LAS CINCO VÍAS DE SANTO TOMÁS 1. CONSIDERACIONES GENERALES
Santo Tomás, en Summa Theologiae I, q. 2, a. 3, expone cinco argumentos o caminos, que denomina vías, para demostrar la existencia de Dios. La formu- lación que realiza es una elaboración o sistematización a partir de demostracio- nes de otros autores (principalmente, Aristóteles, Avicena, Platón y San Juan Da- masceno)77, profundizándolas con su síntesis filosófica original; en este sentido debe decirse que, aunque haya tomado diversos elementos de otros autores, son originales suyas, ya que él las dotó de la más grande profundización, por cuanto son aplicación de los principios de la metafísica del ser. Después de la sistema- tización llevada a cabo por Tomás de Aquino, las demostraciones de la existen- cia de Dios deberán tener en cuenta las pruebas tomistas, incluso aunque se las desfigure, o sean criticadas en algún punto o negadas completamente. Por ello, al final de la explanación de cada una de las vías, aludiremos a los autores más relevantes que han dado argumentos para demostrar a Dios o negar una prueba racional del Absoluto basados en la admisión o rechazo de las pruebas tomistas. El artículo en que Santo Tomás expone esos cinco procedimientos para re- montarse hasta Dios es posterior a los que trata sobre la necesidad de la demos- tración de Dios (a. 1: an Deus esse sit per se notum), ya que su existencia no es evidente para nosotros, y de la posibilidad de la demostración (a. 2: an Deus esse
sit demostrabile per effectus nobis notos). Ahora va a pasar a la demostración
propiamente dicha.
Las vías son demostraciones a posteriori que parten de diversos aspectos de la criatura en cuanto tal (efectos), conocidos por la experiencia, y se remontan a
77. Cfr. una apretada síntesis, en la que aparecen los hitos fundamentales del proceso histórico en la elaboración de las pruebas de la existencia de Dios hasta la sistematización tomista, en GONZÁ- LEZÁLVAREZ, A., ob. cit., pp. 169-210.
Dios como Causa. La sencillez de la exposición tomista no debe llevar a pensar que las vías no suponen suficientes conocimientos metafísicos. Por el contrario, cada paso de las argumentaciones está presuponiendo haber accedido a los pun- tos fundamentales de la metafísica: la estructura trascendental del ente, la doc- trina de la participación, la causalidad predicamental intrínseca y extrínseca, y la necesidad de fundamentación de la causalidad predicamental por parte de la cau- salidad trascendental. Sin estos temas bien dominados, es difícil adentrarse en el estudio de las vías. Aquí no podemos explicar esos temas; sin embargo, si no se conocen bien, no se llega a captar la profunda raíz metafísica de la demostración, o peor todavía, se corre el riesgo de que a uno «no le prueben nada». Pero no es que no prueben: es que no se entienden o no se explican bien, porque no se han entendido o explicado los citados supuestos metafísicos. Indiquemos simple- mente algunos puntos fundamentales.
1. El ascenso de las vías a Dios es un ascenso metafísico. No son deduc- ciones matemáticas ni demostraciones físicas.
2. El ascenso metafísico hasta Dios tiene su inicio siempre en la conside- ración de las criaturas en cuanto entes causados que están reclamando una cau- sa incausada. Entes causados acabamos de decir: sobre el ente y la causalidad se articulan las vías. Se trata del tránsito del ser (esse) del ente al Ser, Acto Puro de Ser, de lo participado al Imparticipado, de lo finito al Infinito.
3. El punto metafísico central de ese tránsito consiste en que una vez que el ente se nos ha manifestado compuesto o estructurado de esencia (lo que es) y esse (aquello por lo que es), inmediatamente debe surgir la pregunta de por qué un ente es. Pero el ser es el acto de todo acto, perfección de las perfecciones, lo que más inmediata e íntimamente conviene a cada cosa; luego su causa no podrá encon- trarse en la causalidad predicamental. Ésta explica el fieri del efecto, pero no su
esse; es necesario buscar la causa del esse, que se llama causalidad trascendental.
Ahora bien, la causa del esse no puede radicar en la naturaleza del mismo ente, ya que entonces se produciría a sí mismo en el ser, lo cual es imposible: «No puede admitirse que el mismo esse sea efecto de la forma misma o quidi- dad de la cosa; pues se seguiría que una cosa sería causa de sí misma y que al- guna cosa lograría producirse a sí misma en el ser, lo cual es absurdo. Por con- siguiente, es preciso que toda cosa cuyo ser (esse) es distinto de su naturaleza tenga el esse por otro. Y porque todo lo que es por otro se reduce a aquello que es per se como a su causa primera, resulta ineludible que haya alguna cosa que sea causa essendi para todas las cosas, por ser ella sólo esse»78. Y esta causa del
esse no basta con que sea, sino que tiene que ser el Ser: Ser por esencia.
4. Como veremos, la causalidad de la que se habla en las vías es causali- dad metafísica y no física: causalidad del ser y no causalidad de los fenómenos.
5. Antes de pasar al estudio de las vías conviene tener presente un princi- pio, válido para toda la teodicea y que puede desprenderse del sed contra del ar- tículo en que Santo Tomás explana sus cinco vías: en el ejercicio racional o de- mostrativo no se prescinde de la fe. «Lejos de intentar olvidar su fe en la palabra de Dios antes de afirmar su existencia, Tomás de Aquino la reafirma de la forma más enérgica. Y no hay nada de extraño en esto, puesto que el Dios, en cuyas pa- labras cree, es el mismo ser cuya existencia intenta demostrar su razón. La fe en la búsqueda del entendimiento es el lema común de todo teólogo cristiano y tam- bién del filósofo cristiano»79. Sin embargo, la fe no es un ingrediente de la de- mostración metafísica; y también, como señala Tomás de Aquino, cabe que al- guien acepte por fe lo que de suyo es demostrable y cognoscible, por ejemplo porque no entiende la demostración80.
2. EL PROCESO DE LA DEMOSTRACIÓN