1.1. Años de aprendizaje (1860-1883)
1.1.2. Conexiones krausistas
De nuevo vuelve a Madrid para iniciar el doctorado durante el curso académico 1879-1880. Poco después tomará su primer contacto con el movimiento krausista, gracias a una carta de presentación que Adolfo Buylla y su tío Manuel Pedregal le dieron para saludar a quienes serían sus maestros: Francisco Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate. La entrevista que mantuvo con Giner le impresionó de sobremanera, “me acercaba sin duda, a un Madrid para mí desconocido”. Similar impresión le causaría su visita a Azcárate, “...uno de esos hombres de una pieza que entra en el corazón con sólo saludarlo y estrecharle la mano”.28 La amistad que mantendrá con Giner a partir de su primer encuentro, le introduce en el círculo krausista, con el que había tenido algún contacto a partir de su relación personal con Adolfo Buylla. El krausismo en España tuvo una década de esplendor entre los años 1860-1870, aunque sus precedentes inmediatos se encuentran en la estancia de Sanz del Río en la universidad de Heildelberg sometida a la influencia de los discípulos de Krause: Roeder y Leonardi. Cuando por Decreto de 8 de junio de 1843 se crea en la universidad Central la facultad completa de filosofía, y se asigna a Sanz del Río la cátedra de Historia de la filosofía como profesor interino, le permite viajar a Alemania como comisionado del gobierno español para perfeccionar sus conocimientos filosóficos e importar el pensamiento del momento. En su primera escala en París visitó a Víctor Cousin, cuya ciencia le pareció “un embrollo y de pura apariencia” 29, por lo que será en
28 A. Posada, Fragmentos..., pp. 108-109.
29 Marcelino Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, Madrid,
Librería católica de San José, 8 vols, 1881, vol III. Frente a la afirmación de Sanz del Río se pronunciará Menéndez Pelayo diciendo “Enhorabuena que Aristóteles, o Santo Tomás, o Suárez, o Leibnitz, o Hegel, pudieran calificar de ligera y de filosofía para uso de las damas, la de Víctor Cousin, pero que venga a decirlo un espíritu tan entenebrecido como el de Sanz del Río, cuyo ponderado método se
Bruselas cuando a través de Ahrens se incline por la filosofía de Krause.30
Durante su estancia en la universidad alemana, Sanz del Río prefirió la filosofía de Krause frente a otros filósofos alemanes de su tiempo, por la convicción de que esta doctrina era la verdadera, como se deduce de la carta que el pensador español escribió en 1844 a José de la Revilla desde Heidelberg: “Como guía que me condujera con claridad y seguridad por el caos que se presentaba ante mi espíritu. Hube de escoger, con preferencia, un sistema a cuyo estudio
reduce a haber encerrado sus potencias mentales en un carril estrechísimo, trazado de antemano por otro, cuyas huellas va repitiendo con adoración supersticiosa, es petulancia increíble. Pero ya se ve, a ojos como los de Sanz del Río, que sólo aciertan a vivir entre telarañas, todo lo que sea luz y aire libre ha de serles forzosamente antipático”. p. 718. La antipatía de Menéndez Pelayo por la doctrina alemana se produjo a causa de “la amenaza lanzada por Salmerón el última día del curso, prometiendo suspender a sus alumnos -por no haber sorprendido las sublimidades de la ciencia krausista-”. A ello debemos añadir la famosa controversia que proporcionó a Menéndez Pelayo uno de sus éxitos más ruidosos. Me refiero a la polémica surgida en torno al artículo de Azcárate “El self- goverment y la monarquía doctrinaria” publicado en la Revista de España, denunciando la pobreza de la ciencia española. En su defensa Menéndez Pelayo publicó a través de la Revista Europea los argumentos a favor de la cultura española, donde salieron mal parados Revilla, Azcárate y Perojo. Véase, L, Antón del Olmet y A, García Carraffa, Menéndez Pelayo, Madrid, Imprenta de Juan Pueyo, 1913, vol II, pp. 52-53.
