2. MARCO TEÓRICO
2.4 Concepción de subjetividad en la relación docente y estudiante
Las ciencias humanas como la filosofía, la psicología, la antropología y la sociología se han encargado de configurar la subjetividad del individuo y le ha dado una interpretación holística y casuística al sujeto partiendo no sólo de bases físicas y empíricas sino metafísicas, que dan una imagen compleja del hombre y de su comportamiento. El docente universitario y los estudiantes de L2, como sujetos, más que hombres racionales concebidos como materia encarnada, con alma y espíritu, son individuos con particularidades físicas e intrínsecas que afectan el proceso comunicativo en el aula de clase de L2, y que el docente tendría que percibir para establecer una lógica de interacción funcional si no con todos, con la gran mayoría de ellos.
Para observar al profesor y a los estudiantes, hay que observar a los sujetos per sé con el fin de darle una mirada más profunda al comportamiento que tienen en el salón de clase. De esta manera, siendo el campo pedagógico nuestra pertinencia de investigación, desde la Filosofía, Antropología, Psicología y la misma Pedagogía se dará una mirada multidimensional a su constitución y comportamiento. Más allá de las ideas que vertieron verdades absolutas en su tiempo, se tomarán en cuenta sólo algunas interpretaciones que han configurado la idea de sujeto para tener un panorama general de las particularidades que en ellos se pueden identificar.
Desde el punto de vista filosófico, el hombre, más que sujeto, para los clásicos se configuró como un ser con alma y cuerpo, siendo el cuerpo un estorbo que limita su contemplación de las ideas. Según Platón, “el alma se asemeja más a lo divino, inmortal, inteligible, uniforme, indisoluble e inmutable; y, al contrario, el cuerpo se parece más a lo humano, mortal, multiforme, ininteligible, disoluble y en perpetuo cambio” (Ross, 1986, p. 251). Por el contrario, en la filosofía moderna, el cuerpo es materia y el yo es sustancia con características circunstanciales pero esencia inmanente
Entrando en la etapa filosófica contemporánea, en su libro El ser y el tiempo, por ejemplo,
Heidegger afirma que el hombre se hace unidad en el tiempo, en el espacio y en su corporalidad que lo hace presente en el mundo y lo pone en una relación existencial con su ser. “Así, el “espacializarse”, el “temporeizarse”, y el “corporizarse” conforman el “todo fenoménico” de la estructura co-originaria del estar en el mundo” (Heidegger, 2005, p. 75). Muchos filósofos han debatido sobre el yo absoluto o los múltiples yoes que hacen parte de uno. Para Nietzsche, por
ejemplo, el hombre se presenta en la fusión de lo apolíneo (Apolo) y lo dionisiaco (Dionisos). El primero representa la serenidad, claridad, la medida y el racionalismo, es la imagen clásica de Atenas. El segundo representa lo instintivo, lo excesivo, la afirmación de la vida en el erotismo y la orgía como manifestación última del afán de vivir y sobrellevar todos sus dolores. Con este referente griego, Nietzsche identifica la yuxtaposición de estos dos elementos con la constitución del hombre y reclama el triunfo de los ideales dionisíacos del hombre como expresión de su voluntad de poder (El pensamiento de Friedrich Nietzsche (1844-1900), 2008). Asimismo, para
los materialistas como Marx el yo es la sustancia del cuerpo y es un necesitante, es decir, un
sujeto que necesita consumir para satisfacer sus necesidades primarias y secundarias (Selles, 2007, p. 505), y para Foucault, el sujeto está alienado, es un elemento autómata del ejercicio del poder.
Todos estos filósofos han tratado de objetivar al sujeto partiendo desde el yo en toda su dimensión pero está sobredimensionado o no es suficiente concebirlo racionalmente para lograr una verdad de él. Sin embargo, todos ellos han apuntado a un constructo individual que se afecta y reacciona a su situación en el mundo y se desenvuelve de múltiples maneras de acuerdo con su entorno. Esta idea es el punto de partida de la caracterización del sujeto, que el profesor encontrará en el aula de clase y que afectará la interacción que se genere en ella.
Desde una perspectiva antropológica, el sujeto es una situación. Según Rombach,
Un yo es aquello a lo cual el mundo viene a su encuentro, tal como éste le viene al encuentro; es siempre algo al que le es dado o retirado esto o lo otro, y que dentro de esto tiene que vivir su situación. Por el hecho de que la situación es la razón constitutiva de su existencia, el ego no se puede definir nunca a partir de sí mismo sino que encuentra su definición en lo que lo determina (2004, p. 287).
