15 Davidson, "The Very Idea of a Conceptual Scheme", en su Jr¡.. quires into 'J'ruth and Interpreta/ion, Oxford, Oxford University Prcss, 1 985 [Trad. esp.: De la verdad y la interpretación, Barcelona, Gedisa, 1990, págs. 189-203.] Éste nc; menciona a Goodman por su nombre, pero la revisión que hace Quine de la obra de Goodman
Fact, Fiction and Forecast, en Theories and Things, Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1981, adopta una línea de pensa- miento similar. Véase también la referencia que hace Quine a David son en su rechazo del relativismo conceptual (al que describe como "el punto de vista ecuménico") en "Reply to Roger F. Gibson, Jr.", en
The Philosophy qf W V: Quine, ed. L. Hahn y P. A. Schilpp, LaSalle, Ind., Open Court, 1986, págs. 155-157.
16
Véase Quine, "Things and 1heir Place in 1heories", en Theories and Things, esp. págs. 21-22.aflrmar ciados
que los enun verdaderos
de "corree·
ción" de estas demuestra que
son verdaderas de mundos d(j'erentes. Davidson no dis·· cute de manera explícita este argumento, pero Quine lo rechaza sobre la base de que dividir la realidad en detcr· minado número de mundos diferentes supone violar el principio de economía. (La posibilidad de decir que no hay ningún mundo en absoluto, es decir, ninguna reali dad extralingüística, no parece que le resulte digna de ser considerada.)
Goodman y Davidson dan la impresión de estar cometiendo el mismo error, aunque, como suele ocurrir en filosofía, les lleve a posiciones contrarias. Ambos aceptan sin lugar a dudas la idea de que los enunciados que parecen incompatibles, considerados conforme a su gramática superficial, son realmente incompatibles in· cluso en casos como éstos. Si la oración "los puntos son meros límites" es contraria a la oración "los puntos no son límites, sino partes del espacio", aun cuando la primera aparezca en un esquema sistemático para des cribir la realidad física y la segunda aparezca en otro esquema sistemático para describir la realidad física y
aunque los dos esquemas sean en la práctica completa·· mente equivalentes17, entonces se nos plantea un proble·· ma muy serio. Pero lo importante de decir que los dos esquemas son completamente equivalentes en la prácti ca es que, lejos de conducirnos a predicciones o actos incompatibles, da absolutamente igual para nuestras pre· dicciones o actos cuál de los dos esquemas utilicemos. Tampoco son los dos esquemas "equivalentes" sólo en el poco claro sentido de lo que se denomina a veces "equi valencia empírica" (esto es, que conducen a las mismas
17 Para un análisis de la noción de equivalencia aquí contenida, véase "Equivalence" en mis Philosophical Papers, vol. 3, y Realism and Reason, Cambridge, Cambridge University Press, 1983.
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concretos, en
de una manera efectiva con una "traducción" en el otro esquema, y la oración y su traducción servirán para describir los mismos estados de cosas.
Al decir que sirven para describir los mismos estados de cosas, no estamos dando paso a una ontología traS·· cendente de los estados de cosas. Por "estado de cosas" entendemos algo como el estar una partícula en un pun·· to o el estar el lugar X entre un lugar Y y un lugar en resumen, damos por sentado que ya hay un lenguaje conocido. No estamos diciendo que la realidad noume nal se componga de estados de cosas. (Podríamos haber hablado de "situaciones" o de "sucesos físicos" , o de muchas otras formas. La relación del lenguaje con el mundo es también algo que puede ser descrito de más de una forma.) Tampoco estamos dando por sentada una correspondencia exacta entre oraciones y estados de cosas, poblando así el mundo de, por utilizar una fra· se de Rorty, "objetos en forma de oración" . Lo
te de lo que acabamos de decir es que oraciones muy diferentes pueden describir el mismo estado de cosas. En definitiva, lo que entendemos por "estado de cosas" cuando decimos que una oración de una formalización de la geometría física y su "traducción" en la formaliza·· ción alternativa servirán para describir los mismos "esta· dos de cosas" es lo que entendería cualquiera que no intente buscar un sentido metafísico en tal expresión.
