Capítulo III. El intercambio comunicativo
3. Nacimiento del marcador conversacional
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surgen de la necesidad de exteriorizase, cada hablante necesita comunicar algo más que conceptos.
En las conversaciones diarias el hablante suele manifestarse convencido de sí mismo, trata de impresionar al oyente, y procura influir de modo persuasivo sobre él. De ahí que nuestras conversaciones necesiten unas marcas discursivas que se expliquen en razón de su expresividad.
Por otro lado, las conversaciones están determinadas por: - Un sujeto hablante que domina
- Un entorno o circunstancias que condicionan
- Un contexto que determina el uso de unas marcas o indicios
Stubbs (1987) define a “la conversación como un microcosmos de relaciones
básicas, sociales, y personales”.
Si la conversación es un microcosmos de relaciones de diverso tipo, el hablante y el oyente tienen, por fuerza, perspectivas distintas para negociar un entendimiento mutuo.
Para Levinson (1983: 280)107 la conversación: “es el resultado de la interacción de dos o más individuos independientes con un objetivo concreto y cuyos intereses son a menudo divergentes”.
En ambas definiciones se negocia un entendimiento, que tiene como base el desarrollo de una acto comunicativo.
Todo acto de comunicación da lugar a => infinitos actos de enunciación => infinitos enunciados => infinitos sentidos => infinitas interpretaciones.
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En el lenguaje el hablante encuentra las estructuras semántico - sintácticas necesarias, y en la comunicación la selección de procesos, es decir, modos de relación.
Así, todo hablante tiene que seleccionar la información, formularla y expresarla por medio de la suma de lenguaje (entendido como actividad lingüística), más la comunicación (entendida como un proceso de interacción). Es posible afirmar que todo acto de habla se construye a medida que se anuncia, siendo al mismo tiempo un acto de intención que está atado a unas convenciones contextuales, que a su vez se ven unidas a las relaciones interlocutivas; en la medida en que se necesita un conocimiento previo del contexto para poder reaccionar adecuadamente.
Por tanto, el acto de habla, se organiza en tres fases: 1.- Fase de selección de información. 2.- Fase de formulación.
3.- Fase de expresión.
Que se regulan según Caron (1988: 162)108 por: a) Un campo discursivo que comporta:
Una organización propia, es decir, conjunto de relaciones entre los elementos que lo constituyen; una localización espacio - temporal vinculada al aquí - ahora de la enunciación; un sistema de evaluaciones positivas o negativas.
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- la implantación de los enunciadores en el discurso; - la modalización de los enunciados;
- y su función ilocutoria.”
Si la comunicación está necesariamente regulada por unas normas, éstas han de entenderse como normas que se negocian, se modifican, y se transgreden. La conversación se caracteriza por la falta de planificación, varía dependiendo de las circunstancia de su contexto y se configura siempre teniendo en cuenta que es lo que pretenden conseguir: unas veces se intenta asertar, otras se intenta provocar una respuesta verbal o no verbal, y otras veces se provoca una respuesta actancial.
Bango de la Campa (1994)109 señala que “Si por modalidad entendemos la opción intencional de todo locutor sobre su interlocutor, legitimamos la utilización de este término y hablamos entonces de modalidades de enunciación o modalidades enunciativas, reducidas a tres: aserción, interrogación, e imperación”.
Las mismas estructuras que hemos señalado para la organización del diálogo: enunciación, interrogación y mandato.
Esta modalidad de imperación es la que nos interesa destacar para establecer la definición de marcador conversacional.
Es la modalidad de imperación, la que más fórmulas de enunciado, ya primitivas, derivadas o alusivas, ha desarrollado para su ejecución. Mecanismos y procedimientos todos ellos con una única intención: provocar una reacción actancial en el interlocutor.
109 Bango de la Campa F. M (1994): “ Modalidades enunciativas y fórmulas de enunciado” en J.
F. Corcuera, M. Djian, A. Gaspar. (1994), La lingüística francesa, situación y perspectivas a
finales del siglo XX. Actas del coloquio organizado por el Departamento de Filología Francesa de
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De este concepto de modalidad nacen los marcadores conversacionales que tratan de dejar bien sentado el yo frente al tú. El “Yo” impone su voluntad, sin agredir el espacio del “Tú”.
El “Yo” es, en principio, quien realiza la actividad de enunciar, el acto intencional de los actos ilocutivos del enunciado, y el designado en primera persona por el lenguaje en el acto de enunciar.
“Tú” es más que el receptor de lo que “yo” dice; es el destinatario al que el “yo” dirige su acto ilocutivo, y en función del cual se organiza el mensaje y su lenguaje en el acto de la enunciación. La segunda persona “corresponde a quien, sin hablar, participa: Tú designa, así, a una instancia que participa en el acto comunicativo en la medida en que quien habla la instaura como receptor” (Rivarola, 1984: 202)110.
