Fundación Observatorio de la Maternidad
E) compartir cama o coLchón para dormir
El compartir cama o colchón para dor- mir puede ser considerado un indicador de pobreza material, sin embargo en mu- chos hogares no pobres es habitual que los/as niños/as duerman con sus padres u otros miembros del hogar; en este sen- tido es considerado aquí un indicador de “estilos de crianza” que afecta la autono- mía del niño y la construcción de una in- dependencia segura.
La propensión a compartir cama o col- chón para dormir se incrementó levemente en el período interanual 2008-2009 en un 2,6%, en tanto pasó de un 21,7% en 2008 a un 24,3% en 2009 (ver tabla 21 A).
La propensión a compartir cama o col- chón para dormir es levemente mayor en el interior urbano que en el Gran Buenos Aires, en las nenas que en los nenes, y
significativamente mayor en los hogares monoparentales que en los biparenta- les, y a medida que desciende el estrato socioeconómico. Los/as niños/as en ho- gares monoparentales registran 10 pun- tos porcentuales más en la propensión a compartir cama o colchón que los/as ni- ños/as en hogares biparentales; y los/as no suelen contarle cuentos por sexo y tipo
de hogar
Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social Argentina. UCA. 0 10 20 30 40 50
varón mujer biparental monoparental
En porcentaje. Período 2007-2009. 0 a 4 años.
39,7
34,3 36,2
41,1
niños y niñas que comparten cama o colchón para dormir por tipo de hogar
Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social Argentina. UCA. 0 10 20 30 40 biparental monoparental En porcentaje. Período 2007-2009. 0 a 4 años. 21,0 31,0 total 2009 24,0
niños y niñas que comparten cama o colchón para dormir por estrato socioeconómico
Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social Argentina. UCA. 0 10 20 30 40 50 60 muy
bajo bajo medio medioalto En porcentaje. Período 2007-2009. 0 a 4 años. 10% más bajo 10% másalto 38,5 19,3 19,0 9,2 54,5 9,0
102 | BARÓMETRO DE LA DEUDA SOCIAL DE LA INFANCIA niños/as en el 10% más pobre registran 6 veces más “chance” a compartir cama o colchón que los/as niños/as en el 10% más alto (ver tablas 21 B, 21 C, 21 D). f) formas dE discipLinar
Las formas de disciplinar utilizadas por los adultos se constituyen en diferentes estrategias, y modalidades de enseñar nor- mas, valores y ejercer control sobre ciertas conductas o acciones de los niños y las ni- ñas. Dichas modalidades son construidas y resignificadas en el interior de cada tiempo histórico, cultura y realidad particular de las familias. Sucede que muchas veces las modalidades que se suelen utilizar como las penitencias, amenazas, chirlos, etc. tie- nen efectos nocivos sobre el desarrollo y curso de vida futuro del niño/a.
Las formas de disciplinar a los/as niños/ as adquieren diversos modos en cada época, y son más o menos reconocidas y aceptadas en su uso, según la cultura, el tipo de hogar, la estratificación social, los espacios geográ- ficos e incluso el género de los niños.
Sin embargo, es importante considerar que existe consenso entre los especialis- tas en torno a los efectos negativos que el maltrato tiene sobre el desarrollo perso- nal, emocional y social del niño/a. El desa- rrollo saludable del niño/a se relaciona con una serie de experiencias particulares que en los primeros años de vida dependen de la relación que el niño/a establece con los adultos de referencia. La gran mayoría de
los/as niños/as que experimentaron mal- trato en la primera infancia suelen pre- sentar un patrón de apego desorganizado, presentan dificultades en la regulación de las emociones y en la relación afectiva con otros (Di Bártolo, 2009).
