Prof Dra Hna M Elena Lugo
I. INTRODUCCIÓN GENERAL
A. Hay coincidencia en que la Bioética, en cuanto estudio interdisciplinario de los desafíos que, en la posmodernidad, la tecnociencia les presenta a la vida en ge- neral y a la humana en particular, centra su atención en los siguientes temas, con sus dilemas y conflictos morales corres- pondientes:
1) Cuestiones sobre el inicio de la vida
¿En qué consiste el Proyecto del Ge- noma Humano y cómo sugiere éste una identificación del ser humano con sus genes, a la vez, que abre el camino a una manipulación e inge- niería genética de la condición física del ser humano? ¿En qué sentido el embrión humano es ya una persona con los derechos correspondientes a la dignidad de ser persona, para de- terminar así las normas que regularán la experimentación y la investigación con ellos? (Por ejemplo, para obtener células estaminales - totipotentes, lo cual supone la muerte del embrión donante) ¿Cuál es el impacto de la asistencia técnica en la naturaleza e integridad propia de la procreación humana, el amor conyugal y la fami- lia? ¿Son el contraceptivo y el aborto señales auténticas de autonomía fe- menina o constituyen una violación del bienestar y derecho a la vida del ser humano por nacer y de la integri- dad del ser femenino?
2) Cuestiones sobre el final de la vida
¿Cómo han de definirse la muerte y el morir? ¿Cuáles son los cuidados pro- porcionalmente benéficos del pacien- te terminal? ¿Cómo han de evaluarse críticamente el cuidado paliativo, el suicidio médicamente asistido y la
eutanasia activa, en cuanto reaccio- nes prácticamente opuestas al dolor y al sufrimiento del paciente? ¿Bajo qué condiciones éticas puede reali- zarse el transplante de órganos de do- nantes cadavéricos?
3) Cuestiones sobre el cuidado apro- piado del ambiente natural en armo- nía con los intereses económicos y políticos
¿Cuándo están los objetivos comer- ciales y los acuerdos gubernamentales sobre el uso y conservación de los re- cursos naturales en armonía con la justicia y la solidaridad respecto del bien común de la humanidad actual y de la futura? Con miras a determinar la aplicación justa y digna de las po- sibilidades tecnocientíficas al bienes- tar integral del ser humano en todas sus condiciones culturales, ¿se procu- ra un equilibrio entre, por un lado, conocimiento científico y acción téc- nica y, por otro, los valores humanís- ticos universales?
4) Cuestiones que se suscitan en la interacción o encuentro clínico del profesional en salud y su paciente
¿Cómo ha de configurarse la relación médico-paciente para que sea cohe- rente con el fin terapéutico y educa- tivo y con el bienestar total del pa-
ciente en cuanto persona? ¿Cómo ha de ser la interacción entre profesio- nales para lograr una colaboración de mutuo respeto orientada al fin co- mún, vale decir, el bienestar del pa- ciente, pero que simultáneamente to- me en cuenta las necesidades justas de la comunidad hospitalaria y de la población en general? ¿Cómo mediar en un conflicto entre el bienestar del paciente individual y la justicia res- pecto del uso eficiente de los escasos recursos en el cuidado en salud? ¿Có- mo ha de ser la estructura y la diná- mica de los Comités de Ética institu- cional, a fin de fomentar el cumpli- miento de las responsabilidades pro- fesionales? ¿Cómo promover mejor una ética en la infraestructura insti- tucional?
B. Para poder estudiar sus temas de mo- do interdisciplinario, la Bioética se com- promete con la búsqueda de un conjun- to de exigencias acordes con el respeto y la promoción de la vida humana o del ser persona, en el plano individual y comuni- tario. Ello le exige un marco de referen- cia que la justifique tanto en su objeto de estudio como en su procedimiento ra- cional.Por un lado, debe estar atenta a la vida, tal como la enfocan como objeto de análisis e interpretación varias disciplinas (biológicas, psicosociales, filosóficas, teo- lógicas) y, por otro, estar abierta a la am- plitud que la vida como realidad radical
(Ortega y Gasset) supone para cada per- sona, según el sentido común lo describe y estima. Para integrar las disciplinas que estudian la vida, la Bioética debe asegu- rarse un eje central y sólido. Más aún, si la Bioética ha de ser fiel a su concepción originaria según Potter, no sólo ha de preocuparse por la supervivencia de la humanidad, sino por afirmar la continui- dad entre su origen y su evolución pro- pios durante casi cuarenta años, lo cual caracteriza hoy a la Bioética de varias maneras: como una disciplina académica, como un factor esencial en la competen- cia profesional, como un factor de uni- dad en instituciones sanitarias y de in- vestigación y, finalmente, como un tema de interés en los medios de comunica- ción social. En una palabra, la Bioética aspira a formar parte de la cultura gene- ral, al menos en Occidente, e incluso a declararse una forma de humanismo contemporáneo. Anticipando la visión orgánica que ensayaremos, la evolución de la Bioética debe entenderse como un crecimiento gradual desde lo hondo de su preocupación central por la vida; la Bioética adquiere formas académicas que respetan las clínicas y su correspon- diente autonomía; la Bioética se esmera en fomentar cada vez más la sensibilidad, el respeto y el servicio a la vida frente a los múltiples desafíos de la actualidad.