30 Desde un punto de vista semántico la palabra krausismo procede de Krause.
Cristian Federico Krause nació en Eisenberg (Alemania) en 1781. Sus estudios universitarios se inspiraron en lecciones de Fichte y Schelling hasta elaborar con toda independencia una filosofía que puede considerarse como original frente a la de sus maestros. Sin perjuicio de profesar las doctrinas de sus maestros y compartir una concepción teocentrista en la que la verdad última se encontraba en Dios o Urwesen, fue Krause un filósofo constructor de su propio sistema basado en un “todo”, cuyas partes están y se mantienen encadenadas entre sí no por un conjunto de elementos que coexisten, sino por un todo cuyos miembros se entrelazan y soportan entre sí. Es más, sin perjuicio de las doctrinas que han tratado de ubicarlo entre los discípulos de Schelling, krause se encuentra más próximo de Fiche, que le ofreció protección frente a las acusaciones de Schelling por divulgar ideas revolucionarias. Como continuador de Kant, Krause tratará de dar un fundamento al conocimiento humano aceptando la filosofía crítica sin renunciar a la metafísica, identificando el sujeto con el objeto.30 Mantiene como
elemento primario la existencia de un “Yo”, en el que coinciden cuerpo e intelecto como esencias finitas que tienden a alcanzar el ser superior e infinito que es Dios - ser absoluto- al que podemos conocer, no sólo por la razón, sino también con la intuición. La consideración de doctrina oscura se justifica por la intención de Krause de formar un lenguaje científico artificial, al que denominó lenguaje esencia del ser, y por la depuración del idioma alemán. Véase Rafael V. Orden Jiménez, El
me debía consagrar exclusivamente hasta hallarme en estado de juzgar con criterio los demás. Escogí aquél, que, según lo poco que yo alcanzaba a conocer, encontraba más consecuente, más complejo, más conforme... Dirigido por estos pensamientos me propuse estudiar el sistema de K.C.F. Krause...”31 En opinión de Canalejas, la filosofía de Hegel ponía de manifiesto las deficiencias de un sistema, en el que el estudio de la ciencia partía de un sistema abstracto, incomprensible -a priori-, para una sociedad que demandaba el conocimiento racional de la realidad.32 Por tanto, en un entorno social inmaduro y débil, difícilmente podía adoptarse una doctrina totalmente sistematizada y racional como era la filosofía de Hegel. Nada más fácil que optar por la filosofía krausista, penetrada de un aire moralizante que encajaba perfectamente en un estado de desorganización, desmoralización y corrupción que sigue a una guerra:
Cuando una sociedad está tan perturbada y tan conmovida, más que una filosofía portadora de una concepción del mundo y de la vida, maravillosamente construida y sistematizada, lo que necesita es una reconstrucción ética sobre la base de una imagen emocional del mundo, que organice los sentimientos y proponga a los hombres valores capaces de determinar su conducta desde el interior. Una filosofía perfectamente arquitrabada, lógicamente justificada, cuyo valor óptimo sea la racionalidad y la verdad, es propia solamente de un pueblo que se desarrolla normalmente, e implica, además de una enorme mayoría, otra condición fundamental: desarrollo técnico y científico.33
En opinión del movimiento neo-católico antikrausista, la inclinación krausista se debía a la supuesta incapacidad intelectual de Sanz del Río. Para Menéndez Pelayo, Sanz del Río carecía de la potencia mental necesaria para asumir las explicaciones de Hegel; por
sistema de la filosofía de Krause. Génesis y desarrollo del panenteísmo, Madrid, Publicaciones de la Universidad Pontificia de Comillas, 1998, p. 374.
31 Véase Adolfo Posada, Breve historia del krausismo..., p. 24.
32 Francisco de Paula Canalejas, “Las escuelas alemanas y sus contradicciones”,
Estudios críticos de filosofía, política y literatura, Madrid, 1872, pp. 239-291.