Que las oraciones de uno de tales esquemas utiliza dos en la práctica pueden ser puestas en correlación con las oraciones de otro de tales esquemas es un punto que el propio Goodman señaló hace ya mucho tiempo, cuando estudió este tipo de correlaciones1s y las calificó
18 Véase Goodman, The Structure of Appearance, Dordrecht, Reí del, 1977, publicado por primera vez en 195 1 .
de "isomorfismo cxtcnsional". nosotros di cien� do, entonces, que la oración "los son meros lími- tes" y la oración "los puntos no son meros
partes del espacio" tienen en realidad el mismo cado? En absoluto. Algunas oraciones operan casi como tautologías dentro de su propia "versión". Si identifica mos los puntos con los límites por definición, entonces, en nuestra versión, "los puntos son meros límites" será una verdad convencionaL Y tales verdades convencio� nales de una versión por lo general no se traducen a la otra versión (aunque se pudiese; se podría, por ejemplo, traducir toda verdad cuasi lógica de una versión por cualquier tautología fijada de la otra). Pero las verdades más interesantes, menos convencionales, de una versión (digamos, los teoremas de la geometría euclidiana co rriente, o el enunciado de que hay una partícula con cierta masa en cierto lugar) pueden ser "traducidos" de una versión a otra; éstos son los enunciados para los que proporcionamos correlatos.
¿Diríamos que un enunciado así de la versión en la que los puntos se consideran como particulares concre tos (digamos, el enunciado de que entre dos puntos cualesquiera de una línea hay un tercero) tiene exacta mente el mismo significado que su traducción a la ver sión en la que se identifica a los puntos con límites (di gamos, con conjuntos convergentes de esferas concén tricas)? Cabría afirmar que, en el contexto de la física real y las matemáticas reales, da absolutamente igual en cuál de estas dos formas se hable y se piense. Estamos diciendo que si una oración de una versión es verdade ra en esa versión, entonces su correlato en la otra ver sión es verdadero en la otra versión. Pero preguntarse si estas dos oraciones tienen el mismo significado supo- ne obligar a la noción de significado del lenguaje ordi nario a desempeñar una función para la que nunca fue concebida.
El fenómeno de la relatividad conceptual es descon certante. Dar por sentado que preguntas como "¿tienen 174
y
"entre un tercero" y su a versión en la que los se identifi�
can con conjuntos de concéntricas
tienen las mismas condiciones de verdad en el sentido de que son matemáticamente equivalentes. La
a la pregunta "¿tienen las dos oraciones el mismo signifi· cado?" es que la noción ordinaria de significado sencilla mente pierde todo su sentido ante tal pregunta. Nunca se concibió para desempeñar esa tareat9.
Examinemos ahora la cuestión de la "incompatibi· lidad", que preocupa a Goodman y a Davidson de la siguiente manera: "punto", "línea", "límite", etc. se utili·· zan de formas diferentes en las dos versiones. Decir que la oración "los puntos son conjuntos convergentes de esferas concéntricas"zo, tal como se utiliza en la primera versión, es incompatible con "los puntos no son cojun� tos, sino individuos" , tal como se utiliza en la otra ver sión, resulta demasiado simple. En vez de decidir, como Goodman, que no hay ningún mundo en absoluto o, si no, que vivimos en más de un mundo, o de decidir, como Davidson, que el fenómeno de las descripciones equivalentes, admitido en la ciencia desde finales del siglo xrx, supone de alguna manera una contradicción 19 El hecho de que no podamos decir que una oración de la pri mera versión tiene el mismo significado que o bien (1) su "traducción" a la otra otra versión o bien (2) la oración con la misma ortografía de la otra versión, no significa que no tengamos más remedio que decir que las dos versiones son inconmensurables. Lo que ocurre es, más bien, que tratamos una oración y su "traducción" como si tuvieran el mismo significado, aunque el ejercicio de la traducción ordinario no lo autorice.
zo Considerar que los puntos son conjuntos de esferas concéntri cas es otra forma más de formalizar la idea de que los puntos son "me ros límites". Si se adopta este punto de vista, entonces la "identidad" de los puntos tiene que ser reinterpretada como equivalencia en el sentido propuesto en la nota 14.
deberíamos r;encillamente idea de que las oraciones que hemos estado tratando conser
van algo llamado su cuando pasan de una
de tales versiones a otra.
¿No estamos diciendo nosotros, entonces, que la ora ción tiene un significado diferente en las dos versiones? (Si una oración no conserva su significado, tiene que cambiar de significado, ¿no?) Repetimos que la respues ta es que la noción de "significado" y las costumbres ordinarias de traducción y paráfrasis a las que está vin culada, carecen por completo de sentido en casos como éstos. Se puede decir que las palabras "punto", "límite", etc. tienen "usos" diferentes en estas dos ver siones, si se prefiere. En vista de esta diferencia de uso, no se debería tratar una oración de una versión como si contradijese lo que los mismos físicos o los mismos matemáticos podrían decir otro día al utilizar la otra ver sión. Pero si tal cambio de uso es o no es un cambio de "significado" no constituye una cuestión a la que sea necesario dar respuesta.
