3.2 Más allá y más acá de la perspectiva dialéctica: del socio-
3.2.4 Los conjuntos de acción: un salto transductivo en la
Pero además de dotarnos de otros esquemas de pensamiento complejo, para trabajar en las redes sociales hemos de introducir una forma de análisis apropiado a la lógica compleja. El primer desarrollo operativo de esta “ciencia de las redes” (WATS, 2006) se hace a partir de dos grandes campos de análisis: el que pone el énfasis en la estructura y el que lo pone en la
posición del actor. El interés por la primera de las corrientes se debe a que se
entiende que hay una correspondencia entre la estructura de las redes y la estructura social, es decir, que los individuos se comportan de manera diferente dependiendo de los grupos a que pertenecen. Las estructuras las he descrito anteriormente, desde la más elemental, la diádica, a la más completa/compleja, la red, pero entre aquéllas y ésta quedan las estructuras morfológicas78 más o menos definidas.
78 Mitchell cita cuatro elementos morfológicos: el anclaje o elemento desde el que se comienza
a interpretar la red; la accesibilidad que es la distancia de un actor respecto de otro u otros; la densidad que se refiere a la cantidad de relaciones existentes respecto de las posibles, ya sea
El problema del que adolecían los estudios pioneros es que entendían que las redes son estructuras invariables que pueden medirse impunemente, que “se dejan fotografiar”, podríamos decir. Sin embargo en tanto se están tratando estas estructuras, sus miembros están produciendo cambios que las afectan y las mismas redes tienen formas particulares de comportamiento.
Desde el segundo de los enfoques, el posicional, se entiende que el comportamiento de los individuos también se debe a la posición que ocupa en la estructura de la red, de cuál es su sistema de relaciones, ya sean centrales o periféricas, y la importancia que pueden tener éstas en su comportamiento. El interés lo ocupa, por lo tanto, el ego sobre el que se focaliza la mirada, centralidad por otra parte que ha de tomarse siempre en sentido relativo/relacional, dentro de la estructura de red. De aquí deriva el interés de esta perspectiva por desarrollar medidas que den cuenta de la centralidad (aunque ésta sea relativa) del actor y así comprender las influencias que experimenta y las que pueden ejercer el individuo central, su autonomía o su dependencia estructurales. Esta línea de análisis también permite simplificar el trabajo con las redes a medida que éstas se extienden.
Este enfoque posicional se enfrenta a amenazas conceptuales que pueden adoptar dos vertientes: una es la de considerar que toda estructura reticular ha de tener un centro y no sabe cómo responder a la pregunta de “¿por qué debe entenderse la estructura de la red desde la centralidad de los elementos?”, o vale decir también “¿qué pasa cuando no está clara la centralidad del individuo en la estructura?” Otra es que las medidas de centralidad relacionan los vínculos del individuo con los de la red, pero hay centralidades que no son de carácter cuantitativo, sino posicional y esto nos lo deja claro Granovetter al mostrar la fuerza que pueden tener, no sólo los vínculos de carácter débil, sino aquellos que funcionan como puentes locales entre actores o partes de la red que estarían de otra manera desconectadas: “¿Por qué hemos de entender la centralidad sólo en términos cuantitativos?”. El supuesto implícito de que las en toda la red o en alguna de sus partes; el rango que tiene que ver con el orden de las relaciones de un actor (directas o indirectas y en su caso a través de cuántos intermediarios)
redes han de tener algún elemento central que las explique lastra sus argumentos explicativos.
Entre un enfoque y otro aparece una tercera propuesta, aquella que se decanta por el estudio de las relaciones (lo que hacen las gentes) y su primer interés (cuantitativo e incluso podríamos decir que productivista) es por determinar la intensidad relacional, ya sea en relación a las conexiones con que cuenta la red (densidad) o las que cuenta el individuo (grado). Parece que ésta es una rémora de su vinculación con la teoría de grafos. Pero hay un investigador que marca la importancia cualitativa de esta intensidad, es decir, la fuerza de los
vínculos débiles, tal como la definió Mark Granovetter (2000), para mostrar
cómo aquéllas relaciones que no se significan por su intensidad son las que pueden articular las redes de manera efectiva, porque las relaciones fuertes se dan de manera escasa, requieren de un aporte intenso de tiempo y de energías y no pueden abarcar todo tipo de estrategias de los actores. Mantener un considerable número de relaciones débiles no es sinónimo de anomia.
