corazón de Juan fue causado por su negativa a seguir las
indicaciones del médico: se empeñó en tomar alimentos
con mucho colesterol y no hizo ejercicio. Sin embargo,
en un contexto distinto, se podría decir que el ataque al
corazón fue causado por la tensión alta. Suponiendo
que tanto la tensión alta como la negativa a seguir las
indicaciones del médico fuesen importantes causas coo
perantes y que fuésemos conscientes de ello en ambas
situaciones, desde luego no consideraríamos que nues
tro enunciado en el segundo contexto es contradictorio
con nuestro enunciado en el primer contexto. Si nos
dijesen "pero ayer afirmaron que la causa fue su negati
va a seguir las indicaciones del médico", podríamos per
fectamente replicar "sí, pero entonces el problema era lo
que Juan podría haber hecho para evitar el ataque y hoy
el problema es lo que le predispuso fisiológicamente al
6 Chomsky, Rules and Representatíons, Nueva York, Columbia University Press, 1980, pág. 19. [Trad. esp . : Reglas y representacio nes, México, F.C.E, 1980.]
. A causó y A ' causó parecer incom pero no lo son, tal caso.
Vamos a de nuevo dos a nuestro
son muy elegir
los intereses que tenemos. El lenguaje que hablamos refleja quién y qué somos, y en particular refleja el tipo de intereses que tenemos. Como sabemos el tipo de intereses que las personas tienen, podemos oír enuncia dos que parecen contradictorios y entenderlos como si no fueran contradictorios. Para evitar malentendidos, podemos reorganizar los enunciados de otra forma; por ejemplo, podemos decir "incluso dada la tensión alta, Juan no habría sufrido el ataque al corazón si hubiese seguido las indicaciones del médico" e "incluso dados sus malos hábitos alimentarios y la falta de ejercicio, Juan no habría sufrido el ataque al corazón si no hubie-· se tenido la tensión alta". (2) A veces ocurre que resulta muy discutible si un determinado interés es relevante o no. Si un marxista dijese que la causa del ataque al cora zón de Juan fue el sistema capitalista, nos lo tomaríamos a broma (a menos, por supuesto, que presentase argu mentos convincentes). Que un interés sea o no relevan te es algo que se puede razonar. Decir que una noción es relativa dependiendo del interés no es decir que todos los intereses son igualmente razonables.
Pero, ¿qué es lo que hace que unos intereses sean más razonables que otros? La respuesta es que la razo nabilidad depende de diferentes cosas en diferentes contextos. No hay una respuesta general. En este asun to, la verdadera línea divisoria es la que separa a los filó sofos que, consciente o inconscientemente, dan por sentado que las nociones normativas son subjetivas y que, por tanto, todo lo que esté contaminado por ellas es también subjetivo, ele los filósofos que no parten ele tal supuesto. Demos por sentado que las nociones nor mativas son no cognitivas; entonces es evidente que toda consideración ele la explicación, la causalidad y el condicional contrafáctico que contenga elementos nor- 108
todas formas de discurso
Fodor está de acuerdo con nosotros en que
mas de discurso valor pero
nes muy diferentes. a
tro derecho a utilizar contrafácticos y
paribus diciendo que, después de todo, los utilizamos en geología (y otras "ciencias especialcs")7. Ahora bien, ¿qué significado tiene el hecho de que los utilicemos en geología frente al hecho de que los utilicemos todos los días, hasta en la sopa por así decirlo? La respuesta es evidente: la geología es una "ciencia".
Y
Fodor da por supuesto que las verdaderas ciencias nos dicen qué es lo que tenemos que dar supuesto que está ahí indepen dientemente de la mente. No obstante, las ciencias como la geología no pretenden confinarnos a las "cuali dades primarias" de la metafísica realista. Los textos de biología son buenos ejemplos de cómo utilizamos el lenguaje en ciertas clases de explicaciones; no son, ni pretenden serlo, un inventario del "mobiliario del uni verso", y sólo el mal cientifismo lleva a los filósofos a confundirlos con tal inventario.RELATIVISMO
Richard Rorty ha sido en los últimos años uno de los principales intérpretes de la filosofía europea para el público norteamericano. Al igual que los pensadores a los que interpreta, no acepta para sí el calificativo de "relativista" , pero casi todos sus lectores se lo aplican y es fácil saber por qué , en particular al leer su Pbilosophy and the Mirror of Nature. Aunque más tarde se arrepin- 7 Jerry Fodor, Psychosemantics, Cambridge Mass MIT Press 1987
págs. 4-6. ' ., ' '
8 Véase pág. xxv del prefacio de sus Consequences of Pragma
tism. [Trad. esp.: Consecuencias del pragmatismo, Madrid, Tecnos, en prensa.]
