“El ser hombre propiamente comienza por tanto allí donde deja de existir el ser impulsado, para a su vez cesar cuando cesa el ser responsable. Se da allí donde el hombre no es impulsado por un ello, sino que hay un
yo que decide”.
L
a transformación se da en la comunicación.Los seres humanos aprendemos de toda forma de co- municación, y al aprender nos transformamos. No existe la comunicación neutra. Puede ser una transformación dañina para la sociedad, como cuando el niño ve dema- siadas películas violentas y asume la agresión a otros como una conducta válida. O puede ser una transfor- mación social, en la misma dirección del bien común, al vivir en una familia armoniosa, a este tipo de transfor- mación le llamamos avanzar.
Avanzar, en línea con el bien común
Significa que avanzar como personas no es neutro en lo valórico. Hay un compromiso con el comportamiento ético y el fomento de las virtudes. Es decir, la supera- ción personal siempre sigue la dirección general del bien común —si no, no sería superación. Igual hay infinitas posibilidades avanzando en esa dirección y la forma de identificarlas es a través de los sueños, hasta formar una visión, o un ideal. Por eso el filósofo y catedrático español Alfonso López Quintás, dice: “La vida del hom- bre adquiere sentido cuando se orienta a la realización de un ideal auténtico. Mi ideal es auténtico cuando res- ponde a mi vocación profunda de hombre”.
Avanzar es cumplir el mandato espiritual y biológico de ser cada día un poco mejores.
No se trata de estresarse acelerando el paso, sí es in- dispensable la percepción de ir avanzando. ¿Avanzar con la cabeza inclinada y la sensación de obligatorie- dad? ¡No! Mejor no lo haga. Necesitamos ánimo, pa- sión, perseverancia y alegría, como el niño que aprende a caminar, porque ¡siempre estamos aprendiendo a ca- minar!
¿Por qué avanzar? Porque en la transformación perso- nal está la vida, así como en el estancamiento se en- cuentra la muerte.
La forma más representativa del avance son los cam- bios logrados ahí “donde las papas queman”, como cuando en una relación un contacto típico ha sido hirien- te y ahora decidimos responder diferente. Es el momen- to de la verdad.
El momento de la verdad
El momento de la verdad es todo contacto con otros seres humanos, personal o a través del ambiente, como cuando llega una visita a la casa y observa. Ese es un momento de la verdad para la dueña de casa aunque no este presente.
Cada momento de la verdad es una oportunidad de co- municación que debe ser bien aprovechada en hacerlo bien y dejar una excelente impresión. De ahí el antiguo dicho: la esposa del Rey debe ser y parecer virtuosa. Algunos ejemplos de cambio concreto en momentos de la verdad:
• A Rosa le molesta que su esposo Alberto salga a encontrarse con su amigo Pablo, aunque reconoce que a su esposo le agrada y sabe que el encuentro con Pablo es de una sana conversación. En el próxi- mo momento de la verdad, cuando Alberto se acerca —con cierta dosis de temor que se revela en su mi- rada— a decirle que saldrá con su amigo Pablo, Ro- sa lo abraza, le ayuda a ponerse su abrigo y le desea de todo corazón que lo disfrute (de propia iniciativa Alberto comenzó a realizar encuentros más breves con Pablo para volver a casa cuanto antes).
Rosa hizo el cambio sin mayor cuestionamiento, en un trabajo personal activo. Cabe agregar que nada había logrado antes, hurgando en su pasado para in- tentar buscar “la causa” de su actitud.
• A Víctor no le agrada que María, su esposa, use ma- quillaje, aún reconociendo que ella se pinta modera- damente. En el siguiente momento de la verdad, al salir al trabajo en la mañana, Víctor le hace notar lo bien que se ve y aprecia como María cambia desde estar preocupada hacia una sensación de alivio. A la mañana siguiente repite los halagos y a los pocos días le regala un set de maquillaje, del gusto de Mar-
ía (después de un tiempo, de propia iniciativa María
disminuyó la cantidad de maquillaje).
• Juan está recién casado con Camila. A él no le gusta la comida con cebolla y sabe que Camila es una ex- celente cocinera. Se da cuenta que Camila estaría dispuesta a no usar cebolla si él se lo pidiera, aunque aprecia la limitación que eso significaría en las posibi-
lidades de la cocina. Decide entonces aprender a comer la cebolla en todas sus variedades, al mismo tiempo que agradece la cocina de su esposa (Camila se dio cuenta que a Juan no le gustaba la cebolla y apreció su trabajo de aprender a degustarla, así que la usó relativamente poco hasta que Juan realmente aprendió a disfrutarla).
