Capítulo II. La actitud enunciativa en el marcador conversacional
2. Complicidad y sentimiento en el marcador conversacional
Ambos conceptos plantean el segundo paso, señalado también por Bustos Tovar (1996) como el segundo elemento de la oralidad. La complicidad que se manifiesta en factores de índole afectiva, cultural y social. Los elementos pragmáticos estarán en relación con esos tres planos.
Cabe preguntarse entonces: ¿Cuándo las palabras verbalizan sentimientos? Sabemos que los sentimientos encaminan las conversaciones, y
alumbran los efectos que se quieren codificar.
La palabra anuncia sentimientos y los alimenta bajo formas lingüísticas + valores semánticos + interpretación de sentidos. No existiría la complicidad si las palabras no se proyectaran de forma evidente en busca de un destinatario, este ir en busca de su destinatario tiene en cada hablante una carga emocional que cada interlocutor defenderá y tratará de poner de manifiesto.
Sentir es un proceso que tiene dos partes: la experiencia cognitivo- emocional que el objeto provoca, y los efectos que dicha experiencia desencadena en el organismo, incluido en ese subsistema que es el sujeto.
Los datos del objeto provocador del sentimiento los obtenemos por una de estas tres vías: 1) por los órganos de los sentidos (sensopercepciones); 2) por la evocación de la situación originaria; 3) por la representación del objeto. El procesamiento informativo tiene repercusión emocional si y sólo si se acompaña de una serie de connotaciones que el sujeto confiere al objeto y que lo eleva a la
78 Para mayor información consúltese Calsamiglia, H y Tusón, A (1999), Las cosas del decir.
Madrid, Ariel. En el capítulo 5º “Las personas del discurso” Se estudian la inscripción del Yo, inscripción del Tú y papeles del emisor y receptor.
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categoría de objeto simbólico ‘personal’, biográfico. La memoria juega un papel fundamental en este proceso, porque las connotaciones que atribuimos al objeto proceden de nuestra experiencia biográfica previa, no surgen de inmediato.79
Antonio Gala señala que “cualquier discurso necesita una complicidad.
“Conversar no es sólo hablar de cualquier tema, sino concurrir y acompañarse o sea verterse en común”, añade además que la comunicación es “hacer a otro participe de lo que sabe o se tiene, manifestar o descubrir alguna cosa, conversar de palabra o por escrito; transmitir y contagiar sentimientos; consultar con otro un asunto tomando su parecer”.
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En este “verterse en común” hay un “trazado de ida y vuelta”, que para Lamíquiz80 podría ser:
-> grupo social -> normas lingüísticas -> variedades instaladas -> valores simbólicos.
80Lamíquiz, V. (1994). El enunciado textual. Análisis lingüístico del discurso. Barcelona. Ariel,
pp, 184- 187.
El capítulo 3 “El enunciado textual oral” expone los rasgos fundamentales de la oralidad, la conexión enunciativa (conectores interlocutivos y conectores conmutadores). “El enunciado
textual oral muestra una organización global circular ya que los datos informativos que se van aduciendo, se añaden a los anteriores, se recupera lo dicho y se complementa, se vuelve a lo ya expuesto y se matiza, para llegar a la total comunicación”.
Podría asegurarse que son precisamente los conectores interlocutivos los elementos discursivos que más y mejor caracterizan el texto oral. Sin ellos, la enunciación oral resultaría desvitalizada y quedaría desvirtuada su estructura aparentemente deslavazada y mal compuesta. Y son igualmente estos conectores los elementos textuales que más sirven al emisor para sugerir al destinatario el cúmulo de información pragmática que siempre se halla latente en la interlocución oral.