La aproximación que aquí realizamos indica que las formas de disciplinar a los/ as niños/as en sus primeros años de vida, desde la perspectiva de sus adultos de refe- rencia, en 2009, son: en primer lugar las pe- nitencias (65%); los retos en voz alta (65%); y en menor medida los “golpes, cachetazos o chirlos” (30%), y/o las agresiones verbales (9,6%). Estas proporciones no registran di- ferencias significativas en los últimos años, lo cual es indicativo del carácter estructural de estos comportamientos y de la dificultad de producir cambios en la relación de los padres con los/as niños/as (tabla 22 A). formas de disciplinamiento que experimentan niños y niñas
Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social Argentina. UCA. 0 20 40 60 80 100
penitencia reto en voz alta
Evoluciones en porcentajes. Período 2007-2009. 0 a 4 años.
golpe,
cachetazo agresiónverbal
2007 2008 2009
63,263,565,1 61,363,965,0
31,6 24,730,3
Asimismo, las formas de disciplinar no presentan diferencias significativas entre Gran Buenos Aires e interior urbano, sólo podría señalarse una propensión un poco más elevada al castigo físico en el interior del país y a las agresiones verbales en el Gran Buenos Aires (ver tabla 22 B).
Estas prácticas no presentan diferen- cias significativas según el sexo de los/as niños/as, salvo en el caso de los “retos en vos alta” y las “penitencias”, que son expe- rimentados levemente más por los niños que por las niñas. Cuando analizamos es- tas prácticas, a la luz del tipo de familia, se observa que la probabilidad de que estas se utilicen es mayor en todos los casos con- siderados en los hogares monoparentales que en los biparentales (ver tabla 22 C).
Se observan significativas desigualda- des sociales en la implementación de estas prácticas entre estratos sociales, en tanto
los niños y niñas en situación de vulnera- bilidad socio-económica se ven expuestos en mayor medida que otros niños/as a las formas de disciplinar aquí consideradas (ver tabla 22 D). Desigualdad social que se corresponde con otros estudios que dan cuenta de los escasos recursos psicológicos que tienen los adultos responsables a me- dida que desciende el estrato socioeconó- mico para la contención emocional de los/ as niños/as (Samaniego, 2009a).
RELAcIón cOn gRuPO DE PARES
En los primeros años de vida, los/as ni- ños/as establecen relaciones efímeras con otros niños/as con objetivos de momento. Los especialistas coinciden en señalar que recién después de los 3 años los grupos de pares ejercen una influencia cada vez más formas de disciplinar que experimentan niños y niñas por tipo de hogar y estrato socioeconómico
Fuente: EDSA, Observatorio de la Deuda Social Argentina. UCA. 0 20 40 60 80 100
penitencia reto en voz alta
En porcentajes. Período 2007-2009. 0 a 4 años.
golpe, cachetazo, chirlo agresión verbal
biparental monoparental 10% más bajo 10% más alto
63,467,2 68,5 41,0 62,569,3 68,2 54,5 28,333,3 37,0 18,5 15,2 7,8 13,44,8
104 | BARÓMETRO DE LA DEUDA SOCIAL DE LA INFANCIA poderosa sobre el desarrollo del niño/a. Por lo cual, para este grupo de edad sólo se propone una aproximación a los principa- les espacios de juego y pertenencia de los/ as niños/as con los que suelen establecer vínculos eventuales. Estos indicadores son analizados en su evolución en el tiempo, y según el estrato social de pertenencia, el género, el tipo de hogar y región del país. a) dóndE suELEn jugar cuando no Están En La EscuELa
El principal espacio de juego de los niños y niñas menores de 5 años es el propio hogar (99,3%, en 2009). A este espacio social se suman otros alternati- vos como la casa de amigos o familiares (27,5%), espacios públicos como plazas, parques (15,7%) y en forma residual es- pacios de juegos infantiles (1,3%). Las va- riaciones en el tiempo de los espacios de juego infantiles son muy menores, salvo en el caso de la casa de amigos y otros fa- miliares que se incrementó en el período interanual 2008-2009 (ver tabla 23 A).
Los/as niños/as en el interior urbano suelen disfrutar un poco más de los es- pacios públicos que los del Gran Buenos Aires, pero en términos generales no se registran diferencias con respecto a la ten- dencia general descripta (ver tabla 23 B).
Algunas desigualdades sociales se ad- vierten, en tanto a medida que aumenta el estrato social se incrementa la propen- sión de los/as niños/as a tener como es-
pacio alternativo de juego como la “casa de amigos y familiares”, así como la asis- tencia a “espacios de juegos infantiles”. Mientras que los espacios públicos son utilizados tanto por los más pobres como por los/as niños/as de estratos medio y medio alto (ver tabla 23 D).
B) con quiénEs suELEn jugar