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2. Comportamiento del alumnado con TDAH

2.2 Conductas deseables

2.2.1 Conductas deseables Aproximación conceptual

Tal y como se ha citado anteriormente, los autores Román y Díez (1999) manifiestan que el aprendizaje puede ser analizado desde diferentes perspectivas, y estos, a la vez, pueden ser agrupados en diferentes paradigmas. En la misma línea, los mismos autores afirman que, desde la psicología conductista, «el aprendizaje es concebido a través de métodos objetivos y estudios de la conducta observable» (p. 42); de allí, entonces, que se esperen ciertas conductas deseables a lograr por el conjunto de alumnado.

Para poder definir las conductas deseables, se deberán trazar los posibles límites entre lo no deseable y lo deseable o, también, como cita Moreno Oliver (2001, p. 21) entre lo «no problemático» y lo «problemático». Estos términos conllevan afrontar los parámetros de la normalidad y la ausencia de normalidad, situaciones consideradas difíciles de definir y que muchas veces están sujetas a un alto grado de subjetividad. En este sentido, se considera la personalidad no problemática —normal, deseable o, en consecuencia, correcta— como aquel comportamiento que se expresa mediante una conducta comprensible, consistente, es decir, con coherencia en sus manifestaciones y equilibradamente estructurada y controlada.

También es interesante destacar otra concepción sobre las conductas deseables así como otros conceptos que las engloban. Ardila (2011) manifiesta que «podemos definir a la ética como el estudio de la conducta deseable» (p. 15). En la misma línea, corrobora que, desde las primeras civilizaciones —sumeria, egipcia, china, hindú, maya, etc.— hasta estos días, se le ha dado importancia a la ética como forma de organización y de control social. Es decir, que el conjunto de normas y leyes, basadas en lo bueno para el grupo y en el deber ser, ha servido para organizar las sociedades. Así pues, muchas personas adoptan un comportamiento según los estándares de su cultura por temor al castigo; por ello, se han desarrollado normas sociales de muchas clases, como: normas legales, morales, convencionales y religiosas.

La búsqueda de normas universales, de puntos de convergencia para todos los seres humanos ha sido preocupación durante la época moderna. Kant expresó este universalismo del comportamiento ético diciendo: «obra de tal forma que tu acción pueda ser erigida en ley universal» (Ardila, 2011, p. 16).

Volviendo a los conceptos citados, la comprensibilidad y la consistencia pueden llegar a adoptar matices diferenciados. Moreno Oliver (2001) matiza que dichos conceptos pueden

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verse influenciados por las variables provocadas por el entorno y por el sujeto activo o el pasivo, quiénes resultarán determinantes y quiénes requieren, en el caso de este estudio, de una atención personalizada por parte del sistema educativo y sus agentes. Así pues, «desde una visión positiva y encaminada a la resolución de las cuestiones, lo problemático debe ser definido con referencia a lo que se entiende por normal» (Moreno Oliver, 2001, p. 22).

Además, se entiende el concepto de «normalidad» como mera ausencia de problema, afirmación propia de una concepción médico-clínica, es decir, que «el que está sano es el que no está enfermo». Por este motivo, se tiende a realizar una interpretación positiva como «estar sano es gozar de unas determinadas capacidades físicas y mentales»; por eso, ya no se considera suficiente la ausencia de patología «para considerar el estado individual como normal» (Jiménez, 1994, p. 20).

Este conjunto de afirmaciones, en cierto modo, se contradicen con los párrafos anteriores, en los que se diferenciaba una conducta deseable con la que no es deseable, se hablaba de lo problemático como contraposición de lo no problemático. En esta misma línea, Moreno Oliver (2001) manifiesta:

Para justificarnos, volveremos a insistir en la dificultad de establecer cuantificaciones o especificaciones que determinen y concreten lo normal y lo anormal y, en gran medida, no tenemos otra opción que basarnos —como partida para posteriores desarrollos— en percepciones intuitivas que en gran parte dependen de nuestra propia experiencia, condicionada por nuestra inclusión o pertenencia a un determinado contexto. Es por ello, que debemos atender los límites extremos de las situaciones y seguir el hilo que los une (p. 23).

Con el objetivo de definir el concepto de normalidad, se recurre a un conjunto de referencias de tipo normativo, como las que señala Bonals, citado por Molina (1995), al afirmar que los trastornos de comportamiento «son todas las alteraciones o perturbaciones del mismo con respecto a la norma» (p. 294). Este concepto se puede determinar partiendo de criterios empíricos y culturales, ya que, dependiendo de los mismos, pueden existir diferencias de lo que se considera comportamiento normal o no normal.

Para poder desarrollar y focalizar así la concepción de la normalidad expuesta, se diferencian tres criterios muy variados con el fin de delimitar el concepto propuesto (Moreno Oliver, 2001, p. 24), (tabla 2):

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Tabla 2. Criterios para desarrollar la concepción de normalidad

CRITERIOS DESCRIPCIÓN

ESTADÍSTICOS

Permiten integrar la conducta humana dentro de la cuantificación representada por los límites de la curva gaussiana, teniendo en cuenta que las desviaciones en más o en menos de los índices de frecuencia de un comportamiento infantil (siendo el caso que interesa en este estudio) representarían inadaptaciones casuísticas por su consideración de «desviación anómala de la conducta».

CULTURALES Y

SOCIALES Se considera lo normal como aquello que se ajusta específicamente a las normas sociales.

UTÓPICOS

Lo normal tiene en cuenta la valoración de los aspectos fenoménicos en la estructura personal infantil (condiciones y características de la comunicabilidad infantil; nivel de adaptabilidad con implicaciones madurativas en los planos cognitivos, afectivos y sociales; índices de relación o dependencia con respecto al entorno más inmediato; manifestaciones objetivables de la dinámica personal afectiva).

Fuente: Elaboración propia fundamentada en Moreno Oliver (2001)