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La distinción entre lo que significa el nombre y el modo de significar

In document Gonzalez, Angel Luis - Teologia Natural (página 151-153)

B. y el modo de significar

Al aplicar nombres a Dios, es necesario distinguir entre lo que significa el nombre (id quod significat nomen) y el modo de significar (modus signifi-

candi)42.

– id quod significat nomen es la perfección en sí misma considerada, aten- diendo a la pureza de la definición;

– el modus significandi es a rebus creatis, es decir, a partir de esa perfec- ción tal como está en el mundo. «Así, por ejemplo, cuando afirmamos que Dios es bueno, lo significado es la Bondad en su pureza de definición, que compete a Dios en plenitud, mientras que el modo de significar está caracterizado por el he- cho de que ese término, aun aplicado a Dios está obtenido de la bondad del mun- do. Por eso, al aplicarlo a Dios hay que trascender ese modum significandi por medio de un paso al límite, caracterizado por la terna: afirmación, negación, emi- nencia. Se manifiesta así mejor que afirmar y negar una misma cosa de Dios, no es una dialéctica o menos aún contradicción, ya que se afirma en lo que signifi- ca, y se niega en el modo de significar»43.

Atendiendo al significado, las perfecciones puras se predican más propia- mente de Dios que de las criaturas; pero atendiendo al modo de significar es al revés. El ser, la bondad, la nobleza, el entender, querer, etc., convienen primero a Dios en cuanto a su significado y a las criaturas de modo secundario, aunque nuestro modo de conocer imponga ese nombre en primer lugar a las criaturas y después a Dios44. «Según esto, se ha de sostener que, en cuanto a la cosa signifi- cada por el nombre, se dicen de Dios antes que de las criaturas, porque las per- fecciones que expresan derivan de Dios a las criaturas; pero en cuanto a la apli- cación del nombre, primero las aplicamos a las criaturas, porque las conocemos antes, y por ello su modo de significar es, según hemos dicho, el que compete a las criaturas»45. En cambio, las perfecciones no puras se predican de Dios sólo causalmente.

En consecuencia, una misma perfección hay que afirmarla de Dios en lo que significa, y hay que negarla de Dios en el modo de significar para la inteli- gencia humana. Esto no supone que el hombre no pueda tener un conocimiento verdadero de Dios, sino que es consecuencia de un conocimiento verdadero, pero analógico. Si ese conocimiento no fuera verdadero, desembocaríamos en la equi- vocidad: si fuera perfecto habría univocidad. Como ya ha sido señalado, sólo la analogía cumple los requisitos de verdad e imperfección con que se ejerce nues- tro conocimiento del Ser divino.

42. Cfr. S.Th., I, q. 13, a. 3. 43. OCÁRIZ, F., art. cit., p. 418.

44. Cfr. De Veritate, q. 4, a. 1. 45. S.Th., I, q. 13, a. 6. Cfr. C.G., I, 34.

Por el modus significandi, precisamente porque se toma de las criaturas, todo nombre aplicado a Dios es defectuoso46. Por eso –ha señalado Clavell– «ne- cesitamos para nombrar a Dios, tanto de los términos concretos (Dios, Bueno, El que es, etc.), como de los abstractos (Deidad, Bondad, Ser, etc), de manera que se complementen, porque ninguno de los dos es perfecto. Los nombres abstrac- tos expresan bien la simplicidad y pureza de una perfección separada (por ejem- plo: la misma Bondad), pero no su subsistencia. Los concretos significan a Dios como un sujeto subsistente (el Todopoderoso), pero de modo compuesto (una persona con el poder para hacerlo todo)»47.

Con frecuencia, se aplican a Dios nombres que propiamente no le compe- ten. Así se habla del brazo de Dios; Dios es nuestra roca, etc. Estos nombres me-

tafóricos, propiamente y en primer lugar convienen a las criaturas, y a Dios sólo

metafóricamente. (Sin embargo, es de resaltar que la metáfora es necesaria en el conocimiento de las realidades espirituales, porque accedemos a éstas a partir de las cosas sensibles)48.

Aunque según el modo de significar, todos los nombres divinos proceden de nombres de las criaturas (id a quo nomen imponitur: se predica de la causa la perfección del efecto) pueden darse nombres absolutos a Dios según su signifi- cado. Así, Dios es el Ser, la Bondad, Verdad, etc. Ello es consecuencia del ver- dadero, aunque imperfecto, conocimiento que podemos alcanzar de la esencia di- vina. Ya hemos aludido a que decir que Dios es bueno –la misma Bondad– no significa únicamente que Él es causa de la bondad en las criaturas, sino que es verdaderamente bueno.

Otros nombres, en cambio, son relativos por su mismo significado. Aunque Dios sea el Absoluto, sin embargo, en consonancia con el modo de conocer hu- mano, es necesario usar nombres relativos para nombrarle; nombres relativos, es decir, que entrañan una relación de las criaturas a Dios, por ejemplo: Creador, Se- ñor, etc. Dios, efectivamente, es el Absoluto, absuelto de toda relación real res- pecto al mundo (y al mismo tiempo presente en lo más íntimo de cada cosa y pro- vidente del mundo, como veremos). Como estudiaremos en un tema posterior, la relación de Dios al mundo únicamente puede ser de razón. En cambio, las criatu- ras tienen una relación real a Dios, en cuanto que enteramente dependen de Él y a Él se ordenan; más todavía: sin Él las criaturas no existirían. Porque Dios no dice relación a las criaturas, puede aplicársele nombres relativos. «Como Dios está fue- ra de todo el orden creado, y todas las criaturas se ordenan a Dios, y no Dios a ellas, es indudable que las criaturas dicen relación real a Dios, pero en Dios no hay, respecto a las criaturas, relación real alguna, sino exclusivamente de razón, por cuanto las criaturas se refieren a Él. Así entendido, no hay dificultad en atribuir a

46. Cfr. C.G., I, 30.

47. CLAVELL, L., El nombre propio de Dios, Pamplona 1980, p. l44.

Dios en el tiempo los nombres que incluyen relación a las criaturas, puesto que no suponen cambio alguno en Dios, sino en la criatura, como la columna está a la de- recha, no porque ella cambie, sino porque el hombre se traslada»49.

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