4. Sionismo y Estado judío
4.4. Concepción actual del sionismo en el mundo
En el mundo ha surgido una animosidad y una concepción errada en torno a los sionistas, debido principalmente al hecho de la enorme diferencia que existe entre el sionismo oficial, y la práctica bélica, represiva y colonial de las últimas décadas, en medio del conflicto contra los árabes.96
En este contexto, el sionismo ha sido observado por los países árabes e islámicos y, en general, por la comunidad internacional, como un movimiento político expansionista y colonialista, como una doctrina enmarcada en motivos étnicos, que conjuga un fanatismo religioso con un nacionalismo excluyente y racista.
En esta medida, el Estado de Israel ha sido fuertemente cuestionado y se le ha tratado de negar a toda costa la posibilidad de convertirse en una entidad política con derecho a la existencia. Sin embargo, más allá de proponer un proceso de deslegitimación en las dimensiones ideológicas y simbólicas de la causa israelí, el antisionismo ha rebasado los límites de cada una de ellas y se ha radicalizado, a tal extremo, que ha logado recuperar progresivamente los viejos referentes racistas y antisemitas, fortalecidos por la discriminación y los prejuicios.
El sionismo en Palestina ha sido catalogado como un movimiento opresor, soberbio y pretencioso. Con estos calificativos se han querido tachar de ilegales las pretensiones políticas del Estado de Israel. Para el efecto, la influencia de Estados Unidos en la región ha
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jugado un papel determinante, que ha derivado en una creciente descalificación de Israel como punto neurálgico del imperialismo.97
El antisemitismo, entendido generalmente como una forma de discriminación en contra del pueblo judío, caracterizado por unos mecanismos de estigmatización, exclusión y persecución, posee una singularidad particular, que deviene de su permanencia histórica mediante modelos y dinámicas cambiantes.98
Por otro lado, explica Schoenman,99 hoy existen cuatro mitos desde los cuales el mundo explica el sionismo y que, en su conjunto tergiversan sus verdaderos sentidos, objetivos e ideales políticos y sociales:
1. Una tierra sin pueblo para un pueblo sin nadie: en el imaginario colectivo se ha creído que Palestina era un lugar remoto, solitario y despoblado, que esperaba ser ocupado. Este pensamiento ha sido reforzado por los mismos judíos, que han tratado de negar el hecho de que en Palestina existe ya una identidad, una nacionalidad y unos títulos legítimos de los árabes.
2. Democracia israelí: existe el pensamiento general, especialmente entre las grandes potencias de Occidente, de que la única democracia que existe en Oriente Medio es la de Israel. Sin embargo, aceptar esto sería olvidar el hecho de que en ese país, a aquellos que no comparten las mismas creencias religiosas ni las mismas prácticas culturales, se les niegan las libertades cívicas y se irrespetan sus derechos.
3. La seguridad es el principal objetivo del pueblo judío: el tercer mito hace referencia al hecho de que, al contar con un Estado propio, los judíos buscan ante todo contar con la seguridad que les permita evitar los abusos y atropellos que han
97 Véase K. Christison, “Perceptions of Palestine: Their Influence on U. S. Middle East Policy”, Op. cit., en
part. pp. 56-67.
98 Véase J. Bokser, “El antisemitismo: recurrencias y cambios históricos”, en part. pp. 101-132. 99 Véase R. Schoenman, La historia oculta del sionismo, Op. cit., p. 972.
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sufrido históricamente. Sin embargo, más allá de la seguridad, la verdadera intención de la creación del Estado único y soberano es establecerse como una potencia mundial, líder en la región y con la capacidad de controlar política, social y económicamente el desarrollo en Medio Oriente.
4. El sionismo es el heredero moral de las víctimas del Holocausto: este es el mito más difundido entre la sociedad actual, por el cual se ve con buenos ojos el hecho de que los sionistas luchen por sus ideales y objetivos políticos, en la medida en que tratan de reivindicar todo el dolor padecido por los judíos en el Holocausto. Sin embargo, esto es un mito porque incluso desde sus comienzos el sionismo mantuvo una activa colusión con el nazismo.
Dado que el Estado sionista es al mismo tiempo una especie de dominio de clase capitalista y una extensión del poder imperialista de Estados Unidos en la región, la lucha contra el sionismo se convierte, programáticamente, en una disputa por una Palestina socialista, y así como la aurora aparece después de la larga noche, una lucha por un Oriente Árabe-Socialista, desde el Mediterráneo hasta el Golfo.100
Podría decirse que en la actualidad hay opiniones contrarias en torno al sionismo judío. Por un lado, están aquellos que lo consideran como la manera de sintetizar y materializar en la práctica los objetivos centrales del nacionalismo, que son la liberación y la unidad y que en conjunto aspiran a defender a los judíos del dominio extraño, hostil y opresor y a restablecer la unidad judía; este es un derecho legítimo. Por otro lado, están aquellos que juzgan los medios optados por el sionismo, como la perpetración del terror, la violencia, el destierro, la discriminación y el racismo. Parece que aplicaran contra el pueblo árabe los mismos medios de represión de los cuales se han declarado víctimas en episodios pasados de la historia.
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En todo caso, a lo largo de los siglos, sea cual sea el contexto, el deseo de restaurar el pueblo judío en la Tierra de Israel se ha establecido como un lazo que mantiene unido al pueblo judío. Hoy, debido a las enormes dimensiones que ha adquirido el conflicto, a la cantidad de personas que han muerto y sufrido por una misma causa, la gran mayoría de judíos en todo el mundo acepta el sionismo como un principio fundamental del judaísmo y apoya la fundación libre y soberana del Estado de Israel como la realización básica del movimiento.
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