La función conectora queda perfectamente señalada por su posición, evidentemente al principio del enunciado conectado, y por pausas discursivas bien marcadas en la línea de la expresión exteriorizante, señaladas en transcripción ortográfica normalizada por los correspondientes puntos y comas. Cuando el origen formal del conector se encuentra en antiguas unidades lexemáticas, así en sustantivos como ‘hombre’, en adjetivos como ’bueno’ y ’claro’, en verbos conjugados como ’mira’ ‘vamos’ o ’no sé’ es patente su fuerte desemantización. Incluso la forma negativa ’no’ deja de ser adverbio y queda transformada en reafirmativa con su interrogante. Y otros nexos sintácticos, como en el caso de ’pues’ superan el nivel oracional primigenio para situarse en plano superior enunciativo. Los valores significativos que esas formas adquieren como resultado de su función conectora, se inscriben siempre en el proceso de trasmisión de la idea comunicativa: ya sea en valor fático como en ’hombre’ o en valor apelativo como en ’mira’; bien como reafirmación de la idea expuesta, así en ’claro’ o en ’vamos’; o bien como control del interlocutor indagando su grado de convencimiento o de implicación coincidente en la idea, como en ¿no?; o también en la prudente reticencia del ’bueno’; o bien en el precavido ’no sé’. Que solicitan una reafirmación tranquilizante, muy a menudo sencillamente gestual, por parte del interlocutor; o introduciendo una explicación complementaria y más aclaratoria de la idea desarrollada, así en ‘o sea’. Pero en todos esos valores tan distintos y, al mismo tiempo tan coincidentes en su fin intercomunicativo, siempre es preponderante una tendencia a convencer al destinatario para que, captada la comunicación en sus términos adecuados, el interlocutor la acepte como tal en un mutuo entendimiento de acuerdo compartido.
El otro grupo de conectores, los llamados conmutadores, son los que forman enlace entre enunciados que, en su función de conexión, no solamente se produce la ilación o el entramado de enunciados sino que, además, desempeñan una función complementaria de cambio de modalidad significativa en el enunciado conectado. Además de poder proporcionar información acerca de los predicados que unen, o acerca de las relaciones existentes entre las referencias comunicativas enunciadas.
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2. 1. <¡Uf!> como ejemplo de marcador en la novela “Lo raro es vivir”, de
Carmen Martín Gaite.
Algunos autores tratan de reflejar en unidades léxicas tan pequeñas como pueden ser ¡uf! o ¿eh? sentimientos de dolor, ofensa, etc.
C. Martín Gaite (1997: 62)81 en su novela Lo raro es vivir, hace una
reflexión sobre la palabra ¡uf! y nos dice “ aquel ¡uf! fue como una cuchillada y me
hizo imaginar lo inimaginable”.
Transcribimos el diálogo telefónico sobre el que ella reflexiona:
-¿Sigues ahí? - Sí
-¿Qué has dicho? ¿Has dicho ”¡uf!”?
- Pues mira, no. Pero es una buena sugerencia. ¡Uf!
La protagonista con este ¡uf! desvía la conversación. Y mide con estas palabras su valor funcional:
“Con su ¡uf! acababa de añadir un punto de sofoco al aire viciado que el ventilador desplazaba perezosamente sobre la cama contrahecha de tantas sucesivas visitas y diserciones, un puro montículo toda ella”.
Es necesario analizar la categoría gramatical elegida, observar el carácter deíctico y la capacidad de conexión con los enunciados siguientes.
La conversación telefónica que mantienen los dos protagonistas se va intensificando y termina diciendo “conozco la capacidad de resistencia ante
situaciones embarazosas” así que exclamó:
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La repetición fonética de la vocal ‘u’ pone de relieve la facultad que tiene la vocal para poder completar intencionalmente todos los valores modales que quieren integrarse dentro del contexto.
Cortés (1986:43)82 considera como interjecciones los elementos afectivos,
sintácticamente aislados de la cadena hablada. Así, dos interjecciones repetidas formarán dos enunciados distintos, salvo que constituyan una unidad prosódica.
