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Concepto y evaluación de la orientación sexual

CAPÍTULO 3. ORIENTACIÓN SEXUAL, CONFORMIDAD CON EL ROL DE

3.1. Concepto y evaluación de la orientación sexual

Tradicionalmente, la orientación sexual se ha tipificado en tres condiciones; heterosexual, homosexual y bisexual, sin embargo, existen otras tipologías consideradas minoritarias por su menor frecuencia, con las que algunas personas identifican su orientación sexual (Galupo, Davis, Grynkiewicz y Mitchell, 2014). Entre estas últimas se encuentra la asexualidad, que consiste en la falta de orientación sexual; la pansexualidad, que implica una atracción hacia cualquier tipo de persona sin importar su orientación ni su identidad sexual; y la demisexualidad, basada en sentir atracción únicamente por la persona de la que se está enamorado (Aparicio 2013). No obstante, la realidad no siempre se ajusta a alguna de estas definiciones, sino que puede adoptar innumerables posiciones ajenas a esta limitada clasificación, en función de las dimensiones que se tengan en cuenta a la hora de categorizar este constructo. Esta tesis se centrará únicamente en las más comunes, es decir, en aquellas que con mayor frecuencia informa la población.

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La orientación sexual se ha considerado un proceso dinámico y multi-variable (Klein, Sepekoff y Wolf, 1985), que no puede ser comprendido atendiendo exclusivamente al criterio de atracción, ya que ésta es sólo una dimensión autónoma incluida junto a otras, dentro del complejo constructo de la orientación sexual (Fernández, Quiroga y Rodríguez, 2006). Además, las tres categorías (homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad) no dan cuenta de toda la información relacionada con la orientación sexual (socialización, fantasías, comportamientos, etc.). Debido a esta complejidad y con la intención de lograr una mayor aproximación a la disparidad de actitudes, emociones y conductas de la sexualidad humana, Klein y colaboradores (1985) crearon y validaron un método de evaluación con forma de retícula (The Klein Sexual Orientation Grid, KSOG) compuesto por siete dimensiones, cada una de las cuales hace referencia al pasado, al presente y a la proyección de una situación ideal. De este modo, se logra indagar sobre la fluidez y la multidimensionalidad del constructo de manera individualizada. A continuación se detallan las siete variables halladas por estos investigadores que conforman la orientación sexual de una persona.

a) Atracción sexual. Hace referencia a la dirección de los intereses eróticos hacia otras personas; al patrón de excitación física y/o al interés emocional romántico o sexual, el cual puede involucrar fantasías, imaginación y sueños de contenido sexual o erótico (González, Martínez, Leyton y Bardi, 2004).

Un estudio acerca de la dimensionalidad de la atracción sexual (Fernández et al., 2006), llevado a cabo mediante el instrumento elaborado por estos investigadores (Cuestionario de Atracción Sexual, CAS) pone de manifiesto la existencia de dos conglomerados (atracción hacia mujeres y atracción hacia varones) que dan lugar a dos factores correlacionados negativamente (atracción hacia uno u otro sexo), o a un factor bipolar (atracción hacia ambos sexos o hacia ningún sexo) lo cual apoya tanto la bidimensionalidad de la atracción sexual como la existencia de los dos conglomerados de acuerdo con la definición ofrecida por la APA (2012).

b) Comportamiento sexual. Es la manera en la que se expresa la sexualidad; responde únicamente a la cuestión de con quién se mantienen relaciones sexuales, por tanto, no tiene por qué coincidir con la orientación sexual. Puede ocurrir que personas heterosexuales mantengan relaciones con personas de su mismo sexo y que disfruten de las mismas, bien con un objetivo exploratorio, bien por falta de disponibilidad de

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personas del sexo opuesto, bien por otros motivos. Es posible que personas homosexuales practiquen sexo, placentero o no, con personas del sexo contrario, bien porque se desee mantener la homosexualidad oculta, bien porque aún no se conoce la propia orientación, bien por imposición social (ILGA, 2007). También puede darse que personas bisexuales sólo mantengan relaciones sexuales con personas de un único sexo (Klein, 2014).

c) Fantasías sexuales. Son otro elemento que aporta información acerca de la orientación sexual, aunque no la determina. Las fantasías pueden aparecer durante la masturbación, en ensoñaciones diurnas, pueden formar parte de la vida real o responder exclusivamente a la imaginación (Klein, 2014).