• Javier tiene el mal hábito de llegar atrasado o justo a la hora de cursos o reuniones. En el próximo momen- to de la verdad, en una cita con su novia, llega 10 minutos antes y disfruta relajadamente esos minutos de espera (Javier aplicó la nueva conducta a todos sus compromisos y ganó mucho en calidad de vida, su novia adquirió con mucho agrado el nuevo hábito). Ni las terapias ni los cursos ni los títulos ni las lecturas ni la devoción religiosa son avances en comunicación, sí son herramientas que ayudan al cambio según como nos impacten personalmente y sean palancas de cam- bio. El cambio existe cuando hay una decisión conscien- te de hacer una acción diferente en un momento de la verdad. Tenemos la voluntad para alcanzar esa peque- ña gran meta. Es un desafío personal perfectamente posible y que está por sobre los condicionamientos de la infancia, del medio o de otro tipo.
CUIDADO CON LAS EVASIONES
Siendo excelentes herramientas para el cambio, veo con demasiada frecuencia que la religión o la sicología se usan como vías de escape para mantener intactas las conductas que tanto nos afectan y a los demás. Se muestra el título o la dedicación, pero el testimonio
personal está ausente. Para ser justo, en la religión, sicología y otras formas de ayuda hay frecuentes lla- mados a poner en práctica buenas orientaciones. Que a veces se nos pasen por alto es otro tema.
Por otro lado, al dar reiterativamente una respuesta dife- rente, estamos creando poco a poco un nuevo condicio- namiento, útil a nuestros actuales objetivos, reconocien- do que requiere un trabajo consciente al principio.
¿Sabe usted qué obtendremos al dar las mismas res- puestas de siempre? Resultados cada vez peores, por- que ni siquiera se da la adaptación a la natural trans- formación del medio.
Mis amigos María Isabel y Francisco Ibarra, de la em- presa de Confecciones Modella han internalizado tanto la frase: si uno sigue haciendo las misma cosas de
siempre obtendrá, a lo más, los mismos resultados de siempre, que esta ha sido la base de la motivación para
remodelar la tienda, abrir otras, viajar a Estados Unidos, hacer lanzamientos, etc…
A propósito, otro gran amigo, Francisco Guerrero, fun- dador de Integramédica y otras organizaciones (a quien se puede ver paseando tranquilamente por Viña del Mar con su familia los fines de semana), al igual que Herácli- to, dice: “lo único permanente es el cambio”.
Hacer un cambio en el momento de la verdad, solamen- te depende de nosotros, de “hacer las tareas”, porque ¡tenemos libre albedrío!.
¡Tenemos libre albedrío!
Uno de los aspectos que más obstaculiza la transforma- ción personal, reflejada con particular énfasis en los momentos de la verdad, es nuestro conjunto de creen- cias, o prejuicios: “las cosas son así”, “el mundo es co- mo es”, “Dios así lo quiere”, etc… Entre ellas, la creen- cia en un Dios responsable de todos los sucesos del día a día es una de las más inmovilizantes.
La creencia en un Dios que actúa a nivel de cada suce- so de nuestra vida, hizo que durante la Edad Media la expectativa de vida disminuyera a niveles cercanos a los treinta años. Si un obrero se caía de un andamio era obvio que Dios así lo quería y eso no tenía que ver con protecciones, sin un niño moría de alguna enfermedad eso era la mano de Dios y nada tenía que ver la limpie- za, ¡ah, sí, las pestes obviamente eran un castigo de Dios!. Esta forma de pensamiento justificó (y todavía justifica) todo tipo de irresponsabilidades y desatencio- nes, como salir, o permitir salir, de noche por lugares peligrosos, evitar trabajar en la limpieza de los lugares donde pasamos, dejar de lado la prevención o no dar oportunamente un remedio a un niño, es que… Dios así lo quiere.
Durante el siglo XIII y después de la cuarta cruzada (que no llegó a Jerusalén, porque los nobles cruzados se desviaron a saquear Constantinopla, la capital de sus aliados del Imperio Bizantino), Stephan, un adolescente pastor francés, organizó una cruzada de los niños para combatir a los Turcos. El Rey de Francia la prohibió, pero el fervor popular en Alemania hizo que muchos
niños se enrolaran en esta aventura, sus padres creían que la fe de un niño valía más que la espada de un ca- ballero. Y partieron, sin armas ni provisiones, porque estarían protegidos por Dios. La mayor parte falleció en el camino por hambre, frío o enfermedad, los pocos que llegaron a la costa del Mediterráneo fueron vendidos como esclavos por mercaderes… cristianos.
Esta creencia de dependencia sólo comenzó a cambiar durante el Renacimiento, cuando se retomó la senda de mayor humanidad y se volvió a una creencia muy ante- rior: Dios nos da libre albedrío. ¡Somos libres! Con de- beres y derechos (no es casual que pusiera los deberes primero). Así, es nuestra responsabilidad cuidar nuestra salud, forjar nuestro futuro, aplicar creatividad en las relaciones, proteger el entorno, aprender, avanzar, etc… Dios no nos hace las tareas, aunque sí nos da las herramientas para que las hagamos.