1. Objeto de estudio y procedimiento
Para responder con coherencia teórica y eficacia práctica, la Bioética necesita es- clarecer la identidad de su objeto de es- tudio y afirmar el fundamento de su ra- cionalidad. Actualmente experimenta tensiones internas en cuanto a lo que realmente enfoca y a la fundamentación, tanto ontológica (ser) como epistemoló- gica (conocer).
La fundamentación de la Bioética es, ac- tualmente, uno de los problemas más complejos y acuciantes de nuestro tiem- po. Este mismo planteamiento debe ha- cerse con la Bioética en cuanto reflexión científica, en el sentido original de Potter, y en cuanto actividad sociocultural. La Bioética es una disciplina establecida académicamente, con sus respectivas re- vistas, sociedades, enciclopedia y progra- mas doctorales; asimismo, ejerce influen- cia en ámbitos profesionales y es apre- ciada en prácticamente todos los am- bientes culturales. Sin embargo, los estu- diosos de la Bioética detectamos, en su faz teórica, modalidades dualistas y re- duccionistas que fragmentan su objeto de estudio; y, en su faz práctica, adverti- mos cierta inseguridad a la hora de brin- dar recomendaciones.
A continuación, planteo el interrogante sobre la fundamentación ontológica que, simultáneamente, aclara el objeto propio de su estudio; luego, propongo una mo- dalidad de racionalidad que estimo cohe-
rente con el fundamento anterior; segui- damente, señalo algunas tensiones inter- nas de la Bioética, las cuales comparte con la ética en general y generan dudas sobre la identidad de la disciplina. a) Como fundamento ontológico, propo- nemos el Personalismo ontológico ex- puesto por Elio Sgreccia, pero implemen- tado según una línea de pensamiento que el P. Kentenich denomina orgánica. Como bien indica Mons. Sgreccia, ilustre bioeticista:
“... La Bioética, al igual que cualquier éti- ca humana y social, tiene como puntos de referencia el valor fundamental de la vida, el valor trascendente de la persona, la concepción integral de la persona, que resulta como una síntesis unitaria de los valores fisicos, psicológicos y espiritua- les, la relación de prioridad y comple- mentariedad entre persona y sociedad y una concepción personalista y comunio- nal del amor conyugal” [1]
De este modo, queda claramente confi- gurado el objeto de estudio central de la Bioética: el ser persona como núcleo de los temas de salud, ambiente y vida en general. Apreciamos, así, que la Bioética supone una antropología filosófica como eje y base de su análisis e interpretación
multidisciplinarios. Esta observación nos conduce al fundamento epistemológico. b) En cuanto a la fundamentación episte- mológica, proponemos una Bioética in- terdisciplinaria en un sentido integral. Es decir, nos apartamos de la fórmula ecléc- tica de colocar en interacción varias dis- ciplinas pero sin un eje claro que coadyu- ve a la unidad, a establecer una prioridad de conceptos, a infundir coherencia a la hora de abordar los problemas concretos que la Bioética intenta resolver.
En su sentido integral, con la estrategia correspondiente, llamada orgánica según el pensar del P. Kentenich, la Bioética es interdisciplinaria por ser un itinerario re- flexivo del propio razonamiento humano ante la realidad compleja en sus diversos niveles, captada ésta según las modalida- des análogas de una gran verdad dife- renciada según los discursos apropiados (científico, antropológico, filosófico, axiológico-ético y espiritual trascenden- tal). Es decir, la razón describelos hechos, los interpreta a la luz del ser en sí de la persona por vía filosófica, para acentuar la sustancialidad del ser y así derivar, en orden esencial, las implicaciones éticas de juzgar la acción recta según los bienes coherentes con las exigencias correspon- dientes a la dignidad, integridad y tras-
cendencia del ser persona.
Es decir, para responder a las exigencias epistemológicas consultaremos la razón práctica natural como revelación de los principios éticos de primer orden, revita- lizando así la ley moral natural. Sólo en- tonces se puede decidir en consonancia con los principios clásicos de la Bioética de la autonomía, la beneficencia y la jus- ticia, pero justificados a la luz de la ley moral natural.
c) Una de las tensiones internas de la Bioética que compromete su identidad y que rige, asimismo, para la ética en ge- neral, se refiere al interrogante crucial sobre la apertura o resistencia de la Bioé- tica a la Revelación y a la espiritualidad netamente religiosa.
