1. El relato en tanto ejercicio de comunicación humana
1.1. La comunicación a través del lector
$TXHOORTXHODREUDFRPXQLFDDOOHFWRUHVODFRQÀJXUDFLyQGHXQD trama, un mythos, una fábula o una historia imaginada. La obra narrati- YDUHDOL]DXQSURFHVRGHFRPSRVLFLyQ\GHLQWHJUDFLyQHQODFRQÀJXUD- FLyQGHODWUDPD´HOWUDEDMRGHFRPSRVLFLyQFRQÀHUHDODKLVWRULDQDUUD- da una identidad dinámica: se narra tal y cual historia, una y completa” (Ricoeur, 2013, p. 182). A través de la trama, el relato reúne y organiza en un todo completo y coherente una serie de acontecimientos y accio- nes; “la trama tiene la virtud de extraer una historia de múltiples inci- GHQWHVRVLVHSUHÀHUHGHWUDQVIRUPDUORVP~OWLSOHVLQFLGHQWHVHQXQD historia” (Ricoeur, 2013, p. 182). El sentido de cada incidente y de cada
acción está articulado al sentido de la trama, de modo que cada acon- WHFLPLHQWRDGTXLHUHVLJQLÀFDGRHQHOWRGRRHQODXQLGDGGHODREUD
En los conceptos de relato y de obra narrativa engloba Ricoeur los estudios realizados por Aristóteles a la tragedia, la comedia y la epope- ya, desentrañando los rasgos comunes que las componen. La investiga- ción demuestra la capacidad universal del relato y de la narración, así como su alcance transcultural, en tanto juego de lenguaje propicio para ODRUJDQL]DFLyQ\ODFRQÀJXUDFLyQGHODYLGDWHPSRUDOGHOVHUKXPDQR )UHQWHDOFDRVODÁXLGH]ODFRQWLQJHQFLD\ODVOLPLWDFLRQHVGHOWLHPSR humano, la narración le da salida a la necesidad de coherencia, con- WLQXLGDGHVFRQÀJXUDFLRQHV\WRWDOL]DFLRQHV6HRIUHFHHQWRQFHVFRPR síntesis a la ambigüedad propia de la tensión humana entre contingen- FLD\ÀQLWXGYHUVXVFRQWLQXLGDG\SOHQLWXG
/DFRQÀJXUDFLyQGHODWUDPDSRUHOUHODWRFRQVWLWX\HXQDVtQWHVLV de elementos heterogéneos. Reúne organizadamente elementos tan he- terogéneos como acciones, agentes, pacientes de acciones, consecuen- cias deseadas y no deseadas, interacciones de lucha y de ayuda entre los seres humanos, actos correctos e incorrectos, la responsabilidad moral de las acciones, evaluación y examen de los actos. Una trama en su unidad e integralidad pone en evidencia la ambigüedad propia del ser humano, que lo habilita para ser tanto agente como paciente de VXVSURSLDVREUDV3XHV´HQSULPHUOXJDUODVWUDPDVTXHFRQÀJXUDQ\ WUDVÀJXUDQHOFDPSRSUiFWLFRHQJOREDQQRVRORHOREUDUVLQRWDPELpQ el padecer; por lo tanto, también los personajes en cuanto agentes y en cuanto víctimas. La poesía lírica raya así con la poesía dramática” (Ri- coeur, 1995, p. 34); y la comedia raya con la tragedia. Lo que se pone al frente del lector o el espectador de un relato es una vida o un tejido de vidas vividas, que invitan a lectores y espectadores a pensarse a través GHHOODV(VWRKDFHDÀUPDUD5LFRHXUTXHODREUDQDUUDWLYDHVXQODERUD- torio para explorar y experimentar diversos aspectos de la condición y la existencia humanas.
