CAPÍTULO 2. ESTRÉS Y AFRONTAMIENTO
2.4. BURNOUT
2.4.2. CONSECUENCIAS DEL SÍNDROME DE BURNOUT
En los primeros trabajos sobre el síndrome, Freudenberger (1974) subrayó que los sujetos que lo padecían mostraban sensación de fatiga, insomnio, irritabilidad frecuente, dificultad para reprimir las emociones, suspicacia en ocasiones rayando la paranoia; mostraban además dificultad para verbalizar sus sentimientos, cierta inflexibilidad de pensamiento, incluso llegaban a parecer deprimidos. En la esfera de la patología física mostraban catarros frecuentes o crónicos, jaquecas, alteraciones gastrointestinales y respiratorias y cansancio físico.
Posteriormente se realizaron estudios que investigaban las consecuencias de este síndrome en el nivel organizacional y revelan que el síndrome de burnout se caracteriza además por la manifestación de actitudes negativas hacia los sujetos a los que dan servicio y hacia el trabajo, apatía, escasa o nula motivación por el trabajo, pesimismo, irritabilidad hacia los colegas, preocupación excesiva por el propio confort y el bienestar laboral, resistencia al cambio, rigidez y escasa creatividad (Firth, McIntee, McKeown y Britton, 1986).
Gil Monte y Peiró (1997) establecen que las consecuencias derivadas de padecer este síndrome se manifiestan en el sujeto afectándole en el plano personal y además se reflejan en la dimensión ocupacional, teniendo consecuencias también para la organización. En la siguiente Cuadro 15 se muestra una relación de los principales síntomas que aparecen en la investigación científica sobre el síndrome.
2.4.2.1. CONSECUENCIAS PARA EL SUJETO
Al ser un estrés laboral crónico, las consecuencias asociadas al síndrome de burnout se producen en la esfera de la salud física, de la salud mental y de las relaciones interpersonales fuera del ámbito laboral.
La sintomatología que aparece en el plano de la salud física, es decir, los síntomas psicosomáticos más frecuentes manifestados por quienes padecen este síndrome son: problemas cardiovasculares, dolores, problemas de sueño,
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debilitamiento y agitación (Golembiewski, Munzenrider y Stevenson, 1986). Sin embargo, las conclusiones de estas investigaciones han de interpretarse con precaución ya que las medidas están basadas en las declaraciones de los sujetos que lo sufren (y no en otros índices de salud, como el diagnóstico médico) y por la relativa ausencia de diseños metodológicos que permitan inferencias causales (Maslach, Schaufeli y Leiter, 2001).
Cuadro 15. Principales consecuencias del síndrome de burnout. (Tomada de Gil Monte y Peiró, 1997)
ÍNDICES
EMOCIONALES ÍNDICES ACTITUDINALES ÍNDICES CONDUCTUALES ÍNDICES PSICOSOMÁTICOS Sentimientos de soledad Sentimientos de alineación Sentimientos de impotencia Sentimientos de omnipotencia No verbalizar Cinismo Apatía Hostilidad Suspicacia Agresividad
Aislamiento del sujeto Cambios bruscos de humor Enfados frecuentes Irritabilidad Dolor precordial y palpitaciones Hipertensión Crisis asmáticas Catarros frecuentes Mayor frecuencia de infecciones Alergias Dolores cervicales y de espalda Fatiga Alteraciones menstruales Úlcera gastroduodenal Diarrea Jaqueca Insomnio
La conexión del burnout con la salud mental, es más compleja. Como ya hemos señalado, el burnout se ha asociado a la dimensión Neuroticismo de la personalidad. Estos datos podrían apoyar el argumento de que el burnout es en sí mismo una forma de enfermedad mental, derivada de esa dimensión de la personalidad. Una suposición más común es que el burnout causa disfunciones mentales, es decir, precipita los efectos negativos en términos de salud mental, como ansiedad, depresión, caídas de la autoestima, etc. Un argumento alternativo
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es que la gente mentalmente sana está en mejor situación para hacer frente al estrés crónico y tiene menos probabilidades de experimentar burnout. Aunque no evaluaba directamente el burnout, un estudio realizado por Jenkins y Maslach (1994) trató esta cuestión analizando datos longitudinales de archivo de personas que trabajaban en profesiones exigentes desde el punto de vista interpersonal (es decir, en roles de ofrecer ayuda emocionalmente exigentes, o trabajos en que se trata con personas estresadas). Los resultados mostraron que la gente que era psicológicamente más sana en la adolescencia y primera edad adulta tenían más probabilidades de entrar, y permanecer, en este tipo de trabajos, y mostraban un mayor compromiso y satisfacción con sus trabajos. Considerando este conjunto de datos ofrecidos por este estudio longitudinal, se está en mejor posición para establecer posibles relaciones causales que los típicos estudios correlacionales (Maslach, Schaufeli y Leiter, 2001).