Con estos diferentes tipos de enfoque podemos establecer algunos métodos de trabajo, pero en la práctica suelen resultar demasiado amplios, vale decir que poco flexibles para enfrentar problemas concretos en las redes efectivas. Es lo que sucede con lo que plantea Wolf al referirse a las “estructuras no institucionales, intersticiales, suplementarias o paralelas… que se superponen al sistema y funcionan y existen en virtud de éste” (1980:20), del sistema institucional de poderes políticos y económicos existente. Son, en concreto tres categorías de relaciones las que cita: parentesco, amistad y patronazgo. Aunque no nos circunscribimos únicamente a estas categorías sin embargo nos abre la mirada a aquellos elementos que no son, ni la red total ni las más elementales estructuras diádicas, ni son las más rígidas ni las más evanescentes. Ya se han mencionado los conjuntos de acción, como esos cuasi-grupos (Mayer) o coaliciones (Boissevain) que nos van a permitir el trabajo a una escala apropiada.
El concepto viene del fecundo trabajo de Mayer (1980) acerca de los cuasi- grupos en las sociedades complejas y, en concreto, del estudio empírico
realizado sobre las estrategias reticulares desplegadas por los candidatos (más en concreto por el del Partido del Congreso) en las elecciones municipales de 1961, en el Distrito de Dewas (estado de Madhya Pradesh, en India).
Mayer distingue cuasi-grupos, que no son encuadrables dentro de las categorías de grupo, ni en la de asociación. Se trata de colectividades que, aunque puedan carecer de estructura bien definida, tiene una actividad en torno a intereses comunes o formas de comportamiento. Mayer hace hincapié en la centralidad de un miembro de la colectividad, que articula y da sentido a la estructura y al sistema de relaciones del conjunto de acción, sin embargo deja abierta la pluralidad de posibilidades en cuanto a las estrategias de estos actores (son fluctuantes, como en proceso) y consecuentemente a la
morfología de las estructuras (que por definición son blandas, no rígidas).
Precisamente son a estas morfologías y estrategias a las que se refiere Mayer cuando menciona la utilidad de los conjuntos de acción para realizar estudios comparados:
“Cabe comparar entre sí, por ejemplo, los modelos de enlace en los conjuntos de acción. […] Este tipo de comparación se puede relacionar también con el tipo de estrategias electorales… he distinguido entre campañas ‘duras’ y ‘blandas’ en las elecciones en Dewas” (1980:122).
Otro elemento complementario de los anteriores es la forma y contenido de las
relaciones; en este caso el autor describe, dentro de las transacciones
específicas de los conjuntos de acción, dos modalidades: de patronazgo y de
corretaje. La primera más directa que la segunda, en la que existe alguna
intermediación. Esto podemos considerarlo como la base de diferenciación de dos conjuntos de acción distintos, con dos estrategias que son entendibles a través de aquellas formas de comunicación que se establecen en las redes (sobre todo mediante los vínculos débiles, en las relaciones de los sectores más informalmente organizados) y que se condensan en estereotipos79
y refuerzan los dobles lenguajes.