Mons. Sgreccia se expresa con claridad y precisión convincentes:
“La Bioética, deberá ser, a nuestro juicio, una ética racional que, a partir de la descripción del dato científico, biológico y médico, analice racionalmente la lici- tud de la intervención humana sobre el Hombre. Esta reflexión ética tiene su po- lo inmediato de referencia en la persona humana y en su valor trascendente, y su referencia última en Dios, que es el Valor Absoluto. En esta perspectiva, resulta
obligada y espontánea la confrontación con la Revelación cristiana e igualmente fructífero el cotejo con las concepciones filosóficas corrientes, con lo científico- empírico, según la interpretación onto- lógica correspondiente, pero yendo más allá de los hechos científicos, y luego, a nivel axiológico, abrirse a la Revelación sobrenatural” [2].
Es decir, la Bioética, tal como le ocurre a la ética filosófica, experimenta el desafío de la secularización o de la interpreta- ción que de este fenómeno cultural ten- gamos en relación con la identidad de la ética. Entendemos por secularización el intento de recuperar la autonomía perdi- da desde que el Hombre, por diversos motivos, había querido buscar exclusiva- mente en Dios la explicación de todos los fenómenos naturales. Distingamos ya entre laicismo, que excluye a Dios de la consideración del bien y del mal en asun- tos de moral, y la secularidad, la cual bien podríamos aceptar como reto actual para el cristiano.
Nos dice el Concilio Vaticano II en su
Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno:
“Si por autonomía de lo terreno entende- mos que las cosas y las sociedades tienen sus propias leyes y que el Hombre debe ir
conociéndolas, empleándolas y sistema- tizándolas (...) eso es absolutamente legí- timo (...) por cuanto responde a la volun- tad del Creador. Pero si autonomía de lo temporal quiere decir que la realidad creada no depende de Dios y que el Hom- bre puede disponer de todo sin relacio- narlo con Él, entonces no hay ni uno solo de los que admiten su existencia que no vea la falsedad de tales palabras”.
c.1) Pensamos que es preciso rescatar al- go de la motivación de la denominada “ética autónoma”, a saber, el intento del Hombre moderno de actuar por conven- cimiento interior, de autogobernarse y ejercer responsabilidad sobre el mundo. Reconocemos que es preciso encontrar una metodología que permita hacer pre- sentes los valores de la ética cristiana en la sociedad moderna y secularizada. Dice E. López Azpitarte:
“En un mundo como el nuestro, nadie podría negar que cualquier obligación ética por la fuerza de la autoridad y sin una explicación razonable suscita el re- chazo y la agresividad... Hay que pasar de una moral heterónoma e impositiva a una conducta autónoma y adultamente responsable” [3]
Pero la secularización en el sentido de lai- cismo puede suscitar alguna modalidad fideísta, por cuanto la aceptación de unos contenidos éticos no depende tanto de las justificaciones racionales como de los mo- tivos sobrenaturales en los que se apoyan. c.2) Así pues, la Bioética integral, al igual que la ética filosófica, deben armonizar la relación entre los aportes de la razón y los de la fe en complementariedad integrado- ra y no como mera tolerancia mutua. d) La Bioética, a semejanza de la ética en general, se debate también entre postu- ras en tensión, generando un cierto dua- lismo polarizante que puede reducir los temas bioéticos a un polo, desvirtuando la integridad conceptual de un tema y, de ese modo, desafiando su identidad como disciplina. Por ejemplo: La ética contem- poránea ha oscilado entre un individua- lismo liberal, centrado en el principio de autonomía floreciente en un contexto cultural liberal de pluralismo ético y un comunitarismo, centrado en el principio de justicia social que, en algunos contex- tos culturales, redunda en una visión co- lectivista y totalitaria de la sociedad. Esta oscilación se refleja en una Bioética au- tonomista opuesta a otra contractualista [4].
[3] López Azpitarte, E.: “La ética cristiana: fe o razón”, en: Cuadernos de fe y secularidad, n.4, 1988, 5 - 31. [4] Cf. mi libro La relación médico - paciente, donde se elabora esta polaridad.