33 Eloy Terrón, Sociedad e ideología en los orígenes de la España contemporánea,
ello, “nada más sencillo que servirse de andadores a partir de un sistema ya hecho, e importarlo a España con todas sus piezas”. A ello se debía añadir, la pereza intelectual por ampliar sus conocimientos, al encajonar su entendimiento en un dogmatismo cerrado, ajeno a la curiosidad.
En España hemos sido krausistas por casualidad, gracias a la lobreguez y a la pereza intelectual de Sanz del Río... Es error vulgarisimo el creer que Sanz del Río fue enviado a Alemania a aprender el krausismo. Basta hojear su correspondencia para persuadirse del verdadero objeto de su comisión, que fue estudiar la filosofía y la literatura alemana en toda su extensión e integridad, lo cual él no hizo ni podía hacer quizá, por ser hombre de ninguna libertad de espíritu y de entendimiento estrecho y confuso, en quien cabían muy pocas ideas, adhiriéndose estas pocas con tenacidad de clavos. Sólo a un hombre de madera de sectario, nacido para el iluminismo misterioso y fanático, para la iniciación a sombra de tejado y para las fórmulas taumatúrgicas de exorcismo, podía ocurrírsele cerrar los ojos a toda la prodigiosa variedad de la cultura alemana y, puesto a elegir errores, prescindir de la poética teosófica de Schelling y del portentoso edificio dialéctico de Hegel, e ir a prendarse del primer sofista oscuro, con cuyos discípulos le hizo tropezar su mala suerte. 34
No sólo sería Menéndez Pelayo su más ferviente opositor. Julián Marías negó valor filosófico a la doctrina de Krause, por considerarlo pensador secundario entre las grandes figuras de la época. En su opinión, la inclinación de Sanz del Río hacia el krausismo debió obedecer tan sólo al carácter religioso y moral de esta filosofía. Sin embargo, el krausismo español no tuvo como único adversario el pensamiento tradicionalista de Menéndez Pelayo, sino que tuvo que enfrentarse con nuevas tendencias surgidas a la izquierda del krausismo, como el neokantismo y el positivismo, que reglado por el empirismo no admitía más que el saber positivo que parte y termina en la experiencia. Los ataques que el krausismo recibió, tendían a destacar los aspectos anacrónicos de la filosofía idealista. Fue el año 1875 la fecha que marcó el punto de partida de la
crisis krausista, cuando autores positivistas y neokantianos señalaron la inviabilidad de los principios ideológicos del racionalismo armónico, así como la disgregación interna de sus miembros. La falta de unidad de la que se acusaba al krausismo carecía de sentido ante una corriente filosófica que tendió a evolucionar con el paso del tiempo. Es decir, el krausismo español no tuvo una vigencia limitada en la segunda mitad del siglo XIX, sino que fue un movimiento que supo adaptarse a nuevas pautas del pensamiento, como fue el positivismo naciente durante el sexenio revolucionario. Tendencia positivista a la que Posada denominó en 1892 krausopositivismo, que aparece en torno al año 1875 prolongándose hasta finales del siglo XIX y principios del XX, y con la que se logra armonizar la especulación krausista con la experiencia positivista.35 Posada, al igual que Federico de Castro, se adaptaron a las exigencias político-sociales del momento; y sin perder su filiación krausista, supieron evolucionar hacia posiciones más avanzadas. Por lo tanto, sin perjuicio de que el krausismo tuvo un período de esplendor en la década de 1860-1870, fue un movimiento que evolucionó en España gracias al influjo decisivo de las universidades y de los organismos que se fueron desarrollando en su entorno, como lo fue la Institución Libre de Enseñanza, la Junta de Ampliación de Estudios, el Instituto de Reformas Sociales… Así, el krausismo consiguió en España una implantación tan sólida, que le permitió prolongar su presencia hasta bien entrado el siglo XX, bajo la defensa de la libertad, espíritu de armonía, culto a la ciencia, afirmación de la razón, moralismo, pedagogía y religiosidad.36
Entre sus discípulos el krausismo encontró detractores como Campoamor, por considerar que “acabará por convertir a la ciencia en
