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Limitaciones, perspectivas y líneas futuras

CAPÍTULO 6. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

6.2. Limitaciones, perspectivas y líneas futuras

Haber realizado un muestreo por conveniencia, al margen del conocido inconveniente de la falta de representatividad de la población, ha supuesto en esta investigación, además de la también conocida ventaja por cuestiones de accesibilidad a la muestra, una necesidad para poder extraer conclusiones acerca del comportamiento de las mujeres bisexuales y lesbianas. No hay datos empíricos que permitan conocer la prevalencia exacta de las minorías sexuales en España; existen estimaciones que nunca establecen una tasa de homosexualidad y bisexualidad por encima del 10%. Por ejemplo, en una investigación llevada a cabo en Reino Unido, se ha puesto de manifiesto que sólo el 0.8% de la población declara tener una orientación diferente a la heterosexual (Hayes, Chakraborty y McManus, 2012).

Puesto que en esta investigación, uno de los principales objetivos era comparar ciertas diferencias en función de la orientación sexual, resultaba imprescindible que todas las submuestras tuvieran el tamaño suficiente como para poder extraer conclusiones acerca de las mismas, y esto no se hubiera podido lograr estudiando una muestra compuesta en más de un 90% por mujeres heterosexuales.

Como limitación a lo anterior, debe señalarse que con este tipo de muestreo no se ha conseguido tener acceso a mujeres de todas las edades, resultando como inconveniente que la muestra es joven (edad comprendida entre 18 y 41 años con una media de edad de 26.45). No pudiendo descartarse por este motivo, la existencia de otro u otros perfiles de feminidad que pudieran estar más presentes en mujeres de edad más avanzada y que por este motivo no hayan aparecido al realizar el análisis de conglomerados.

Este aspecto ya se adelantó en la discusión acerca de la prevalencia de los diferentes Patrones de conformidad, cuando se apuntaba la posibilidad de que el elevado número de mujeres con Perfil No conforme (o la baja tipificación sexual en comparación con lo que defienden otros investigadores) que aparece en este análisis, se deba a joven edad de la muestra. Del mismo modo y por el mismo motivo, el porcentaje de mujeres que presentan el perfil de conformidad Tradicional podría ser mayor en la población española que en la muestra de esta investigación.

Cuantificar la presencia de perfiles en la población española resulta interesante no sólo para generalizar algunas conclusiones, sino también para abrir nuevas líneas de

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investigación y/o aportar más explicación a otras ya abiertas. Por ejemplo, si el Patrón Tradicionalestuviera representado por las mujeres de mayor edad, el hecho de que estas no hubieran adaptado su rol a un modelo más actual de feminidad podría ser debido a diferentes factores. Uno de ellos puede ser el elevado nivel de interiorización de estos valores y creencias por la temprana edad en la que ocurre este proceso (Good et al., 2010), lo cual dificultaría el cambio. Otro factor explicativo podría ser el sexismo benevolente, el cual no sólo surge desde los hombres hacia las mujeres, sino que son también las propias mujeres las que tienen una actitud sexista hacia otras mujeres, y este sexismo se manifiesta de manera benevolente sobre todo hacia las amas de casa (Becker, 2010). Ello podría motivar que la sociedad no exigiera el cumplimiento de una delgadez y una apariencia imposibles a las mujeres de este estatus. En cualquier caso, estos análisis ayudarían a comprender la evolución de los roles de género femenino en nuestra sociedad.

La otra limitación de esta tesis está relacionada con el hecho de que sólo se haya considerado la Identidad sexual, sin tener en cuenta el resto de elementos que conforman la Orientación sexual, relacionados con los patrones de atracción y con el comportamiento. Como ya se planteó en la revisión teórica, aunque la manera en la que se identifica un individuo a sí mismo, es un indicador muy representativo de su Orientación sexual, cuando se tienen en cuenta el resto de dimensiones, se obtiene una mejor explicación de la Salud mental (Klein, 2014).

Una implicación importante de que se hayan encontrado una serie de Patrones de conformidad con el rol de género femenino es el hecho de que llegados a este punto, se pueden contemplar los distintos estilos de feminidad superando la concepción unidimensional de este constructo. Por otra parte, estos estilos o perfiles se han dado a conocer más allá de una perspectiva teórica; cada Patrón de feminidad incluye la combinación de los diferentes niveles de conformidad con cada uno de los ocho factores que componen esta variable, tal y como aparecen dispuestos en la población muestral. El hallazgo de los cuatro Patrones de conformidad permite abordar toda una serie de investigaciones, hasta ahora llevadas a cabo desde otros modelos de feminidad, desde una perspectiva de Conformidad con el rol de género, más representativa de la población, tanto por la bondad del instrumento utilizado (Sánchez-López et al., 2009)

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como por el conocimiento empírico de los Patrones de feminidad existentes (al margen de que estos puedan variar al ampliar el rango de edad).