d) Preferencia emocional. Consiste en un sentimiento de afinidad, podría decirse que de preferencia a la hora de enamorarse de personas de uno u otro sexo; la preferencia emocional se da por el sexo que una persona siente que le gusta y ama. Esta dimensión suele influir mucho, si no, determinar la conducta sexual (Klein, 2014).

e) Preferencia social. Consiste en el interés por socializarse con personas del mismo o de otro sexo.

f) Identidad sexual. Es la identificación con una orientación sexual. Esta variable se refiere a la manera en la que una persona se define a sí misma en lo que a orientación sexual se refiere. Forma parte del auto-concepto y por tanto, determina en buena medida cognición y conducta, ya que está íntimamente relacionada con la valoración que la persona realiza de sí misma de acuerdo con las teorías planteadas en el capítulo anterior, apartado dedicado a la autoestima. Según Klein (2014) es posible que la orientación con la que se auto-identifica una persona se aleje de su ideal. La identificación con la propia orientación es posible que se establezca en la adolescencia o en la etapa adulta, mientras que la orientación lo hiciera en la infancia. Por este motivo, la identificación puede estar precedida en algunos casos de una etapa de confusión o negación (González et al., 2004). Por tanto, no es extraño que una persona no se identifique a sí misma por ejemplo, como homosexual hasta la adolescencia o adultez.

g) Estilo de vida heterosexual o gay. Se trata de una variable parecida a la preferencia social, pero en lugar de atender al sexo de las personas con las que al individuo le gusta mantener relaciones sociales, en este caso se tiene en cuenta la

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orientación sexual de esas personas. Así, puede haber personas homosexuales a las que sólo les gusta pasar su tiempo y relacionarse con otras personas homosexuales, o que sólo habitan mundos heterosexuales, puede haber del mismo modo personas heterosexuales que no se relacionan con otro colectivo, etc.

Posteriormente, en 1998 Keppel y Hamilton añadieron a la KSOG (Klein et al., 1985) la variable “Identidad política” (Galupo et al., 2014).

Cada uno de estos dominios se puntúa en una escala bipolar (homosexualidad – heterosexualidad, con bisexualidad en el centro) de uno a siete.

A partir de los resultados de una serie de investigaciones longitudinales retrospectivas se observó que los individuos tienen una noción bastante clara de su orientación sexual, siendo las personas bisexuales las que más dificultades tienen para autodefinirse (más que las homosexuales y que las heterosexuales) (Klein, 1999). Las razones que este autor atribuye a este efecto son varias: en primer lugar, las personas bisexuales tienen que convivir con el mito de que la bisexualidad no existe; han sido definidos como neuróticos y tachados de indecisos o incapaces de enamorarse de verdad y de mantener una relación monógama; y por último, en algunas ocasiones, siendo homosexuales temen etiquetarse como tales y prefieren la etiqueta de bisexualidad.

Un aspecto importante relacionado con la bisexualidad, observado también en estas investigaciones, es el hecho de que esta orientación ni es un punto intermedio entre heterosexualidad y homosexualidad (por este motivo Klein rechaza la concepción bidimensional de la orientación propuesta por otros autores, la cual se disertará un poco más adelante), ni es un patrón que se asemeje a ninguno de los tipos de orientación monosexual, ni tampoco existen descripciones simples para el patrón de atracción bisexual (Klein, 1999). En unas ocasiones las personas bisexuales responden a un patrón más parecido al homosexual y en otras a uno más heterosexual, pudiendo identificarse, para simplificar mucho, la bi-heterosexualidad, la bi-bisexualidad y la bi- homosexualidad (Weinrich y Klein, 2002).

Otro de los instrumentos más extendidos es la escala de clasificación Heterosexual-Homosexual conocida como escala Kinsey (Kinsey, Pomeroy y Martin, 1948) (Galupo et al., 2014). Esta escala fue concebida desde la comprensión, por primera vez en el terreno científico, de la multidimensionalidad y fluidez de la

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orientación sexual (Fernández et al., 2006). Se trata de una medida de autoinforme basada únicamente en los comportamientos y en los deseos sexuales del individuo. La puntuación está comprendida en un rango de cero a seis. Puntúan cero los individuos que se identifican a sí mismos como heterosexuales y cuyo comportamiento y deseo sexual se dirigen estrictamente hacia personas del sexo opuesto. Entre uno y cinco se posicionan las personas que se identifican a sí mismas según diferentes niveles de actividad y de deseo hacia cualquiera de los sexos, y seis es la puntuación asignada a quienes se consideran puramente homosexuales. Esta escala también contempla la asexualidad.