El yo es situacional porque reacciona de acuerdo con la situación que vive en el instante. Esto
quiere decir que lo que queremos creer de nosotros mismos son sólo interpretaciones basadas en las situaciones que vivimos. De igual manera, nuestro cuerpo se identifica con cada situación que vivimos porque reacciona, percibe y sufre. Nuestro cuerpo es una dimensión vital de nuestro yo con una egoidad (conciencia propia de sí) que se presenta como situación. Es una estructura viva dotada de individualidad ya que cada uno se configura como yo cuando dicha estructura se afecta
y, más que reaccionar, actúa propiamente en situaciones que no le son solamente dadas, sino que se sitúan al inteior de uno, haciendo que el cuerpo se identifique con ellas. Así, “no “poseemos” el cuerpo sino que somos en cuanto este cuerpo” (Rombach, 2004, 295). Por otro lado, el cuerpo no sólo es situación sino cada una de las interpretaciones que le damos. Estas interpretaciones, asimismo, se expresan en el cuerpo. “Tal como es nuestra expresión física, así somos nosotros: rectos o torcidos, tensos o relajados, móviles o tiesos, etcétera. No solamente los gestos y movimientos corporales constituyen el “lenguaje corporal” exacto, sino que el cuerpo mismo ya es lenguaje” (Rombach, 2004, 301). Cada uno de nosotros se manifiesta con su cuerpo y establece una comunicación con los demás al ser lenguaje.
En el aula de clase de L2, tanto el profesor como los estudiantes comparten una misma situación, a saber: estar en la clase de L2 en la que no sólo se transmiten conocimientos pertinentes a la lengua, sino que se genera una interacción situacional. Aparte de esta condición, hay distintas situaciones que van configurando el cuerpo presente en ella y esto se transmite en la expresión física de cada uno de ellos. El profesor, de esta manera, ha de percibir que cada uno se manifiesta distinguidamente del otro para poder desarrollar la(s) mejor(es) estrategia(s) por medio de
técnicas corporales para establecer una lógica de interacción que le permita comunicarse ampliamente con los demás cuerpos presentes.
Es importante resaltar que la observación y percepción son elementos fundamentales para que el profesor determine de qué forma (técnicas) debe actuar en el aula de clase con los sujetos presentes. “Originalmente sujeto (subiectum) significa lo que está debajo y se refiere a aquello que permanece en el cambio, que subsiste. Y no a una maquinación o elaboración conceptual que pueda ser constantemente rediseñada” (García, 2007). Con base en este concepto, el profesor debería saber que cada uno de sus estudiantes está sujeto a distintas situaciones que lo configuran como uno, y que dichas situaciones no son constantes, ellos no son idénticos en cada sesión de clase porque se han afectado de múltiples maneras al llegar al salón o incluso en el desarrollo de la clase y reaccionarán como tal. De su capacidad de percepción y el uso que crea debe darle a su cuerpo, dependerá el grado de interacción que establezca para generar una comunicación completa.
En su libro Autoconciencia por el movimiento,Feldenkrais, por otro lado, resalta la importancia
del cuerpo como imagen de lo que somos interiormente y de cómo nuestra expresión corporal delata todos los aspectos intrínsecos de la persona. “Por estar el instinto, el sentimiento y el pensamiento conectados con el movimiento, el papel que cumplen en la creación de la autoimagen se revela por sí solo cuando consideramos el papel que corresponde en ella al movimiento” (Feldenkrais, 1980, p. 21). Partiendo de este hecho, afirma que actuamos acorde a nuestra imagen subjetiva, a lo que creemos ser interiormente, pero ésta es más pequeña que nuestra capacidad potencial por lo que se ve implícito el hecho de que el cuerpo necesita ser trabajado para que sus cualidades se desarrollen y maduren.
La forma en que un hombre mantiene los hombros, la cabeza y el estómago, su voz y su expresión, su estabilidad y su imagen de presentarse, se basan por igual en la autoimagen. Pero esta autoimagen puede ser disminuida o ampliada para que se ajuste a la máscara con la cual ese hombre quiere ser juzgado por sus pares (Feldenkrais, 1980, p. 32).
