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Concede favor.

Nehemías debía de estar familiarizado con el libro de Génesis y con la oración del siervo de Abraham: “Que hoy me vaya bien”, pero él no se detuvo ahí, sino que le dijo a Dios concretamente cómo necesitaba el éxito: “Que a este siervo tuyo le concedas tener éxito y ganarse el favor del rey”. “El rey” no era otro que el jefe de Nehemías, el hombre más poderoso del planeta: el rey Artajerjes. La petición de Nehemías era que Dios tocara el corazón del rey de tal forma que le diera favor a Nehemías y le diera lo que le pidiese. Nehemías iba a pedirle al rey que le enviara con su bendición para reconstruir las murallas, ¡y suministros para hacer frente a los gastos!

La naturaleza, tamaño y ámbito de la petición de Nehemías era tal que las probabilidades de que Artajerjes dijera

“Sí” eran mínimas. Por eso Nehemías fue primero a Dios. Dios tendría que tocar el corazón del rey antes de que éste pudiera otorgar la petición de Nehemías.

Y lo hizo, pero no sin un poco de angustia. Véalo usted mismo:

Un día, en el mes de nisán del año veinte del reinado de Artajerjes, al ofrecerle vino al rey, como él nunca antes me había visto triste, me preguntó: —¿Por qué estás triste? No me parece que estés enfermo, así que debe haber algo que te está causando dolor. Yo sentí mucho miedo.

NEHEMÍAS 2:1-2

¡Por supuesto que tenía miedo! Era una ofensa capital aparecer en presencia del rey sin un rostro de felicidad, así que esperaba que su oración le ayudara, o de lo contrario, ¿qué otra cosa podría hacer?

Nehemías actuó creyendo que Dios le respondería. Hay un momento para orar, y hay un momento para actuar. Ahora era el momento de actuar.

Y le respondí: —¡Qué viva Su Majestad para siempre! ¿Cómo no he de estar triste, si la ciudad donde están los sepulcros de mis padres se halla en ruinas, con sus puertas consumidas por el fuego? —¿Qué quieres que haga? —replicó el rey.

NEHEMÍAS 2:3-4

Ese era el gran momento. Si Nehemías no obtenía el favor del rey, pedir algo tan estrafalario sería algo fatal. Si obtenía el favor del rey para una petición tal, sería un milagro. Dios tenía que intervenir, así que le recordó a Dios su petición.

Nehemías siguió orando hasta que llegó la respuesta.

Encomendándome al Dios del cielo, le respondí: —Si a Su Majestad le parece bien, y si este siervo suyo es digno de su favor, le ruego que me envíe a Judá para reedificar la ciudad donde están los sepulcros de mis padres.

NEHEMÍAS 2:4-5

Trago. La suerte de Nehemías, la suerte de Jerusalén y la suerte de los israelitas dependían de la respuesta del rey.

—¿Cuánto durará tu viaje? ¿Cuándo regresarás? —me preguntó el rey, que tenía a la reina sentada a su lado. En cuanto le propuse un plazo, el rey aceptó enviarme.

NEHEMÍAS 2:6

¿Se dio usted cuenta? Dijo: “El rey aceptó enviarme”. ¡Increíble, imposible, sorprendente! Dios intervino. Nehemías estaba en racha. En vez de irse cuando tuvo la oportunidad, siguió presionando.

Nehemías no abandonó hasta que recibió todo lo que necesitaba.

Entonces añadí: —Si a Su Majestad le parece bien, le ruego que envíe cartas a los gobernadores del oeste del río Éufrates para que me den vía libre y yo pueda llegar a Judá; y por favor ordene a su guardabosques Asaf que me dé madera para reparar las puertas de la ciudadela del templo, la muralla de la ciudady la casa donde he de vivir.

NEHEMÍAS 2:7-8

Primero, Dios actuó para que el rey le permitiera ir. Ahora, Nehemías le estaba pidiendo al rey que pagara la seguridad del viaje y los suministros. ¿Se excedió demasiado?

El rey accedió a mi petición, porque Dios estaba actuando a mi favor. Cuando me presenté ante los gobernadores del oeste del río Éufrates, les entregué las cartas del rey. Además el rey había ordenado que me escoltaran su caballería y sus capitanes.

NEHEMÍAS 2:8-9

¡El rey le dio a Nehemías todo lo que pidió más un ejército de escolta! ¿Coincidencia? De ninguna manera. Nehemías sabía por qué el rey le concedió un favor tan increíble. Él dijo que fue porque Dios estaba actuando a su favor.

Obtener el favor de Artajerjes era un gran obstáculo para Nehemías, pero el poder del Dios de Nehemías lo eclipsó. El corazón del rey quedó en manos de Dios. Nehemías recibió mucho más abundantemente de lo que había pedido o imaginado.

De modo personal

Dios puede cambiar el corazón de los que están en autoridad. Un amigo que trabaja como pastor asociado me dijo recientemente lo desanimado que estaba por el rechazo del liderazgo de su iglesia a permitirle hacer los cambios necesarios en la forma en que la iglesia ministraba. Después de que este amigo hubiera orado pidiendo favor, Dios tocó sus corazones y se están produciendo los cambios. ¡Además recibió un aumento de sueldo y de posición!

Dios puede cambiar los corazones, y lo he visto recientemente en mi propia vida. Después de semanas de oración, Dios le concedió favor a mi hijo con el director de su escuela en relación con una decisión desafiante y muy difícil. El favor de Dios despejó el camino para una respuesta positiva a favor de mi hijo.

¿Quién tiene que darle favor a usted si quiere llevar a cabo su ministerio? ¿Con quién necesita favor si va a ser capaz de seguir el corazón de Dios? “Dame favor” es una oración que tenemos que usar frecuentemente. Comience a pedirlo ahora mismo, y vea lo que Dios puede hacer por usted.