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A partir del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica vivió un tiempo de profunda actualización, también asumida con cierta intensidad en la Iglesia argentina, reconociendo, entre otros,337 a Mons. Enrique Angelelli como uno de sus protagonistas.

En los márgenes sucintamente señalados, el 13 de mayo de 1966 el Episcopado Argentino emitía la Declaración Pastoral titulada “La Iglesia en el período post-conciliar”.338 Mediante

ella buscaba aunar esfuerzos para renovar a la Iglesia argentina siguiendo el espíritu del Concilio. Expresaban los obispos: “después de la terminación del Concilio Ecuménico Vaticano II, sentimos la necesidad, el deber y el gozo de expresar a nuestro pueblo lo que significa para la Iglesia y el mundo de hoy ese gran acontecimiento que, sin lugar a dudas, marca en la vida de la Iglesia una etapa nueva”.339 La declaración sintetizaba el significado

para la Iglesia argentina en tres apartados que conformaron el cuerpo de aquella.

El primer apartado se dirigía a resaltar lo nuevo sugerido por el Concilio en espíritu y formas de renovación, mentalidad, responsabilidad eclesial, esperanza, docilidad y fidelidad al Espíritu Santo, apertura y diálogo. Reafirmando esta novedad, expresan los obispos: “Por eso hacemos pública nuestra firme voluntad de llevar adelante en nuestra patria sin vacilaciones y sin demoras, la reforma propiciada por el Concilio. Esta reforma no implica un cambio radical de la Iglesia, ni una ruptura con la tradición, pero sí el propósito de aliviarla de toda manifestación anticuada y defectuosa para hacerla más genuina y fecunda. La perfección de la Iglesia no está en la inmovilidad de las formas históricas con que ella se reviste a lo largo de los siglos. Por lo demás, la necesidad de renovarse es al mismo tiempo signo de su vitalidad interior y de la continuidad de su tradición”.340 De este modo, “el

documento hablaría constantemente de una ‘nueva mentalidad’, una ‘nueva conciencia’,

337 También es conveniente recordar a otros obispos argentinos contemporáneos identificados en esta

renovación. Entre otros: Enrique Rau (Mar del Plata), Alberto Devoto (Goya); Manuel Marengo (Azul), Vicente Zaspe (Rafaela y Santa Fe), Juan Iriarte (Reconquista), Marcelo Scozzina ofm (Formosa), Jaime De Nevares sdb (Neuquén), Carlos Ponce de León (San Nicolás), Miguel Raspanti sdb (Morón), Antonio Brasca (Rafaela), Italo Di Stefano (Sáenz Peña), Jerónimo Podestá (Avellaneda), etcétera. Algunos de éstos eran obispos de la nuevas diócesis creadas entre 1957 y 1963.

338 CF.CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Documentos del Episcopado Argentino 1965-1981, Claretiana,

Buenos Aires, 1982, 18-30. Declaración que lleva la firma de nuestro obispo.

339 IDEM, 18. 340 IDEM, 19.

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‘nuevas esperanzas’, etcétera. Señalando, al mismo tiempo, la necesidad de realizar la renovación dentro de una práctica de diálogo, y sin dejar de lado la fidelidad a la Iglesia visible, en una actitud de obediencia”.341

El segundo apartado reflexionaba sobre el legado doctrinal y normativo que brotaba del Concilio Vaticano II. En este caso, la reflexión se ceñía “a presentar las ideas centrales sobre la Iglesia contenidas en las cuatro constituciones; dichas ideas responden a las dos preguntas siguientes. A. ¿Qué es la Iglesia? B. ¿Cómo se realiza la Iglesia; cuál es su forma de vida y de acción; cuáles son sus estructuras fundamentales?”.342

Luego de estos dos apartados doctrinales, el tercero apuntaba a delinear la aplicación de las nuevas normas conciliares para la Iglesia argentina: “Nuestra gran tarea del momento actual, para realizar la etapa posconciliar, debe consistir en tres cosas.

1. Penetrarnos del Concilio. Asimilarlo por la reflexión y la interiorización de sus ideas y de su espíritu.

2. Consolidar y perfeccionar la forma comunitaria de la Iglesia y sus estructuras colegiadas: asamblea episcopal, presbiterio, consejo pastoral, estructuración y coordinación del laicado.

3. Fomentar una mayor apertura al mundo por parte del clero y laicado. Esto implica una mayor sinceridad en el fomento del espíritu de pobreza y de servicio. Para realizar este programa, la Iglesia en la Argentina debe acrecentar, en todos sus sectores y niveles, la reflexión y el diálogo”.343

Los mismos obispos reconocían la profundidad de estos pasos concretos en orden a una renovación, los que no podrían “realizarse repentinamente, sino por etapas”.344 También,

siguiendo el espíritu de la constitución conciliar Gaudium et spes, la declaración ahondaba en la renovación al situarla dentro del contexto histórico de la realidad argentina. Consecuentemente, había una orientación hacia “la planificación de una pastoral de conjunto”,345 para lo cual “el Episcopado establece una comisión de pastoral, que integrarán

341 POLITI S., Teología del Pueblo, 188.

342 CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA, Documentos del Episcopado Argentino 1965-1981, 23. 343 IDEM, 28.

344 IBIDEM. 345 IBIDEM.

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obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, cuyo cometido será orientar este trabajo y estudiar la posible creación de un instituto de pastoral”.346

El espíritu y las expresiones del documento eran en general positivas y optimistas. El objetivo primordial de los obispos se situaba en el inicio de una nueva etapa en la pastoral argentina, marcada a fondo por la idea de la renovación347 y reconociendo “al pueblo, sujeto

primordial de la actividad pastoral, a quien la Iglesia dirige su misión, no pueden pasarse por alto sus peculiaridades, su estilo cultural de vivir la fe, su historia concreta”.348

Si bien la declaración episcopal era amplia y auspiciosa en sus fines, “abría, sin embargo, la puerta para una verdadera renovación en orden a un servicio real al pueblo y a un cumplimiento eficaz de la misión de la Iglesia. La renovación, que podría haberse quedado en el simple cambio de algunas estructuras de gobierno y organización, encontró un cauce amplio y promisorio”.349 Uno de esos cauces quedaría plasmado en la conformación de una

Comisión Episcopal Especial del Plan de Pastoral, integrada por doce obispos, representantes de las doce provincias eclesiásticas del país, a los cuales se sumarían diversos peritos (fundamentalmente sacerdotes seculares y religiosos) que tendrían a su cargo la confección del anteproyecto del Plan de Pastoral. La preparación definitiva de este plan y su presentación se delegaba a una Mesa Directiva de dicha Comisión Especial, integrada por los obispos Manuel Marengo, Vicente Zaspe y Enrique Angelelli. Pasaremos a analizarlo.

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