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COMPORTAMIENTOS RECU RRENTES

In document Libro Quien Soy Yo (página 179-184)

Todos experimentamos cierto grado de tensión en nuestras re­ laciones, pero esta tensión tiene un objetivo positivo que es el de motivamos a desempeñar mejor nuestras actividades. El inter­ cambio emocional entre los jugadores animándose mutuamente para vencer en el juego, por ejemplo, constituye un tipo de ten­ sión positiva. La aprobación del entrenador y el aplauso de la multitud constituyen un acicate que eleva todavía más el nivel de tensión experimentado por los jugadores. Si, además, el aconteci­ miento deportivo es lo suficientemente importante para nosotros,

Cuatro tipos de relación

experimentaremos la tensión aunque nos hallemos contemplando el espectáculo por televisión a miles de kilómetros de distancia. Existe multitud de ejemplos que demuestran que la tensión es un factor muy importante en casi todos los aspectos de nuestra vida.

Sin embargo, también podemos sacar a relucir incontables ejemplos de las consecuencias de la tensión negativa en nues­ tra vida cotidiana ya que, cuando ésta aumenta, nuestras accio­ nes pueden volverse defensivas y caemos en aquello que de­ nominamos un comportamiento recurrente.

Mantienen su postura

Los dos estilos que ocupan la zona superior de la escala de

la dominancia tienden a exhibir una conducta recurrente bajo la

forma de lucha. Cuando las personas del tipo deliberativo y del tipo consejero experimentan un incremento de la tensión suelen manifestar un comportamiento agresivo. Por otra parte, aunque ambas sean modalidades de lucha, los comportamientos recu­

rrentes de los estilos directivo y colaborativo tienen una natu­

raleza muy diferente. Las personas que pueden ser adscritas a la

modalidad /, por ejemplo, tienden a la lucha cuando se sienten

amenazadas, pero siguen manteniendo, en cualquier caso, un control sobre sus emociones y, de este modo, podríamos definir sus acciones como autocríticas. Las personas que pertenecen a la modalidad ///, por su parte, también luchan cuando se sien­ ten amenazadas, pero tienden a implicarse emocionalmente, por lo que sus confrontaciones suelen asumir un cariz personal. Es por ello por lo que su actividad recurrente tiende a adoptar la forma de ataque personal.

Pueden posponer la batalla para otro día

Las personas encuadradas dentro del tipo consejero o cola­

borativo expresan la tensión bajo la forma de una conducta in-

hibida o escapista. Ambos estilos, ubicados en la zona más baja de la escala de la dominancia, tienden a exhibir compor­

tamientos recurrentes bajo la forma de fuga. Pero, al igual que

ocurría anteriormente, el estilo de ambas fugas resulta también diferente. Así, las personas pertenecientes a la modalidad II tenderán a huir cuando se sientan tensos, pero su comporta­ miento siempre manifestará un consentimiento o una rendi­ ción, mientras que las personas encuadradas en la modalidad

IV, por su parte, tenderán a la fuga como una forma de tratar

de evitar el compromiso emocional.

Tipologías de empresa y liderazgo

Comportamientos recurrentes

Modalidad IV Modalidad I Deliberativo Directivo

Evitación Autocrático Modalidad II Modalidad III

Consejero Colaborador Conformista Agresivo

ESTRATEGIAS DE PLANIFICACIÓN

En la medida en que desarrollemos la capacidad de estable­ cer relaciones productivas también aprenderemos a desarrollar estrategias de planificación. A continuación presentamos un conciso plan de acción que se basa en tres elementos funda­ mentales.

1. Todo estilo necesita un apoyo. 2. Modo de organizar el tiempo.

3. Lo que uno necesita aportar al proceso de toma de

decisiones.

Modalidad I: directivo

La persona que responde a la modalidad I necesita libertad de acción. Cuando se propone un objetivo, se mueve hacia su consecución de manera decidida y persistente. Así pues, debe­ mos apoyar sus conclusiones y acciones y tratar de utilizar efi­ cazmente nuestro tiempo. Cuando se desarrolla el proceso de toma de decisiones podemos aportar nuestras alternativas y también nuestra evaluación de las posibilidades pero, en cual­ quier caso, debemos dejarles decidir a ellos y concentramos en el logro de los resultados previstos.

Modalidad II: consejero

Cuando trabajamos con alguien perteneciente a la modali­ dad II debemos establecer relaciones de equipo y de apoyo. Hay que utilizar el tiempo para establecer un contexto amable en el que negociar el trabajo. En el proceso de toma de deci­ siones debemos hacer un esfuerzo para asegurarles el apoyo y

aportar garantías personales en lo relativo a los resultados. El

estilo propio de la modalidad II se esfuerza en desarrollar la confianza y la seguridad y en demostrar el motivo por el cual una determinada decisión es la más adecuada.

Cuatro tipos de relación

Modalidad III: colaborador

Las personas de este estilo reaccionan favorablemente en las situaciones en las que los problemas requieren de solucio­ nes difíciles. Apoya sus ideas y sus concepciones. Utiliza su

tiempo para desarrollar un diálogo estimulante y tratar de no

complicarse con detalles muy minuciosos. Aporta razones que favorecen la toma de decisiones en forma de incentivos y re­ compensas por los resultados exitosos. No teme implicar a otras personas en el proceso, mostrándoles prácticamente

quién está dispuesto a participar.

Modalidad IV: deliberativo

La necesidad de ser correcto y la calidad del proceso son la clave para la planificación de actividades en el contexto del es­ tilo encuadrado en la modalidad IV. Apoya las ideas y los prin­ cipios de los demás y utiliza su tiempo para ser exacto. Su pro­ ceso de toma de decisiones es muy cuidadoso. Para ellos tiene más valor una decisión correcta que una autoritaria. Aporta pruebas y evita discutir las cuestiones personales. Es persisten­ te y demuestra la forma de llevar a cabo el plan previsto.

12. CINCO ESTILOS DIRECTIVOS:

EL EQUILIBRIO ENTRE LA

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