(OUHODWRRIUHFHDGHPiVODFDSDFLGDGGHUHXQLUHQODFRQÀJXUD- ción de la trama la tensión tan común y propia de la vida entre con- cordancia y discordancia; en este aspecto mediador se hace visible el entrecruzamiento entre vida y relato: el relato se parece a la vida, razón por la cual nos sentimos representados y expresados por él y nos gusta
su lectura. Y de allí también su capacidad de transmisión y comunica- ción; “veo en las tramas que inventamos el medio privilegiado por el TXHUHFRQÀJXUDPRVQXHVWUDH[SHULHQFLDWHPSRUDOFRQIXVDLQIRUPH\ en límite, muda” (Ricoeur, 1995, p. 34).
La narración en tanto operación de contar historias es una activi- dad propia del género humano que se arraiga en la existencia social. Nace de la habilidad propia de estar enredados en historias. El juego de lenguaje de la narración nos ayuda a dar forma y continuidad a las LQFOHPHQFLDV GH OD ÁXLGH] WHPSRUDO SRQH HQ MXHJR ´HO FDUiFWHU WHP- poral de la existencia humana. O, como repetiremos a menudo en el transcurso de este estudio –postula Ricoeur- el tiempo se hace tiempo humano en cuanto se articula de un modo narrativo; a su vez, la narra- FLyQHVVLJQLÀFDWLYDHQODPHGLGDHQTXHGHVFULEHORVUDVJRVGHODH[SH- riencia temporal” (Ricoeur,1995, p. 35). Entre la vivencia temporal y la narración existe la relación equivalente a la de forma de vida con juego GHOHQJXDMH/DQDUUDFLyQHVHOMXHJRGHOHQJXDMHTXHHQWUHWHMHFRQÀ- gura y organiza la existencia temporal del ser humano3. Pues, “entre la
actividad de narrar una historia y el carácter temporal de la existencia humana existe una correlación que no es puramente accidental, sino que presenta la forma de necesidad transcultural. Con otras palabras: el tiempo se hace tiempo humano en la medida en que se articula de un PRGRQDUUDWLYR\ODQDUUDFLyQDOFDQ]DVXSOHQDVLJQLÀFDFLyQFXDQGRVH convierte en una condición de la existencia temporal” (Ricoeur, 1995, p. 113).
Así las cosas, lo que llega al lector y al receptor de una obra narra- WLYDHVXQDÀJXUDGHODFRQGLFLyQKXPDQD\HVWRGHEHVHUVXEUD\DGR XQDÀJXUDGHODH[LVWHQFLD\GHODVVLWXDFLRQHVSURSLDVGHODYLGDSRU- que la narración es “un arte de pensar y decir de naturaleza práctica; se trata de una praxis textual, relacionada directamente con la vida coti- diana de los humanos” (Duch y Mèlich, 2009, p. 130). Pone al lector de FDUDDORVFRQÁLFWRVGHODH[LVWHQFLDDODVDFFLRQHVODVGHFLVLRQHVODV deliberaciones, el examen de las acciones, los sufrimientos padecidos por las acciones de los otros y los sentimientos humanos. “El hombre
3 Cfr. Para un estudio de este tema: Betancur, Marta C. Narración, juegos de lenguaje
es un ser, sea de donde sea, venga de donde venga, al que le gusta “explicar historias”. Nos pirramos porque, por mediación de la palabra narrada, nos transporten a “espacios”, (quizá a no espacios) y a tiem- pos (quizá a no tiempos) alternativos a los de la vida cotidiana” (Duch y Mèlich, 2009, p. 130). Espacios y tiempos tan humanos y tan sensi- bles como los nuestros. A través de la mediación del lenguaje narrativo nos transportamos a otros mundos y a las vivencias de otros hombres. ´&RQWDPRVKLVWRULDVSRUTXHDOÀQ\DOFDERODVYLGDVKXPDQDVQHFHVL- tan y merecen contarse” (Ricoeur, 1995, p. 144).