¡Cierto! Es como la agobiante sobreprotección o el liber- tinaje en los niños (ambos aspectos sorprendentemente cercanos) versus una educación que reconozca la indi- vidualidad, acepte el error, tenga orientación al bien común, busque incrementar la calidad de vida y deje aprender, entre otros lineamientos.
Hacer, realmente, todo lo que podemos hacer por noso- tros mismos y los demás, no significa dejar de lado la complejidad del mundo y los misterios de la vida. ¿Dejar los resultados en manos de Dios? Sí, después de hacer las tareas, es decir, después que hayamos aplicado el sentido común y la inteligencia que Dios nos dio.
El libre albedrío nos obliga a tomar en nuestras manos el destino de nuestras vidas, construido con ladrillos que llamamos momentos de la verdad, aplicados cuando las
cosas suceden, ¡ahora!, no sirven para cambiar el pasa-
do ni para vivir la teoría que es el futuro, sólo sirven pa- ra disfrutar el tiempo presente.
Disfrutar el tiempo presente
El tiempo presente no se pierde ni se gana, sólo se aprovecha o no para avanzar a través de crecer, apren- der, compartir, construir y crear cada momento de tal forma que tenga significado, que nos ayudemos noso- tros mismo o a los demás. El tiempo presente es lo úni- co que realmente tenemos, lo que vivimos consciente- mente segundo a segundo. El maestro Osho, creador del movimiento Zen, dice: “Hagas lo que hagas, si lo haces gozosamente, si lo haces amorosamente, si el acto de hacerlo no es puramente económico, entonces es creativo. Si eso hace que se origine algo en tu inter- ior, si te impulsa a crecer, es espiritual, es creativo, es divino”.
¿ACASO NO ES EL TIEMPO INDIVISIBLE COMO EL AMOR?
Ya lo decía el poeta Khalil Gibran en su libro El Profe-
ta: “Lo eterno de ti es consciente de la eternidad de la
vida. Y sabe que el pasado es sólo la memoria del presente y que el futuro es el sueño del presente. ¿Quién no siente que su capacidad de amar supera todos los límites? ¿Acaso no es el tiempo indivisible como el amor?”.
Así, el ideal es diseñar y construir cada momento como si fuera una obra de arte. ¿Nos llaman por teléfono? Qué bien, probemos una voz grata y palabras de acogi- da (tal vez incluso nos pregunten cuán ocupados esta- mos y si podemos hablar en ese momento). ¿Prepara- mos una exposición? Excelente, entreguémonos a ella como si fuera la más importante de nuestra vida (y lo es). ¿Disponemos de algún tiempo solos? Qué buena ocasión para reflexionar o relajarnos. ¿Hay que dar las buenas noches a nuestros hijos? Maravilloso, que buen momento para transmitir mensajes positivos junto con la bendición. ¿Nuestro cónyuge viene llegando a casa? ¡Qué alegría! Es una estupenda oportunidad para dar abrazos apretados y escuchar con toda nuestra aten- ción (con el televisor apagado. Ah… sí, y el celular).
INSTANTES (JORGE LUIS BORGES, EXTRACTO) Si pudiera vivir nuevamente mi vida.
En la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto. Me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho, tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres. Y jugaría con más niños.
Pero ya ven, tengo 85
y sé que me estoy muriendo.
Siempre que aprovechamos el tiempo presente para beneficiar a los demás, nos beneficiamos ampliamente nosotros mismos: ganamos energía, limpiamos nuestro organismo de toxinas, mejoramos las relaciones e in- crementamos nuestra calidad personal.
EL DÍA DE LA MARMOTA
Hay una curiosa película —El día de la marmota, re- bautizada en español como Hechizo del tiempo— pro- tagonizada por Andie McDowell (Rita) y Bill Murray (Phil). Ambos tienen que hacer un breve reportaje en un pequeño pueblo, pero Phil queda atrapado en el tiempo en ese día específico, el que vive una y otra vez. Trata de sacar partido de la situación y comienza a buscar todas las experiencias posibles.
Con el tiempo, se obsesiona por conquistar el amor de Rita, cada día averigua un poco más acerca de sus gustos y simula que también son los suyos. Evidente- mente, Rita se da cuenta de esa incoherencia y el “día
perfecto” que tiene planeado termina siempre en una
bofetada. Poco a poco, aprende que el asunto no es fingir el comportamiento que a Rita le gustaría. Así comienza un proceso de avance personal verdadero: aprende a tocar un instrumento, ayuda a los demás, hace cada vez mejor su trabajo, se viste y presenta bien y disfruta los momentos que Rita libremente le otorga. Tal parece que, sin proponérselo, es ella la que un día se enamora de él y entonces…
Para vivir intensamente el tiempo presente es necesaria cierta predisposición emocional, que podemos lograr haciendo cambios en nuestro estado de ánimo.
