3.3 De la planificación estratégica a las estrategias de los
3.3.3 Cuatro modelos entre el determinismo y la incertidumbre
Si de la mano de Prigogine y las demostraciones avanzadas de la relatividad se cierra la puerta al determinismo duro y generalizado, podemos probar si se nos abre la del determinismo blando, probabilístico, y con qué grado de certeza aproximativa. Hemos visto cómo hay fenómenos sobre los que podemos emitir enunciados deterministas, dado que su funcionamiento se ha comprobado que se ajusta a leyes mecánicas; los problemas que nos plantean estos sistemas están bien estructurados. Junto a éstos tenemos fenómenos acerca de los cuales sólo podemos enunciar postulados que se aproximen a su resultado con una determinada probabilidad, dada también la observación sistemática de su comportamiento. Pero los fenómenos sociales no se suelen ajustar a estas formas y su grado de incertidumbre nos obliga a presentarlos de manera menos lineal. Son problemas cuasiestructurados88 (MATUS, 2007:325) o deficientemente estructurados, sobre los cuales no tenemos certeza de cómo van a desarrollarse y acerca de los cuales sólo podemos enunciar algunas posibilidades que se puedan presentar en su desarrollo. Las reglas de funcionamiento de este tipo de problemas son variables, porque las crean y recrean aquellos actores que participan en la situación y las soluciones siempre son parciales, porque se produce un balance dialéctico de problemas, es decir, cuando se da solución a uno aparecen otras situaciones problemáticas, fruto del cambio producido. La apreciación de las situaciones antecedentes y posteriores a una toma de decisión o a una acción, es intersubjetiva, porque los diferentes actores, con distintas perspectivas e intereses, perciben de distinta manera las situaciones. De esta manera, los
88 Se refiere este autor al término como problemas “más o menos” estructurados, “en parte”
estructurados o “deficientemente” estructurados y con los que hay que lidiar sin tener posibilidades de acotar las variables y componentes de los mismos de manera cierta.
problemas cuasiestructurados se acercan más a la complejidad de las situaciones sociales con presencia de actores.
En el campo de las ciencias sociales hemos de tener en cuenta que la realidad la enunciamos mediante el lenguaje, por lo que, al ser habladas, las situaciones quedan no sólo descritas, sino además construidas de una determinada manera. Si una realidad la construimos mediante una fórmula de expresión, podemos hacer una serie de precisiones acerca de sus posibilidades y probabilidades, en función de nuestro conocimiento de las dimensiones de la realidad que hemos construido, lo que supone también abrirnos a la (in)certeza tanto posibilística como probabilística. O vale también decirlo de este otro modo: los problemas pueden construirse de manera que las dimensiones que los definen puedan abordarse con mayor o menor precisión o facilidad; podemos tener problemas mejor o peor estructurados para su abordaje. Esto está más claramente contemplado cuando las situaciones las definimos de una manera tan reduccionista que se quedan limitadas a una sola de sus dimensiones. En la vida cotidiana podemos encontrar casos en los que, ya sean los medios de comunicación, los responsables técnicos o políticos o cualesquiera personas, mediante el uso de tópicos, los presentan reducidos de manera simplificada a una sola de sus dimensiones (por ejemplo, como un problema de orden público, de equipamientos o políticas sociales, de inversión económica, de intervención técnica, etc.), por lo que sus soluciones suelen quedar claramente orientadas en el mismo enunciado de su definición. Sin embargo las situaciones en la práctica cotidiana no suelen tener una sola dimensión y sus posibilidades de abordaje son, por lo tanto, mucho más complejas; incluso hay posibilidades que no pueden ser enunciables, por lo que nos movemos en un campo de fuerte incertidumbre.