Es necesario que el profesor y los estudiantes sean concientes de la imagen que ellos tienen de sí ya que ésta se devela en el cuerpo. En el aula de clase, estos cuerpos se hacen presentes pero no significa que entren en interacción en la situación de la clase. Reconocer que somos esferas distintas e integrales en un mismo punto temporal y espacial es entrar en interacción. Cuando esto sucede, la comunicación se hace más amplia y completa porque el instinto, el sentimiento, el pensamiento y el movimiento en un solo mecanismo comunican completamente, ya que estas esferas personales entran en conjunción y se manifiestan corporalmente. Así, se subraya la importancia del uso de técnicas corporales para que lo que el profesor haga con su cuerpo afecte y estimule los demás cuerpos, de manera que no choquen entre ellos sino que interactúen, comuniquen considerablemente, y no sólo estén presentes en el aula.
Desde el punto de vista psicológico, Carl Jung divide su teoría de la personalidad en tres partes: el yo, el inconsciente individual y el inconsciente colectivo. El primero es el sujeto de todos los actos conscientes personales; el segundo corresponde a lo desconocido del mundo interno que no está exento de ser consciente; y el tercero es la condición o base de la psique constante y general, es decir, todo lo que proyecta el inconsciente que todos compartimos, nuestra experiencia en el mundo, el conocimiento y la parte emocional que influye en nuestro comportamiento. “Los contenidos del inconsciente personal son adquisiciones de la vida del individuo; los del inconsciente colectivo, en cambio, son arquetipos presentes y a priori” (1986, p. 22). Los
arquetipos son imágenes subjetivas que representan distintas caracterizaciones de nuestro yo. El inconsciente personal naturalmente afecta el comportamiento de las personas, pero resulta ambicioso conocer los contenidos inconscientes de cada uno, especialmente en el aula. Los arquetipos, por el contrario, nos dan una imagen más amplia de las características presentes en todas las personas porque, en un sentido profundo, yo soy nosotros (Jung, Campbell, Harding,
Zweig, Stein, Bly, Rich, Hillman, Franz, Withmont, 1993, p. 52). Esto le ayudaría al profesor, por medio de su observación, a reconocer dichas características en sus estudiantes, percibir sus comportamientos y determinar qué puede hacer con su cuerpo para establecer una interacción enriquecedora con la gran mayoría de ellos. De la misma manera que el actor determina cómo
actuar a partir del texto y de la situación dada en él, el profesor podría reconocer a sus estudiantes y determinar cómo actuar en la situación de clase a partir del contenido de la misma.
Los arquetipos funcionan como principios de comportamiento innatos sobre lo que las personas ven o hacen. En el caso de los estudiantes, tales imágenes le proporcionarán al profesor una idea subjetiva de cómo se configuran inconscientemente y cómo se expresan corporalmente en la situación de la clase. Entre muchos arquetipos, la sombra, el anima y el animus son arquetipos
reveladores de contenidos y procesos inconscientes fuertes en las personas. La sombra representa
el lado obscuro de la personalidad y, como es natural, el sujeto que la proyecta es el inconsciente. “Por lo tanto, uno no hace la proyección: la encuentra hecha” (Jung, 1986, p. 23). Como es una
imagen inconsciente que cobra vida consciente, el estudiante puede proyectar corporalmente este estado negativo, lo que sería pertinente identificar no sólo para que no bloquee el flujo de la clase, sino para que el profesor pueda acercarse o no a él con su cuerpo. De igual manera, con el
anima y el animus, Jung se refiere a los elementos contrasexuales inconscientes de la psique, es
decir, que cada uno representa el aspecto femenino y masculino del hombre y de la mujer respectivamente. Aparece aquí la noción del yo integrado, un yo completo que se constituye
paralelamente con características femeninas y masculinas. Así, el hombre proyecta inconscientemente “estados compulsivos caprichosos, autocompasivos, sentimentales, depresivos, de retiro ensimismado, […] y afeminamiento” (Jung et al., 1993, p. 53); y la mujer se proyecta como autoritaria, protectora, lógica y práctica. Esto es esencial en la percepción de los estudiantes, quiénes presentan complejos comportamientos mentales y emocionales.