Funcionalmente pueden caracterizarse estos enunciados por: no formar parte de la oración, por poder constituir por si solas enunciados oracionales y por ser infrecuentes su aparición formando parte de la cadena oracional. Puede ocurrir en ocasiones que estos enunciados interjeccionales estén situados en el interior de otro enunciado, sin que haya lógicamente relaciones sintácticas entre los dos.
Los matices más frecuentes encontrados por Cortés (1986 :45) en las interjecciones fueron:
- desprecio o indignación: <¡bua!>
- sorpresa o extrañeza: <mi madre>, <ehhh> - admiración: <oooohh>
- confirmación: <uff>
Otras interjecciones como <eh> puede convertirse en expletivo pero también puede adquirir otros muchos valores discursivos.
2. 2. <¿Eh?> como ejemplo de marcador en la novela “Corazón tan blanco”,
de Javier Marías.
82 Cortés Rodríguez, L. (1986), Sintaxis del coloquio. Aproximación sociolingüística. Universidad
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En la novela de Javier Marías, Corazón tan blanco (1993: 105)83 el
protagonista le pregunta a unos mendigos, que están tocando en la calle junto a su casa, si se pueden ir a la otra esquina. Para emitir este mensaje se sirve de un marcador conversacional: ¿eh? y añade “lo peor fue ese ¿eh? ofensivo”. La relevancia de este marcador queda clara cuando el hablante se da cuenta que no debía haber realizado tal petición con ¿eh?.
Veamos la situación comunicativa el diálogo de la novela:
“Estaba tocando un pasodoble en la esquina de mi casa. Saqué un billete del bolsillo y con él en la mano le dije:
- Le doy esto si se va a la esquina de más arriba. Yo vivo ahí y estoy trabajando en casa. Con la música no hay quien pueda. ¿De acuerdo?
El hombre amplió la sonrisa y asintió con la cabeza.(...)
- Gracias -dije- Pero váyanse a la otra esquina, ¿eh?
-Sí, señor, en seguida.(Había dicho obediente la mujer gitana).
Y sigue diciendo el protagonista “Hoy me doy cuenta de dos cosas: La primera y menos importante es que no debí insistirles una vez aceptado el dinero y el trato, no debí repetir:- Pero váyanse a la otra esquina ¿eh?, poniendo de antemano en duda su cumplimiento de lo acordado “lo peor fue ese ¿eh? ofensivo”. La segunda resulta más grave, y es que, por tener dinero decidí los movimientos de dos personas ayer por la mañana”.
Queda claro que un enunciado como ¡uf! o como ¿eh? poseen unas propiedades diferentes a la oración, tanto lingüísticas como no lingüísticas. Son
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Son marcadores conversacionales subtipo que anuncian sentimientos y los alimentan bajo:
1.- Una forma lingüística (interrogación /admiración)
2.- Unos valores semánticos a los que podemos sumarle una pluralidad de sentidos en función de la situación comunicativa.
No pueden considerarse únicamente como secuencias laterales de aclaración, como afirma Gallardo Paúls (1996), sino que además obedecen a una recepción problemática o dudosa, donde dicha secuencia lateral se caracteriza por provocar una discontinuidad que interrumpe momentáneamente el discurso.
El marcador conversacional subtipo es ante todo un mecanismo emocional que se proyecta en el discurso para ir en busca de su destinatario, con el fin de que dicha carga emocional sea interpretada como defensa emocional del hablante y como ataque de conducta para el oyente.
Además de ser marcas con función deíctica, ya que proponen coordenadas contextuales dentro de las cuales son producidas.
Son exclamaciones espontáneas que responden de manera inmediata a la irrupción de un estado psíquico de dolor, alegría, sorpresa, etc; pudiendo concluir el enunciado que da cuerpo a la enunciación.
