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COMPETENCIAS ESENCIALES PARA LA CONSULTA A LA PRÁXIS MÉDICA

Prof Dr Antonio G Spagnolo

COMPETENCIAS ESENCIALES PARA LA CONSULTA A LA PRÁXIS MÉDICA

La segunda parte constituye una reflexión del enfoque Personalista en los procedi- mientos de actuación del consultor ético. Muchos conocen el manual Core Compe- tencies for Health Care Ethics Consultation

elaborado por la Sociedad Americana de Bioética (de la cual forma parte Sister Taylor), que ha diseñado un programa de capacitación de los asesores éticos. Aquí las distintas modalidades en las cuales se puede formar al asesor ético remiten a la diversidad de enfoques. El asesor ético puede dar una indicación en forma auto- ritaria, “hay que hacer así”, puede propo- ner una facilitación y recurrir a un acuer- do entre las divergencias, o bien, consti- tuirse en un mediador, no intermediario, que debe poseer capacidades esenciales, ciertos conocimientos e identificar una metodología para encarar el caso.

Ya desde algunos años, muchos autores

afirman que hay que humanizar el aseso- ramiento ético y, por tanto, hay que ir al hospital, ir adonde está el paciente, hablar con la familia, con los involucrados en la toma de decisión. Es por esto que se sos- tiene que hay que ver al paciente para: hu- manizar el asesoramiento; generar una in- tegración sociológica en el campo especí- fico que permite relevar datos importantes que no pueden emerger en los papeles; fa- vorecer la relación de información y tran- quilidad entre el paciente y el consultor; contribuir a la formación médica, didácti- ca del paciente que evita abstracciones, perjuicios y riesgos de paternalismo. Un último aspecto a considerar es preci- samente el riesgo de caer en la trampa de identificar el deber del asesoramiento ético con la resolución del conflicto, es decir, buscar una metodología de tipo matemático y no tener, en cambio, el ob- jetivo de buscar la decisión correcta y justa para el paciente. Esta tendencia ac- tual es consecuencia directa del pluralis- mo, de la pérdida del consenso religioso y del multiculturalismo. De alguna ma- nera, la ética normativa se va sustituyen- do con la psicología, no se quiere tomar posición en los casos más difíciles y se evita el tener que ejercer el juicio. Esto sería el inicio del fin de la ética como búsqueda formal de lo que es bueno y correcto en las acciones humanas. Por lo tanto, la ética clínica tiene un sen- tido cuando los operadores sanitarios

tienen un amplio margen de responsabi- lidad. Cuanto más responsabilidad se quita, la ética pierde razón de ser. Esta responsabilidad, lamentablemente, se va restringiendo cada vez más. Por ejemplo, cuando se lleva al extremo el principio de autonomía del paciente, el médico se li- mita a hacer lo que el paciente le solici- ta, incluso con indicaciones que le dio anteriormente, cuando el paciente pierde su capacidad de hacerlo. Por otro lado, esta responsabilidad también puede ate-

nuarse con el predominio de las conside- raciones de eficiencia en nombre de un justo aprovechamiento de los recursos. La práctica de la medicina parece erosio- nar el fundamento de la Bioética clínica. Desear el enfoque Personalista en la Bioética clínica significa repensar de ma- nera personalista la práctica misma de la Medicina. Por consiguiente, la metodolo- gía Personalista de la ética clínica puede ayudar a repensar y dar un significado más humano a la Medicina misma.

S.E.R. Mons. Elio Sgreccia

· Laureado en Filosofía y Letras por la Universidad de Bologna.

· En 1994 fue nombrado Vicepresidente de la Pontificia Academia para la Vida.

· Es Director del Centro de Bioética de la Univer- sidad Católica del Sacro Cuore(Roma) y Profe- sor ordinario de Bioética en la Facultad de Me- dicina y Cirugía de la misma Universidad. · Fue el responsable de comenzar con la enseñanza

de Bioética en la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Católica del Sacro Cuore, (Roma). · Ha sido y es miembro de numerosos Comités de

Bioética tanto en Italia como en el exterior. Asi- mismo, es miembro de la Comisión Nacional de Bioética de Italia.

· Es miembro del Pontificio Consejo para la Fami- lia y del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios.

