E. Comercio, crecimiento, productividad y pobreza
4. Comercio y género
Un factor importante de la desigualdad en la sociedad, y también entre países, es la falta de igualdad entre mujeres y hombres. La creciente incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo y el auge de la demanda social por la igualdad de género han coincidido en las últimas décadas con la aceleración de la internacionalización de las economías de América Latina y del Caribe, el crecimiento exportador y la liberalización comercial. ¿Hay
vasos comunicantes entre estos distintos procesos? ¿Cómo interactúan la división internacional del trabajo y la división sexual del trabajo? ¿Existen
externalidades positivas o efectos perversos en la relación entre género y
comercio internacional? No es fácil abordar estas preguntas, ya que la falta
de un desglose por sexo de las bases de datos sobre comercio internacional y empleo invisibiliza la especificidad de género.
El comercio internacional no tiene un impacto neutral en la equidad de
género. El comercio puede crear oportunidades para el empleo femenino
y mayores ingresos, lo que facilita el empoderamiento de las mujeres, pero también puede resultar disruptivo en la medida en que el empleo sea muy precario o el comercio repercuta de manera negativa en los sectores en que participan las mujeres. Dada la insuficiente información disponible, la medición de este impacto no es sencilla. Algunos sostienen que la expansión del comercio 22 Véanse Castilho, Menéndez y Sztulman (2009); Borraz y López (2007); Chiquiar (2004);
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ha permitido aumentar las oportunidades y la calidad de vida de las mujeres en los países en desarrollo, aunque no esté muy claro si esta participación reduce
la brecha de igualdad (Fontana, Joekes y Masika, 1998). Otros aducen que las
mujeres tienden a verse más afectadas por las externalidades negativas de la liberalización comercial y enfrentan mayores desafíos a la hora de aprovechar las oportunidades que ofrece el comercio debido a los roles sociales y económicos que la segregación de género les impone (Women Watch, 2011).
Las variables explicativas del potencial de impacto diferenciado del comercio sobre las mujeres son: la especialización productiva del país respectivo en la economía mundial (división internacional del trabajo), la participación laboral de las mujeres en estos sectores y la asignación de roles de género en la sociedad (división sexual del trabajo en las esferas privada y pública).
Muchos países en desarrollo han adoptado un modelo exportador especializado en la producción de manufacturas livianas y servicios y productos agrícolas y agroindustriales con una importante participación de mano de obra
femenina. En la medida en que las exportaciones en estos rubros aumentan,
también se incrementa el empleo femenino. Según algunas investigaciones sobre países de Asia, América y África, el empleo femenino aumentaría y se
reduciría la brecha de ingresos entre mujeres y hombres (Kyvik, 2003). Según
otros estudios, el empleo aumentaría, pero la reducción de la brecha salarial
sería dudosa (Joekes, 1995). Los primeros son estudios de caso sobre Filipinas,
Mauricio, México, el Perú y Sri Lanka, mientras que los segundos son análisis sobre Bangladesh, Jamaica, Marruecos, Uganda y Viet Nam. En el caso del aumento de las importaciones, habría una correlación negativa entre estas y el empleo femenino, al tiempo que en los sectores nacionales que logran competir
con las importaciones predomina la mano de obra masculina (Kyvik, 2003). Entre 1990 y 2011, en América Latina se observa un notorio incremento de
las exportaciones y un aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo, pero la brecha salarial tiende a mantenerse (véase el gráfico I.2). De manera agregada, se registró una coincidencia temporal, pero esta concomitancia en sí misma no permite definir una causalidad.
Para lograr una mayor claridad es necesario examinar los datos más específicos que muestran la especialización sectorial de las exportaciones de los países y la participación de las mujeres en el empleo de estos sectores (Joekes,
1987). Una primera aproximación al tema de género y comercio puede hacerse
a través del empleo del sector exportador, donde se reproduce la división sexual del trabajo, acentuada por la especialización exportadora de cada país. Esto se debe a que la demanda de empleo femenino suele concentrarse en sectores que utilizan mano de obra poco calificada y de baja remuneración. De hecho, en algunos estudios se ha demostrado que cuanto mayor es el nivel educativo, menor es la participación de las mujeres en el empleo exportador (Azar, Espino
CEPAL Comercio internacional y desarrollo inclusivo: construyendo sinergias
Gráfico I.2
AMÉRICA LATINA: EXPORTACIONES, PARTICIPACIÓN EN EL EMPLEO Y BRECHA SALARIAL, 1994-2010
(Índice 2002=100) 50 70 90 110 130 150 170 190 210 230 250 1994 1999 2002 2004 2007 2009 2010
Valor de las exportaciones Volumen de las exportaciones Participación de los hombres Participación de las mujeres
Brecha salarial
Fuente: Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), sobre la base de Naciones Unidas, Base de
datos estadísticos sobre el comercio de mercaderías (COMTRADE) y de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los respectivos países.
A su vez, la discriminación de género repercute en la división sexual y las condiciones de trabajo. Los eslabones de las cadenas de valor a las que se incorporan las mujeres suelen ser los de menor calificación, mayor precariedad y más bajos salarios. La incorporación a estas cadenas de valor, principalmente a través de la maquila agrícola y de las manufacturas livianas, amplió sus oportunidades de empleo, aunque en condiciones laborales precarias. Por otra parte, la falta de políticas públicas adecuadas respecto de la economía del cuidado no remunerado y la ausencia de servicios de calidad para apoyar a los hogares en la provisión de los cuidados dificulta el acceso equitativo de las mujeres al mercado de trabajo (Bidegain Ponte, 2010).
También se ha intentado medir el impacto del comercio internacional en la igualdad de género y facilitar la incorporación de este factor a la política
comercial. Por ejemplo, en un estudio de Van Staveren (2007) se concluye
que las variaciones de los indicadores de género y comercio en la relación
del MERCOSUR con la Unión Europea entre 1995 y 2004 presentaron luces y sombras. Las exportaciones aumentaron un 77,6% y las importaciones se
elevaron un 12,6%, dos variaciones que no permitieron un aumento del empleo agrícola femenino, ni una disminución de la brecha de ingreso. Sin embargo, mejoró la participación femenina en el empleo manufacturero y la relación del salario femenino en los países del MERCOSUR.
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