Al igual que el sionismo judío, el nacionalismo árabe aboga por conseguir la unión política y el desarrollo de un Estado unitario. Sin embargo, las condiciones históricas de este tipo de nacionalismo son distintas a las que posibilitaron el desarrollo del sionismo. Para empezar, los nacionalistas árabes, si bien aspiran a la unidad de la nación, no pretenden la creación de «la nación árabe», pues la existencia se da por descontada. En cambio, el sionismo sí promueve la idea de la creación de un Estado judío.
Oriente Medio ha estado habitado por personas que profesan múltiples religiones y sectas, pero gracias a la llegada de las primeras oleadas de inmigrantes judíos, que comenzaron a
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amenazar su existencia y a agotar los recursos de los árabes, se necesitaba de una unidad ideológica que permitiera establecer organizaciones antisionistas, para frenar la llegada de nuevos inmigrantes y eliminar a aquellos que ya se habían asentado en el territorio palestino.27 De hecho, esta unidad se promovió gracias al nacionalismo árabe, a partir del cual se planteó la cuestión básica sobre qué tipo de Estado nacional debía surgir y con base en qué criterios.
El principal fundamento del nacionalismo árabe es de tipo religioso, por medio del islam y de su libro sagrado, El Corán. En este contexto, se desarrollan dos ideas políticas:
1. Panislamismo: entendido como una idea política que aboga por la unidad de todos los musulmanes en un Estado islámico.
2. Panarabismo: propone que, sin exclusión, todos los pueblos árabes , tanto de Asia como de África, conformen una única nación y una misma unidad política.
Sin embargo, con esto no se quiere decir que todas las sectas y etnias que hacen parte del territorio árabe deban unirse en un solo nacionalismo a partir del islam. Más allá de ello, Borelli y Saborido28 explican que se gestaron tres enfoques fundamentales en torno a la
relación entre el nacionalismo árabe y el islam. Ellos son:
1. Un nacionalismo árabe secularista, que propone la generación de una nación árabe completamente laica. Es de los panarabistas pertenecientes a las minorías no musulmanas sunníes o a sectores minoritarios abiertamente secularizados de origen musulmán sunní.
2. Un nacionalismo árabe que parte del islam y del Corán como su principal componente. Es el de la mayoría de los árabes sunníes y de una gran parte de los nacionalistas no sunníes.
3. Un nacionalismo árabe extremo, que solo concibe el panarabismo como una etapa hacia el panislamismo.
27 M. Borrelli & M. Saborido, El fundamentalismo islámico, Dastini Editores, Madrid, 2006. 28Ivi, pp. 25-29.
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Desde la perspectiva ideológica, a lo anterior se le debe sumar la fragmentación del pueblo palestino que, como fruto de la guerra de 1948, quedó disgregado y sus habitantes se convirtieron en refugiados, unos dentro del Estado de Israel, Cisjordania y Gaza, otros fuera de Palestina, en Transjordania, Siria y Líbano.
Como consecuencia de esa disgregación palestina y como respuesta organizada al avance sionista, en 1964 se forma la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que captó la mayoría de los refugiados, no solo por su objetivo político de devolverles su patria, sino porque les proporcionó un mejor sistema asistencial, sanitario y educativo hasta el punto de que el nivel educativo de los palestinos llegó a ser uno de los más altos del mundo árabe. La OLP dotó a los palestinos de una organización que representaba su causa ante el mundo y defendía sus intereses.
De este modo, la OLP también supuso un giro de la causa palestina, que pasó del nacionalismo árabe a un nacionalismo más específicamente palestino. Esto se debió a varias razones: el interés de los dirigentes de la facción dominante en la OLP, el Fatah, por dotarse de un estado palestino bajo su dominio, más que en integrar la Palestina liberada en una entidad árabe mayor en la que esos dirigentes no serían los gobernantes, el declive en picada del panarabismo a partir de la derrota de 1967 y la muerte de Nasser en 1970. El panarabismo ya no podía proporcionar a los palestinos un horizonte de liberación de Palestina por medio de una acción mancomunada panárabe.29
En medio de este contexto, el sionismo, despojado de sus elementos culturales, históricos y nacionalistas, ha sido contemplado por los países árabes e islámicos como un movimiento político de tipo expansionista y colonialista, como una doctrina desarrollada en medio de motivos étnicos, en la que se conjuga un fanatismo religioso con un nacionalismo excluyente y racista.30 Dentro del conflicto entre Palestina e Israel se pasado del antisionismo al antisemitismo, en el que se descalifica al pueblo judío porque carece de una identidad propia y se deslegitima la ideología política de los israelíes y sus acciones en contra de los palestinos.
29 J. Durán, El conflicto árabe-israelí: una visión no estatolátrica, Op. cit.
30 J. Bokser, “El antisemitismo: recurrencias y cambios históricos”, en Revista Mexicana de Ciencias Políticas
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En todo caso, el nacionalismo árabe se opone drásticamente al sionismo judío, que continuamente se ha catalogado como un movimiento opresor, soberbio y pretencioso, calificativos con los que en gran medida se ha querido dar un carácter ilegal a las presunciones políticas del pueblo judío, justificando en cambio las del nacionalismo árabe, que se consideraban justas.31
Esta lucha, que proviene de ideologías incompatibles, como el sionismo judío y el nacionalismo árabe, y de la guerra interminable por la apropiación del territorio de Palestina, se ha intensificado de diversos modos y manifestado de forma violenta, puesto que los israelíes no quieren personas que no sean judías en el territorio y porque, a su vez, los árabes que permanecen en Palestina desean expulsar a los judíos del territorio.
En este sentido, el conflicto persiste hasta la actualidad porque no se han podido establecer acuerdos por la vía política que permitan definir qué parte del territorio le corresponde a cada pueblo y porque no existe disposición al diálogo, debido principalmente al fuerte extremismo y al fundamentalismo, para acabar de una vez con los actos violentos que sacuden cotidianamente a las poblaciones árabe y judía.