tió de esta dicha obra identificó la al menos la de lo que discurso "normal ", con el de los miembros de la misma cultura ("objetividad es _ Más adelante
, . " . � cómo Rorty se libra, o cree hacerlo, de la acusac10n de relativista, pero vamos a examinar primeramente su planteamiento, viendo que resulta r
:
atural hac�
rlo baJO una perspectiva relativista. Así considerado, afmna qm;
la verdad en un lenguaje (cualquiera que sea) esta determinada por lo que la mayoría de los hablantes deese lenguaje diría. . . . ,
Llegados aquí es preciso tener en cuenta la dlst
;
nc.lOn que hace Rorty entre discurso normal y h�
rmen�
ut1co. En Phílosophy and the Mírror of Nature, la 1dea et.a�
ue gran parte del discurso está gobernado por cr�
tenos sobre los que los habla?
tes de un lcr;
gua¡�
estan de acuerdo. En ese libro (al tgual que su mas rectente. C�n- tíngency, Jrony, Solidaríty), se compara a tal.es . cntenos con un algoritmo, es decir, con un procedtmtento, de decisión similar al que ejecutan las computadoras. Este no es el único caso en que veremos a Rorty utilizan':
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(a pesar de su ruptura de�
larada con la fil�
)�ofía a�a�
1t,1:a) mecanismos muy parectdos a los que utthzan los ftlos?
fos analíticos. El hecho de recurrir a la noción de algont mo al explicar cómo es que ciertas co�
as son verdadera.s y ciertas cosas son falsas en el lenguaJ':
de una comum dad, incluso entendido como una metafora, es un buenejemplo de ello. .
.
La postura de Rorty es que, en ctrcunstanCtas n
?
rma- les, los hispanohablantes, por ejemplo, no:
stan e? desacuerdo en cuestiones tales corno "¿hay s11las sufi cientes para todos en el comedor esta noche?" El enun ciado de que hay sillas suficientes es, en caso de ser ver dadero una verdad del "discurso normal" , y su verdad está ce;
tificada por procedimientos en los que los miem bros de la comunidad están de acuerdo. Si no se puede llegar a un acuerdo porque los miembros .de la comu nidad se adhieren a paradigmas que son mconrnensu- 1 1 0son verdaderos en sentido honorífico; cada uno interlocutores declara que su enunciado es
pero tal declaración es pura retórica, sin más objeto que convencer a los demás de que modifiquen su adhesión. Aunque Philosophy and the Mirror o.f Nature contie ne brillantes críticas de las clases de metafísica que Rorty niega, las opiniones positivas de éste están expre sadas de una manera muy vaga e incompleta. En cular, no queda nada claro qué es lo que representa la noción de acuerdo de los miembros de la misma cultu ra, aparte de la metáfora del algoritmo. Si un marido le dice a su esposa "nuestra cocina necesita una mano de pintura", el único miembro de la cultura del marido que se da cuenta de que éste piensa que la cocina necesita una mano de pintura es, en este caso, la esposa (supo niendo que no se haya hablado del asunto con nadie más) . En cierto sentido, los miembros de la cultura del marido están de acuerdo; es decir, todos los miembros ele esa cultura que saben que el marido ha emitido ese juicio están de acuerdo en que es verdadero. ¿Pero sig- nifica esto que el juicio sea verdadero? Tomemos un caso más extremo. Vamos a suponer que una persona que vive sola piensa que su cocina necesita una mano de pintura y que no habla de este juicio con nadie. En tal caso, todos los miembros ele la cultura de esa perso na que conocieran el juicio (a saber, ella sola) están de acuerdo en que es verdadero. ¿Significa esto que es ver dadero, según la teoría de Rorty?
La mayoría de los lectores de Rorty entiende que éste considera que un juicio del discurso normal es verdade ro sólo en el caso de que los miembros de la misma cul tura estuvieran de acuerdo si estuviesen presentes o se les pusiese al tanto de las circunstancias relevantes. Pero el propio Rorty ha rechazado la posibilidad de recurrir
a al menos en un escrito losophy and the Mirror of Nature9.
lo que dirían las personas que no están realmente sentes si estuviesen
va dores fantasmas". Es difícil si tal postura consti· tuye un cambio de opinión por parte de Rorty o si ya había rechazado la interpretación contrafáctica de este planteamiento cuando escribió Philosophy and the Mi .. rror ofNature. Si es esto último lo que ocurrió, es impo .. sible saber cómo ha de interpretarse el planteamiento. Parece probable que Rorty se dejase seducir por la me .. táfora del algoritmo y diese por sentado que un procedi miento de verificación es algo que daría un resultado si se aplicara, como si fuese un hecho "informático" objeti .. vo, independientemente de la persona que utilice el algoritmo. En tal caso, Rorty estaba tomando prestado sin darse cuenta un enfoque de una filosofía diametral mente opuesta a la suya.