Por otro lado, encontramos al arquetipo de la persona, que es la máscara que usamos para vivir la
realidad externa, para jugar un papel en la situación que se presente. Por ejemplo, el estudiante responsable, el amable, el curioso, el retador, etc. Cabe resaltar también que en la clase se suelen presentar con bastante frecuencia el burlador y el inválido. El primero encuentra un mecanismo
de defensa o ataque a lo establecido, criticando fuertemente con bromas que inspiren las risas de sus compañeros; el segundo, es aquel que proyecta de sí una persona deficiente, lenta, impedida
para reaccionar acertadamente, lo que bloquea su proceso de aprendizaje. El profesor, de esta manera, tendría que conocer y descubrir que “cada una de estas figuras del Yo puede ocupar de vez en cuando el centro de la escena” (Jung et al. 1993, p. 35), y que tendría que afinar su percepción para adaptar su cuerpo en la forma en que pueda interactuar con las manifestaciones inconscientes (corporales) de sus estudiantes con el fin de comunicarse con la gran mayoría de ellos y enriquecer su proceso de aprendizaje.
Desde la filosofía, la antropología y la psicología podemos dar una idea general de la configuración del profesor (y el estudiante) como sujeto. El profesor es un ser racional y espiritual, un ser singular y concreto que posee una naturaleza o esencia, y que existe en un punto espacio-temporal, siendo parte del mundo y de una colectividad definida, la sociedad. Al mismo tiempo, es un ser con egoidad (conciencia propia de sí) e identidad, una constitución de yoes que son en situación. No obstante, de acuerdo con Hodge (citado en Ewald, 20055, p. 118), “un buen
profesor es un instrumento humano efectivo”29. Tanto el docente como el estudiantes es, ante
todo, un ser corpóreo (forma del cuerpo) y corporal en el sentido que su cuerpo no es inerte, está estructurado física, mental, emocional y espiritualmente para moverse y comunicar, estableciendo una interacción con su entorno. Desde el ámbito de las Artes Escénicas, es un actor, ya que tiene el soporte físico real (el cuerpo) en una situación extra-cotidiana de representación; su cuerpo sólo existe en la creación artística. Es así como reconocer el cuerpo (instinto, el sentimiento y el pensamiento conectados con el movimiento) en el espacio podría ayudarle al docente a potenciarlo comunicativamente en el aula de clase de L2, por medio de las técnicas escénicas o corporales, como hace el actor en el espacio escénico.
Desde un punto de vista pedagógico, para completar el panorama general del sujeto, partimos de que el profesor siempre se ha observado en el aula en relación con su clase. Básicamente, como sujeto, es un profesional que enseña en su campo específico de conocimiento, y está supeditado a seguir un currículo y a ser ejemplo de la mísión y visión de la institución en la que trabaje. En términos generales, es un funcionario de la educación. Ser profesor forma parte de su identidad
profesional en la que se hace referencia a la constancia, unidad y reconocimiento de uno mismo. La noción de identidad, a diferencia de la idea de rol, introduce la dimensión personal vivida, psíquica, pero también la visión social (Gros, B., Romaná, T. 1995, p. 120). El docente tiene la oportunidad de desarrollar una vida profesional ligada a aspectos autoformativos, a seguir aprendiendo, especialmente si está ligado a la investigación, como en la universidad. Este hecho pone de implícito la idea de afianzar su desempeño como docente, si no en todos sus aspectos, en la parte intelectual, pedagógica y social con el fin de procurar un proceso de aprendizaje amplio para sí mismo y para sus estudiantes. El docente, entonces, como sujeto no sólo está supeditado a reglamentos institucionales sino a ser consciente de las problemáticas de su entorno, a ser ético en sus decisiones, a comprender su contexto social y a buscar y desarrollar estrategias que solucionen o complementen el proceso de aprendizaje (pedagogía) de sus colegas y estudiantes.
Como todos los sujetos presentes en el aula, el profesor comunica ampliamente siendo mente, cuerpo, emociones y valores en su constitución como persona. Sin embargo, siendo el cuerpo lo que realmente manifiesta estas esferas personales en una situación dada (clase), sería oportuno que el docente reflexione sobre su desempeño comunicativo a partir del uso que le da a su cuerpo en el aula de clase de L2, e implemente estrategias funcionales en el aula como el uso de técnicas corporales para que pueda establecer una dinámica de interacción con los cuerpos presentes y una comunicación completa para afianzar el proceso de aprendizaje de sus estudiantes.