Ahora bien, los marcadores conversacionales subtipo no se utilizan sólo para transmitir pensamientos emocionales, sirven también para manifestar la actitud o la relación del hablante frente al pensamiento expresado, como en el ejemplo: ‘Pues mira no. Pero es una buena sugerencia ¡uf!’
Estos enunciados marcados expresan: ‘actitudes proposicionales’, realizan ‘actos de habla’, y poseen ‘fuerza ilocutiva’.
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El estudio de la representación semántica de las oraciones corresponde a la gramática; el estudio de la interpretación de los enunciados corresponde a lo que
actualmente se conoce como ’pragmática’. Término propuesto por C. W. Morris
(1938), que la define como la relación entre los signos, y sus usuarios o intérpretes. En Levinson (1983), capítulo 1, se ofrece un enfoque mucho más amplio84.
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A. Briz (1998) propone el término Pragmagramática85, con el que se
pretende poner de relieve que el centro sintáctico se desplaza ahora a un centro pragmático y que los entornos y contextos se convierten en marcos explicativos del texto o discurso. Es decir, la información que se transmite en cualquier texto se vincula, además de al sistema o código lingüístico, al contexto de situación, a los usuarios, con sus características diatópicas y diastráticas, y a la relación interpersonal.
Coinciden con este punto de vista J. Bustos y A. Narbona, al afirmar que son los principios pragmáticos y las estrategias comunicativas lo que no permite explicar la gramática en relación con la conversación. Quiere ello decir que en la emisión de un enunciado no sólo descodifica el oyente. Sino que en ocasiones, como en el ejemplo de Javier Marías, el marcador <¿eh?> 86es descodificado
después por el hablante, dándose cuenta del error de haberlo empleado, pues los gitanos habrían obedecido sin haber sido ofendidos con ese <¿eh?>.87
Quiere esto decir, como ya venimos insistiendo que en todo pensamiento
transmitido hay concebida una intención / o una actitud. La comunicación verbal
implica que un hablante emita un enunciado como interpretación pública de uno de sus pensamientos y que el oyente construya una interpretación mental de dicho enunciado, y por consiguiente del pensamiento original. Se podría decir que un enunciado es una expresión interpretativa de un pensamiento del
85Briz, A. (1998), El español coloquial en la conversación. Esbozo de pragmagramática.
Barcelona Ariel.
Para Briz estas unidades o estrategias comunicativas se ubican en una gramática no oracional, sino del enunciado y de la enunciación, y al establecimiento de las categorías pragmáticas y de sus funciones o estrategias comunicativas. Categorías de producción - recepción, intensificadores y atenuantes, y de conexión, conectores pragmáticos, son objeto de este análisis de la relación entre gramática e interacción (de ahí el subtítulo de su estudio: esbozo de pragmagramática).
86 Véase también el trabajo de Blas Arroyo (1995), “La interjección como marcador discursivo:
El caso de ’eh’ “A. L. H., XI.Anuario de Lingüística Hispánica, pp: 92-116.
’Eh’ es definida por Blas Arroyo “como una unidad interlocutiva, que apela explícitamente o
implícitamente al interlocutor, y a través de la cual el hablante marca su actitud hacia
determinadas unidades del habla (proposiciones, actos de habla…), así como hacia sus relaciones con los demás participantes en la interacción.
87 Para Beinhauer (1985: 96) este ¿eh? sugestivo se emplea también en situaciones en que el
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hablante, y que el oyente construye un supuesto interpretativo sobre la intención informativa del hablante dado que, todo enunciado implica por lo menos dos relaciones entre su forma preposicional y un pensamiento del hablante, y una de las cuatro posibles relaciones entre ese pensamiento y lo que representa. De tal manera que un enunciado, en su función de expresión interpretativa de un pensamiento del hablante, es estrictamente literal cuando tiene la misma forma proposicional que el pensamiento. Decir que un enunciado no es estrictamente literal equivale a decir que su forma proposicional comparte alguna propiedades lógicas, pero no todas, con la forma proposicional del pensamiento que se quiere interpretar mediante dicho enunciado.
