicional o se redujo a conceptos como curanderismo o chamanismo, mientras que la medicina occidental nunca resultó “etnologizable” (González 2004).

Los intentos de conseguir la consolidación de la profesión médica también tuvieron lugar en el período de conformación del estado-nación. El proceso de profesionalización debe observarse en la relación profesiones-poder, en el contexto de los vínculos que los

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El trabajo de de Jong se diferencia de la investigación dirigida por Hernández (1993) que hemos mencionado al comienzo, que concluía que la identidad mapuche permanecía intacta tras sucesivos enmascaramientos que la protegían de un contexto adverso.

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miembros de una ocupación entretejen históricamente con las elites dominantes y con el estado (González Leandri 1996). Además, para intentar una reconstrucción de diálogos entre culturas e identidades resulta necesario una aproximación a esta cultura médica en expansión. Comelles (2004) sostiene que

[...] el médico debe tener una percepción de su propia cultura y su estatus y de las diferencias en control y poder existentes en la relación médico/paciente, y un conocimiento básico de cómo la teoría y la práctica de la Medicina están condicionadas culturalmente, de la existencia de fenómenos de exclusión (racismo), de las diferencias en las estructuras familiares y los diferentes roles asumidos por los miembros de las familias en las diferentes culturas, los factores sociopolíticos que repercuten sobre la existencia de los pacientes y de los síndromes o enfermedades culturalmente construidos (p.25).

Sobre este último punto, Menéndez (2000) llama la atención sobre los análisis que reconocen la importancia de los factores culturales en todas las enfermedades pero que en la práctica reducen la reflexión a los "síndromes culturalmente delimitados" , de la misma forma que los trabajos de investigación se centran en los curadores tradicionales sin profundizar en los curadores biomédicos o en los alternativos.

En este sentido, los territorios de frontera constituyeron un espacio particular en la construcción de la medicina como profesión, donde la vinculación con otras culturas fue una influencia inevitable.