· Es Director de la revista Medicina e Morale.

· Además del Manual de Bioética–en dos volú- menes, traducido a diversas lenguas (español, portugués, francés y ruso) con tres ediciones y numerosas rediciones- es autor, coautor y editor de numerosas obras relacionadas con la pastoral sanitaria, la ética médica y la familia.

· Cabe destacar entre sus publicaciones más re- cientes la colección "Scienza Medicina Etica" de la editorial Vita e Pensiero y de la colección de la Pontificia Academia para la Vida.

Palabras clave

· Principio vital único · Dignidad humana · Personalismo · Muerte · Vida humana

BIOÉTICA

PERSONALISTA Y

CONSIDERACIONES

RESPECTO DEL

FINAL DE LA VIDA

19 de octubre de 2004.

RESUMEN

Este es un tema muy vasto así que in- tentaré tocar los puntos esenciales, co- nociendo que hay otras relaciones que se centran sobre la asistencia al mori- bundo. En la actualidad, son recurren- tes las menciones referentes a dignidad de la persona y la muerte digna. La re- levancia del tema, con relación a la eu- tanasia y a los otros problemas bioéti- cos que se encuentran en la asistencia al moribundo, es fácil de imaginar.

La “dignidad del Hombre (varón y mujer)” es una afirmación que hoy tiene diversos significados. Por eso, se puede sostener que estamos viviendo en la llamada nue- va Babel. En la primera Babel, los Hom- bres no se comprendían porque para lla- mar las mismas cosas usaban vocablos diversos, de ahí la confusión. Ahora, en cambio, para entender significados di- versos, y tal vez opuestos, se usan las mismas palabras. Una de estas palabras es la “dignidad del Hombre”, dado que la expresión “la muerte digna” es utilizada por quienes están en favor de la eutana- sia como por quienes se refieren al Con- cilio Vaticano II. Por consiguiente, es ne- cesario reflexionar dónde está el funda- mento de la dignidad del Hombre, de la persona humana. Es fácil responder que la dignidad de nuestra vida deriva del hecho que tenemos un espíritu, un alma espiritual que nos distingue de los otros

seres vivientes de la biosfera. Cabe refle- xionar entonces cuál es el tipo de unión entre el alma espiritual y nuestro cuerpo. La concepción Personalista insiste no so- lamente en el hecho de que el Hombre es cuerpo y espíritu, sino también que el es- píritu está unido al cuerpo de una mane- ra especial, con un fuerte vínculo. Hay dos tipos de unión entre alma y cuerpo. Uno, en el plano de la esencia, porque el alma espiritual es el principio estructural que forma el cuerpo, lo hace cuerpo hu- mano en todas sus partes. Por otro lado, la unión consiste también en un vínculo existencial dado que el cuerpo no tiene un acto existencial propio, sino -en la vi- sión que tenemos de la filosofía Persona- lista, desde Aristóteles y Santo Tomás de Aquino como de San Alberto Magno y los Personalistas modernos- el cuerpo vive por el acto existencial que es conferido por el epiritu o alma espiritual. Es decir, el cuerpo no tiene una existencia propia, la existencia es dada por el acto existen- cial mismo del alma espiritual. A su vez, el alma recibe su existencia del acto mis- mo de Dios creador. Es una existencia in- finitamente distinta del Creador, una existencia singular que no sólo es el prin- cipio vital del alma misma sino que es el principio vital del cuerpo.

Entre cuerpo y alma espiritual hay una unidad energética e informacional. El al- ma espiritual hace del cuerpo una unidad

humana, donde las partes viven en la unidad del organismo humano; es huma- nizado porque la estructura es conferida por la forma del alma espiritual (según el lenguaje aristotélico). La existencia mis- ma del cuerpo es efecto directo del acto existencial del alma. Tenemos una sola existencia en donde el alma anima el cuerpo mismo. Este es un punto crucial de la visión Personalista. El yo es único, une en sí mismo, existencial y esencial- mente cuerpo y alma, conforma la uni- dad de la persona. No es una unidad ac- cidental ni la fusión de dos sustancias di- versas, sino una vinculación esencial y existencial.

CONSECUENCIAS DE LA UNIDAD CUER-