Cambios en nuestro estado de ánimo
Mejorar el estado de ánimo también es una forma de avanzar, porque ayuda a crear ambiente y una predis- posición positiva para disfrutar la vida. Desde un punto de vista totalmente práctico, ¿cómo lograr un cambio de
estado? Por ejemplo, cuando nos vemos entrar de lleno en la melancolía, caemos en un túnel de recriminacio- nes personales o hacia otras personas, nos ponemos pesimistas, temerosos, etc… ¿Cómo salimos?.
Sin pretender dar respuestas definitivas ni agotar la pro- fundidad del tema, sugiero algunas acciones que he visto funcionar:
• Obtener éxito, me refiero tanto al éxito en cosas rela- tivamente mayores (que también ayuda mucho) co- mo a los pequeños éxitos del día a día: una felicita- ción de alguien, terminar de ordenar un cajón, com- pletar la lectura de un libro, un piropo, poner las cuentas en orden, etc…
• Darle perspectiva a la vida y comprenderse a través de leer y escribir un diario de vida, donde los pensa- mientos positivos tengan un sitio especial.
• Una conversación con un amigo o amiga, de esas personas que a uno lo dejan liviano, que transmiten paz y optimismo aunque no hablen.
• Una visita a la iglesia o al terapeuta.
• Hacer algún deporte, bailar o sólo caminar.
• Arreglarse con la mejor vestimenta, aunque se quede en casa. Por supuesto, mejor si aprovecha de pasear o va de compras.
• Trabajar en los pensamientos positivos, para ver las cosas de manera diferente, yo le llamo hacer una limpieza mental. Por ejemplo, si se trata de la pareja, en lugar del resentimiento que hasta nos hace mas- cullar, darle un vuelco y partir de la base que la per-
sona es buena, perdonar y bajar el perfil al problema, por algo se casó con él.
• Repasar la lista de chistes que más le hacen reír. Si no la tiene, es un buen momento para hacerla.
• Revisar la lista de fotografías con las experiencias más felices en su vida. Intente reproducir la emoción que sentía en esos momentos.
• Si nada de eso resulta, le recomiendo ver alguna película motivadora y con mensajes positivos, como las que comento en el libro.
Como beneficio adicional, un cambio positivo en el esta- do de ánimo le ayudará a buscar mejores soluciones a sus problemas en un ambiente de armonía.
Armonía
Lograr armonía consiste en mantener la coherencia in- terna y con el medio en todo ámbito de planos, por ejemplo, entre lo que pensamos y decimos, y entre lo que decimos y hacemos.
SINCRONÍA ENTRE LAS PERSONAS
Daniel Goleman muestra como la sincronía “transmite” los estados de ánimo entre las personas, dice: “el gra- do de compenetración emocional que las personas sienten en un encuentro queda reflejado por la exacti- tud con que se combinan sus movimientos físicos mientras hablan, un indicador de cercanía del que típi- camente no se tiene conciencia. Una persona asiente con la cabeza mientras otra hace una observación, o ambas se mueven en su silla al mismo tiempo. Esta sincronía parece facilitar el envío y recepción de esta-
dos de ánimo, incluso si son negativos”. Luego agrega que generalmente la dirección de envío es desde la persona más expresiva hacia la más pasiva.
También es armonía la integridad, es decir, estar com- prometidos con nuestros propios valores y convicciones, asumiendo la responsabilidad y el riesgo por lo que diji- mos o hicimos.
Se hace indispensable alinear el interés personal con el interés del grupo, lo cual logramos a través de amplios y permanentes procesos de negociación. Entendiendo la negociación como la satisfacción de intereses mutuos. Por ejemplo, en la salud, alinear intereses significa que a los médicos debería convenirles que estuviéramos sanos. A diferencia de la situación actual, donde su in- terés económico está en que hayan muchos enfermos. A propósito, una costumbre de los emperadores chinos de hace dos mil años era pagar los sueldos a los médi- cos de la corte solamente si la familia real estaba sana. También se logra armonía cuando hay consistencia en-
tre el decir y el hacer, entre los objetivos que se desean
obtener y las señales que se envían, por ejemplo, si queremos fomentar la puntualidad hay que dar el ejem- plo, asegurarse que los relojes estén a la hora y esta- blecer compromisos con la debida anticipación.
Las señales no son palabras ni arengas sino acciones concretas, por ejemplo, si se declara el propósito de mantener la limpieza, a simple vista se requiere: el ejemplo de la autoridad, depósitos limpios y cercanos