Como cuesta tanto interpretar a Rorty, imaginemos simplemente un relativista típico que utiliza contrafácti .. cos sin ningún reparo y que sostiene que lo que es ver dadero en una cultura está determinado por lo que los miembros de la cultura dirían (en el caso de una ora ción en la que el acuerdo entre éstos fuera imposible, este relativista diría, como Rorty, que la oración no per tenece al "discurso normal", o podría considerar que no tiene ningún valor de verdad, ni siquiera relativo). El problema es la misma falta de reparos con que el relati vista utiliza contrafácticos. Si la verdad o falsedad del enunciado de que la cocina de cierta persona necesita una mano de pintura depende de lo que dirían los miembros de la cultura de esa persona, entonces ¿qué determina lo que los miembros de la misma cultura dirían?
Los análisis actuales de los contrafácticos indican 9 Rorty dijo esto en un trabajo que leyó en Jerusalén en 1987.
1 1 2
relevantes la
real en que se y
esas situaciones Para un
no plantea ningún problema: si las situaciones
se describen completamente en el lenguaje de física, digamos por medio de una "función de estado" en el sentido de la mecánica cuántica o de cualquiera que sea la teoría que pueda llegar a suceder a lo que ocu· rrirá en esa situación (o la probabilidad de que una cosa dada ocurra en esa situación) está determinado por las leyes de la física fundamental (o, como diría sin duda Fodor, por las leyes de la física fundamental más las leyes de las "ciencias especiales" relevantc;s) to. Pero esta explicación hace que el valor de verdad de un contra·· fáctico dependa de la noción de que algo es una de la física (o una ley de las ciencias especiales o cosas a la vez) ·--no una ley de la física (o, respectiva .. mente, las leyes especiales) aceptada, sino una ley de la física especiales) verdadera, cualquiera que ésta pueda ser .. ·-, y tal posición resulta muy difícil de
para el relativista. Incluso si la noción de se interpretase en este planteamiento desde un punto de vista más propio del relativismo, los partidarios de éste se encontrarían con un problema: el valor de verdad del enunciado de que la cocina necesita una mano de pin tura depende (para los relativistas) del valor de verdad del enunciado que las personas (en diversas situaciones hipotéticas) dirían al efecto de que la pintura de la cocí-
JO Aquí y hasta el final, considero sólo los contrafácticos cuyos an .. tecedentes se supone que son compatibles con una ley física. Los con· trafácticos sobre lo que ocurriría si las leyes de la física fueran distin tas, cuando no son simplemente cuestiones acerca de lo que se seguí· ría si las leyes de la física fueran distintas, constituyen un serio problema, pero que no es necesario que nos planteemos aquí.
na está y y cuáles son las relevantes lógicas, lo que
diría la que son las
Los relativistas podrían por supuesto, que no hace falta una "semántica" para los contrafácticos, que éstos resultan lo suficientemente daros tal corno son y que su verdad no necesita explicación. Pero la inocen cia metafísica, corno la de las demás clases, es muy di fícil de recuperar una vez perdida. Cuando se ha visto lo que cuesta dar una explicación de la verdad de un contrafáctico, es difícil ver por qué alguien que consi dera la verdad de los enunciados no contrafácticos corrientes como problemática, corno una noción que hay que desechar o modificar ele manera radical, ha bría de considerar la verdad contrafáctica como no problemática.
Supongamos que nuestro relativista típico la consi dera así. Llegado a este punto, se encontrará con la si guiente paradoja. Es un hecho de nuestra cultura pre sente que no hay unanimidad filosófica en ella: no acep tamos todos a los mismos filósofos ni, por supuesto, somos todos relativistas. Además, es muy probable que siga siendo así durante algún tiempo. Posiblemente, el propio Rorty consideraría esta falta de unanimidad como una característica muy positiva de nuestra cultura y le gustaría que se conservara. Pero si, como realidad empírica, el enunciado "la mayoría de los miembros de nuestra cultura estarían de acuerdo en que el relativismo es correcto" es verdadero, entonces, según el criterio de verdad de los relativistas, ¡el relativismo no es ver dadero!
