MECANISMOS Y ESPACIOS DE DIÁLOGO UE-AL
III. CONSIDERACIONES PARA EL FORTALECIMIENTO DEL DIÁLOGO
UE-AL DESDE LA PERSPECTIVA DE LA SOCIEDAD CIVIL
A medida que se fortalecen los proce- sos de integración subregional en AL, tanto en su dimensión comercial como política, la relevancia del Grupo de Río parece debilitada en cuanto a su prota- gonismo en el diálogo birregional. Pero, también es cierto que ante la dificultad de los países latinoamericanos de con- certar posiciones en los espacios subre- gionales para la negociación con la UE, ésta puede verse tentada de llevar cier- tos temas al diálogo con el Grupo de Río.
Más allá de los intereses de unos y otros, pareciera que la superposición de todos estos mecanismos de diálogo no necesariamente fortalece el diálogo ni la visibilidad de las relaciones birregiona- les para la opinión pública. Si analiza- mos los resultados de Percepción Ciu- dadana que presenta Focus Eurolatino29 podemos apreciar que, según el Latino- barómetro, la opinión pública de AL per- cibe a Europa como la segunda potencia que más ayuda a promover la paz y la democracia después de EE UU, y que el fútbol primero (con 42%) y las guerras en segundo lugar (con 18%) son las dos razones por que la opinión pública dice conocer a Europa. Por lo tanto, ni el diá- logo político está logrando fortalecer
sus propios ejes, ni la comunicación funciona, y seguramente si aplicáramos estas preguntas a la sociedad europea, las respuestas serían que conocen a AL por el narcotráfico, y los inmigrantes que llegan a la UE. Como ya ha sido se- ñalado por Sanahuja y Freres (2005), el relativo desconocimiento mutuo es uno de los grandes temas a tratar en el mar- co del diálogo birregional.
Uno de los problemas de fondo del pro- ceso de Cumbres es que por un lado se perciben actitudes «paternalistas» de la UE hacia AL, y por otro lado es cierto que los países de AL van a las Cumbres para «negociar su propia agenda nacio- nal», y tratar de que cada uno de sus te- mas aparezca en la Declaración final. Tanto los actores de las Cumbres (Comi- sión Europea, Consejo, Ministerios de Relaciones Exteriores, etc.) como los ac- tores de la sociedad civil están compro- metidos con estos procesos, pero eso no significa necesariamente que estén satisfechos con los resultados. Más bien se percibe un «agotamiento» del forma- to hasta ahora desarrollado tanto desde las cancillerías como desde los esfuer- zos de incidencia en estos marcos por parte de la sociedad civil organizada y no organizada.
El mayor desafío para la UE y AL es lo- grar que la relación birregional que por definición es amplia, compleja y diver- sa, logre dar respuestas a las necesida-
29 Focus Eurolatino, América Latina y la UE: Percepción Ciudadana, Corporación Justicia y Democracia, Santiago de Chile, 2004.
des de las sociedades de los «ciudada- nos y ciudadanas»30, tomando en cuenta los intereses político-estratégicos a largo plazo de las dos regiones. Reconociendo la dificultad de acercar los espacios de diálogo existentes a la ciudadanía, en la XVII Conferencia Interparlamentaria UE- AL se propuso la creación de un Foro Permanente de discusión dirigido a in- tensificar el diálogo birregional sobre los avances producidos en materia de reformas administrativas y gobernabili- dad en AL y en la UE, promoviendo el intercambio de experiencias conjun- tas31. Pero no escapa a ningún observa- dor que esta respuesta es sólo un es- fuerzo de crear un espacio ante desafíos mayores que no se sabe ni cómo ni por dónde enfrentar.
Para que los diálogos con la sociedad ci- vil birregional sean creíbles se deberán aclarar algunos aspectos de procedi- miento y formato tales como: mecanis- mos claros de invitación/participación y financiación de participantes, y meca- nismos sobre la forma de procesar o in- tegrar los aportes o «reclamos» plantea- dos por la sociedad civil birregional en estos espacios. Tampoco está clara la in- terlocución entre los foros de sociedad civil y las instancias formales de partici- pación de la sociedad civil (CES en Euro- pa y diversos órganos en AL). Tampoco está clara la forma de participación de la
sociedad civil en las Cumbres de Presi- dentes ya que ésta debería ampliarse en las futuras Cumbres y hasta la fecha ha quedado librada a la buena voluntad del país organizador o a la visión de la Pre- sidencia de turno si se da en la UE, más que a un seguimiento claro de las pautas de participación de los actores no estata- les en el seno de la UE o a una convic- ción de los actores políticos latinoameri- canos.