79 El estereotipo es “una imagen mental muy simplificada (por lo general) de alguna categoría
de personas, instituciones o acontecimientos que es compartida, en sus características esenciales, por gran número de personas. Las categorías pueden ser amplias (judíos, gentiles, blancos, negros) o estrechas (feministas, hijos de la revolución americana)…” (IBÁÑEZ. 1990:189)
La definición de Mayer (1980) sobre los conjuntos de acción difiere en cierta medida de la de Boissevain (2003), aunque tienen importantes aspectos comunes. Boissevain aborda determinadas formas de relaciones a las que denomina coaliciones y que define como “una alianza temporal ente distintas partes para un propósito definido” (Boissevain, 2003:148). Una de éstas coaliciones son los conjuntos de acción, que los define de manera sencilla como “un conjunto de personas que han coordinado sus acciones para alcanzar un objetivo concreto y determinado” (Boissevain, 2003:163). Posteriormente ampliará las características que los acompañan. Mayer se refiere a “(cuasi-grupos)…que se centran en torno a un ‘ego’ […] (por lo que)... las acciones de un miembro cualquiera solamente son importantes en cuanto que son interacciones entre él y el ‘ego’ o el intermediario del ‘ego” (Boissevain, 2003:109). Este aspecto (y otros que tienen que ver con las relaciones respecto del elemento central, ego) están específicamente ilustrados en el seminal trabajo de Mayer sobre las elecciones en Dewas, dentro de lo que él llama “plan de acción” de los conjuntos de acción. Vamos a ver algunas de las características peculiares de los enfoques de uno y otro autor, sus similitudes y diferencias:
La cuestión del liderazgo, como centralidad, es fundamental para Mayer, pero no es algo sustantivo en la definición de Boissevain (a pesar de ser una de las características comunes de las coaliciones) e incluso afirma que dicha centralidad surge una vez se han coordinado los integrantes o en el transcurso de la acción, con el tiempo.
o También hace una distinción entre el ego central, iniciador del conjunto de acción, y el liderazgo que posteriormente puede surgir en el proceso, con el tiempo, ejerciendo un papel de coordinación interna (función de reclutamiento, de supervisión de las tareas, etc.).
o Otro tanto pasa con la coherencia interna, es otro elemento dinámico, en proceso, dado que no tienen por qué haberse dado como condición previa, sino que se puede ir descubriendo y formando con el tiempo de actuación conjunta.
o No hemos de perder de vista que ambos autores parten de trabajos en los que han observado estas formaciones, pero que el
de Mayer se refiere a unas elecciones, con un único candidato por partido; posiblemente de ahí el interés por este ego central más estable.
La pertenencia al conjunto de acción está clara en cuanto que todos tienen una idea de quiénes pertenecen o no, aunque esta idea no sea única y totalmente compartida.
o La exclusividad de pertenencia es relativa y depende del sistema de relaciones en el que se esté implicado (más o menos fuertes, más o menos periféricas), pero se puede entrar o salir con relativa facilidad.
o Tampoco es imprescindible haber pertenecido a un sistema de relaciones previas a la formación de este conjunto de acción o al campo de acción en concreto, pero suele suceder que esta condición se dé, que ya exista una cierta proximidad al campo de acción común.
o En cuanto a la formación de elementos identitarios compartidos por los miembros de la formación, Mayer considera que están claros, sobre todo en las relaciones exógenas, porque representan los intereses comunes; Boissevain afirma que hay una identificación con normas y comportamientos comunes, pero sobre todo se manifiestan frente a otras unidades rivales o competidoras, por lo que es necesario pensar siempre en más de un conjunto de acción en presencia, frente al cual se forman estos elementos identitarios.
La naturaleza dinámica de estas formaciones es importante para Boissevain, que hace mucho hincapié en ello.
o Los conjuntos de acción se componen cuando hay recursos (cuando hay algún contenido sobre los que formar los vínculos) y cuando hay un propósito común de acción; se disuelven cuando deja de existir este propósito común o si se considera que se han alcanzado los resultados esperados (esto está sujeto a la libre interpretación de los componentes); o se transforman en otro tipo de conjunto de acción.
o En la medida en que las relaciones internas cambian, pueden hacerlo las de todo el conjunto, por lo que es posible que este cambio de relaciones sea lo que propicie el salto de un tipo de conjunto de acción a otro y no tanto los contenidos de las relaciones u otras circunstancias exógenas.