3. 1. Aspectos fundamentales que los definen.
El marcador tiene una función deíctica en relación a los participantes de la conversación, lo que nos lleva de nuevo a pensar en la cantidad de nombres que le hemos venido dando a todas estas expresiones coloquiales y familiares propias del lenguaje conversacional.
Según la autora, la lengua ofrece tres posibilidades de expresión de la intencionalidad del locutor, entendida ésta en su relación con el alocutor: 1-Enunciación no reactiva, 2-Enunciación reactiva verbal. 3-Enunciación reactiva actancial o accional.
110 Rivarola , J. L (1984), “¿Quién es nosotros?”, Estudios Lingüísticos de la Universidad de Alicante, 2 pp. 201-206.
Véase también Vigara, Tauste, A. Mª. (1996) “Sobre deixis coloquial” en Pragmática y
gramática del español hablado. Actas del II Simposio sobre análisis del discurso Universidad de
Valencia. Pórtico. pag.261.
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Para Vigara (1980)111, autorreafirmativos del hablante, excitantes de la
atención, o simplemente unidades de estrategia comunicativas.
Para Ortega Olivares, alargadores de expresión, enlaces coloquiales para M. Seco, y elementos extraoracionales para Gili Gaya.
Grice los asoció a las llamadas implicaturas conversacionales; pues estas marcas estaban sujetas a deducciones que surgían casi siempre de los sobreentendidos o presuposiciones, por lo que su interpretación podría realizarse a varios niveles, de modalidad enunciativa, imperativa etc.
Se ha venido insistiendo durante años en esta función social del lenguaje, en la importancia del contexto y la situación interactiva, en la variedad y diversidad lingüística y sobre todo en la habilidad del hablante para crear situaciones de interacción verbal completamente nuevas.
Describir cuáles son estas categorías gramaticales, estos patrones lingüísticos, estas unidades enunciativas, puede considerarse una labor imposible; sin embargo, se pueden reconocer funciones, puede determinarse a que clase de actos de habla se incorporan, partiendo de una caracterización semántico - sintáctica del enunciado y teniendo en cuenta los elementos que rodean a este enunciado. Todo esto nos ayudaría a explicar los actos de enunciación de los que somos objeto.
Los marcadores conversacionales sólo se dan en función interactiva se generan para lograr la conexión, se hacen relevantes desde su primera intervención. En fase inicial, suelen ser estructuras lingüísticas más largas, el saludo, la identificación, la introducción del tema requiere un proceso más amplio, en la fase de mantenimiento suelen ser estructuras lingüísticas más por definición en el yo–hablante, la primera y la segunda persona se consideran “deícticas” en la enunciación, la tercera no”.
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cortas ya que el hilo discursivo es más dinámico. Lógicamente esto no constituye un hecho empírico, pero responde a un plan normalmente establecido, en la fase media o de mantenimiento se producen más intercambios de información. Quizá por ello, los marcadores conversacionales se convierten en esta segunda fase en unidades más pequeñas (a veces de una sola palabra), lo que permite al oyente tomar la palabra e interrumpir al hablante. El oyente suele aprovechar esta circunstancia, y sin respetar su turno, interviene con un marcador conversacional convertido en muletillas para evitar estas superposiciones entre hablante y oyente que son tan frecuentes.
Pero también se da en esta fase de mantenimiento el caso contrario: que los interlocutores traten de evitar los silencios, para lo cual se emiten vocalizaciones del tipo (ejem) mmmmmm, o elementos de dilación como (esto,
bueno, vamos a ver, pues, ehm,...etc.); acompañados la mayoría de las veces de
otros rasgos paralingüísticos como la mirada, gesto, movimientos corporales etc.
Los hablantes tratan siempre de subsanar este problema, buscando algún enunciado acorde con el contexto. La fase siguiente es compleja, pues el oyente trata de interpretar y remodelar el sentido del enunciado. De ahí la importancia de estas marcas de interconexión discursiva.
Sin embargo, la lengua coloquial dispone de expresiones estereotipadas que invitan al hablante a concretar o detallar el sentido de un determinado enunciado, dejándolo insinuado ante interlocutor.
Se trata en este caso de fórmulas de imprecisión que aparecen en la fase final de cierre.
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Estas fórmulas de imprecisión suelen actuar como cierre del diálogo pero no siempre, ya que el hablante puede esperar cierto tipo de contestación, aunque bien es verdad que puede no darla, pues a veces el uso de estas marcas le harán pensar que no hay razón para seguir.