La producción del relato es un ejercicio de comunicación, que, al estar dirigido a los otros, subraya el valor de la otredad; la narración es un lenguaje de la intersubjetividad que subraya el carácter colectivo y social de la vida humana. Y en este sentido, el relato humaniza. Los protagonistas de las historias son tan humanos y tan frágiles como no- sotros; actúan y sufren como nosotros, cometen errores, oscilan entre el bien y el mal y deliberan. Las acciones son tan sociales y tan humanas como las nuestras. La narración nos pone al frente del carácter dialógi- co e intersubjetivo del actuar y el padecer humanos. Nos hace sensibles a la comprensión de los sufrimientos y las equivocaciones, los aciertos y desaciertos en las acciones: el relato hace pensar.
*UDFLDVDOSRGHUGHUHÀJXUDFLyQGHODWUDPDDWUDYpVGHODOHFWXUD ODÀFFLyQFXPSOHXQDIXQFLyQ´TXHSRGHPRVLQGLFDUDOPLVPRWLHPSR como relevante y transformadora respecto a la vida cotidiana; relevante en el sentido de que presenta aspectos ocultos, pero ya dibujados en nuestra experiencia de praxis; transformadora en el sentido de que una vida examinada es una vida cambiada; otra vida” (Ricoeur, 1999, p. 865). Somos seres narradores, que construimos narrativamente nuestra realidad personal y social. Somos el resultado de los relatos que hemos leído y de los personajes que hemos apropiado. “Creemos que no es H[DJHUDGRDÀUPDUTXHODFRQVWUXFFLyQVRFLDOGHODUHDOLGDGHVSUHYLD- mente, entre el sueño, la nostalgia y buenas dosis de deseo, una cons- trucción simbólica de la realidad” (Duch y Mèlich 2009, p. 130); cons- trucción mediada por la escucha, la lectura y la observación de obras QDUUDWLYDV3RUTXHODOHFWXUDOOHYDDFDERXQDIXQFLyQGHUHÀJXUDFLyQ de la fábula, en el aquí y el ahora de nuestra praxis vital. Es un ejercicio
GHPHGLDFLyQTXHQRVSRQHGHIUHQWHDWUDYpVGHODÀFFLyQDQXHYRV marcos de referencia para el examen de nuestra propia vida. Solo “en la OHFWXUDHOGLQDPLVPRGHFRQÀJXUDFLyQWHUPLQDVXUHFRUULGR<HVPiV allá de la lectura, en la acción efectiva ilustrada por las obras recibidas GRQGHODFRQÀJXUDFLyQGHOWH[WRVHFRQYLHUWHHQUHÀJXUDFLyQµ5LFRHXU 1999, p. 866).
En el tercer volumen de Tiempo y narración subraya Ricoeur (1999) el poder de la narración para ser aplicada y apropiada en la lectura por un lector comprometido y crítico, capaz de dejarse afectar por la obra. La lectura o acción de leer es tematizada mediante la noción de “recep- ción del texto” y desplegada en la dialéctica de actuar y padecer, de actividad y pasividad, en la cual el autor se deja sensibilizar e interpelar por la obra; el término de “recepción” es reinterpretado mediante el concepto griego de aisthesisUHWULEX\pQGROHVXVHQWLGRGHPRGLÀFDFLyQ DWUDYpVGHODOHFWXUD6HWUDWDGHXQDUHFHSFLyQDFWLYDUHÁH[LYD\FUtWLFD por parte de un lector implicado y competente, que concretiza la obra, ODDSOLFDDVXPXQGRODFRQYLHUWHHQREMHWRGHUHÁH[LyQ\ODDSOLFDD su propia vida. Sentido en el cual, la lectura conduce a la autocom- prensión. Comprensión de los otros y comprensión de sí, constituyen, HQWRQFHVPRPHQWRVSURSLRVGHODUHÀJXUDFLyQGHODWUDPDPHGLDQWHOD acción de leer.