La actitud de la democracia griega hacia la religión se manifiesta tam- bién en los grandes proyectos de construcción de templos que evidencia- ban el decidido propósito del nuevo régimen de emular en este sentido la época de los tiranos. El proceso se vio sin duda impulsado por las des- trucciones causadas por los persas en 480. Los espléndidos templos que se construyeron y las magníficas estatuas que se albergaban en ellos eran, por una parte, una forma de autoafirmación, ante la propia ciudad y ante los extranjeros, igual que las grandes fiestas, pero al mismo tiempo tenían un efecto beneficioso sobre la población, ya que daban trabajo a gran núme- ro de artesanos y permitían que la bonanza de las finanzas públicas reper- cutiera en el ciudadano común.
Algo parecido podría decirse de las reflexiones sobre hombres y dio- ses que se planteaban sobre el escenario de los teatros y que difundían las ideas democráticas entre los ciudadanos, ya que una parte muy importan- te de ellos asistía a las representaciones en las Grandes Dionisias. Por citar un ejemplo, Wartelle ha estudiado la figura de Zeus en Esquilo como un dios de justicia, autor del equilibrio del mundo y que garantiza el orden moral, que refleja el esfuerzo de la Atenas democrática por instalar un orden justo entre los ciudadanos.21
10. El culto de Democracia y otras personificaciones
El punto más alto de esta tendencia a reflejar la Democracia en la reli- gión sería el culto de Democracia. El fenómeno no es nuevo. A partir del
sigloIVlas personificaciones irrumpen en el culto y se erigen estatuas, alta-
res e incluso templos para figuras como Eiréne, la Paz, Homónoia, la Con- cordia e incluso la propia Demokratía, la Democracia.22Es posible que el
culto de esta última fuera instaurado en 403, cuando los demócratas regre- saron de File y en conmemoración de este importante evento, pero tam- bién pudo iniciarse más tarde, cuando la boulé dedicó su estatua de culto, en 333/2.23
11. Retos a la religión cívica; los Misterios
Frente a estas tendencias a la intervención de los usos democráticos en la religión, hay otras tendencias centrípetas, que también se desarrollan en un sentido contrario. Sin duda el mayor reto para la religión cívica en general es el avance de las religiones mistéricas o, por mejor decir, de algu- nas formas de la religión mistérica.
Frente a la religión de la polis, obligatoria, que daba cohesión a la sociedad y que organizaba la vida de la ciudad a través de ritos que facili- taban la integración de los ciudadanos para que se sintieran miembros de una realidad unitaria, las religiones mistéricas, que eran voluntarias, ya que se accedía a la iniciación en ellas por decisión personal, abrían la posibili- dad de entrar en contacto directo con la divinidad y con lo cósmico y se ocupaban de aspectos personales, como dar solución al miedo a la muerte y a las preguntas sobre el destino del ser humano en el Más Allá. Sin duda que una propuesta religiosa que proponía la búsqueda de la salvación per- sonal y que planteaba los objetivos de la persona no en este mundo, sino en otra vida tras la muerte, provocaba que el individuo desviara sus inte- reses de lo público y político a lo privado y personal. No extraña que por- tavoces de la ideología oficial como Eurípides presentaran un violento ale- gato contra los discípulos de Orfeo en el Hipólito,24 o que Platón en la
22 A. Raubitschek (1962); D. Musti (1995); W. Burkert (1007), p. 251. 23 R. Parker (1996), pp. 228-229.
24 Eur. Hipp.952 y ss. «Ahora ufánate y vende que te alimentas / de comida sin alma, y teniendo a Orfeo como señor / entra en éxtasis mientras honras el humo de sus muchos escritos, / porque ya te has puesto en evidencia. De esta clase de gente / advierto a todo el mundo que se aparten, pues salen a cazar / con palabras solemnes, mientras urden ver- gonzosos planes.»
República se burlara de este tipo de personas, considerando que insultaban
la inteligencia y eran perniciosas para la ciudad.25
Los atenienses sin embargo aciertan a canalizar esta forma de religio- sidad y conjurar de este modo algunos de sus peligros. Frente al orfismo que se mantiene como un fenómeno relativamente marginal en Atenas (aunque tenemos huellas de su presencia desde el sigloV), las autoridades
atenienses propiciaron una variante de la religión mistérica, los misterios de Eleusis, integrándola en sus propias instituciones mediante un control férreo ejercido sobre su organización. De hecho consiguieron que tuviera un resultado beneficioso. Los misterios eleusinios quedaron como algo fuera y a la vez dentro de la religión cívica, que servía para liberar de mie- dos y angustias a los ciudadanos, y hacerlos así más felices, pero que no les llevaba a desentenderse de lo público. La procesión a Eleusis, la iniciación eran también actos colectivos en los que se participaba en grupo. Queda- ron así tales ritos enmarcados en espacios concretos, en tiempos concretos, para fines concretos, que no interfirieron nunca significativamente en las otras manifestaciones religiosas, sino que las complementaron.
12. La reacción platónica
Conocemos, por otra parte, un caso notorio de propuestas radical- mente contrarias a la democrática, si bien nunca llegaron a materializarse, sino que siempre se quedaron en los límites de la utopía filosófica. Me refiero a las de Platón, quien pretendía una mayor presencia de la religión en el Estado, especialmente por el uso disuasorio de una escatología basa- da en la existencia de premios y castigos en el Más Allá, que debería pro- vocar en los ciudadanos el miedo a ser castigados por su injusticia. Aun- que esta escatología se basa en gran medida en las propuestas de las reli- giones mistéricas, especialmente, el orfismo, la revolución de la propuesta
25 Plat. Rep. 364b «Pedigüeños y adivinos que van a las puertas de los ricos les con- vencen de que están dotados de un poder procedente de los dioses, el de, por medio de sacrificios y ensalmos, curar cualquier injusticia cometida por uno mismo o por los ante- pasados, con la ayuda de diversiones y fiestas, y el de, si alguien quiere causar un mal a un enemigo, por poco dinero, y tanto si es justo como injusto, dañarle por medio de conju- ros y ataduras, pues dicen que persuaden a los dioses para que les sirvan».
platónica consistía en que, mientras en los misterios se ofrecía la liberación de culpas por medios exclusivamente rituales, para Platón no cabía tal posibilidad, sino que cada uno era responsable de los actos cometidos y por tanto castigado por ellos, y solo podía salvarse mediante un compor- tamiento justo y la práctica de la filosofía. La filosofía se convierte en Pla- tón en la nueva iniciación y la nueva purificación que abre las puertas a los buenos ciudadanos a una vida privilegiada en el Más Allá.26