Recientemente, mediante un análisis de clusters de la KSGO (Klein et al., 1985) realizado en población no clínica, en la muestra de mujeres se han evidenciado cuatro grupos en función de la orientación sexual (en hombres aparecen cinco), dos de ellos dentro de la bisexualidad: se trata de mujeres bi-lesbianas y bi-heterosexuales (no aparece ningún grupo que se corresponda con un patrón bi-bisexual) (Weinrich, Klein, McCutchan, Grant y HNRC Group, 2014).

En el estudio antes mencionado, las mujeres heterosexuales responden a un patrón muy similar en cuanto a la naturaleza de la atracción sexual, del comportamiento sexual y de su identidad sexual en los tres dominios (pasado, presente y situación ideal). Sin embargo, las diferencias intra-grupo son mayores en las otras dimensiones a pesar de que la mayoría manifiesta preferencia por socializarse con personas de ambos sexos, sus fantasías son mayoritariamente heterosexuales, su estilo de vida heterosexual y su preferencia emocional está dirigida hacia los hombres. El hecho de que las desviaciones estándar sean altas en estos cuatro dominios sugiere que la mayoría de las mujeres tienen una alta capacidad de respuesta bisexual u homosexual, que no son tan categóricamente heterosexuales (Weinrich et al., 2014).

Continuando con los resultados del análisis cluster de la KSGO (Weinrich et al., 2014), el grupo de mujeres lesbianas presenta poca variabilidad en cuanto a fantasías sexuales, atracción sexual e identificación con una orientación sexual en el dominio presente. La variabilidad en el resto de dominios es bastante alta en este grupo. Tanto en el pasado como en la situación ideal, las respuestas son dispersas en lo referido a atracción, fantasías, identidad sexual, preferencia emocional y social, estilo de vida y comportamiento.

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Los dos clusters de mujeres bisexuales presentan en general puntuaciones intermedias entre el subgrupo de mujeres heterosexuales y el de lesbianas, en cada una de las siete variables de la KSOG (Klein et al., 1985). Sin embargo, también ambos clusters presentan la mayor variabilidad intersujeto, es decir, las mujeres bisexuales tienen preferencias mucho más variadas que las homosexuales y que las heterosexuales. En el cluster de bi-lesbianas estas diferencias son especialmente notorias en la variable de comportamientos sexuales presentes y pasados, y sin embargo, la variabilidad en cuanto a fantasías sexuales es muy baja en el dominio presente. El cluster de mujeres bi- heterosexuales presenta en general menor variabilidad intragrupo que el anterior, pero más que los grupos de lesbianas y heterosexuales; destaca por ser bastante uniforme en cuanto a preferencia emocional (igual hacia ambos sexos).

El presente trabajo se centrará en mujeres que se identifican a sí mismas dentro de una de las tres categorías más frecuentes (homosexualidad, heterosexualidad y bisexualidad) a pesar de que estas tres tipologías de orientación sexual no responden a la complejidad del concepto: existen minorías que al no identificarse como homosexuales ni como heterosexuales, se tipifican dentro de la bisexualidad cuando por un lado, existen otras formas de plurisexualidad con las que algunas personas se identifican más, por ejemplo, pansexualidad, queer (Rust, 2001), casi heterosexual, bicuriosa o poliamorosa (Thompson y Morgan, 2008), y por otro lado, existen múltiples formas de bisexualidad y su categorización es compleja (Galupo, 2004). De la presente investigación se han excluido todas las minorías que no se identifican a sí mismas dentro de ninguno de los tres grupos más comunes en la población. El estudio se ha acotado bajo este criterio porque la mayoría de los individuos se posicionan a sí mismos en una de las tres categorías citadas (Klein, 1999). No se ha aplicado ningún instrumento de evaluación puesto que la medida autoinformada de la orientación sexual es suficiente para los objetivos de esta investigación, ya que éstos, no consisten en ahondar en este constructo sino en ponerlo en relación con variables de salud mental y conformidad con el rol de género.