Las mujeres, constructoras de ciudadCAPÍTULO 3 [I]
3.1 EL CONFLICTO URBANO DESDE LA EXPERIENCIA DE LA MUJER Y SUS NECESIDADES
ESPECÍFICAS EN LA CIUDAD.
Las mujeres de clase trabajadora vivían una doble discriminación en esos años. Por una parte, pertenecían a una clase social explotada, y por otra, como mujeres estaban excluidas y marginadas por una cuestión de género. Esta desigualdad venía articulada a través de la dicotomía público-privado y además, apoyada por el capitalismo y el patriarcado que se reforzaban mutuamente. Estas mujeres estaban relegadas al espacio privado siendo las responsables exclusivas de las tareas reproductivas, y además, muchas de ellas también se ocupaban del trabajo productivo3. El franquismo intentó que las
mujeres creyeran que eran seres inferiores a los hombres y que sus únicos objetivos en la vida eran ser esposas y madres. A pesar del incremento de la presencia de mujeres en las universidades que se produce durante los años setenta4, la
publicidad y los medios de comunicación promovían todavía una imagen de la mujer como ama de casa consumidora. Socialmente se toleraba el trabajo de las mujeres siempre que su prioridad fuera ser esposas y madres. Además, como hemos visto, el gran aumento demográfi co que se produce en los años sesenta en Barcelona debido a la inmigración, sobre todo del sur de España, se asienta en su gran mayoría en la periferia de la ciudad, por lo tanto, la mayoría de mujeres más afectadas por la doble discriminación social y de género estaba instalada en los barrios periféricos de Barcelona. El trabajo reproductivo de las mujeres estaba invisibilizado, ya que al no ser remunerado no entraba dentro del sistema de valores de producción del capitalismo y, además, las mujeres estaban excluidas de la esfera política. Esta exclusión que sufrieron las mujeres durante la dictadura signifi có un retroceso en su situación como colectivo, perdiendo espacios de poder y de decisión. En esos años, la opresión de las mujeres se manifestaba también en la familia, en la sociedad, en la educación, en el trabajo y en la sexualidad.
3 Los problemas económicos hicieron que en los años 40’ y 50’, muchas mujeres y niños/as tuvieran que trabajar para sacar adelante a sus familias. Hubo un gran incremento del trabajo femenino legal e ilegal.
- 107 - Fig. 3-1_ Cartel de la Vocalía de Mujeres
de la AVV de l´Esqueera de l´Eixample, 1977.
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Dolores Hayden5 (Hayden, 1981) analiza la relación que
existe entre la situación de la mujer responsable de las tareas domésticas y además responsable del trabajo productivo, con la planifi cación urbana. La autora critica el hecho de que el lugar de la mujer sea el hogar como principio del diseño arquitectónico y del planeamiento urbano. Si las viviendas, los barrios y las ciudades están diseñadas para mujeres recluidas en su hogar, cuando éstas también se ocupan del trabajo productivo, el espacio al no estar diseñado para ello, no responderá a sus necesidades. Esto las limitaba física, social y económicamente y era entonces cuando empezaban sus frustraciones. Para la autora se trata de resolver las limitaciones y difi cultades que las mujeres encuentran, tanto en la esfera privada como en la esfera pública, debido a que los hogares convencionales no servían a las mujeres que se ocupaban de la familia y que además estaban empleadas. Uno de los problemas que suponía vivir en un barrio periférico era la escasez de espacios públicos compartidos, de tiendas y servicios de guardería y de lavandería. Para remediarlo, Hayden propone atacar la división tradicional entre espacio público y privado además de vincular en un entorno de proximidad las viviendas y los lugares de trabajo para evitar desplazamientos largos.
Manuel Castells (Castells, 1975) se refi ere al problema urbano como una serie de actos y de situaciones de la vida cotidiana cuyo desarrollo y características dependen estrechamente de la organización social general. Dentro de estos problemas urbanos, incluye el caso de las mujeres como grupo social específi co. Se trata de aquellas mujeres que quieren salir de la esfera privada pero que no lo hacen o les resulta muy difícil debido a los impedimentos que se encuentran en la ciudad, que son entre otros la carencia de servicios y los horarios no adaptados a sus necesidades. El autor se refi ere en concreto al modelo cultural que gira en torno a las necesidades de los hombres. Esto hace que la mujer se quede en su hogar, sometida y aislada.
Si la mujer era quien cumplía el rol adjudicado de ocuparse de las tareas reproductivas, era ella quien sufría los inconvenientes y las defi ciencias del soporte físico en el que se debían realizar estas tareas, es decir, las viviendas y los barrios. Según un estudio realizado en 1970 en el Barrio del Besòsde Barcelona para saber el número de guarderías que hacían falta,se constató que un 22% de las mujeres trabajaba fuera de casa y un 50% hacía trabajos a cambio de un salario en el propio hogar. En general no había servicios colectivos ni sociales que permitieran a la mujer deshacerse de alguna de sus obligaciones reproductivas para poder ocuparse del trabajo remunerado (Matas Pericé, 1970). Por lo tanto se trataba de
5 Dolores Hayden es historiadora urbana, arquitecta y profesora en la Universidad de Yale. Su trabajo de investigación gira en torno a “la ciudad dispersa” y sus consecuencias sociales y territoriales.
Fig. 3-2_Niñas limpiando la calle en el barrio del Carmelo.
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generar lugares intermedios donde poder compaginar trabajo productivo y trabajo reproductivo para mejorar la calidad de vida de estas mujeres. Sus necesidades específi cas giraban sobre todo en torno a aquellas funciones urbanas con planteamientos colectivos que facilitaran su emancipación y autonomía económica: comedores, cocinas, servicios de limpieza, tendederos. Espacios colectivos donde hacer más llevadera la vida cotidiana. Estas necesidades tenían que ver con una transformación, tanto tangible como intangible, de su entorno urbano. Por una parte, hacían falta ciertos servicios, como guarderías y colegios, pero también que éstos estuvieran situados a ciertas distancias y horarios fl exibles. No solo importaba la cantidad sino también la calidad. Por otro lado, mientras no se resolvieran estas necesidades urbanas, siempre quedaban las redes comunitarias y los lazos de solidaridad entre vecinas y familiares. Estas redes de ayuda mutua y de intercambio entre mujeres se formaban en los barrios con el objetivo de poder conciliar y hacer más llevadera la vida cotidiana.
Cuando las necesidades y demandas específi cas de las mujeres con respecto a su entorno urbano empiezan a salir a la luz, evidencian la necesidad de una organización propia para denunciar los problemas a los que se enfrentaban y exigir soluciones que las tuviera en cuenta. Son ellas mismas las que se organizan para tratar de dar solución a sus necesidades específi cas.
3.2- ORGANIZACIÓN Y PARTICIPACIÓN FRENTE