El debate acerca de las diferencias en salud que son debidas a una cuestión social de roles de género y feminidad, tras los resultados de esta investigación, puede extenderse a investigaciones y debates sobre cómo el estilo de feminidad afecta al bienestar y a la salud. Por ejemplo, existe un amplio cuerpo de investigación que relaciona la feminidad con el cáncer, enfermedades coronarias, tasas de mortalidad y trastornos mentales; con el consumo de tabaco, de alcohol y con el padecimiento de ciertas enfermedades coronarias; con diferentes indicadores de salud mental; con estatus económico y laboral; etc. (Good et al., 2010; Scott et al., 2015; Sánchez-López et al., 2012; Saunders et al., 2006). Este tipo de investigaciones y otras similares, pueden ser llevadas a cabo teniendo en consideración el patrón de feminidad en lugar de las variables feminidad vs. masculinidad, y esto podría aportar una mejorexplicación de los resultados.

Del mismo modo y a estos efectos, es decir, para una mejor comprensión de los elementos relacionados con la conformidad de rol que influyen en el bienestar, en investigaciones posteriores se podría plantear la aplicación de la escala de conformidad con las normas de género masculinas (Mahalik, 2003) a mujeres, pudiendo con ello también, comparar los resultados obtenidos con los de investigaciones llevadas a cabo bajo el paradigma unidimensional de la feminidad, las cuales apoyan sobre todo el modelo masculino de bienestar psicológico.

Llevando esta discusión hacia perspectivas y líneas futuras más concretas, hay algunos aspectos de este trabajo que poniéndolos en relación con trabajos previos, abren ciertos interrogantes. Por ejemplo, realizando un estudio de Perfiles de conformidad segmentado por edades, podría verse en función de los resultados cómo y hasta qué punto las mujeres se someten a las demandas sociales: en la discusión del objetivo primero ya se propuso la posibilidad de que el Patrón Tradicional sea el menos frecuente debido a la edad media de esta muestra; y en este mismo apartado, unos párrafos más arriba se ha planteado también la posibilidad de que en la población española exista algún perfil que no haya quedado reflejado en este estudio por su ausencia en la recogida de datos, o bien que alguno de los que aparecen en este estudio, no estuviera presente en la población al ampliar la muestra. Por tanto, sería interesante y relativamente sencillo profundizar más en este aspecto.

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De cara al diseño de intervenciones clínicas y psicosociales, investigaciones previas han encontrado que puntuaciones altas en conformidad con las dimensiones de Delgadez, Apariencia física y Romántica están relacionadas con efectos negativos sobre la salud mental (Hurt et al., 2007), y de manera más concreta, estos factores están asociados de manera positiva a conductas alimentarias inadecuadas (Anastasiadou et al., 2013; Mahalik et al., 2005). Pues bien, existe un patrón en la población, el Patrón Apariencia- Delgadez, que se ajusta completamente a esta descripción, y que además, presenta puntuaciones altas en todas las subescalas, es decir, se trata de un estilo típicamente femenino. A diferencia de lo que podría esperarse (debido a la correlación entre TCA, síntomas depresivos y baja autoestima), este perfil no presenta peor Salud mental que los perfiles Tradicional y No conforme, ni en términos de significancia estadística, ni comparando directamente los valores, ya que el Perfil Tradicional es el que peor salud presenta visto así. Es cierto que en los estudios antes citados no se han vinculado los TCA a un perfil, sino a tres subescalas concretas, pero conociendo ahora el patrón que presenta altos valores en dichas subescalas, es posible ahondar en el estudio del riesgo que supone presentar dicho patrón a la hora de sufrir este tipo de trastornos.

Continuando con problemas alimentarios, existen datos que prueban que las mujeres bisexuales y lesbianas presentan más problemas de sobrepeso que el resto (Garbers et al., 2015; Aparicio, 2013; Case et al., 2004). El Patrón No conforme tiene una frecuencia muy alta de mujeres con estas orientaciones sexuales, y además, presenta baja conformidad con la dimensión Delgadez. Dado lo anterior, y el hecho de que la Orientación sexual no correlaciona con el bienestar, la pregunta que surge es si los problemas alimentarios están realmente asociados a la orientación sexual, o es en realidad el perfil de feminidad la variable relacionada con el sobrepeso. Del mismo modo, el Perfil Asistemático, que es el menos interesado en mantener un cuerpo delgado, es el que mayor Autoestima presenta, lo cual lleva al planteamiento de si además de ser la Autoestima un factor de protección contra TCA (Baumeister et al., 2003), también lo es el Perfil de conformidad, en el sentido de que este prediga una menor probabilidad de sufrir trastornos alimentarios, aun pudiendo presentar sobrepeso. Es posible también que existan riesgos concretos asociados a los perfiles Tradicional y No conforme. Por ejemplo, el Patrón No conforme presenta unos valores bajos en la subescala Agradable en las relaciones, lo cual a nivel teórico repercute de manera negativa sobre el bienestar psicológico (Lyons, 2015). Existen investigadores que