Las estrategias de las redes plasmadas en el “plan de acción” es uno de los aspectos que nos resulta más llamativo del trabajo de Mayer en su investigación sobre las elecciones en Dewas. El concepto de plan de acción consiste: “en un conjunto de cadenas finitas de relaciones sociales, que se extienden desde un ego y se crean como tales para un propósito particular suyo, aunque cada una de las relaciones particulares incluidas pueda tener su propia existencia aparte de este propósito” (HANNERZ, 1986:195). Mayer distingue entre estrategias80 blandas y estrategias duras, donde aparecen a juicio de Hannerz (1986:196) dos elementos distintivos.
o El primero se refiere a la intensidad de los vínculos, que en el caso de las estrategias blandas son: “largas cadenas de relaciones (que) son más útiles en una campaña rápida y ‘suave’, diseñada para ascender en el momento mismo de la elección. […] donde la solidez del apoyo es menos importante”, mientras que el candidato que opta por el modelo duro: “estaba directamente en contacto con muchos seguidores, como hemos señalado, pero puede haber utilizado menos los vínculos directos e indirectos de estos con otros”. Dicho de otro modo, en el primer caso las cadenas de relaciones son más largas y prevalecen los vínculos débiles y en el segundo son vínculos más fuertes, con mayor adhesión, pero cadenas más cortas.
o Otra diferencia se debe a las relaciones con cada tipo de actor, en concreto entre los patrones y los agentes comerciales: “un patrón puede obtener lo que quiere de otra persona utilizando sólo sus propios recursos, y éstos tienen límites. Un agente comercial
80 En el caso de que se ocupa, las estrategias se refieren en concreto a las campañas
electorales de los dos candidatos en liza, el del Partido del Congreso, que lleva a cabo una estrategia blanda y el del Partido Jan Sangh, opta por una campaña dura (MAYER, 1980:123)
puede comerciar con promesas para emplear su influencia con un patrón, pero está entendido que no siempre puede cumplirlas. En un sentido, por lo tanto, sus fondos son ilimitados, ya que es menos probable que se le responsabilice por las promesas rotas. Esto podría llevar a un patrón a insertar agentes comerciales entre él y los demás en un plan de acción y, en consecuencia, hacer cadenas más largas en los planes de acción” (HANNERZ, 1986:196). De nuevo nos encontramos con actores con los que son más propias las relaciones fuertes (vínculos de compromiso) y con los que las relaciones son más elásticas y fluctuantes. También desde la experiencia de estudios empíricos, Tomás Villasante aporta una tipología de las estrategias y morfologías de los conjuntos de acción, que nos parece más operativa que las anteriores, además de más apropiada para el propósito de esta tesis, dado que está extraída de estudios similares a los que aquí se van a manejar. El primero de los casos se refiere al proceso, de remodelación de 28 barrios de la periferia madrileña entre los años 1979 y 1986 (VILLASANTE 1989), con un profundo y variado aprendizaje participativo. Sobre los conjuntos de acción dice:
… en unos de los barrios acabó por desaparecer la organización vecinal, en otros se transformó en clientelista, y en otros dio muestra de ser creativa y renovadora. Las condiciones de hábitat y clase eran parecidas, las ideologías de los dirigentes muy semejantes, pero lo que más marcó la diferencia fue la forma en que las redes de convivencia funcionaron, los ‘estilos’ de los conjuntos de acción” (VILLASANTE 2000:86)
En el segundo de los trabajos (VILLASANTE 1994a), en el que se refiere a un estudio comparativo entre barrios de seis metrópolis latinoamericanas, dice:
“De los más de 20 barrios estudiados y de sus líderes e ideologías, lo que más destaca no son las relaciones entre recursos materiales y oportunidades subjetivas, sino cómo éstas están mediadas por las redes o tipos de conjuntos de acción […] Son los estilos de hacer las cosas de lo cotidiano los que nos señalan las diferencias entre unos casos y otros” (VILLASANTE 2000:86).