35 A. Jiménez García, El krausismo y..., p. 114.
36 Estudio preliminar realizado por Elías Díaz a la obra de Azcárate, Minuta de un
una chifladura y las universidades en unos tonti-comios ¡otro desengaño!”, habiendo hecho retroceder la educación filosófica española al menos cien años, al dejar a las universidades en la más profunda hemiplejia.37 Esta opinión era compartida por Iriarte, al considerar el krausismo como una epidemia de espiritualismo, al querer ver todo como manifestación del espíritu “subestimando materia y naturaleza, quijotizando e idealizando, en un momento en que España se hacía materialista y positivista. Nos llena la universidad de caballeros andantes de la Idea y del Ideal”.38
Frente a las criticas de Campoamor, destaca la defensa de Rafael Montoro, entusiasta de la filosofía alemana de los siglos XVIII y XIX. En su opinión, y tras reconocer que no era krausista, mantenía el grado de pureza, rectitud y elevación grandísima de la doctrina de Krause, sin perjuicio de que tras importarse por Sanz del Río se encontrara con un país en el que el movimiento filosófico casi no existía. Y ahí se encontraba el defecto de una filosofía, que carecía de los precedentes necesarios para garantizar su éxito porque, frente a los sistemas alemanes ligados por lazos precedentes, la filosofía krausista no lograría adecuarse a un entorno que carecía de las referencias necesarias para garantizar su continuidad. Sin aducir criticas frente al krausismo, Montoro consideraba que éste era un eslabón suelto que “difícilmente podría arraigar en un terreno que no estaba en absoluto preparado para valorarlo en sus verdaderas dimensiones”. No era un sistema que atraía la atención general y que presentaba caracteres universalmente reconocidos; antes bien, sin
37 Véase los comentarios de Campoamor recogidos por Cacho Viu en La Institución
Libre..., pp. 321-324.
38 Joaquín Iriarte, “La aventura krausista y su evolución”, Razón y Fe, nº 62, 1962,
menoscabo de sus méritos, el krausismo era un mero incidente en la historia de la filosofía.39
Sin dejar de ser ciertas las críticas en cuanto a lo obstruso e ininteligible del estilo literario, carecían de sentido al calificar de pereza mental la influencia filosófica del jefe del krausismo español. Por el contrario, frente al rígido dogmatismo existente y la escasa importancia prestada a la ciencia, Sanz del Río sintió especial interés por el saber y la razón, en cuanto suponían una alteración a las ideas propias del Antiguo Régimen: “eran objetivamente revolucionarias en la España de O´Donnell y de Narváez”. 40 No podía mantenerse que la llegada del krausismo respondiera a la simple casualidad, dado que “Sanz del Río fue al krausismo como quien dice, a tiro hecho… llevaba el krausismo consigo: era krausista avant la lettre”.41 Y ello era así, porque los sistemas idealistas alemanes, al igual que las doctrinas de Hegel, habían penetrado en España a través de la filosofía del derecho por la que Sanz del Río ya había mostrado preferencias entre 1837-1840, a partir de la traducción por Ahrens del Curso de derecho
natural, traducido al español en 1841 por Ruperto Navarro Zamorano
-discípulo y amigo íntimo de Sanz del Río-.42 También influyó en él, Tiberghien, que se consideró como el que más “krausizó” a los españoles, porque “exponía las doctrinas de Krause con mayor claridad y elegancia que Sanz del Río y sus discípulos inmediatos...”43 En vista de la fecha de la traducción y de su viaje a Alemania, todo hace pensar que fue el propio Sanz del Río quien motivó en Navarro
39 Cacho Viu, La Institución Libre..., p. 328.
40 Manuel Tuñón de Lara, “El krausismo y la Institución libre de enseñanza: sus
diversas proyecciones en la vida cultural española. Giner, Azcárate. Cossío”, Medio siglo de cultura..., p. 41.
41 Afirmación de Araquistain recogida por García Cué en Aproximación al estudio
del krausismo andaluz, Madrid, Tecnos, 1985, p. 10.