LA SIGNIFICACIÓN DE LA RELATIVIDAD CONCEPTUAL
La significación de la relatividad conceptual podría resultar más clara si consideramos un caso algo diferen te. En The Many Faces of Realism describimos con deta lle uno en que cabe ilustrar la misma situación, en un sentido perfectamente lógico de "la misma situación", que incluye un número completamente diferente de objetos y géneros de objetos ("átomos" coloreados solos frente a átomos coloreados más "agregados" de átomos). Si se presenta un mundo en el que hay dos "átomos" negros y uno rojo, cabe decir que hay tres objetos (los átomos) o que hay siete objetos (los átomos y los diver sos agregados de dos o más átomos). ¿Cuántos objetos hay "en realidad" en tal mundo? A nuestro entender, cualquiera de las dos formas de describirlo es igual-
mente "verdadera ". sentido que
y de lo que consideramos como situación dada una ilusión. No
esto que "en realidad" ni que realidad átomos, ni haya en realidad
que haya en cantidades, etc. y que lo que
pasa es que a veces "objeto" no se refiere a "todos los objetos". Lo que queremos decir es que la noción meta · física de "todos los objetos" no tiene sentido.
Asimismo, en la mecánica cuántica, dos estados cua lesquiera de un sistema pueden estar en "superposi� ción"; es decir, cualquier estado particular de un sis tema, lo que supone tener una cantidad particular de partículas o una energía particular o un momento partí·· cular, puede ser representado por una especie de "vec� tor" en un espacio abstracto, y la superposición ele dos de tales estados puede ser representada formando una suma ele vectores. Estas sumas de vectores resultan a veces muy difíciles de interpretar al modo clásico: ¿qué se hace con un estado en el que la respuesta a la cues tión "¿Cuántos electrones hay en esta caja?" es hay una superposición entre que hay tres electrones en la caja y hay diecisiete"? Pero tales estados inconcebi bles se pueden representar matemáticamente, y se sabe cómo hacer predicciones y formular explicaciones con ellos. Este principio de superposición se aplica a la teo� ría de campos así como a la teoría de partículas; los "estados de campo" del teórico de campos cuántico no son los estados de campo del teórico de campos clásico, pero constituyen superposiciones de los estados de cam po de la teoría clásica. Cabría decir, entonces (y en este punto nosotros nos apartamos por completo del poco claro papel del observador en la mecánica cuántica), que desde el punto de vista de la mecánica cuántica el mundo se compone de campos en estados "extraños". Pero, como descubrió Richard Feynman, es posible pen sar también de un modo muy diferente. Cabe pensar en
el mundo corno
que aumentar de manera radical el número de
supuesto para llevar esto a cabo) y cabe pensar en cual� quier situación descrita en la de como en una superposición de un número infinito situaciones de partíCulas diferentes. En definitiva, hay dos formas distintas de pensar en la teoría de campos cuántica. En una de ellas, la que utiliza el físico cuando efectúa los habituales cálculos de campos, el sistema está en una supe�r:osición de estados de campo. En la otra, la que se utlhza al hacer "diagramas de Feynman", el sistema está en una superposición de estados de partículas. En resumen, el sistema puede ser concebido como com puesto o bien de campos o bien de partículas, pero no como compuesto o bien de campos clásicos o bien de partículas clásicas.
Consideremos un sistema físico dado, que el físico representa dos veces, una en el lenguaje de los campos y otra e� el lenguaje de las partículas (por ejemplo, tra� zando d1agramas de Feynman). Lo que nosotros esta mos dicier:do es que se trata de un sistema real y que estas dos formas de hablar de él son igualmente legíti mas. El hecho de que el sistema real haga posible que se hable de él de estas dos formas distintas no significa que o bien no se está hablando de ningún sistema físico real o bien que se está hablando de dos sistemas físicos diferentes de dos mundos goodmanianos diferentes.
. Todo resulta aún más claro en el caso del primer e¡emplo, el que expusimos para demostrar que se pue de describir "la misma situación" con cantidades y géne� ros de objetos completamente diferentes. Es a todas lu� ces evidente, a nuestro entender, que las dos descripcio nes son descripciones de el mismo mundo, no de dos mundos diferentes.
