Podría señalarse, en primer lugar, que Hegel no necesita, en sentido estric- to, de demostraciones de la existencia de Dios, puesto que «el Absoluto es el
39. RODRÍGUEZROSADO, J.J., «Crítica kantiana del argumento ontológico», en Estudios en honor
de J. Corts Grau, Valencia 1977, t. II, p. 380.
40. Cfr. para este tema, LLANO, A., «Actualidad y efectividad», en Estudios de Metafísica, 4
(1974), pp. 141-175, en el que se pasa revista a las doctrinas del ser en Kant, Hartmann y Heidegger, en contraposición con la doctrina clásica.
ser»42; cualquier comienzo –afirma– tiene que ser efectuado a partir del Absolu- to, y cualquier progreso es únicamente exposición del Absoluto43; el mundo es el despliegue de Dios y el ser de Dios coincide con ese despliegue.
Y sin embargo, Hegel siempre consideró de gran importancia las pruebas tradicionales de la existencia de Dios. A ellas dedica sus famosas Vorlesungen
über die Beweise von Dasein Gottes, dictadas en Berlín en 182944. En el contex- to de su peculiar doctrina, y con un significado propio y singular, tras la crítica de Kant al argumento ontológico (y al cosmológico y teleológico), Hegel reva- loriza dichos argumentos tradicionales para una demostración del Absoluto. La crítica de Kant es considerada aquí como una síntesis de la antigua metafísica y de su crítica; por ello, Hegel va a exponer y criticar las pruebas kantianas al mis- mo tiempo que se coloca en su perspectiva propia, en una situación que –según él– el conocimiento de Dios contiene en sí mismo su propia justificación45.
El descrédito en que han caído esas pruebas en los tiempos actuales es con- secuencia de la situación espiritual de nuestro tiempo –afirma Hegel–; también él –como después Heidegger a otro propósito– puede decir que lo malo de este tiempo nuestro es que todavía no pensamos. Esos argumentos para probar la existencia de Dios pasan por pertenecer a una metafísica caduca (antiquiertes
Metaphysik) que hoy ha sido abandonada, para echarnos en brazos de la fe viva,
e incluso del fervor religioso, una fe que no quiere saber nada de «razones», de argumentos racionales. Dicha rebeldía de la fe contra el conocimiento racional de Dios (que, por cierto, es uno de los pilares del luteranismo) encontró su más prístina expresión en Kant46.
Y, sin embargo, la elevación hasta Dios es necesaria; decir lo contrario, se- ñalar que no deba realizarse el recorrido desde el mundo hasta Dios, desde lo fi- nito al Infinito, es lo mismo que decir que no se debe pensar47. Es cierto que, por su solo nombre, nuestro objeto –Dios– es capaz de elevar nuestro espíritu, de lle- gar a lo más profundo de nuestro corazón; la convicción de que Dios existe –in-
42. HEGEL, G.W.F., Enciclopedia de las ciencias filosóficas, parágrafo 86, p. 106 de la ed. de F.
Nicolin y O. Poggeler, Hamburgo 1969, 6.ª ed.
43. Cfr. Ciencia de la Lógica, II, 490, de la ed. de G. Lasson, Hamburgo 1971, 2.ª ed. 44. Aparecen como apéndice de la Filosofía de la Religión, Ed. Glockner, t. 16. Hay trad. cast.:
Lecciones sobre las pruebas de la existencia de Dios, Madrid 1970.
45. Cfr. id., p. 81.
46. «Como se sabe la crítica que ha hecho Kant de las demostraciones metafísicas de la exis- tencia de Dios ha tenido por efecto condenar estos argumentos, que hasta en un tratado científico no se hable ya más de ellos y que casi haya que sonrojarse de exponerlos». Id., p. 199.
47. Así lo declara paladinamente y con frases muy expresivas Hegel en el famoso parágrafo 50 de la Enciclopedia de las ciencias filosóficas: «Como el hombre es un ser pensante, ni el sano senti- do común ni la filosofía renunciarán a elevarse desde la contemplación empírica del mundo y por me- dio de ella hasta Dios... La elevación del pensamiento sobre lo sensible, su ascensión desde lo finito a lo infinito, el salto hasta lo suprasensible, que se realiza con el rompimiento de la serie de lo sensi- ble: todo esto es el pensamiento mismo, este sobrepasar es sólo pensamiento. Si este tránsito no debe darse eso significa que no se debe pensar».
siste Hegel– es una convicción que hubiera podido basarse en argumentos, pero estos hoy día han periclitado, no tienen sentido para el modo de pensar del tiem- po en que Hegel escribe.
Podría parecer que el intento hegeliano, en esa reacción, es hacer demos- traciones racionales; pero no podemos llamarnos a engaño, pues en la doctrina hegeliana no se prueba desde fuera, sino que se trata de examinar la elevación necesaria del espíritu hasta Dios, es decir, observar el pensamiento en su propio proceso, observar la elevación del pensamiento hasta el pensamiento supremo que es Dios. En eso consiste probar para Hegel; aplicado a una prueba de Dios, demostrar es ver cómo el Absoluto es en sí mismo resultado, y por tanto la ver- dad de todo contenido particular. No hay nada que pueda obstaculizar que Dios sea conocido por el espíritu pensante, puesto que el Absoluto está en relación con el hombre; por ello, la comunicación de Dios con el hombre conduce, en último término, a Hegel a señalar que no es la razón del hombre la que conoce el Ab- soluto, sino precisamente al revés: es la autoconciencia del Absoluto la que se sabe a sí mismo en el saber del hombre. El espíritu del hombre, al conocer a Dios, no es sino el espíritu de Dios mismo. «No es la pretendida razón humana, con sus límites, la que conoce a Dios, sino el espíritu de Dios en el hombre... es la autoconciencia de Dios la que se sabe a sí misma en el saber del hombre»48.
Nuestro saber de Dios es un saber en Dios. Con esa doctrina pretende He- gel superar el pensamiento meramente formal, que separa lo finito de lo infinito (el plano de la Verstandesmetaphysik), sustituyéndolo por la lógica especulativa de la Razón, y al mismo tiempo apartarse de la Glaubensphilosophie, de la fe, del saber que prescinde de argumentos. Y, en ultimo término, se podría decir, como ha hecho algún autor, que la verdadera prueba de Dios es el mismo entero sistema hegeliano.
Habría una pluralidad de pruebas en consonancia con los puntos de partida, pero esto debe ser entendido del siguiente modo: «Podemos aceptar sin reservas una pluralidad de puntos de partida; esto no va, en manera alguna, en menosca- bo de la exigencia... según la cual hay tan sólo una prueba verdadera de la exis- tencia de Dios; siendo esta prueba el movimiento interno del pensamiento, po- demos mostrar que éste no es sino un sólo y el mismo camino, si bien tomado desde distintos puntos de vista»49. De cada una de ellas surgen distintas propie- dades o atributos; el conjunto de todos es el concepto del Absoluto.