Según afirma J. Ibáñez, siguiendo los avances en este campo de Mandelbrot, padre de la teoría de los fractales, la ciencia ha pasado por tres etapas: determinista, indeterminista de primera especie e indeterminista de segunda especie:
”En su etapa determinista, la ciencia enfoca problemas relativamente libres de ruido: por ejemplo el movimiento de los astros. En su etapa indeterminista de primera especie la ciencia enfoca fenómenos con una cantidad apreciable de ruido, pero que es manejable (por ejemplo el movimiento de una nube de gas)… (unas condiciones iniciales pueden conducir a varios estados finales, aunque es posible asignarle una probabilidad a cada uno de ellos). Ahora la ciencia está ante el umbral de un nuevo tipo de indeterminismo: el indeterminismo de segunda especie. Esta situación afecta, según Mandelbrot, a las ciencias sociales. Topamos con sistemas con tal cantidad de ruido que son inobservables: no se pueden ver ni manejar. La actividad objetivadora del sujeto y la capacidad objetivadora del sujeto son de la misma dimensión” (IBÁÑEZ, 1990:9)
Así resume, a su vez, la situación Carlos Matus (1995a:9) de cara a la planificación:
Gráfico 19: MODELOS DE (IN)DETERMINISMO DE MATUS
LOS CUATRO MODELOS (IN)DETERMINÍSTICOS
Modelo I: DETERMINÍSTICO Modelo II: ESTOCÁSTICO
Modelo III: INCERTIDUMBRE CUANTITATIVA Modelo IV: INCERTIDUMBRE DURA
PASADO FUTURO PASADO FUTURO
PASADO FUTURO PASADO FUTURO
A C D E F B ¿ ¿ ¿ ¿ ¿ ¿
Fuente: Matus, 1995a:9)
Modelo 1, Determinístico: se puede decidir con precisión, porque conocemos la información completa del único escenario posible;
Modelo 2, Estocástico: que sigue leyes probabilísticas y se conocen todas las posibilidades, todos los escenarios posibles;
Modelo 3, de Incertidumbre cuantitativa: se conocen las posibilidades, pero no se conocen las probabilidades que se le adscriben a cada una, por lo que no conocemos con qué escenarios es probable que nos encontremos;
Modelo 4, de Incertidumbre dura: se desconocen las posibilidades (todas o algunas de ellas), por lo que no podemos adscribir probabilidades; el grado de incertidumbre es muy alto y sólo podremos representar algunos escenarios posibles.
En los dos primeros modelos las decisiones pueden ser tomadas con acierto y racionalidad, dado que en el modelo 1 la definición del futuro está perfectamente definida por la información disponible en el pasado y la tendencia de los acontecimientos; es perfectamente determinista y el margen de error es nulo (o las probabilidades de incertidumbre son tan reducidas que pueden descartarse); la decisión está tomada. En el caso del modelo 2 las decisiones se pueden tomar con un elevado grado de acierto, ya que están establecidas, tanto las posibilidades como la distribución de probabilidades de cada uno de los acontecimientos posibles; el riesgo de error es calculable. En estos dos casos las decisiones pueden ser tomadas desde niveles técnicos de decisión, porque no hay apenas espacios para juicios valorativos diferentes de las que muestran los datos. Estos dos modelos estarían, dentro de la etapa o el enfoque de la ciencia, determinista e indeterminista de primera especie, respectivamente.
Pero el tomar decisiones en problemas construidos siguiendo los modelos 3 y 4 no es fácil porque, si nos atenemos a las dudas que propone un enfoque complejo, nos encontraremos con el tránsito de la incertidumbre parcial, cuantitativa, a la más dura y completa: estaríamos en el caso de ese indeterminismo de segunda especie al que hace alusión Mandelbrot.
La incertidumbre nos impide una decisión tan directa y certera y sin embargo se abre la posibilidad a otro tipo de razonamientos: aún teniendo un diagnóstico fiable sobre los acontecimientos del pasado y la situación presente, sin embargo no podemos hacer una proyección atinada hacia el futuro, pero
podemos decidir sobre cómo elaborar nuevos tipos de apuestas; se abre el espacio a la mayor incertidumbre y a la mayor libertad. En el modelo 3 nos falta certeza acerca de la probabilidad con que se pueden presentar unas u otras posibilidades y tendremos que hacer aproximaciones con un margen no calculable de riesgo, por es viable manejar diferentes escenarios posibles y limitados. En el caso del modelo 4 lo que podemos es, no sólo formular de manera abierta los problemas (los construimos), sino también las formas de llegar a su abordaje. ¿Cómo podemos manejarnos en un escenario construido desde los postulados de la incertidumbre de segunda especie?
Para afrontar la incertidumbre más dura ante el futuro, Morin (2000:79-81) nos propone tres viáticos: la ecología de la acción, la estrategia y la apuesta. El pensamiento de la realidad, que procura constantemente la contextualización y la globalización89 de informaciones y conocimientos, ha de plantearse que la acción intencionada (vale también decir razonada), una vez llevada a cabo (o iniciada) se encuentra en un juego intrincado de acciones e interacciones que la van a desviar de (y tal vez reconducir por caminos insospechados a) sus intenciones primigenias, produciendo un resultado incierto y diferente del previsto y a veces contrario a nuestros propósitos.90 Por este motivo, el resultado último de las acciones es impredecible. Frente a esta incertidumbre nos queda la posibilidad de actuar estratégicamente, lo que equivale a reunir toda la información posible, tanto de nuestra experiencia como del entorno conocido, comprobarla y modificar el curso de nuestras acciones según se recaban de nuevo informaciones y se advierte de las situaciones cambiantes y azarosas del contexto. El tercer viático que propone se refiere a la apuesta. Visto el escenario incierto y la posibilidad e reconducir nuestro actuar, las acciones han de seguir la lógica de “fe incierta” (como dice Morin) junto a la racionalidad autocrítica; certeza en el error, valor para afrontarlo y para rectificar. Esto conlleva una monitorización constante del actuar.