Esta inconsistencia no es una inconsistencia lógica, porque depende de una premisa empírica acerca de la cultura, pero la premisa empírica es algo que pocas per sonas pondrían en duda. El mismo Rorty diría que la explicación de verdad que ofrece en Phílosophy and the Mirror of Nature no es aplicable al discurso hermenéuti- 1 14
REI.ATJVISMO Y SOJ.IPSISMO
Paradójicamente, los relativistas t
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os h' hecho una especie de dcscubnrmento·
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é es lo que hacen si el relativismo supor:
e una con,-1. ·d. . , (e) sl· puede derivarse del relauv. lsrno una
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ontradicción utilizando la lógica que ellos no pon
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l 'h'l' , o J<'n lugar de ofrecer una formula que mo a m 1 1sm . , ' . . , el
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¡,d. ue' es la verdad los deconstrucClomstas ec a-
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ra� que la noción de verdad es incoherente, parte e --- 11 F'sta ¡·11nción puramente dialéctica de lo que parecen arg�m1en-
" 1 d en especia en
tos metafísicos en la prosa ele Rorty se rea za e man '
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C t' gency Irony and Solidarity. 0
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ser refutadas por hechos empm
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os,C:::
rmsmel hecho de que esta afirmación filosohca pueda ser re uta _a�
or 1 mero hecho (si es que resulta un hecho) de que la mayona e . �s miembros de nuestra cultura no esté de acuerdo con ella no les haHa muy felices.una "metafísica Alan
le comunicó al autor del libro que en cierta oca- sión oyó decir a que "el concepto de vc:rdad es inconsistente, pero absolutamente , Pero ¿qué significa eso de que un concepto que nos resulta
indispensable en la vida cotidiana es Al�
gunos usos de la palabra "verdadero" pueden ser incon sistente,s (como muestra la familia de las paradojas semántiCas), ¿pero qué signif1ca eso de que todo uso de la palabra "verdadero" es inconsistente (o que todo uso de la palabra nos lleva de nuevo a nociones tan sospe� chosas como "presencia", "expresión plena", etc)?
La única prueba ofrecida por los filósofos franceses en favor de tan asombrosa afirmación es que ciertas explicaciones de verdad son, si no inconsistentes, al menos r,nuy poco satisfactorias ya desde el punto de vis t� metafísico, (Según Derrida, incluso la noción de signi� flcante --palabra con significado--- "nos lleva de nuevo a, o nos mantiene en, el círculo logocéntrico" ,)l1 La no validez de gran número de explicaciones filosóficas de verdad alternativas es una cosa muy distinta de la no validez de la noción de verdad misma15, del mismo modo que la no validez de gran número de explicacio�
�
es filosóficas di�tintas de certeza es una cosa muy dis� tmta de la no vahdez de la noción corriente de certeza,, 13
Jacque� Derrida, De la grammatologie, París, Editions de Mi nmt, 1967, pag, 18, entre otros pasajes, En esta obra Derrida afirma tanto que la noción de verdad es parte del mismo siste�
a de creencias que la creencia en Dios (en cuya existencia, Derrida, por supuesto, no cree) como que no hay posibilidad de prescindir de ella, aunque vcamo
�
4quc una época que ha llegado a su "fin",, Demda, ed, y notas de Alan Bass, Chicago, University of Chicago Press, 1981, pág, 82, [Trad, esp,: Posiciones, Valencia Pre-
textos, 1976,] '
1:
La postura contraria es adoptada, sin embargo, con gran consistenCia por Dern
�
a, como se advierte, por ejemplo, en las palabras "el signo� po�, su raiz y pm� sus implicaciones, es en todos sus aspectosmetahsico (Posztzons, pag, 17), y su referencia a "todo lo que vincula nuestro , lenguaje,, nuestra cultura, nuestro 'sistema ele pensamiento', con la histona y Sistema de la metafísica" (Positions, pág, 20),
1 16
tón,
"verdadero", o "re-- a", Pero este nos enseña más acerca de la filosofía francesa que sobre la los o la referencia,
Lo interesante es que hay una forma de hacer el reJa," tivismo consistente que fue una vez más o menos popu- lar en Hlosofía, al menos de manera disimulada, y que no tiene ya seguidon:s: el relativismo de primera perso na, Si yo soy relativista y defino la verdad corno aquéllo con lo que yo estoy de acuerdo o como aquéllo con lo que yo estaría de acuerdo si investigase lo suficiente, entonces, en la medida en que continúe estando de acuerdo con mi definición de verdad, no se me puede contestar en el acto que mi posición plantea un proble ma de puntos de vista o que se refuta a sí misma, Este relativismo de primera persona es prácticamente impo sible de encontrar en el panorama filosófico actual, y valdría la pena preguntarse por qué,