42 Juan José Gil Cremades, El reformismo español. Krausismo, escuela histórica,
neotomismo, Barcelona, Ariel, 1969, p. 51.
43 Juan Angel Blasco Carrascosa, El krausisme valencià, València, Institut Alfons el
Zamorano la referida traducción.44 El krausismo derivó de la influencia que en las naciones latinas había tenido la filosofía alemana alrededor de 1856-862, suplió la inexistencia de cátedras especializadas en filosofía, para atender la demanda de una generación ansiosa de una nueva teoría: “la filosofía que el liberalismo español ochocentista necesitaba”.45 Por tanto, el krausismo en España no fue fruto de la casualidad, sino que Sanz del Río también conocía la filosofía de Hegel, Kant, Schelling... Es más, teniendo en cuenta la importancia que el derecho y la ética ocupaban en el sistema del autor, era de esperar su inclinación hacia Krause, por ser quien mejor representaba la situación político-social y cultural en que vivía la burguesía liberal progresista española, que en definitiva fue la clase social que asumió su filosofía al ver en ella sintetizadas sus aspiraciones.46
Es necesario convencerse de que el krausismo español era la única filosofía posible, dadas las condiciones político-sociales determinantes y dominantes en la época que fue importado, difundido y arraigado en España, que su aparición estaba determinada por los cambios ocurridos en la estructura de la sociedad española desde el reinado de Carlos III, acentuados por la gran conmoción de la guerra de la Independencia y consumados durante la Guerra Civil.47
Como advierte Cacho Viu, se puede afirmar que hubo dos movimientos krausistas en España: el prekrausismo español, a través de las interpretaciones de Ahrens, y el krausismo español propiamente dicho, a partir de 1860 -año cero de la escuela krausista-, fecha en la que se traduce, comenta, suprime y adapta a las peculiaridades hispánicas el Sistema de filosofía y el Ideal de la
44 Esta suposición se recoge en el artículo “En el centenario de Sanz del Río”,
firmado por un discípulo y que publicó Giner de los Ríos en el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 1914, pp. 225-231.
45 M y J.L Peset, La universidad española (siglos XVIII y XIX). Despotismo ilustrado
y revolución liberal, Madrid, Taurus, 1974, p. 638.
46 Elías Díaz, La filosofía social del krausismo español, Madrid, Cuadernos para el
diálogo, 1973, pp. 26-27 y Paloma Rupérez, La cuestión universitaria y..., pp. 89 y ss.
humanidad para la vida.48 La adaptación española de las obras de Krause, permite a Posada afirmar, que el krausismo fue una planta típicamente española, pese a su raíz alemana, que “se españolizó constituyendo a la larga un movimiento original y típico, no superficial, movimiento profundo, renovador, merced al cual el espíritu filosófico nacional, apagado, pero con dicha latente, recibe la inyección renovadora y reconstituyente de la filosofía alemana de los mejores días”.49 Es decir, el krausismo español no surge tras el viaje de Sanz del Río, sino que años antes existían en España seguidores de Krause.50
Sin perjuicio de sus adversarios, en opinión de Posada, lo que se ha dado en llamar krausismo, “es el grupo de doctrinas mantenidas por aquel ilustre maestro y por el núcleo numeroso de sus discípulos más o menos personales, que han llegado a formar algo así como el ejercito intelectual de la revolución española”.51 El krausismo llegó en su momento y por eso fue aceptado en el espíritu colectivo como un movimiento de renovación ética y de significación pedagógica. Un movimiento de tendencia, de orientación del pensamiento, una forma particular de entender los problemas. Se caracterizó por un espíritu de armonía, un culto a la ciencia, una austeridad ética y moral. Para Posada, más que una filosofía, el krausismo fue un modo de ser ético e intelectual, un estilo de contornos poco precisos, una nueva forma “confusa” de entender la vida en un momento en que España estaba decaída y sin ánimo tras los tristes reinados de Fernando VII e Isabel II.52 La pobreza intelectual que caracterizaba a la España