3. MARCO TEÓRICO
3.1. Concepto
Las Naciones Unidas, mediante la Resolución de su Asamblea General 48/104 de 20 de diciembre de 1993, realizó una “Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer”. En dicha Declaración se define la violencia contra la mujer como “todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada.
Se entenderá que la violencia contra la mujer abarca los siguientes actos, aunque sin limitarse a ellos:
• La violencia física, sexual y psicológica que se produzca en la familia, in- cluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violen- cia relacionada con la dote, la violación por el marido, la mutilación genital femenina y otras prácticas tradicionales nocivas para la mujer, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia rela- cionada con la explotación.
• La violencia física, sexual y psicológica perpetrada dentro de la comunidad en general, inclusive la violación, el abuso sexual, el acoso y la intimidación sexuales en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada.
• La violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Esta- do, dondequiera que ocurra”
La Conferencia Internacional sobre la Mujer celebrada en Pekín en 1995 realiza las siguientes consideraciones:
1. “La violencia contra las mujeres es un mecanismo social fundamental por el cual las mujeres están en una posición de subordinación respecto de los hombres. Producida a menudo en familia, se tolera y apenas se denuncia. 2. La violencia contra las mujeres es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, que han condu- cido a la dominación masculina, a la discriminación contra las mujeres por parte de los hombres, y a impedir su pleno desarrollo.
3. La violencia contra las mujeres a lo largo de su ciclo vital tiene su origen en pautas culturales, la lengua y la religión que perpetúan la condición infe- rior que se asigna a las mujeres en la familia, en el trabajo y en la sociedad. El tema se agrava por el miedo y la vergüenza a denunciar”.
Hay numerosas corrientes que intentan dar una explicación al fenómeno de la violencia de género.
a. El modelo psiquiátrico, que pone el acento en las características del hombre maltratador, es decir la génesis estaría en el propio individuo, su personalidad, su enfermedad, el consumo de drogas y/o alcohol, etc.
b. El modelo psicosocial, que centra su análisis en las dificultades de la relación de pareja, y en el aprendizaje de la violencia en la propia familia. Sería una violen- cia generacional, transmitida de generación en generación.
c. Y finalmente el modelo sociocultural, -el más reciente y el más consensuado-, que acentúa la importancia de la estructura social y la socialización como la que tolera y propicia la violencia de género.
Independientemente de las muchas corrientes y teorías explicativas del fenómeno, lo que sí parece estar claro es que la violencia de género2 no es exclusiva de ninguna clase social, grupo económico o cultural. Se produce por igual en todos los contextos y niveles sociales. La violencia contra las mujeres se produce en un contexto cultural patriarcal. Tradicionalmente ha sido no sólo tolerado, sino también legitimado, el con- trol y sometimiento de la mujer por parte del varón. Es una violencia estructural que parte de una serie de normas socioculturales que justifican y minimizan la trascendencia de este tipo de conductas.
2 Como expresan Inés Alberdi y Natalia Matas, “se utiliza el concepto de género para identificar las diferen- cias sociales y culturales que se producen entre los hombres y mujeres, distinguiéndolo del concepto sexo, con el que nos referimos a las diferencias biológicas que hay entre los hombres y mujeres”.
En definitiva, la violencia de género tiene sus raíces en las relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. Tiene un carácter instrumental, no es un fin en sí misma sino un instrumento de dominación y control. Estamos hablando de un tipo de violencia que no es individual en su origen, ni tampoco en sus consecuencias, pero sí se concreta en agresiones individuales.
La extensión del patriarcado es universal y aparece tanto en sociedades primitivas como en las más desarrolladas. La religión, la filosofía y la literatura refuerzan esta cultura patriarcal. A lo largo de la historia de la humanidad son numerosos los ejemplos en la literatura, la filosofía o incluso la mitología que confirman y reconocen estas formas de relación. Sirva como ejemplo la obra algunos de nuestros autores más afa- mados: Shakespeare, en su obra La fierecilla domada, ve las relaciones conyugales como un proceso de doma de la mujer rebelde, Platón y Aristóteles clasificaron al hombre y a la mujer en sexo fuerte y sexo débil3 e inferior, inferior a nivel intelectual, fisiológico, sexual y ético, y en la Ilíada de Homero, Zeus acostumbra a apalear a su esposa Hera cada vez que se enfada con ella.