El síndrome de Burnout también tiene consecuencias en el plano de las relaciones interpersonales, manifestando, quien lo padece, actitudes y conductas negativas, que le perjudican a él y a quienes le rodean (ver Cuadro 15). En este sentido Maslach (1982) destaca que las consecuencias afectan también a la vida privada y las actitudes cínicas y de desprecio ejercen un impacto negativo tanto en la familia como en los amigos. Quienes padecen este síndrome se manifiestan irritables e impacientes, los conflictos familiares son frecuentes, acabando en ocasiones en la separación de la pareja. Como evitan hablar de sus problemas y tienden a aislarse generan con esta actitud barreras para una comunicación sincera y abierta. En ocasiones estos sujetos se vuelcan en su rol profesional, en su trabajo, desplazando las relaciones familiares a un segundo plano.
2.4.2.2. CONSECUENCIAS PARA LA ORGANIZACIÓN
Las consecuencias del burnout se asocian al estrés laboral y en general tienen que ver con las diversas formas de retirada del trabajo -absentismo, intención de abandonar el trabajo y rotación no deseada-. Por otra parte, la gente que permanece en su trabajo, cuando padece burnout, tiende a manifestar una
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productividad más baja y una disminución de la eficacia en el trabajo. Por consiguiente, este síndrome está asociado con una descenso de la satisfacción laboral y un menor compromiso con el trabajo y la organización (Ramos y Buendía, 2001).
El síndrome de quemarse aparece en organizaciones de características especiales como son las que se dedican a dar servicios humanos: educación, sanidad, servicios asistenciales, etc., por lo que sus consecuencias van a repercutir, no solo en la organización sino también en la sociedad en general. El burnout puede ser “contagioso” y hacerse persistente mediante interacciones informales en el lugar de trabajo y fuera de él.
A continuación vamos a ver con más detalle las repercusiones que tiene el síndrome de burnout y que han sido estudiadas más en profundidad.
La satisfacción “laboral” es el indicador más claro y al que con mayor frecuencia
se recurre cuando se quiere conocer la actitud general de las personas hacia su ocupación. La relación entre la satisfacción laboral y el síndrome de quemarse por el trabajo presenta una significación consistente en la literatura revisada. La satisfacción laboral correlaciona negativamente con el agotamiento emocional y la despersonalización, y positivamente con la realización personal (Wolpin, Burke y Greenglass, 1991).
Como consecuencia del síndrome de burnout, en especial del componente despersonalización o cinismo, aparece un deterioro de la calidad de las de la
gente en su ocupación. Los profesionales tratan a las personas a las que dan
servicio como si fueran objetos, llegando a adoptar actitudes duras y deshumanizadas. En este sentido los profesores llegan a se desconsiderados con los alumnos, los sanitarios tienden abusar de los tranquilizantes para ser menos importunados por los pacientes, los cuidadores usan medidas desproporcionadas para corregir leves problemas de comportamiento, las amas de casa reaccionan de forma inapropiada a las demandas de sus allegados y los estudiantes se
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sienten agotados y desbordados por las exigencias de los planes docentes y de sus profesores...
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2.5. ESTRÉS Y AFRONTAMIENTO
La primera exposición completa de una teoría sobre el estrés psicológico fue realizada por Lazarus (1966). El punto de partida de esta concepción considera que “si bien ciertas presiones y demandas ambientales producen estrés en un
número considerable de personas, las diferencias individuales y de grupo, en cuanto a grado y clase de respuesta, son siempre manifiestas” (Lazarus y
Folkman, 1986, p. 47).
De acuerdo con este planteamiento es más importante la interpretación que hace cada sujeto de los acontecimientos estresantes que experimentar dichas circunstancias. No es el agente estresor ambiental ni la respuesta de la persona lo que define el estrés, sino la percepción (apreciación) que realiza el individuo de la situación problemática. Según Lazarus (1993), el efecto que tiene el estrés sobre una persona se basa fundamentalmente en la sensación de amenaza, de vulnerabilidad y la capacidad para afrontar el estrés que tiene esa persona, más que en la situación estresante propiamente dicha. Según esta perspectiva, una acontecimiento vital no es lo que produce el estrés, sino la percepción, la valoración que hace de él la persona afectada lo que determina que dicha situación sea estresante.
De esta manera definieron Lazarus y Folkman (1986, p. 46) el estrés psicológico como “el resultado de una relación entre la persona y el entorno, que es valorada
por la persona como amenazante o desbordante de sus recursos y pone en peligro su bienestar.
Investigaron Lazarus y Folkman (1986) dos procesos que inciden en el grado en que el estrés afecta a la gente: el proceso de apreciación (appraisal) y el de afrontamiento (coping), entendiendo por apreciación el proceso cognitivo que valora las situaciones como favorables o peligrosas, y el afrontamiento como la respuesta emocional y conductual desarrollada por el sujeto ante un acontecimiento.
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