Una clave para tener una perspectiva más clara de la fun ción de las seis diosas en la Rueda consiste en disponerlas en pares de opuestos, indicándonos, de ese modo, de manera grá fica, sus rasgos comunes y sus rasgos antagónicos. A esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de las tres diadas de
diosas. A medida que vayamos profundizando en su conoci
miento nos daremos cuenta de que estos pares manifiestan cualidades diferentes y complementarias.
Una diada de la que ya hemos dicho algo es la que existe entre Artemisa y Atenea. En su faceta de diosa de la vida sal vaje y de diosa la vida civilizada, respectivamente, son cierta mente opuestas pero también hay que decir que comparten dos cualidades fundamentales, ya que ambas portan armas (a modo de guerreros) y ambas carecen de compañero o amante. El temperamento de ambas diosas las hace proclives a vivir y tra bajar en soledad prescindiendo de la compañía del varón. Es por ello que este par de opuestos de la Rueda de las Diosas re cibe el nombre de diada de la independencia. Así pues, aun cuando puedan contraer matrimonio, necesitan, sin embargo,
de relaciones muy independientes y libres. En el mundo anti guo eran conocidas como las diosas «vírgenes», lo cual signi fica también que eran solteras. (La castidad como componen te virginal es el resultado manifiesto de un valor patriarcal superpuesto.)
Sus diferentes mundos también son el reflejo de un estilo de relación diferente. Atenea es extravertida y se relaciona con el mundo a través de un equipo en medio del bullicio y com petencia propio de la vida urbana. Artemisa, por el contrario, es más bien introvertida, prefiere trabajar en soledad, alejada de la muchedumbre enloquecida, acompañada tal vez de uno o dos amigos como máximo, o en una comunidad selecta de amantes de la soledad.
No obstante, la independencia de sus temperamentos supo ne que ambos aspectos de la diada Atenea-Artemisa pueden aparecer en una misma mujer. No es extraño encontrar a una mujer joven trasladándose de la ciudad al campo o viceversa en diferentes fases de su vida. Por otro lado, si sólo se desa rrollara un polo de esta diada muchas mujeres encontrarían re lativamente fácil desarrollar el otro.
Un segundo par de opuestos -aunque, de entrada, no parez ca tan evidente- es el que existe entre Hera y Perséfone. Su diferencia más acusada radica en el modo en que se relacionan con el mundo externo e interno. Pareciera como si Hera, en tanto que suprema extravertida, se ocupara tan sólo del mundo externo, mientras que Perséfone -en su calidad de introverti da- despreciara al mundo externo y prefiriera, por el contrario, el reino psíquico interior de los espíritus. Así pues, esta diada (denominada diada del poder) está relacionada con la reina del cielo y con la reina del mundo subterráneo, ocupadas del con trol de sus respectivos ámbitos.
La disparidad de sus visiones del mundo y de sus egos -el ego de Hera es extraordinariamente poderoso mientras que el de Perséfone, por su parte, es tan débil que resulta vulnerable a los espíritus- hace que resulte difícil que ambas diosas lleguen a apreciarse y comprenderse mutuamente. No obstante, si son
capaces de superar sus prejuicios personales, tienen muchas co sas que aprender la una de la otra. En términos generales, Hera debe aprender a relacionarse más con el mundo interior mien tras que Perséfone, por su parte, necesita salir de su caparazón. El par de opuestos restante es el formado por Deméter y
Afrodita, dos diosas ligadas a diferentes manifestaciones del
amor, a las que denominamos diada del amor. Ambas tienen su propia manera de expresar el amor y su experiencia corpo ral. Deméter reserva el amor para sus hijos, sirvendo como un recipiente desinteresado para las personas que ama física y es piritualmente. Afrodita, por su parte, también nutre espiritual y físicamente, pero no conteniendo o cuidando a quienes ama sino ofreciendo a sus amantes su completa madurez y otredad. Afrodita siente más amor por el adulto que por el niño. El amor de Deméter, por su parte, es más introvertido y lleva siempre en su corazón a aquéllos a quienes ama sin importarle lo lejos que se hallen mientras que Afrodita, en cambio, dada su cualidad extravertida, sólo puede sentirse satisfecha si cuen ta con la presencia física de su amante.
Para Deméter el cuerpo es un recipiente sagrado mientras que para Afrodita constituye un objeto de amor sagrado, un portador de belleza. Resulta bastante difícil que una mujer Afrodita llegue a disfrutar plenamente de su primer embarazo y, de modo parecido, la mujer Deméter no suele apreciar su cuerpo estéticamente porque lo experimenta y lo trata de ma nera muy diferente. A pesar de ello, ambas pueden aprender mutuamente y compartir los estilos de amar y de relacionarse con el cuerpo de la otra.
Las tres diadas también se corresponden, de un modo gene ral, con las orientaciones temperamentales de la introversión y la extraversión:
Di a d a i n d e p e n d e n c i a p o d e r a m o r
La diosa interna: una tipología junguiana de la mujer
Extravertida A ten ea H era A frodita
A este respecto, la Rueda se divide diagonalmente de modo que las tres diosas más volcadas sobre la realidad externa se si túan en la parte superior derecha mientras que las diosas de ca rácter más interno se ubican en la parte inferior izquierda. Úni camente Deméter parece no encajar del todo en este esquema ya que está bendecida con una saludable mezcla de amor in trovertido y de energía extravertida que le permite cuidar de sus hijos y de su familia. Debemos añadir, por último, que Afrodita también puede ser considerada como una diosa con cierta cualidad interior ya que, generalmente, cuando se halla en la intimidad gusta de emprender con sus amantes una espe cie de búsqueda del alma o de introversión compartida.