Pero, ¿a qué se refiere cuando menciona los estilos? Entendemos que este término nos remite a los diferentes tipos de conjuntos de acción que se construyen y reconstruyen, a la vez que son construidos y reconstruidos, por la acción que desarrollan; por este motivo se deberá prestar atención a las morfologías y al cambio en los conjuntos de acción. Ambos elementos están
presentes en el enfoque de Villasante, que coincide con lo que plantea Boissevain en cuanto al dinamismo de estas formaciones.
Veamos en primer lugar los tipos de actores de los que se parte; aparecen diferenciados tres niveles81
:
las imágenes del poder (representados por triángulos), que aparecen como aquellos actores referentes y/o representantes de instituciones (las instituciones mismas, los medios de comunicación, el poder económico financiero, eclesiástico…) a los que, en el lenguaje común de la base social se suele identificar como “ellos” (frente al “nosotros” que permite construir identificaciones concretas), los distantes y distintos; pertenece a la parte de la estructura más cristalizada, con una “cultura separada”. los grupos formales animadores (con forma de cuadrados), que son
actores organizados formalmente, desde empresas a entidades ciudadanas, desde grupos religiosos a círculos deportivos o defensores de tal o cual proyecto (o las personas que actúan como sus representantes), pero claramente ideologizados, funcional o profesionalmente y con presencia territorial concreta y visible. Habitualmente, se les identifica en el habla común y comunitaria como “vosotros”, lo que también permite construir las identificaciones del “nosotros”.
y los sectores informales de base (su figura es el círculo), entramos cuantitativamente en los sectores mayoritarios de la “pirámide” social, en esa mayoría silenciosa que se manifiesta a través de relaciones mucho más informales, dentro de las redes de convivencia vecinal, de parentesco, de trabajo, etc. Se habla/n como el “nosotros” que agrupa múltiples realidades todavía por definir y diferenciar: territoriales, por lugares de procedencia, de género o generación, de etnia etc. En estas redes informales existen personas con una habilidad especial para sintetizar aquellos elementos que conforman el habla común:
81 Vid.; VILLASANTE 1993; 1994a; 1998a; 1998b; 2000; VILLASANTE et al. 1989; 1990;
MARTÍN GUTIÉRREZ y VILLASANTE 2007. Desde una perspectiva similar, Javier GARRIDO (1996:390-407) aporta esta otra taxonomía de conjuntos de acción para barrios de Bogotá y Caracas: 1) de base; 2) comunitarios y gestionistas; 3) autónomo, clientelista y tecnocrático; 4) de alianzas locales y conflicto entre organizaciones; y 5) de alianzas supralocales.
o los comunicadores de estereotipos, activos y muy buenos conocedores de las redes de la cotidianidad82
, con las que construyen y entre las que difunden estos elementos estereotipados que permiten poder hablar de cualquier tema de interés a cualquier persona de la comunidad. Estos estereotipos son simplificaciones, frecuentemente contradictorios y poco reflexionados, a menudo estigmatizantes y discriminatorios, pero son elementos muy comunes y de fuerte arraigo en los discursos socialmente circulantes. Por este motivo, y si es que se tiene el propósito de llevar a cabo una planificación participativa con la comunidad, se habrá de emplear alguna técnica que los reelabore como elementos de comunicación más reflexionados, que los complejice frente a aquellos elementos de la cultura simplificadora dominante y que haga emerger y ponga de manifiesto todos aquellos elementos peyorativos que porta.
En cuanto a los conjuntos de acción identificados, los más consistentes83 se encuadran en estos cuatro tipos:
1) Relación populista o personalista, cuyo elemento central cuenta con relaciones privilegiadas con los referentes del poder y las hace valer para proporcionar aquello que demandan los sectores de la base social; su estilo es el de hacer de bisagra entre diferentes niveles y procura hacer ver que su papel es imprescindible para solucionar los problemas de la comunidad.
82 Podemos identificarlos con figuras equivalentes que aparecen en otros estudios: los brokers