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Dame sabiduría.

Salomón pidió lo que consideraba ser el regalo más importante que cualquiera podría recibir: sabiduría. Él catalogó la sabiduría por delante del dinero, o el aspecto, o los poderes milagrosos.

Salomón era un estudiante diligente y usaba su tiempo creciendo en la corte de un rey para estudiar y aprender de las mejores mentes de su país. Acumulaba las enseñanzas de los siglos y coleccionaba las parábolas de los sabios. Su conclusión fue que el camino hacia la bendición atraviesa la puerta de la sabiduría. En su libro de los Proverbios, escribió lo siguiente.

Dichoso el que halla sabiduría, el que adquiere inteligencia. Porque ella es de más provecho que la plata y rinde más ganancias que el oro. Es más valiosa que las piedras preciosas: ¡ni lo más deseable se le puede comparar! Con la mano derecha ofrece larga vida; con la izquierda, honor y riquezas. Sus caminos son placenteros y en sus senderos hay paz. Ella es árbol de vida para quienes la abrazan; ¡dichosos los que la retienen.

PROVERBIOS 3:13-18

Para Salomón, si hubiera que adquirir un sólo artículo, ese artículo sería la sabiduría.

Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no olvides mis palabras ni te apartes de ellas. No abandones nunca a la sabiduría, y ella te protegerá; ámala, y ella te cuidará.

PROVERBIOS 4:5-6

En su mente, la sabiduría era la búsqueda más valiosa de la vida.

La sabiduría es lo primero. ¡Adquiere sabiduría! Por sobre todas las cosas, adquiere discernimiento. Estima a la sabiduría, y ella te exaltará; abrázala, y ella te honrará; te pondrá en la cabeza una hermosa diadema; te obsequiará una bella corona.

Un cuidadoso estudio del libro de Proverbios revela que la sabiduría es el arte diligentemente adquirido para vivir con destreza. Es el cuidadoso cultivo de una manera de vivir centrada en Dios, semejante a Cristo, dirigida por el carácter y el sentido común. La sabiduría es el camino que lleva a Dios. Está caracterizado por la justicia, la misericordia, el tacto, la humildad, la disciplina, el respeto a la autoridad, la “educabilidad” y la honestidad.

Por tanto, cuando tuvo la oportunidad de pedirle a Dios algo, Salomón pidió sabiduría. “Dame sabiduría” es una de las oraciones más eficaces que encontramos en las páginas de las Escrituras, y una que a Dios le encanta contestar. El libro de 1 Reyes relata la respuesta de Dios.

Al Señor le agradó que Salomón hubiera hecho esa petición, de modo que le dijo: —Como has pedido esto, y no larga vida ni riquezas para ti, ni has pedido la muerte de tus enemigos sino discernimiento para administrar justicia, voy a concederte lo que has pedido. Te daré un corazón sabio y prudente, como nadie antes de ti lo ha tenido ni lo tendrá después.

1 REYES 3:10-12

En 2 Crónicas leemos este relato de la respuesta del Señor:

Entonces Dios le dijo a Salomón: —Ya que has pedido sabiduría y conocimiento para gobernar a mi pueblo, sobre el cual te he hecho rey, y no has pedido riquezas ni bienes ni esplendor, y ni siquiera la muerte de tus enemigos o una vida muy larga, te los otorgo. Pero además voy a darte riquezas, bienes y esplendor, como nunca los tuvieron los reyes que te precedieron ni los tendrán los que habrán de sucederte.

2 CRóNICAS 1:11-12

Poco después, la sabiduría de Salomón comenzó a verse. Dos rameras acudieron a Salomón en busca de un veredicto. Ambas vivían en la misma casa y ambas eran madres de niños recién nacidos. La mujer número uno decía que el bebé de la mujer número dos murió por la noche y que la mujer número dos cambió a los bebés mientras la mujer número uno dormía. La mujer número uno lo negaba. Le tocaba a Salomón decidir quién decía la verdad.

la mitad a cada una. La primera mujer gritó diciendo: “Dénle el bebé. ¡No lo maten!” La segunda mujer dijo: “Para ninguna de las dos. Que corten al bebé en dos”.

El plan funcionó a la perfección, y Salomón ordenó: “No maten a ese bebé. Dénselo a la primera mujer. Obviamente, ella es la verdadera madre”.1 No es de extrañar que la reputación de Salomón de tener una sabiduría excepcional se esparciera por toda la nación.

Salomón pidió sabiduría y Dios dijo: “Sí”. En el libro de 1 Reyes podemos leer un resumen de la sorprendente manera en que Dios respondió la oración de Salomón pidiendo sabiduría.

Dios le dio a Salomón sabiduría e inteligencia extraordinarias; sus conocimientos eran tan vastos como la arena que está a la orilla del mar. Sobrepasó en sabiduría a todos los sabios del Oriente y de Egipto. En efecto, fue más sabio que nadie: más que Etán el ezraíta, y más que Hemán, Calcol y Dardá, los hijos de Majol. Por eso la fama de Salomón se difundió por todas las naciones vecinas. Compuso tres mil proverbios y mil cinco canciones. Disertó acerca de las plantas, desde el cedro del Líbano hasta el hisopo que crece en los muros. También enseñó acerca de las bestias y las aves, los reptiles y los peces. Los reyes de todas las naciones del mundo que se enteraron de la sabiduría de Salomón enviaron a sus representantes para que lo escucharan.

1 REYES 4:29-34

Salomón llegó a ser conocido como uno de los hombres más sabios y ricos que haya vivido nunca. Los libros “sapienciales” de la Biblia —Proverbios, El Cantar de los cantares y Eclesiastés— salieron de su pluma divinamente inspirada. Fue Dios quien respondió a su oración por sabiduría.

Como Salomón, la adolescencia de Jesús y sus primeros años de adulto estuvieron caracterizados por un progreso en sabiduría (Lucas 2:52). Si Jesús como ser mortal necesitó crecer en sabiduría, ¿cuánto más lo necesitamos usted y yo?

De modo personal

Pedir a Dios sabiduría y recibirla no es un trato que sólo se hizo puntualmente en cierta ocasión y Salomón fue el afortunado ganador. “Dame sabiduría” es una oración que todos podemos hacer con confianza. El libro de Santiago, en el Nuevo Testamento, nos anima a pedir sabiduría con esta promesa: “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, pídasela a Dios, y él se la dará, pues Dios da a todos generosamente sin menospreciar a nadie” (Santiago 1:5).

De las veintiuna oraciones más eficaces, la que yo uso más a menudo es: “Dame sabiduría”. Tengo tres hijos adolescentes y dirijo una iglesia. Siempre necesito tomar decisiones importantes o dar un consejo a alguien. He aprendido a pedir sabiduría, y Dios es fiel en contestar.

¿Con qué decisiones está usted luchando en este día? ¿Necesita sabiduría para llevar a cabo su ministerio de manera más eficaz? ¿Está intentando descubrir la mejor manera de dirigir a su familia? ¿Necesita un consejo para alguna relación? ¿Sus responsabilidades laborales le exigen tomar decisiones que afectan al sustento de otras personas? ¿Hay otras áreas en las que necesite sabiduría?

Cuando Salomón oró diciendo: “Dame sabiduría”, Dios respondió “¡Sí!”. Deténgase en este instante y pídale a Dios que le dé sabiduría para cada decisión que tenga que tomar y cada situación que tenga que afrontar hoy.

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