Si tenemos en cuenta que un enunciado es una expresión interpretativa de un pensamiento, podríamos preguntarnos cómo podríamos medir la actitud y en función de qué.
Según Reardon (1981)88 la actitud “es un constructo hipotético”. Lo que
significa que, la actitud no puede medirse directamente. Lo único que puede hacerse es buscar algo que refleje nuestra actitud, vinculada a las palabras, que son nuestros mejores modos de conducta. Tal y como afirma esta autora, “la
coherencia, la pertinencia y la eficacia no pueden definirse sin tener en cuenta cuándo, cómo, y para quién”. Debido a ello, unidades léxicas como ¿eh?/¡uf! forman parte
de enunciados marcados cuyo propósito no sólo es dar cuenta de la actitud, sino que el objetivo primordial como hemos visto en los ejemplos de Martín Gaite y Javier Marías sería modificar la conducta del otro. Esto nos lleva a plantearnos el estudio de la persuasión como el tercer elemento de la comunicación.
88 Reardon, K. K.(1981), La persuasión en la comunicación. Teoría y contexto, Barcelona. Paidós
Comunicación. pp. 30-57.
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Veamos como se manifiestan los elementos persuasores en el siguiente diálogo.
Situación comunicativa: Carmen y un amigo fotógrafo van a tomar una copa, su amigo le hace una serie de confesiones.
….y he pensado que querrías invitarme a tomar una copa. -Sí, hombre, claro. ¿Qué te pasa? Estás raro.
-No estoy raro, estoy jodido. -A ver, cuéntame, hijo mío.
-Pues nada, mi mujer, que dice que se ha ido de casa, que se quiere separar. -Ya será menos.
-Que no. Que es en serio. -¿Y por qué?
-Yo qué sé por qué. Pues porque las tías sois la pera. Se estaba siempre quejando de que me paso el día y parte de la noche trabajando y no le hago caso, no la saco, y cuando estoy en casa, dice que soy un muermo y que no hablo. -Eso me suena. ¿Trabaja?
-Claro, es enfermera. Pero ella ya sabe cómo es el trabajo de fotógrafo, es un trabajo full–time.
-Pero podrías arreglártelas para estar con ella y compaginar los horarios, ¿no? -Ella debía hacer algún esfuerzo también, ¿no?
-¿Tú quieres que se vaya o no?
-Pues la verdad es que no lo sé. Desde hace unos meses salgo con una tía, tú la conoces porque trabaja en Radio Nacional, una chiquilla joven y eso.
-Pero tú lo que eres es un cabrón, y perdona. -No, oye, que no es lo que te imaginas.
-¿No es lo que me imagino? Pues ya me contarás.
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-A lo mejor es que tu mujer está hasta el gorro de que le pongas los cuernos.
Tú crees que ella no se entera, pero lo sabe perfectamente y lo que no quiere
son escenas ni follones. -Pero irse de casa, así…
-¿Y cómo quieres que se vaya, tío? ¿Tirándote una olla de agua hirviendo
encima o qué?
- No me entiendes. Una mujer no puede abandonar a su marido y largarse de casa así como así.
(C.S.M Y N. :76)
En este diálogo se van alternando los marcadores conversacionales tipo, subtipo y estereotipo, de manera que, en cada intervención el hablante pretende modificar el acto y hacer reflexionar al oyente de su propia conducta.
Actúan en el plano argumentativo con un claro propósito de convencer y persuadir. Son, en definitiva, los responsables de que el interlocutor cambie su comportamiento. La forma con que se van exhibiendo los argumentos, cumple una misión que va desde ‘hacer creer’ a ‘hacer pensar’, para ambos casos es necesaria la adhesión con el interlocutor, en este sentido los marcadores se van vertiendo en enunciados argumentativos con los que se quiere influir, persuadir, seducir, orientar, etc.