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sostienen que el Apoyo social percibido en mujeres lesbianas es mayor que el percibido por las mujeres heterosexuales, y que las bisexuales son las que más escaso apoyo perciben de sus propios colectivos (Colledge et al., 2015; Frediksen et al., 2010; Mattews et al., 2002). El Perfil No conforme tiene una elevada proporción de mujeres lesbianas y bisexuales y el Perfil Asistemático es el que más cuida las relaciones con los demás. Comparar la variable Apoyo social en función de la Orientación sexual entre los diferentes perfiles, podría ayudar a comprender mejor si el Apoyo percibido en realidad correlaciona con la Orientación sexual, con el Perfil de conformidad, o con ambos. Algunos investigadores, habiendo utilizado en sus estudios escalas unidimensionales de Conformidad con el rol de género femenino, defienden que la Orientación sexual es más maleable y fluida que la feminidad (Pepplau et al., 2000). Estas escalas, tal y como se expuso en el capítulo primero de este trabajo, han sido criticadas por medir más bien rasgos de personalidad que el constructo social de feminidad. Por este motivo, es posible que la feminidad entendida desde el paradigma de Mahalik y colaboradores (2005) sea un constructo más fluido de lo que se ha podido observar hasta el momento, lo que haría también recuperar el debate sobre si es la Orientación sexual la que determina la Conformidad de rol (Gottschalk, 2003) o a la inversa (Drummond et al., 2008), o si es posible que ambas variables influyan una sobre otra, de manera mutua. Además, en función de cuán fluida se manifestara la Conformidad con el rol de género, cabría la pregunta de si el Perfil Asistemático muestra ese patrón como resultado de un proceso de maduración personal, el cual ocurre gracias a la elevada Autoestima que presentan estas mujeres, y es esta sana Autoestima la que les permite transgredir aquellos mandatos sociales con los que no se sienten en comunión, o si es en realidad el propio Perfil de conformidad lo que determina en parte la Autoestima.

Por último, en lo relacionado con la Orientación sexual y retomando las limitaciones de esta investigación debidas a la edad media de la muestra, sería conveniente ampliar el rango de edad dado que existen investigaciones que prueban que las mujeres lesbianas de mayor edad sufren más problemas de salud mental que las más jóvenes (Collegde et al., 2015), y esto parece ser debido a que las segundas están sometidas en menor media a los estresores propios de las minorías gracias a la evolución de la sociedad hacia una mayor tolerancia y menor discriminación en función de la identidad sexual (APA, 2012). Por tanto, no puede descartarse que las mujeres lesbianas y bisexuales españolas

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de mayor edad que las que han participado en este estudio, presenten más síntomas depresivos que las jóvenes y que estos aparecieran vinculados con su Orientación sexual, ya que en España, aún existiendo una elevada tolerancia hacia la homosexualidad en relación con otros países, esto es así como resultado de una evolución ocurrida a lo largo de las últimas décadas (Kohut et al., 2013).

Continuando con lo plateado en el párrafo anterior, resultaría sumamente útil, replicar este tipo de investigación en otras poblaciones en las que existen políticas, tanto diferentes como similares, hacia la homosexualidad; esto permitiría verificar si la relación entre Orientación sexual y Salud mental se debe de manera exclusiva o no a cuestiones de ámbito politicosocial. Si además se recabara más información de carácter personal como la religiosidad, el índice de masa corporal, el entorno rural o urbano, etc., se obtendría un conocimiento mucho más exhaustivo de la relación entre ambas variables.

En todo caso, sabiendo que prácticamente todos los factores que influyen sobre la Salud Mental de las mujeres en función de su Orientación sexual son de origen social o psicosocial, parece claro que las líneas de intervención eficaces para disminuir el riesgo para la Salud mental de las mujeres bisexuales y lesbianas, tienen que estar relacionadas con la intervención, prevención y protección por parte de agentes sociales a nivel colectivo para impedir cualquier manera de discriminación (Friedman, Koeske, Silvestre, Korr y Sites, 2006), y a nivel individual o de colectivos minoritarios para ofrecer psicoeducación para el manejo y afrontamiento de los estresores a los que se ven sometidos estas minorías.