Parte del reto de Goodman (y del de idealistas ale manes como Hegel y Fichte a principios del siglo XIX)
consiste en decir: "Pues, si estas dos formas de hablar son descripciones de la misma realidad, entonces hay
nuestras qué el hecho de que la realidad no independientemente de nuestras
de hacernos suponer que no más que las
ciones? Después de todo, según nuestras descripciones mismas, la palabra es una cosa, y un quark, otra muy diferente.
No obstante, el fenómeno de la relatividad concep- tual no tiene verdadera importancia filosófica. En la medida en que pensemos en el mundo como compues to de objetos y propiedades en alguno de los sentidos filosóficos habituales de "objeto" y "propiedad", en la medida en que la realidad misma, si se la considera con la suficiente seriedad metafísica, determine el modo en que tenemos que utilizar las palabras "objeto" y "propie dad", no veremos cómo la cantidad y clase de objetos y sus propiedades pueden variar de una descripción co· rrecta de una situaciónZJ a otra descripción válidad de la misma situación. Aunque nuestras oraciones
dan a la realidad" en el sentido de describirla, no son meras copias de ella. Volviéndo brevemente al libro de Bernard Williams, la idea de que unas descripciones son "descripciones de la realidad tal como es independiente mente de la perspectiva" es una quimera. No se puede dividir nuestro lenguaje en dos partes, una que describe el mundo "tal como es de todos modos" y otra que des· cribe nuestra aportación conceptual. Esto no significa que
21 Hablar de esta forma acerca de "descripciones válidas de una situación" no nos obliga a pensar que las situaciones tienen límites precisos ("él estaba más o menos ahí" puede ser una descripción per fectamente buena de una situación) ni a tratar las situaciones como las realidades metafísicas finales. El lenguaje de las situaciones es simple mente una forma más de hablar, que resulta a veces conveniente uti lizar.
la realidad esté oculta o te que no se
lRRFALISMO Y DECONSTRUCCIÓN
sino scncillamen- mundo sin describirlo.
Podríamos proceder ya a evaluar la tantas veces ex presad.
�
afirm�clón de que "la problemática de la repre se?
taClon ha fracasado"22. Lo que quieren decir quienes as¡ se expresan es que ha fracasado la noción de refe rencia a un mundo objetivo. La obra de Goodman tiene la virtud de exponer un argumento en favor de esta postura que resulta mucho más claro que cualquiera de1�?.
que cabe extraer de los escritos de Derrida. Como yadlJlmos
�?
sotros. e.n otro sitio, el de Goodman destruye una vers1on tradlClonal del "realismo", la del que noso· tros he�
os dado e�
llamar realismo metafísico23. Según tal vers10n, las noc10nes de objeto y propiedad tienen cada una sólo un "significado" serio desde el punto de v�
sta filosófico, y el mundo se divide en objetos y pro pl�
clacles ele manera definitiva. Esta idea constituye el m1to del mundo ya hecho. (Es también una forma de lo que Derrida denominaría la "metafísica ele la pre sencia".)El mito del mundo ya hecho ha acabado asociándose a div
�
rsas ideas más. Por ejemplo, a la expectativa, ya exammada, de que los objetos y propiedades de los que el mundo�
"en sí mismo") está compuesto son los obje tos y .prop1edades ele la "ciencia consumada", y a la ten denCia (que es mucho más que una tendencia en reali- 22 Derrida continúa diciendo que "la palabra 'significante' nos lle va de nuevo, o nos mantiene en el círculo logocéntrico .. . Ya he dicho lo que pienso acerca de la noción del significante. Lo mismo se aplica a las nocwnes de representación y sujeto". Positions, ed. y notas de Ala�
Ba�
s, Chica�
<), University of Chicago Press, 198 1 , págs. 82-83.3 Vease mi A Defense of Interna! Realism", en Realism with a Human F'ace.
Pero el fracaso de cierta de las
concepciones de la que la
acompañaban dista mucho de ser de las no-- ciones de representación y verdad. Identificar el fracaso de una imagen filosófica de la representación con el fra caso de la idea de que representarnos cosas que no han sido creadas por nosotros resulta, sencillamente, absur-· do. Los deconstuccionistas tienen razón cuando afirman que cierta tradición filosófica está en decadencia; pero identificar esa tradición filosófica con nuestras vidas y nuestro lenguaje supone dar a la metafísica una impor tanda exagerada. Para ellos, la metafísica era la base de toda nuestra cultura, el pedestal sobre el que descansa ba todo, y si éste está roto, la cultura entera se tiene que haber venido abajo (de hecho, todo nuestro lenguaje tiene que estar en ruinas). Pero, por supuesto, podemos