e) La polarización en la Ética filosófica contemporánea y su reflejo en la Bioéti- ca, particularmente en la ética clínica, puede resumirse como una tensión entre:
• Individualismo - colectivismo; • derechos individuales - deberes co- munitarios;
• autorrealización - autorrenuncia; • autonomía - entrega de sí mismo; • pluralismo - dogmatismo;
• normas subjetivas - normas objetivas. Ninguno de estos polos puede ser el fun- damento de la ética pues estaríamos es- tancados en el dualismo reduccionista característico de la mentalidad mecani- cistaque expondré oportunamente. Ni la ética de los mínimos del liberalismo pluralista, defensora unilateral de los de- rechos individuales, ni la ética de respon- sabilidad comunitaria que menoscaba la singularidad de la persona, fomentan una visión total de la persona en su inte- gridad. De modo que ni una ética de los derechos ni una ética de los deberes re- sultan autosuficientes para una justifica- ción racional de la experiencia moral. Mientras cada polo de la dualidad aquí expuesta se afirme con exclusividad e in- dependencia del otro y, en la medida en que cada polo ignore a su opuesto -o, peor aún, intente asimilarlo-, caeremos en la fragmentación de la vida moral ca-
racterística de la cultura posmoderna. La fragmentación refleja una mentalidad reduccionista, es decir, una tendencia in- telectual a interpretar la totalidad de una estructura en términos de una de sus partes, y de interpretar en etapas separa- das procesos que presentan una conti- nuidad. A su vez, a la parte y etapa selec- cionadas se les asigna una prioridad, si no en el orden del ser, sí en el del cono- cer y valorar.
El reduccionismo y la fragmentación re- sultantes reflejan la corriente mecanicis- ta que afecta la cultura moderna y pos- moderna influyendo sobre el pensar, el sentir, el amar y el actuar. El mecanicismo en la Ética puede reducir a la persona a un átomo individual, ontológicamente independiente del orden objetivo e inteli- gible de lo real y, por ello, interpretado como forjador del sentido y valor de su entorno y circunstancias. Otra variante del pensar mecanicista, a modo de posi- ble reacción polarizada a la reducción an- terior, postula a la persona como un esla- bón sustituible y manipulable al servicio de una colectividad determinante de su sentido vital y valor personal.
2. De modo que, para asegurar la identi- dad y fundamentación de la Bioética, es preciso elaborar una antropología filosó- fica capaz de apreciar y armonizar las di- versas dimensiones de la experiencia de
ser persona, de su corporeidad, afectivi- dad, voluntad, intelección y aspiración espiritual en cuanto ser individual y soli- dario en la búsqueda del bien común. a) Hemos de integrar los objetivos positi- vos de las diversas modalidades de la Bioética superando los dualismos y las fragmentaciones reduccionistas (designa- dos como mecanicistas), afirmando que una ontología del ser persona y una racio- nalidad sustancial promueven mejor la cultura de la vida como objetivo principal de la Bioética en su sentido genérico y original.
b) En cuanto propuesta para que la Bioé- tica se mantenga atenta a la vida, reco- nozca su propia historia y fomente su fundamentación ontológica y epistemo- lógica, presento el pensar orgánico, al que ya he aludido brevemente. A modo de introducción, puede decirse que el método orgánico permite al pensar in- terdisciplinario (Ciencia, Filosofía, Teolo- gía) configurarse como un itinerario as- cendente de la razón en busca de la ver- dad análoga, en correspondencia con ni- veles en los que la realidad se presenta ante la persona pensante, actuante y ca- paz de afectos que procura captar la complejidad objetiva de la realidad. Co- mo bien indica Horacio Sosa en su im- portante obra El desafío de los valores, el pensar orgánico es realista, diversificada- mente totalizador, centrado, simbólico,
perspectívico, de orientación vital (págs. 105-6) En el curso de la exposición nos percataremos de la pertinencia de esta precisión sobre el pensar orgánico del P J. Kentenich a nuestro tema. Hemos de re- conocer que el pensar orgánico es realis- ta al aceptar la prioridad óntica de los objetos que se nos presentan, sin impo- ner nuestro criterio subjetivista sobre es- tos. Resulta totalizador porque describe el balance y la interacción de las partes con sus funciones específicas dentro de un todo que les integra y apunta a una finalidad común. El pensar orgánico es centrado pues logra enfocar el núcleo de cada cuestión y entrelazar todos los demás aspectos en torno de este punto de referencia. Este modo de pensar res- cata de la estrechez del racionalismo co- mo del empirismo el sentido simbólico de la realidad, a modo de culminación de una serie interpretativa de sentidos cada vez más elevados hacia una trascenden- cia. Orgánicamente visto, el pensar asu- me varias perspectivas en complemento, de modo que se pueda pasar del concep- to universal a la individualidad concreta, de lo abstracto a lo vital, sin por ello des- tacar un polo a exclusión del otro. Como nota destacada del pensar orgánico, está su orientación hacia la vida, lo cual le presta una notable relevancia a las preo- cupaciones prácticas que atañen a las re- laciones interpersonales que caracteriza la Bioética Personalista ante sus diversos temas.
Si ya habíamos presentado la dinámica natural de la razón en su búsqueda de la verdad, por analogía, la dimensión orgá-