En síntesis, la realización o no de los fo- ros de la sociedad civil es aleatoria ya que no ha habido foros de este tipo para las negociaciones UE-MERCOSUR por ejemplo, aunque sí funciona el mecanis- mo de coordinación y de reuniones en- tre el CES y el FCES. Las metodologías de estos foros se pueden generalizar en que se hacen llamados para ponencias, la Comisión selecciona las ponencias que se realizarán (a veces en coordina- ción con las autoridades de la subregión o país en cuestión), y el foro en sí mu- chas veces se da más en formato de conferencia que en espacio de diálogo o de consulta. Este formato debería evolu- cionar, ya que es útil como primer acer- camiento o para cumplir con el proceso de dialogar con la sociedad civil pero no es efectivo. No asegura la interlocución con los tomadores de decisión ya que el nivel de los interlocutores de la Comi- sión o los gobiernos o autoridades de
30 PNUD, La democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos,Buenos Aires, segunda edición, diciembre, 2004.
31 Acta Final, Lima 16 de junio de 2005. Disponible en http://www.europarl.eu.int/meetdocs/2004_2009/ documents/dv/571/571738/571738es.pdf.
los procesos de integración subregional es dispar y no siempre a la altura de las circunstancias. Y lo mismo puede ocu- rrir con los participantes de la sociedad civil ya que los formatos de las convoca- torias de estas reuniones tampoco tie- nen un criterio claro, en muchos casos depende de lo «informados» que estén esos actores sobre la agenda de Bruse- las y se deja abierto a una inscripción vía internet. Lo positivo de este formato es la apertura de la convocatoria, mien- tras que el hecho de no hacer esfuerzos explícitos para convocar a organizacio- nes, movimientos o redes que no nece- sariamente están en la órbita de la Co- misión parece criticable.
Una posible respuesta a lo anterior es asegurar una convocatoria amplia y per- sonalizada, manteniendo abierta la parti- cipación vía internet. Otro tema sensible es el de la financiación de la participa- ción de los miembros de la sociedad ci- vil a estos diálogos, es evidente que si el foro se realiza en Europa las organiza- ciones de AL tendrán serias dificulta- des para participar, ya que son muy pocas las que tienen representaciones en Europa (la Asociación Latinoameri- cana de Organizaciones de Promoción —ALOP— es un caso excepcional), o las que tienen la posibilidad de que sus contrapartes europeas les financien la participación (se destaca el apoyo que han dado para este tipo de foros organi- zaciones tales como: Diakonia, 11.11.11. —la Cooperación Norte-Sur flamenca de Bélgica— y CIFCA, entre otros). A esto debemos sumar el dato de que la
Comisión financia los traslados de los representantes de la sociedad civil euro- pea a estas reuniones, lo que evidente- mente motiva la participación de las or- ganizaciones sociales europeas a estos encuentros.
Por otro lado, cuando los tomadores de decisión asisten a estos foros, muchas veces se posicionan a la defensiva ante cualquier comentario de las organiza- ciones de la sociedad civil y por lo tanto no facilitan un diálogo profundo sino que parecen ser la primera línea defen- siva de sus propias prácticas, definicio- nes o indefiniciones. Esta actitud tam- bién aparece en algunos actores de la sociedad civil, por lo que el formato de abrir la agenda a propuestas y ponen- cias de las organizaciones sociales es una primera forma de «integrarlos» en la propia mecánica del foro de diálogo, pero no necesariamente tener un lugar en la mesa asegura el diálogo. En este sentido un tema importante es que no hay mecanismos de acuerdo de ningu- no de los puntos que se tratan o anali- zan en los foros de la sociedad civil, hay exposiciones y reacciones por parte de los funcionarios o autoridades, pero no hay compromisos concretos ni en rela- ción a temas sensibles ni en cuanto a procedimientos de mantenimiento o se- guimiento del diálogo.
El problema está en la propia defini- ción e interés al convocar al diálogo, si son diálogos «de» la sociedad civil, es- tos ya existen y no precisan de la con- vocatoria de la Comisión Europea.
Ahora bien, si son diálogos «con» la sociedad civil, parece importante que convoquen la Comisión y el o los go- biernos latinoamericanos en cuestión como ha sido el caso de los foros de México por ejemplo.
Si los diálogos son «con» la sociedad ci- vil seguramente muchos gobiernos lati- noamericanos no estén interesados en profundizar verdaderos mecanismos de diálogo y seguimiento de los mismos, por lo que parece relevante preguntarse si el problema son los mecanismos o si los mecanismos son manifestaciones de falta de madurez política de los pro- pios gobiernos latinoamericanos (y mu- chas veces de la Comisión) al poner so- bre la mesa el tema de la participación en el ámbito de las relaciones birregio- nales.
Parece contradictorio que el tema de la gobernabilidad, la cohesión social y el diálogo político sean prioridades de las relaciones birregionales y que al mismo tiempo los mecanismos de diálogo y de participación de la sociedad civil en la agenda birregional sigan siendo tan dis- crecionales e ineficaces. Para algunos analistas, una nueva oportunidad se abre en los diálogos sectoriales como el de Cohesión Social, pero allí la metodología del diálogo también está en construcción y no está muy claro cómo se define la participación ciudadana. Vale la pena se- guir este proceso de cerca y ver cómo puede evolucionar el diálogo político bi- rregional en los próximos años cuando además de estar atado a grandes princi- pios compartidos se relaciona con prácti- cas políticas concretas como todas las re- lacionadas con la justicia social.
I. RASGOS PRINCIPALES DEL DIÁLOGO