89 No se trata solamente del sensato slogan “pensar globalmente y actuar localmente”, sino del
complementario “pensar localmente y actuar globalmente”.
90 Podemos pensar que, cuando el resultado es el previsto, porque las interacciones han
desviado y reconducido la acción a nuestro objetivo, es que hemos acertado y por esto nuestro comportamiento no es motivo de reflexión. Solemos aprender más de la reflexión de los errores que de los aciertos, que también en ocasiones son azarosas.
Estos argumentos nos animan a proponer la planificación de acciones en
situación, sobre la base de apuestas estratégicas con planes de
contingencia, para afrontar las sorpresas desde un escenario de juego
social91, mediante jugadas que ejecutan los actores con la puesta en escena de sus recursos. Vamos a ver más detalladamente estos términos.
3.3.4. El concepto de Situación
Al plantearnos las actuaciones, que en ocasiones han de tomar la forma de apuestas estratégicas, debemos pensar en el contexto que sirve de base concreta a estos elementos, como parte de los procesos sociales reales. Ya tratamos de la justificación de este elemento en los apartados relativos al trabajo de Jacob L. Moreno con el sociodrama y de Loureau y Lapassade con el socioanálisis, o con Pichon Rivière y su definición de Psicología Social (“el hombre en situación”), el cual considera que no hay hechos aislados, sino que forman parte de relaciones constituyentes (ADAMSON Y SAPIA, 2005).
Cuando tratamos el socioanálisis decíamos que para los socioanalistas era una exigencia epistemológica el que este método de trabajo se llevase a cabo in vivo, es decir, en las mismas circunstancias en que discurría la vida de las instituciones. Cuando Carlos Matus plantea su propuesta de Planificación Estratégica Situacional (PES) hace la distinción entre diagnóstico y situación o, mejor, apreciación situacional o explicación situacional, en cuanto que el diagnóstico tiene validez porque sigue de manera rigurosa el procedimiento de investigación (y enuncia en tercera persona), mientras que la situación es válida en tanto apreciación de la realidad a que ha de hacer frente el actor desde su propia visión del problema que es objeto de actuación (y enuncia en primera persona, es autorreferente) “es el cálculo que el sujeto realiza “desde adentro” de la circunstancia - de la que es parte, forma parte y toma parte- vale decir; como activo participante comprometido por motivaciones, valores, creencias y razones con la situación” (OSORIO 2002-2ª parte:3). Por lo tanto, la situación ha de basarse en la misma realidad presencial, in vivo, de la que hablaban los socioanalistas. Cada momento, en el tiempo social, y cada
91 Tomamos este concepto de Carlos Matus, que lo aplica y desarrolla en distintos textos, en
actuación contextualizada de los actores conforman una situación. Cada situación es percibida de manera diferente por los actores, porque está condicionado por su inserción en la realidad que analiza, y que a su vez pueden intentar compatibilizar sus respectivas percepciones de las situaciones. La segunda ruptura epistemológica, a la que hacíamos alusión en la construcción de una perspectiva socio-práxica, contempla la construcción de conocimiento desde una configuración cognitiva que tome el análisis de la realidad con miras a su transformación. Matus toma una referencia de Heidegger para justificar este concepto: “Heidegger, en su propio lenguaje hermenéutico nos dice algo similar a Weber: ‘… ser en el mundo no es estar dentro en el sentido espacial; es encontrarse comprendiendo y comprender encontrándose…’ Comprender la realidad encontrándose es la forma de conocer del hombre de acción” (MATUS, 2007:170); “Los sujetos que ‘comprenden’ son sujetos-en-proceso, son sujetos que asumen su contexto” (ALGUACIL, 2000:11- en npp7). Pero este concepto también lo hemos de tomar en proceso, es decir, de manera dinámica y no como una foto fija del momento. De ello nos advierte Elias (1982:111) a propósito de sus modelos de juegos, porque las interacciones, en principio interdependientes entre los distintos ego y alter son incompletas si no se muestran en situación de cambio. Pese a lo caótico y contradictorio de la información producida por sus protagonistas, sin embargo es el camino que elegimos para tratar de hacer comprensible el sentido que los actores le adscriben a sus acciones, que está presente precisamente en lo caótico y contradictorio. Incluso yendo un paso más allá, diremos que serán los propios sujetos, cuya problemática es objeto de estudio, quienes han de adscribirle sentido a la información que producen y que es precisamente este proceso reflexivo el que forma parte del proceso que les permitirá transformar aquellas dimensiones de su propia existencia que consideren oportunas. Por lo tanto, el concepto de situación que vamos a manejar es perfectamente pertinente y válido para nuestro propósito y coherente con los demás enfoques teóricos empleados.